Beatriz Lecumberri (El País), 28 de Octubre de 2026
Si el bloque anti-Netanyahu desea formar un Gobierno, está obligado a negociar con estas formaciones. El partido del primer ministro denuncia que “robaron las elecciones”

Un día después de las elecciones legislativas no está nada claro quién será el próximo primer ministro de Israel, pero lo que nadie discute es que entre los vencedores claros de las votaciones están los partidos árabes, que lograron una movilización ciudadana histórica y ponen al bloque judío anti-Netanyahu ante un dilema muy complicado: echar al actual Gobierno o seguir despreciando el voto de esta parte de la sociedad.
“Cualquiera que quiera ofrecer una alternativa al Ejecutivo sangriento de Netanyahu tendrá que hablar con nosotros para allanar el camino hacia el cambio que anhela la ciudadanía israelí”, ha apuntado Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, coalición de tres partidos que ha logrado 12 escaños a falta de conocer el escrutinio final. La otra formación arabe que participó en las elecciones, la islamista moderada Ra’am, obtuvo otros siete, también a falta de conocer los resultados definitivos.
Uniendo todos los votos, el bloque anti-Netanyahu supera sin problemas los 61 escaños necesarios para tener mayoría en un Parlamento de 120 diputados. Pero la realidad es más complicada y pone de manifiesto las grietas de la democracia israelí y el racismo que la impregna, que hace que no todos los ciudadanos del país sean iguales. Tampoco sus votos lo son.
“Parece que los ciudadanos palestinos de Israel acudieron a votar para salvar al Estado de Israel de sí mismo. La pregunta ahora es: ¿Quiere Israel ser salvado?“, lanza Yehuda Shaul, codirector del centro de reflexión Ofek. “Tendremos que esperar y ver si los que se oponen a Netanyahu quieren salvar a Israel del fascismo o prefieren seguir demonizando a los palestinos ciudadanos de Israel”.
En la legislatura que termina, estos partidos árabes tuvieron un total de 10 diputados. Ahora, si no se cuenta con ellos para gobernar, Israel puede verse abocado a volver a las urnas en medio año. Y hasta entonces, Netanyahu seguiría siendo primer ministro.

Tres de los cuatro partidos judíos contrarios al primer ministro se han opuesto o mostrado reacios en campaña a negociar con las dos formaciones árabes, que representan, esencialmente, a los palestinos con nacionalidad israelí, la quinta parte de la población del país.
“Fue decepcionante, aunque no sorprendente, ver cómo minutos después de conocer los sondeos a pie de urna, el líder del llamado bloque del ‘cambio’ apeló a formar un Gobierno de mayoría sionista y cayó en la trampa que Netanyahu le tendió durante la campaña”, escribe este miércoles Noa Landau, directora adjunta del diario israelí Haaretz, refiriéndose a Gadi Eisenkot.
El líder opositor ha asegurado en varias ocasiones que los partidos árabes no cumplen las condiciones para poder negociar con ellos. Entre ellas, reconocer a Israel como un Estado judío y democrático o calificar a la milicia islamista Hamás de organización terrorista. Naftalí Bennett y Avigdor Lieberman rechazan pactar con ellos, pero también lo hacían antes de firmar el acuerdo de coalición con uno de ellos, Ra’am, en 2021, lo que significó la entrada de un partido árabe en un Gobierno israelí. El Ejecutivo duró poco, pero fue algo histórico.
La coalición de izquierda Los Demócratas, que también forma parte del bloque anti-Netanyahu y que agrupa al laborismo y al partido pacifista Meretz, se desmarca de esta postura. “No tenemos futuro si no dejamos de tener miedo. No podemos aceptar más la división racista de Netanyahu entre votos judíos y votos árabes”, ha dicho este miércoles su líder, Yair Golán, que considera que la voz de un ciudadano israelí que vota en la ciudad árabe de Tayibe es exactamente igual que la voz de un ciudadano israelí que vota en Givat Shmuel, una ciudad mayoritariamente judía. “Quien intenta borrar las voces de los ciudadanos árabes, se rinde ante Netanyahu y renuncia a Israel”, ha recalcado.
Desde el cierre de las urnas el martes, el líder de Ra’am, Mansur Abbas, manifestó su voluntad de unirse a una mayoría contra Netanyahu, como hizo en 2021-2022.
”Nuestro público quiere que influyamos en el sistema político. La Lista Conjunta quiere ayudar y allanar el camino para un gobierno alternativo. Y por eso estamos extendiendo la mano al Bloque del Cambio», dijo por su parte este miércoles Ahmad Tibi, número dos de la Lista Conjunta, dando a entender que había negociaciones en marcha.
En estos días, este experimentado diputado ya dio a entender que la Lista Conjunta podría votar con la oposición a Netanyahu en algunas cosas, abstenerse en otras. Es decir, ser una especie de aliado al margen, que no obstaculice el quehacer del Gobierno, pero que tampoco forme parte plenamente de él.
Pero Netanyahu parece dispuesto a impedir estos pactos. Este miércoles, su partido, el Likud, publicó un comunicado en el que afirma que las elecciones “fueron robadas por partidos árabes que apoyan al terrorismo y la destrucción del Estado judío”.
La formación explicó que ha presentado “cientos de testimonios y pruebas” a la policía y las autoridades electorales relacionadas con este presunto “fraude cometido en numerosos colegios electorales árabes”. El Likud cita, por ejemplo, “miles de sobres con dinero en efectivo junto a las papeletas del partido Ra’am, amenazas y actos de violencia dirigidos contra el personal de los colegios electorales”, o personas que votaron con identidad falsa.
Más discriminados desde 2023
El sentimiento de los palestinos con nacionalidad israelí, descendientes de los que permanecieron dentro de las fronteras trazadas tras la creación del Estado en 1948, sin embargo, es que sus voces nunca han sido iguales ni el Estado les ha protegido. Tras los ataques de Hamás en Israel, el 7 de octubre de 2023, la discriminación y los ataques racistas y contra su libertad de expresión han aumentado peligrosamente.
En septiembre, el Comité Electoral Central de Israel vetó la participación de las dos listas árabes en los comicios, argumentando que rechazaban la existencia de Israel como Estado judío y democrático y que apoyaban la lucha armada. La decisión fue posteriormente revocada por el Tribunal Supremo, que sí mantuvo la inhabilitación de Sami Abu Shehada, presidente del partido Balad.
Cuatro días antes de las elecciones, Tibi manifestaba a este diario que la manera de dar la vuelta a esta situación era ir a votar. Este experimentado político, que lleva más de 20 años siendo diputado, estimaba que si un 70% del electorado árabe acudía a las urnas, el escenario político cambiaría. Finalmente, la participación de esta minoría podría haber rozado el 80%. En noviembre de 2022, en las últimas elecciones legislativas, la participación en las localidades árabes fue del 53,2%.
“Tenemos mayoría. Tenemos responsabilidad. Y tenemos la oportunidad de formar un Gobierno de cambio en unión con los ciudadanos árabes de Israel”, ha insistido Golán, de Los Demócratas.
“Haremos que nuestras demandas se escuchen, comenzando por más seguridad para nuestra comunidad”, ha aseverado Tibi. La lucha contra el crimen organizado es una de las grandes preocupaciones de los palestinos de Israel. En 2025, se registraron 241 homicidios entre las comunidades árabes de Israel, frente a los 47 registrados entre la población judía, según cifras oficiales.
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