Gaceta Crítica

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De Allende a Chávez: dos modelos populares, la misma conspiración imperialista y oligárquica.

Ricardo Pose (ORINOCO TRIBUNE), 17 de Septiembre de 2026

El 11 de septiembre de 1973 y el 3 de enero de 2026 quedarán registrados en la historia como las fechas de los ataques más graves perpetrados por Estados Unidos y las oligarquías nacionales de Chile y Venezuela contra dos gobiernos legítimos y constitucionales.

El 11 de septiembre, un golpe militar —apoyado y asesorado por la CIA y respaldado por la oligarquía chilena— derrocó al presidente socialista de Chile, Salvador Allende. El 3 de enero de 2026, un ataque militar de Estados Unidos, con el apoyo de la extrema derecha venezolana, secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, en la agresión más severa contra la Revolución Bolivariana iniciada por el comandante Hugo Chávez.

El 4 de septiembre de 1970, el político socialista Salvador Allende, líder del partido Unidad Popular, ganó las elecciones presidenciales en Chile. Impulsó la nacionalización de las principales industrias mineras, amplió las expropiaciones de grandes propiedades para llevar a cabo una reforma agraria e inició un conjunto de medidas sociales para que el pueblo chileno tuviera acceso a la salud, la educación, la vivienda y salarios dignos.

El 6 de diciembre de 1998, el comandante Hugo Chávez, candidato del Movimiento Quinta República (MVR), ganó las elecciones presidenciales de Venezuela e inició el proceso de la Revolución Bolivariana. Su programa plasmaba la administración y el control por parte del pueblo venezolano de sus recursos naturales —principalmente el petróleo— y una distribución equitativa de la renta y la riqueza, llevada a cabo a través de diversas misiones sociales.

Con 28 años de diferencia entre las dos victorias electorales, y en contextos históricos diferentes, el acceso al gobierno por medios electorales fue la similitud política que acabó por zanjar un largo y profundo debate estratégico en la izquierda latinoamericana sobre las formas de acceder al poder.

Ambas victorias, cada una en su propio contexto, fueron particulares e inusuales. Allende ganó la presidencia por vía electoral, mientras que en el resto de los procesos políticos del continente, la revolución cubana siguió siendo la referencia fundamental.

Chávez, por otro lado, triunfó tras un proceso de acumulación política que recibió un fuerte impulso durante El Caracazo, en un contexto regional donde el neoliberalismo se imponía política y económicamente, mientras emergía un incipiente proceso de gobiernos progresistas.

En ambos casos, la victoria electoral fue solo el punto de partida, ya que cada proceso intentó construir poder popular a través de la organización, la participación y la capacidad de decisión del pueblo.

El uso del bloqueo como herramienta de presión

Cuando Allende ganó la presidencia, el gobierno de Estados Unidos ya llevaba años aplicando el bloqueo contra el gobierno revolucionario de Cuba. En el caso de Chile, la administración Nixon —dando por sentado el apoyo de la oligarquía local— aplicó un bloqueo diferente al utilizado contra Cuba.

Así lo describe el periodista Edgar Amílcar Morales en un análisis publicado por Prensa Latina:

Chile sufrió un bloqueo encubierto, es decir, uno no declarado oficialmente como tal, pero con graves consecuencias internas. Bajo la influencia de Washington, organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo bloquearon los créditos a Chile, y entidades privadas estadounidenses cortaron todos los canales de financiamiento. En consecuencia, se cancelaron los préstamos para la compra de maquinaria y repuestos clave para la minería, el transporte y la industria del cobre, cuya tecnología era mayoritariamente de origen estadounidense.

En Venezuela, ese mismo patrón se repitió durante los años del bloqueo económico contra la Revolución Bolivariana. Según Morales, los grandes empresarios locales escondieron mercancías, incluidos alimentos básicos, mientras que el poderoso sindicato de camioneros, vinculado a la oligarquía local, declaró huelgas para mantener los mercados vacíos y generar inquietud e incertidumbre entre la población.

