Gaceta Crítica

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Alexander Mercouris sobre la crisis de Europa, las exigencias de seguridad de Rusia y el fracaso de la estrategia occidental.

Glenn Diesen (GREATER EURASIA), 28 de Octubre de 2026

Alexander Mercouris, analista geopolítico y copresentador de The Duran, sostiene que la creciente crisis económica y política de Europa es inseparable de la guerra en Ucrania, que se ha convertido tanto en una de las principales causas de los problemas del continente como en el mayor obstáculo para su resolución. Mientras tanto, Rusia busca negociar la totalidad de la arquitectura de seguridad europea, mientras que los gobiernos occidentales siguen reacios a abordar las causas subyacentes del conflicto.

La crisis económica y la parálisis política de Europa

Europa atraviesa una profunda crisis económica y social. El descenso del nivel de vida, el aumento del coste de la vida y el deterioro de las perspectivas económicas generan un descontento generalizado en Alemania, Francia, Gran Bretaña y otros países. Las tensiones migratorias y el creciente temor a la guerra intensifican estas presiones.

La frustración ciudadana se manifiesta cada vez más a través de protestas callejeras porque las instituciones políticas establecidas ya no responden eficazmente a los votantes. Las elecciones cambian de gobierno sin producir cambios significativos en las políticas.

Si bien los problemas económicos estructurales de Europa se han desarrollado a lo largo de décadas, la guerra ha hecho que la recuperación sea prácticamente imposible. Las sanciones contra Rusia, la pérdida del suministro energético ruso y el deterioro de las relaciones económicas con China han perturbado gravemente las economías europeas. La acelerada desindustrialización de Alemania ilustra estas consecuencias.

La política económica europea se ha supeditado, de hecho, a las sanciones y al objetivo de derrotar a Rusia. Poner fin a la guerra exigiría que los líderes políticos reconocieran el fracaso de sus políticas, algo que siguen sin estar dispuestos a hacer.

En consecuencia, la guerra agrava simultáneamente la crisis de Europa e impide los ajustes políticos necesarios para superarla.

Rusia quiere una nueva arquitectura de seguridad europea.

El principal objetivo de Rusia va mucho más allá de los acuerdos territoriales en Ucrania. Moscú quiere renegociar la arquitectura de seguridad de Europa, incluyendo garantías para su propia seguridad.

Por lo tanto, las negociaciones previstas entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos se enfrentan a un desacuerdo fundamental sobre su propósito.

Rusia prevé un diálogo principalmente ruso-estadounidense sobre la seguridad europea, con la participación de Ucrania por su implicación directa en los combates. Washington, por su parte, sigue haciendo hincapié en las cuestiones territoriales, en particular en el Donbás.

Esta distinción es crucial. Rusia presentó borradores de tratados de seguridad en diciembre de 2021, pero Estados Unidos y la OTAN se negaron a considerar seriamente sus disposiciones centrales.

Un acuerdo de seguridad integral podría estabilizar Europa y servir a los intereses estratégicos estadounidenses. Sin embargo, hay pocos indicios de que este enfoque cuente con el apoyo suficiente en Washington.

¿Por qué los líderes europeos temen la paz?

Es fundamental establecer una distinción entre los intereses de las poblaciones europeas y los de sus élites políticas.

Las sociedades europeas se beneficiarían enormemente de la paz y de un sistema de seguridad reconstruido. Sin embargo, los líderes europeos han presentado sistemáticamente la guerra como una campaña imperial rusa para restaurar la Unión Soviética o el Imperio ruso.

Reconocer que el conflicto atañe a la arquitectura de seguridad de Europa socavaría esta explicación y pondría en evidencia los fracasos de las políticas aplicadas durante más de una década.

La paz también obligaría a los gobiernos europeos a afrontar problemas económicos y sociales para los que no han desarrollado soluciones convincentes.

Por lo tanto, la continua confrontación con Rusia cumple una función política. Permite a los líderes establecidos evitar reconsiderar su modelo económico y las decisiones que generaron la crisis actual.

Los avances militares de Rusia cambian la posición negociadora.

La situación militar se está inclinando cada vez más a favor de Rusia.

Las fuerzas rusas han intensificado sus ataques contra la infraestructura energética, las redes de transporte, los puertos, las comunicaciones y los puentes de Ucrania. Los avances en torno a Zaporozhye, Sloviansk y Kramatorsk están aumentando la presión sobre las posiciones ucranianas.

Los ataques contra los puentes que cruzan el Dniéper podrían poner en peligro la logística militar ucraniana, mientras que los ataques en torno a Kiev plantean la posibilidad de que Rusia esté considerando futuras operaciones que involucren a la capital.

Estos acontecimientos tienen consecuencias diplomáticas directas.

Si Rusia finalmente logra capturar los territorios restantes en disputa, las propuestas occidentales centradas en concesiones territoriales perderán cada vez más relevancia. Negarse a negociar ahora las cuestiones de seguridad más amplias podría alentar a Moscú a seguir avanzando hasta que la negociación territorial pierda su importancia.

La sobreexpansión estadounidense y los límites de la estrategia occidental.

Estados Unidos se enfrenta a una posición estratégica cada vez más difícil. Washington debe lidiar simultáneamente con la guerra en Ucrania, la escalada del conflicto en Oriente Medio y un posible enfrentamiento con China.

Los recursos estadounidenses son insuficientes para mantener estos compromisos indefinidamente.

Si bien Washington conserva una influencia decisiva sobre Ucrania a través del intercambio de inteligencia y los sistemas de comunicación, sigue sin estar dispuesto a utilizarla plenamente para forzar un acuerdo.

Estados Unidos también teme verse directamente involucrado en una guerra europea contra una potencia nuclear.

Esta extralimitación estratégica debería propiciar negociaciones serias con Rusia. Sin embargo, Washington carece de la coherencia y la flexibilidad necesarias para alcanzar una solución integral.

Henry Kissinger comprendió que los intereses estadounidenses requerían impedir que las principales potencias euroasiáticas se unieran contra Estados Unidos. Su acercamiento a China dependía del fin de la intervención estadounidense en Vietnam.

El liderazgo estadounidense actual no ha demostrado ni la sabiduría estratégica comparable ni la voluntad de resolver los conflictos que impiden relaciones constructivas con otras grandes potencias. Este fracaso constituye la raíz de la actual crisis internacional.

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