Vijay Prashad (TRICONTINENTAL), 9 de Octubre de 2026
La agresión contra la existencia palestina no se limita al bombardeo: la destrucción de infraestructura, el control israelí del dinero palestino y la complicidad empresarial occidental con el apartheid son frentes de una misma ofensiva.
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Abed Abdi (Palestina), In the Shadow of the Aggression [A la sombra de la agresión], 2024.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
La campaña de bombardeos genocida de Israel ha devastado el sistema de aguas residuales de Gaza. Desde 2023 ha destruido o dañado casi el 90% de la infraestructura de agua y saneamiento del territorio. Cada día se vierten 45.000 metros cúbicos de aguas residuales sin depurar al mar Mediterráneo y otros 15.000 metros cúbicos se filtran al suelo. Este colapso de la infraestructura sanitaria ha provocado una plaga de ratas y otros roedores en Gaza. Dos de cada tres niñxs que viven en sitios de desplazamiento padecen estas pestes. En septiembre de 2026, una proliferación excepcional de algas obstruyó los sistemas de filtración de 5 de las 6 plantas desalinizadoras de Israel. El grupo ambiental israelí Zalul advirtió que las aguas residuales sin tratar de Gaza estaban contribuyendo a agravar la crisis.
Lo que siembres, eso cosecharás.
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Majdal Nateel (Palestina), Studying the Void of Amputation [Estudiando el vacío de la amputación], 2025.
Un alto el fuego no reconstruye un hogar. En Gaza, el pueblo palestino sigue viviendo entre las ruinas de la campaña de matanzas y destrucción de Israel. Un año después de la entrada en vigor del alto el fuego, cientos de miles de personas permanecen en carpas desgastadas, refugios temporales y edificios dañados. El cese de los combates más intensos ni siquiera ha restablecido las condiciones básicas para que las personas puedan vivir con dignidad.
La destrucción en Gaza no puede dimensionarse solo con datos, aunque las cifras sí dan una idea de la magnitud de la devastación causada por Israel y sus aliados. Por ejemplo, un informe reciente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) concluyó que el 92% de los establecimientos económicos de Gaza han sido destruidos o dañados. En 2025, el PIB real per cápita fue de 212 dólares, apenas el 17% de su ya bajo nivel de 2022, y más del 90% de la población de Gaza en edad de trabajar permanecía desempleada. Para mayo de 2026, apenas se habían comprometido 17.000 millones de dólares para cubrir el costo estimado de 71.500 millones de dólares de la recuperación y reconstrucción de Gaza. Además, solo se había desembolsado una pequeña fracción de los fondos comprometidos. Gaza seguirá siendo una ruina durante algún tiempo más.
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Juhaina Habibi Kandalaft (Palestina), Ardi, biti [Mi hogar, mi tierra], 2015.
Las familias de Gaza que llevan más de dos años viviendo en carpas afirman que sus espacios habitables son tan reducidos que cada aspecto de la vida familiar, desde conversar y cocinar hasta dormir y bañarse, transcurre sin privacidad. Una evaluación realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA por su sigla en inglés) en más de 500 sitios de desplazamiento constató que solo alrededor de la mitad estaba a menos de 500 metros de un espacio seguro para mujeres y niñas. A fines de julio de 2026, 17 de esos espacios permanecían cerrados por falta de financiamiento y dos más por razones de seguridad, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA por su sigla en inglés). La especialista en aspectos psicosociales Abeer al-Shurafa dijo a al-Araby al-Jadeed que “las tiendas de campaña, tan pegadas unas a otras, dejan la vida de las personas expuesta a las demás y crean condiciones que fomentan la intromisión, la interferencia en los asuntos familiares y la escucha a escondidas de conversaciones. Muchos de los problemas que hoy existen entre familias están directamente vinculados a esta realidad impuesta. La ausencia de privacidad afecta la crianza de las infancias y las relaciones de pareja, y puede contribuir a un aumento de las disputas familiares y de las tasas de divorcio, porque lo que antes ocurría dentro del hogar ahora sucede en un espacio expuesto donde otras personas pueden escucharlo”.
El UNFPA informó que, entre abril y junio de 2026, los casos de violencia de género registrados por diez organismos asociados encargados de la gestión de casos aumentaron un 27% en comparación con el trimestre anterior. Las tres formas de violencia denunciadas con más frecuencia –la denegación de recursos, la violencia psicológica y emocional y la agresión física– representaron cada una alrededor de un tercio de los casos denunciados. El matrimonio forzado y precoz representó el 2,6%. Estas cifras no pueden separarse de las condiciones materiales creadas por la agresión de Israel contra Gaza. La destrucción de hogares, propiedades y medios de vida, junto con la ruptura del apoyo familiar y social en el desplazamiento, ha hecho que las mujeres dependan más de las agencias de ayuda y de los hombres de sus familias para obtener alimentos, agua, refugio e ingresos.
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Haya Kaabneh (Palestina), The Mourning of Spring [El duelo de la primavera], 2024.
Mientras tanto, en la Cisjordania ocupada, las fuerzas israelíes demuelen viviendas palestinas y los colonos sionistas expulsan a comunidades de tierras que sus familias han habitado durante generaciones. Este desplazamiento no es un accidente.
En enero y febrero de 2025, las fuerzas israelíes entraron en los campamentos de refugiados palestinos de Jenin, Nur Shams y Tulkarem, desplazaron por la fuerza a sus poblaciones y destruyeron cientos de viviendas, vías y otra infraestructura civil. Las aproximadamente 33.000 personas palestinas expulsadas siguen sin permiso para regresar.
