Gaceta Crítica

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John Mearsheimer: El auge de un mundo posoccidental y la guerra existencial de Rusia en Ucrania

Glenn Diesen (GREATER EURASIA), 18 de Octubre de 2026

El profesor John Mearsheimer sostiene que el orden internacional liberal se ha derrumbado porque la unipolaridad estadounidense ha dado paso a la multipolaridad, restableciendo la competencia entre grandes potencias y poniendo de manifiesto los límites del poder occidental. La guerra de Rusia en Ucrania, los conflictos entre Irán y los hutíes, y las crecientes consecuencias económicas de estas guerras demuestran que Estados Unidos ya no puede dictar los resultados internacionales y que Occidente se enfrenta a crecientes reveses estratégicos.

El fin de la unipolaridad y el colapso del orden liberal

El fin de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética crearon las condiciones para el optimismo asociado a la tesis del «fin de la historia» de Francis Fukuyama. Durante la década de 1990, la unipolaridad estadounidense pareció confirmar que la democracia liberal y el orden internacional occidental se convertirían en los pilares de la política global.

Sin embargo, las guerras estadounidenses posteriores al 11 de septiembre de 2001 y la crisis financiera de 2008 minaron esa confianza. El cambio decisivo se produjo alrededor de 2017, cuando la unipolaridad dio paso a la multipolaridad, con Estados Unidos, China y Rusia emergiendo como las tres principales grandes potencias. Dado que dos de estas potencias no son democracias liberales, el orden internacional liberal no pudo sobrevivir en su forma anterior.

Esta transformación también socava la pretensión de Occidente de superioridad moral. La democracia liberal se presentó como prueba de que los países occidentales representaban la superioridad moral en la política internacional. Sin embargo, la complicidad occidental en el genocidio de Gaza, en particular la de Estados Unidos, hace imposible sostener esta afirmación de manera convincente. La combinación de multipolaridad, guerras prolongadas y la pérdida de autoridad moral marca un distanciamiento fundamental de la visión posterior a la Guerra Fría.

El dilema estratégico de Europa

Europa se benefició enormemente de la protección militar estadounidense durante la Guerra Fría y el posterior período unipolar. La OTAN extendió el paraguas de seguridad estadounidense, incluyendo su capacidad de disuasión nuclear, a gran parte del continente. Por consiguiente, los líderes europeos han considerado la continua participación estadounidense como esencial para su seguridad.

Dos acontecimientos amenazan ahora este acuerdo. En primer lugar, la guerra de Ucrania ha envenenado las relaciones entre Rusia y Europa para el futuro previsible. El conflicto acabará por terminar, pero el resentimiento persistirá, sobre todo porque es probable que Rusia salga victoriosa. En segundo lugar, Estados Unidos considera cada vez más a Asia Oriental, en lugar de a Europa, como su principal escenario estratégico. Una crisis con China podría llevar a Washington a desviar importantes recursos de Europa.

Por lo tanto, Europa se enfrenta a la perspectiva de una hostilidad persistente con Rusia, al tiempo que pierde la protección estadounidense de la que ha dependido su seguridad. Su política actual corre el riesgo de provocar una derrota devastadora no solo para Ucrania, sino también para los estados europeos y la OTAN.

¿Por qué Rusia está ganando en Ucrania?

Rusia considera el conflicto en Ucrania una amenaza existencial y no puede permitirse perder. Este imperativo estratégico explica por qué Moscú está dispuesta a intensificar el conflicto antes que aceptar un resultado que deje sin resolver la amenaza subyacente.

La campaña rusa se centra cada vez más en desmantelar la capacidad económica y militar de Ucrania. Los ataques contra la infraestructura energética, las redes de transporte, las comunicaciones, los depósitos de suministros y el acceso a los puertos del Mar Negro están debilitando la capacidad operativa del país. El considerable arsenal ruso de drones y misiles, sumado al debilitamiento de las defensas aéreas ucranianas, otorga a Moscú una libertad considerable para atacar objetivos críticos.

En el campo de batalla, las fuerzas rusas avanzan metódicamente, utilizando una potencia de fuego superior para minimizar sus bajas. Ucrania, por su parte, sufre una grave escasez de mano de obra, mientras que la ayuda financiera occidental se acerca a sus límites políticos y económicos. Estas presiones se refuerzan mutuamente: Ucrania pierde terreno a medida que su economía se deteriora y su capacidad para sostener la guerra depende cada vez más de un apoyo externo incierto.

Rusia no necesariamente conquistará toda Ucrania, pero es probable que logre una victoria dolorosa, dejando un Estado ucraniano reducido. El continuo apoyo occidental a la resistencia ucraniana y los ataques contra la infraestructura rusa intensificarán la determinación de Moscú de destruir la capacidad de Ucrania para amenazar a Rusia. La continuación de la guerra equivale a un suicidio nacional para Ucrania.

Oriente Medio y los límites del poder estadounidense.

Los conflictos entre Irán y los hutíes demuestran una vez más los límites del poder estadounidense. Irán ha continuado atacando buques en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán, a pesar del fracaso de una prolongada campaña de bombardeos estadounidenses. Ni la escalada militar ni la presión económica ofrecen una vía creíble para la rendición iraní.

Arabia Saudí se enfrenta a una situación igualmente peligrosa en su guerra contra los hutíes, quienes pueden infligir daños sustanciales a su infraestructura petrolera y a su economía. Poner fin a ese conflicto probablemente requerirá importantes concesiones por parte de Arabia Saudí, aunque conseguirlas será difícil.

Estas guerras amenazan el suministro energético mundial y agravan las presiones económicas que rodean a Ucrania. Donald Trump busca un acuerdo con Rusia, en parte porque restablecer el suministro de petróleo y diésel ruso contribuiría a estabilizar los mercados internacionales. Sin embargo, la oposición de Ucrania, los gobiernos europeos y los sectores más intransigentes de la política exterior estadounidense obstaculiza repetidamente sus esfuerzos.

La lección fundamental es que las guerras son fáciles de iniciar, pero extraordinariamente difíciles de terminar. Los líderes deben considerar no solo lo que esperan lograr mediante la fuerza militar, sino también las condiciones bajo las cuales pueden salir de un conflicto. No planificar con anticipación puede convertir una guerra inicialmente manejable en un desastre estratégico prolongado.

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