Ginés Donaire (EL PAÍS), 30 de Octubre de 2026
Ruta por las dos patrias del poeta, Alicante y Jaén, por el 116º aniversario de su nacimiento

Este viernes 30 de octubre se cumplen 116 años del nacimiento de Miguel Hernández, un poeta universal al que dejaron morir en la cárcel de Alicante al acabar la Guerra Civil cuando apenas tenía 31 años. La obra hernandiana tiene dos referentes geográficos: su cuna e infancia oriolanas y alicantinas, de un lado, y, de otro, la provincia de Jaén, adonde llegó destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. De allí era su esposa, Josefina Manresa, y aquí fue nombrado en 2024 Hijo Adoptivo de la provincia a título póstumo.
Estas dos patrias del poeta son el argumento de una ruta turística que tiene a los ríos Guadalquivir y Segura como compañeros de viaje. El Guadalquivir por nacer en el municipio de Quesada, donde se encuentra el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa, y el Segura por ser el río que, desde su nacimiento en Pontones, en la jiennense sierra de Segura, mejor vertebra a los dos territorios hernandianos por excelencia.
Más información
La Senda del Poeta, o camino hernandiano, es una ruta que conecta los lugares que marcaron la vida y la obra de Miguel Hernández (1910-1942), un itinerario que arranca en Jaén, donde se encuentra actualmente el legado que conservó su mujer, y que sigue el curso del río Segura hasta llegar a su desembocadura, en Guardamar del Segura (Alicante). A través del sendero GR-125 el itinerario atraviesa varios pueblos levantinos por donde transcurrió la infancia y también los últimos años de vida de Miguel Hernández.
Iniciamos el viaje en Jaén, donde la Diputación adquirió en 2012 el legado personal del poeta, que está compuesto por 5.819 registros bibliográficos y 26.684 imágenes, entre los que se encuentran documentos personales, manuscritos y correspondencia, borradores de sus obras; recortes de prensa, libros, grabaciones sonoras; dibujos, grabados y carteles; y objetos representativos como su máquina de escribir, la maleta o la lechera en la que le pasaba a su esposa Josefina cartas y poemas desde la cárcel. Este legado está repartido entre el Instituto de Estudios Giennenses y el Museo Miguel Hernández-Josefina Manresa de Quesada.
El Instituto de Estudios Giennenses (IEG) es una de las tres patas de un triángulo monumental que forman el Antiguo Hospital de San Juan de Dios (donde se encuentra su sede), los Baños Árabes del Palacio de Villardompardo y la iglesia de Santa Catalina Mártir, junto al antiguo convento de Santo Domingo.
Santo Domingo es el resultado de un proceso constructivo prolongado entre finales del siglo XV y el último tercio del siglo XVI. Sobre algunos de los palacios islámicos previos se comenzó a levantar una iglesia tardogótica de la que aún perviven elementos como la capilla mayor y algunas bóvedas. Entre 1575 y 1582 continuaron las obras del templo y se siguió un nuevo proyecto manierista, configurando la nave, el coro y la portada actual.

