Por Hedelberto López Blanch (RESUMEN LATIONAMERICANO), 18 de septiembre de 2026

Imagen: Adano
La propuesta del convicto presidente estadounidense Donald Trump acaba de destrozar todos los marcos electorales de la llamada «democracia capitalista» al ofrecer públicamente 5.000 dólares a cada votante si el Partido Republicano logra mantener el control de la Cámara de Representantes y del Senado en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Semejante soborno desmiente por completo toda la propaganda que afirma que el modelo electoral en los países occidentales es «democrático».
Imagínese por un momento la enorme campaña mediática que desatarían los medios hegemónicos si un candidato progresista y nacionalista de Brasil, México, Nicaragua o Cuba —por nombrar algunos ejemplos— dijera que daría miles de pesos a los votantes que lo apoyaran.
Sin dudarlo un instante, los principales titulares los atacarían con epítetos como «dictadura», «autocracia», «violación de la democracia» y muchos otros. Pero en este caso, los medios de propaganda occidentales han ignorado la seria propuesta de Trump y, por el contrario, se han dedicado a intentar suavizar este claro soborno con especulaciones sobre la validez de la oferta.
El magnate presentó el llamado “Dividendo Trump” durante la Convención Republicana de Medio Término celebrada el jueves 11 de septiembre en Dallas, Texas. Con su habitual arrogancia, sostuvo que no cree necesitar la aprobación del Congreso para implementar el programa y afirmó que los legisladores lo respaldarían si finalmente se requiriera dicha autorización.
La inusual propuesta costaría aproximadamente 1,2 billones de dólares , basándose en los cerca de 245 millones de ciudadanos adultos del país. Economistas y expertos en impuestos han cuestionado la idea, en un momento en que el gobierno federal registra déficits anuales de casi 2 billones de dólares.
La deuda pública estadounidense superó los 40 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente al 123-125% del PIB del país. Entre octubre de 2025 y julio de 2026, Washington gastó 963 mil millones de dólares solo en intereses, una cifra incluso superior al gasto militar durante ese período.
En un editorial reciente, el diario mexicano La Jornada afirmó: “Lo preocupante es que, cumpla o no su promesa, el mero hecho de ofrecer un pago directo a cambio de la victoria electoral de su partido equivale a la demolición de cualquier vestigio de democracia que pueda quedar en ese país”. La señal más clara del deterioro de las instituciones estadounidenses es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración así constituiría un escándalo mayúsculo que acarrearía sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política de la persona involucrada, pero en el Washington de Trump, es un día más.
En este sentido, el editorial explica que el desmantelamiento de la democracia estadounidense y la destrucción de los controles sobre la financiación de las campañas electorales comenzaron hace medio siglo y se han intensificado con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
En 1976, la Corte Suprema dictaminó que limitar el gasto en campañas electorales viola la libertad de expresión, y desde entonces, no ha habido límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede gastar de su propio bolsillo. En junio de este año, eliminó los límites a la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros gastos en coordinación con los candidatos.
Entre estas dos sentencias, señala La Jornada, la Corte Suprema también permitió donaciones ilimitadas de particulares y el uso de fondos donados para que los candidatos se reembolsaran todos los gastos relacionados con la campaña. En otras palabras, un candidato puede comprar el cargo con su propio dinero y luego recaudar fondos de personas interesadas siendo amigo de un senador, gobernador o presidente.
Además, cualquier organización sin fines de lucro registrada puede gastar cantidades ilimitadas en elecciones y mantener la confidencialidad de la identidad de sus donantes. En otras palabras, en Estados Unidos, los grupos criminales contra los que Washington dice luchar tienen vía libre para financiar legalmente a un político, y nadie puede preguntar de dónde proviene el dinero.
También fluye abundante capital hacia estas campañas electorales, proveniente de fuentes como el lobby judío AIPAC, empresarios millonarios y cualquier organización adinerada que necesite apoyar a un candidato en particular para sus propios intereses y negocios, sin importar si ese candidato ha sido corrupto, narcotraficante, pedófilo o malversador. Y si te queda el saco, póntelo.
Todo esto se consideraría corrupción flagrante en cualquier otro país del mundo, pero no en Estados Unidos.
Así son las llamadas “elecciones democráticas capitalistas”: todo para los poderosos, poco para los pobres. Otra de las típicas tácticas de los magnates estadounidenses.
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