En febrero de 2026, después de años de ataques y hostigamiento, los colonos israelíes obligaron a las 45 personas de una comunidad beduina de pastoreo a abandonar al-Wadi al-Shamali, al norte de al-Lubban ash-Sharqiya, en la Cisjordania ocupada. La expulsión dejó al valle sin presencia palestina, lo que permitió a los colonos ampliar su control sobre las tierras de pastoreo y puso en peligro unos 2.000 dunams [unidad de superficie equivalente a 1.000 m²] de tierras agrícolas aledañas, incluidos los olivares. Esta apropiación, junto con los planes israelíes de construir miles de unidades de asentamiento ilegales en el área E1, cerca de Jerusalén, socava la base territorial de un futuro Estado palestino.
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Ismail Fattah (Irak), Sin título, 1994.
Se discute con menos frecuencia el estrangulamiento económico que Israel ejerce sobre el Territorio Palestino Ocupado. Según el informe de la UNCTAD, el gobierno israelí dedujo o retuvo más de 3.670 millones de dólares de ingresos palestinos entre enero de 2019 y marzo de 2026. La dependencia palestina llega hasta la propia moneda. Gran parte de los ingresos que ganan lxs palestinxs entra en los bancos palestinos en séqueles israelíes. Pero Israel limita cuánto efectivo físico pueden devolver esos bancos al sistema bancario de Israel. Los datos del Instituto Palestino de Investigación de Políticas Económicas (MAS por su sigla en árabe) muestran que, entre 2021 y 2024, las transferencias permitidas no siguieron el ritmo del volumen de efectivo que debía repatriarse. El excedente resultante llena las bóvedas bancarias de dinero que no puede prestarse ni usarse fácilmente para efectuar pagos, lo que lleva a algunos bancos a restringir los nuevos depósitos en séqueles. El estudio de MAS cita una estimación del Fondo Monetario Internacional (FMI) según la cual el costo de mantener este excedente redujo en alrededor de un 20% las ganancias de los bancos palestinos.
Mantener este efectivo retenido en las bóvedas de los bancos palestinos no solo genera una incómoda pila de billetes. Los pagos a los proveedores dependen de que exista una relación de corresponsalía bancaria operativa con los bancos israelíes. Una falla en este sistema podría interrumpir las importaciones de electricidad, combustible y agua. Israel acordó adelantar el pago de 4.500 millones de séqueles correspondiente al cuarto trimestre, lo que alivió la presión inmediata. Pero los envíos discrecionales no ponen fin a un sistema en el que Israel determina si los bancos palestinos pueden procesar pagos en la moneda de la que depende gran parte de la economía palestina. Los pagos electrónicos pueden ralentizar la acumulación de efectivo, sostiene MAS, pero no pueden eliminar esa restricción estructural.
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Ismail Shammout (Palestina), Sin título, 1994.
Israel no es el único beneficiario de esta política de apartheid, estrangulamiento y expropiación. El 25 de septiembre de 2026, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU actualizó su base de datos de empresas implicadas en actividades específicas vinculadas a los asentamientos israelíes en el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Este. La lista actualizada incluye empresas con sede en Francia (Egis y Egis Rail), Alemania (Heidelberg Materials AG), los Países Bajos (Booking.com) y Estados Unidos (Airbnb, Booking Holdings, Expedia Group y Tripadvisor). El informe identifica actividades como servicios que sostienen los asentamientos y la explotación comercial de tierras u otros recursos naturales. Evalúa distintas formas de implicación empresarial, incluidas la contribución y el vínculo directo, en lugar de emitir un pronunciamiento penal sobre cada empresa.
Son nombres familiares porque el comercio de los asentamientos está integrado en la infraestructura cotidiana de consumo y de negocios: un anuncio de alojamiento vacacional, un servicio de transporte, un producto de cantera. La base de datos se limita explícitamente a las actividades relacionadas con los asentamientos. No es un censo de todas las empresas que se benefician de la ocupación ni el final de la investigación sobre las que nombra.
La Oficina de Derechos Humanos de la ONU pide a los Estados que regulen a las empresas bajo su jurisdicción y a estas las exhorta a prevenir o abordar los impactos negativos sobre los derechos humanos. La pregunta para los gobiernos occidentales es concreta: ¿permitirán que las empresas registradas en sus países sigan ofreciendo los servicios y las conexiones materiales que hacen posible la existencia de los asentamientos?
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Fateh Moudarres (Siria), Alam [Dolor], 1961.
Mientras escribía este boletín, me encontré con Nablus Street [Calle Nablus], del periodista y poeta Mustafa Abu Sneineh, en una antología de poesía palestina contemporánea. El poema hierve de frustración ante el apartheid, el genocidio y la expropiación. La vida cotidiana roza con estos fenómenos perversos.
Fue una confesión sin palabras.
Recuerdo el sol deslizándose hacia la oscuridad del asentamiento,
soldados con fusiles golpeando el atardecer
hasta dejarlo inconsciente.Un muchacho enamoradizo robando poemas de Nizar Qabani
y cartas de amor de La nieve entra por la ventana.
Sigo siendo un muchacho enamoradizo
aunque el sol se ocultó hace mucho,
aunque mi primera confesión de amor
la hice en la mira de los fusiles de la ocupación.
Yo también quiero caminar contigo por la calle Nablus y leer La nieve entra por la ventana (1969), de Hanna Mina. Mina, nacido en Siria, trabajó como barbero y repartía por las calles el periódico comunista Sawt al-Shaab [Voz del Pueblo]. Su novela sigue a Fayyad, un escritor de izquierda que huye al Líbano para escapar de la persecución política. Es la historia de un hombre sensible que pasa del miedo privado a la lucha colectiva. Los soldados del poema golpean el atardecer, pero al día siguiente el sol sale e ilumina el cielo.
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