La conexión del poeta alicantino con Jaén se inició cuando fue destinado como comisario de Cultura para dirigir el periódico Altavoz del Frente Sur. Coincidiendo con el 84º aniversario de su muerte, la ciudad de Jaén estrenó una ruta literaria que recorre los lugares de su estancia en tierras jiennenses, desde la plaza de los Naranjos, bautizada también como plaza de Miguel Hernández, y que continúa por el refugio antiaéreo de la plaza de Santiago, donde se rememora el bombardeo de Jaén del 1 de abril de 1937 que se saldó con 159 muertos y decenas de heridos. Cuando el bombardeo de Jaén, Miguel Hernández se encontraba fuera cubriendo la batalla de Peñarroya o en la defensa de Medellín, pero Josefina Manresa sí que fue testigo directo.
El otro pilar clave fue su esposa, que era natural de Quesada, localidad que es la cuna del río Guadalquivir y donde desde el año 2015 hay un museo en memoria de los dos. Tras convertirse en la viuda de un poeta maldito, Josefina guardó celosamente los escritos de Miguel, como centinela de su memoria, para que nadie pudiera arrebatarle ese tesoro; documentos de su marido que durante años mantuvo escondidos en costales de los que se utilizaban para llenar el trigo. En el museo quesadeño, que comparte instalaciones con el dedicado al pintor Rafael Zabaleta, se hace un recorrido por la obra y la vida del poeta y su esposa, una historia de amor llena de pasiones y emociones. Como esta carta en la que ella relata sus primeros encuentros: “Me estuvo pretendiendo desde el año 1933 hasta el 27 de septiembre del 34. Pasaba varias veces por la puerta del taller de la calle Mayor, en Orihuela, donde yo trabajaba de modista. Miraba hacia dentro del taller y me di cuenta que me miraba a mí”.
Su estancia en Jaén fue la que inspiró otro de sus poemas más célebres, Aceituneros, que pone letra al himno de la provincia. La coral Encina Hermosa, de Castillo de Locubín, lo ha versionado ahora en clave feminista:
Andaluzas de Jaén
aceituneras comprometidas
decidme en el alma: ¿quién
recogió las olivas?
No las recogió la nada,
ni el dinero, ni el señor
sino la mujer arrastrada,
el cariño y el tesón
Conectada a la luna
y a la rociá de la mañana
las tres dieron la vida
a ese olivo y a sus ramas
Levántate aceitunera de plata
decimos al pie del viento
la aceitunera alzó su mano
poderosa de miramiento
Andaluzas de Jaén
aceituneras comprometidas
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Nuestra sangre, nuestro cuerpo
no sólo la del hombre
que se llevó el mérito
de nuestro sufrimiento
Andaluzas, levantémonos
reclamemos nuestro lugar

Siguiendo la Senda del Poeta
Ya en la provincia de Alicante, y con el río Segura como compañero de viaje, nos adentramos en la llamada Senda del Poeta creada por varias instituciones levantinas en homenaje al escritor, natural de Orihuela. Este itinerario, que puede realizarse en cualquier época del año, se efectúa a pie durante tres días desde la Casa Museo de Miguel Hernández en Orihuela hasta su tumba en el cementerio de Alicante.
Esta ruta, que atraviesa el sendero de gran recorrido GR-125, está dividida en tres etapas. Arranca en Orihuela, ciudad donde nació Miguel Hernández el 30 de octubre de 1910. Orihuela marcó su infancia y juventud de forma decisiva, ya que aquí fue donde inició sus estudios escolares en el colegio Santo Domingo, ayudó a su padre en los trabajos de pastoreo, participó en las reuniones literarias de la tahona de los hermanos Fenoll, publicó sus primeros poemas y conoció a Josefina Manresa. A continuación, se pasa por Redován, donde nació su progenitor, por Callosa del Segura, se llega a Cox, donde Hernández y Manresa vivieron varios años; por Elche, donde murieron su mujer e hijo, y concluye en Alicante.
La primera etapa transcurre también por Granja de Rocamora y finaliza en Albatera, en cuyo término se encontraba el campo de concentración donde perecieron muchos compañeros de Hernández tras la Guerra Civil. Todo ello por caminos con numerosos huertos de naranjos y limoneros que ofrecen al caminante el penetrante olor del azahar, característico de la primavera en la vega baja del río Segura.
La segunda etapa del sendero, entre caminos donde predominan las palmeras, transcurre entre Albatera y Elche, adonde se trasladó Josefina Manresa con su hijo Manuel Miguel tras la muerte del poeta. En el Archivo Municipal de Elche se encuentran depositados un buen número de manuscritos del poeta y aquí también se encuentra la Universidad pública Miguel Hernández que, en 1998, nombró al poeta Doctor Honoris Causa a título póstumo.

Finalmente, la tercera y última etapa discurre entre Elche y Alicante, en cuya cárcel falleció el 28 de marzo de 1942. Aquí redactó sus últimos poemas de Cancionero y romancero de ausencias, y en las dependencias de la enfermería carcelaria contrajo matrimonio canónico con Josefina Manresa días antes de morir.
En el cementerio de Alicante, entre campos de almendros, reposan los restos del poeta en una tumba en donde también se encuentran enterrados su mujer y su hijo.

Deja una respuesta