Gaceta Crítica

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Lo que las iniciativas globales de China aportan al mundo

Vijay Prashad (TRICONTINENTAL), 16 de Octubre de 2026

En tiempos de guerra, deuda, poder corporativo y dependencia tecnológica, cinco propuestas chinas retomaron una pregunta largamente silenciada: ¿qué instituciones se necesitan para que la paz, la soberanía y el desarrollo sean materialmente posibles?

Yang Shanshen (China), Poet Xie Lingyun and His Companions [El poeta Xie Lingyun y sus compañeros], s.f.

Las llamas de la guerra arden desde Palestina hasta Ucrania y desde Sudán hasta Irán. Desmoralizan a miles de millones de personas en todo el mundo que padecen el infierno y la inflación. Estos conflictos parecen no tener salida, ni hay forma de vislumbrar cómo terminarán. Las potencias de la OTAN buscan, en su delirio, la derrota de Rusia, mientras Estados Unidos busca derrocar a la República Islámica de Irán. Ninguno de estos desenlaces está dentro de lo posible: Rusia es una potencia nuclear capaz de hacer frente a una amenaza existencial e Irán ha demostrado que puede infligir graves daños a los activos estadounidenses en la región. No se izará la bandera blanca de la rendición, pero los agresores no están dispuestos a sentarse a la mesa de negociaciones de manera seria.

En este terreno de desmoralización, el gobierno chino ha propuesto cinco iniciativas:

  1. Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por su sigla en inglés). Mediante la infraestructura, el comercio y la inversión, la BRI busca contribuir a construir una “comunidad global de futuro compartido”, visión expuesta en el libro blanco del gobierno chino de 2023. Sus dos componentes principales se propusieron por primera vez una década antes: una franja económica que atraviesa Asia Central, anunciada en Kazajistán en septiembre de 2013, y una ruta marítima de la seda, proclamada en Indonesia en octubre de ese mismo año.
  2. Iniciativa para el Desarrollo Global. En la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2021, en plena pandemia, el presidente Xi Jinping planteó que un plan de desarrollo, como la Agenda 2030 de la ONU, debía ser un propósito organizador de las relaciones internacionales.
  3. Iniciativa para la Seguridad Global. En el Foro de Boao para Asia, en abril de 2022, Xi Jinping propuso una visión en la que los países se desarrollaran sin prepararse para el conflicto y la coerción permanentes. Los principios que guían el desarrollo deben basarse en el respeto a la integridad territorial.
  4. Iniciativa para la Civilización Global. Anunciada en marzo de 2023, la iniciativa afirma la diversidad de las civilizaciones y los distintos caminos hacia la modernización. Fue un rechazo directo al supuesto de que el desarrollo exige imitar culturas e instituciones extranjeras.
  5. Iniciativa para la Gobernanza Global. En septiembre de 2025, en la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Tianjín, Xi Jinping puso de relieve la reforma institucional mediante cinco conceptos: igualdad soberana, Estado de derecho internacional, multilateralismo, enfoque centrado en el pueblo y resultados reales.

Yuan Qingyi (China), Spring Has Come [Llegó la primavera], 1984.

En conjunto, estas cinco iniciativas ofrecen una base formidable para una conversación mundial no solo sobre la paz, sino también sobre su fundamento material: el desarrollo. Su promesa debe juzgarse por su capacidad de ayudar a nuestras sociedades a abrir caminos hacia la paz, construir capacidad productiva y ejercer control sobre la vida económica. Estas iniciativas intentan reanudar una conversación que culminó en 1974, cuando la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional. Las propuestas de China muestran que lo que necesitamos no es una reforma fragmentaria de tal o cual institución mundial, ni un alto el fuego en tal o cual conflicto, sino una revisión general del multilateralismo que garantice no solo la igualdad formal entre los Estados, sino también el fin de la profunda desigualdad en el poder económico.

Estas cinco iniciativas no establecen, por sí solas, un nuevo orden económico internacional. En la actualidad, el régimen económico internacional es un conjunto de normas que rigen el comercio, la inversión, la tributación, la deuda y la tecnología. Pero estas normas se elaboran para imponer el poder corporativo, no para fomentar la democracia internacional. Las moldean las empresas transnacionales (ETN), capaces de doblegar a los gobiernos desplazando inversiones, trasladando ganancias y enfrentando unas jurisdicciones con otras. ¿Qué pueden lograr estas iniciativas si las verdaderas reglas del juego siguen poniendo las ganancias corporativas por encima de todo?

Lu Shoukun (China), Chan Painting [Pintura Chan], 1970.

Será necesario convertir los principios generales de las cinco iniciativas en un programa del Sur Global. Este debería incluir una mayor influencia del Sur en las instituciones financieras, un financiamiento para el desarrollo adecuado a la transformación industrial y normas de comercio e inversión que permitan la diversificación económica. Estos principios abren una conversación, pero la tarea que tiene ante sí el Sur Global es darles fuerza institucional. Estas son cinco áreas en las que ese programa puede tomar forma:

  1. Tributación. En un documento de trabajo de la Universidad de Oxford de 2015 se estimó que la evasión fiscal de las ETN podría costar a los países en desarrollo alrededor de 213.000 millones de dólares al año a largo plazo. Esta cifra ya estaba subestimada en su momento y hoy, sin duda, es mucho mayor. Para enfrentar este problema, en 2025 comenzaron las negociaciones sobre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Tributaria Internacional. Este proceso en curso ofrece un foro ya existente para corregir problemas mediante estándares mínimos comunes y una asignación de ingresos fiscales que refleje tanto la producción como las ventas. Lo justo es que los países intercambien información sobre las ETN, exijan informes públicos por jurisdicción, impidan que las empresas obtengan concesiones mediante amenazas de deslocalización y cooperen para gravar las ganancias allí donde tiene lugar la actividad económica real.
  2. Normas laborales. Los Estados deberían acordar protecciones exigibles para los sindicatos, la negociación colectiva, la seguridad en el lugar de trabajo y la prohibición del trabajo forzoso. Deberían compartir las pruebas obtenidas en las inspecciones y ofrecer a la clase trabajadora vías para presentar demandas más allá de las fronteras. Las empresas líderes deben asumir responsabilidades definidas por los abusos en las cadenas de suministro. Los acuerdos regionales pueden reducir el incentivo a competir por la inversión rebajando salarios y derechos. La declaración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las empresas multinacionales ofrece orientaciones. Su aplicación vinculante requiere compromisos jurídicos adicionales.
  3. Rendición de cuentas de las empresas. En 2014, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU creó un grupo de trabajo para negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre las empresas y los derechos humanos. Más de una década después, las negociaciones han producido sucesivos borradores, pero ningún tratado aprobado. Un régimen serio reformaría los acuerdos de inversión para proteger la regulación pública legítima y haría exigibles las obligaciones de las empresas. Debería contemplar la investigación de las conductas ilícitas de las empresas, la responsabilidad de aquellas cuya conducta u omisiones contribuyan a causar daños, la cooperación entre autoridades judiciales y reparaciones exigibles mediante un sistema jurídico internacional creíble.

Wang He (China), Secretaire of Lin Hejing [Escritorio de Lin Hejing], 2024.

  1. Acceso a la tecnología. Las negociaciones sobre el anexo relativo al Sistema de Acceso a los Patógenos y Participación en los Beneficios del Acuerdo sobre Pandemias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ofrecen un terreno concreto en el cual los países del Sur Global pueden impulsar una cooperación tecnológica que fortalezca su capacidad productiva. Las conversaciones abarcan el acceso a vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas. Las disposiciones del acuerdo sobre transferencia de tecnología ofrecen un punto de partida, aunque, al depender de condiciones mutuamente acordadas, dejan demasiado en manos de la voluntad de los titulares privados de derechos. El financiamiento y las compras públicas deberían conllevar condiciones exigibles para obtener licencias de tecnología, compartir conocimientos prácticos, capacitar a la fuerza de trabajo y fortalecer la investigación y a los proveedores nacionales. Los países del Sur pueden aunar su poder de compra y financiar conjuntamente instituciones de investigación, sin renunciar al derecho a recurrir a licencias obligatorias allí donde las normas internacionales lo permitan. El acceso a las patentes no basta por sí solo para crear la capacidad de fabricar. Los países también necesitan equipos, mano de obra calificada y el conocimiento necesario para organizar la producción. La tarea consiste en convertir los compromisos del acuerdo en obligaciones con metas y plazos claros, que permitan a los países adaptar, mejorar y producir tecnologías por sí mismos.
  2. Deuda y finanzas. El Compromiso de Sevilla de la ONU ofrece una oportunidad para que los países del Sur Global se organicen colectivamente en favor de un régimen de deuda soberana más justo, apoyándose en la larga trayectoria de ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) en materia de reestructuración de deuda. Su plataforma para los países prestatarios debería permitirles coordinar sus demandas de transparencia en los préstamos, reestructuraciones oportunas y normas vinculantes que impidan a los acreedores privados obstruir los acuerdos. El proceso intergubernamental que prevé el Compromiso debería convertirse en una vía hacia un marco multilateral exigible que proteja el gasto público esencial y evalúe la capacidad de pago junto con la inversión necesaria para la transformación económica.

Wang Yin (China), On the Train [En el tren], 2013.

Escribo este boletín a bordo de un tren de alta velocidad que sale de Xinyu, en la provincia china de Jiangxi. Xinyu es el lugar donde Song Yingxing escribió el libro sobre tecnología del siglo XVII titulado Tiangong kaiwu [La explotación de las obras de la naturaleza]. El libro también inspiró un drama de danza dirigido por Lu Chuan. Hoy la zona alberga impresionantes fábricas de baterías de litio y de acero al silicio, que emplean las técnicas productivas más sofisticadas. Mientras estaba en Xinyu, le pregunté a Wang Wen, decano del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China, qué consideraba esencial para seguir impulsando el avance del Sur Global. Señaló tres áreas: la industrialización con cuidado del medio ambiente, la revitalización de las culturas locales y la confianza para relacionarse con otras culturas sin sentirse inferiores.

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