Conspiraciones y resistencias

En el caso de Chile, el subdirector de Carabineros (policía armada), el general Jorge Urrutia, informó que el 4 de septiembre de 1970 se celebraron las elecciones presidenciales y el bloque Unidad Popular derrotó por un estrecho margen a Jorge Alessandri. El resultado obligó al Congreso a validar las elecciones en un plazo de 40 días.

Poco después, desde Washington, el presidente estadounidense Richard Nixon, su asesor de seguridad nacional Henry Kissinger y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Richard Helms, comenzaron a conspirar con sectores de la oligarquía chilena para impedir que Allende asumiera el cargo.

Entre las conspiraciones llevadas a cabo figuraba el envío de armas a través de la valija diplomática para armar a grupos responsables de actividades delictivas clandestinas destinadas a crear un clima de inestabilidad en el país.

En ese contexto, el comandante en jefe del Ejército, René Schneider, falleció en un intento de secuestro en el marco de una conspiración que buscaba provocar un golpe de Estado e impedir la finalización del proceso electoral. Sin embargo, el parlamento chileno ratificó los resultados electorales, sin ceder a las presiones para declarar ganador al candidato que quedó en segundo lugar, Jorge Alessandri.

Allende asumió la presidencia el 3 de noviembre de 1970. Inmediatamente, comenzó otra fase de la conspiración en su contra, centrada ahora en destruir la economía y frustrar el programa conocido como «la vía chilena al socialismo».

En el caso de Venezuela, la conspiración contra el proyecto iniciado por Chávez sufrió conspiraciones similares, desde la huelga petrolera y el golpe de Estado de abril de 2002 hasta las violentas guarimbas de 2014 y 2017. Durante el gobierno de Nicolás Maduro, Washington ha estado tejiendo un cerco militar y judicial contra el presidente durante años, acusándolo desde 2020 de dirigir una organización narcoterrorista inexistente.

El asedio alcanzó su fase final en la madrugada del 3 de enero de 2026. Poco después de las 2:00 a. m., una serie de bombardeos sacudieron Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, mientras aviones militares estadounidenses sobrevolaban la capital y un incendio consumía un hangar en una base venezolana. La operación, llevada a cabo por fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos, provocó cortes de energía en diversas zonas de la capital.

Horas después, el propio presidente estadounidense Donald Trump confirmó en sus redes sociales que Estados Unidos había llevado a cabo un «ataque a gran escala contra Venezuela» que culminó con el secuestro del presidente Maduro y su esposa, la diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores, y su posterior traslado fuera del país. Custodiados por agentes federales, fueron trasladados al buque de asalto anfibio USS Iwo Jima antes de ser llevados a territorio estadounidense, donde el fiscal general de Estados Unidos los acusó formalmente de conspiración para el narcotráfico y posesión de armamento restringido.

El gobierno venezolano rechazó las acusaciones y calificó el incidente de agresión militar. Sectores de la oposición, por otro lado, celebraron la operación.

El blanco de los rifles

Las diferencias entre las fuerzas armadas chilenas y venezolanas, y el papel que cada una desempeñó en sus respectivas circunstancias históricas, son asombrosas.

La victoria electoral de Salvador Allende, a la que denominó la vía pacífica al poder, llevó a algunos sectores de la izquierda chilena, a la Unidad Popular, así como al continente, a mostrar lealtad hacia las instituciones democráticas en las Fuerzas Armadas chilenas.

Sin embargo, algunos sectores políticos, como el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, expresaron su preocupación por la actitud de los oficiales formados en la Escuela de las Américas en un contexto continental de golpes militares consumados o en curso, como en Brasil, Uruguay y Argentina.

En Chile, la conspiración golpista del ejército y la oligarquía —vigilada e informada a Estados Unidos por agentes de la CIA destinados en el país, según el investigador Peter Kornbluh— se convirtió en realidad el 11 de septiembre de 1973, con un brutal ataque a la sede del gobierno.

Por otro lado, el objetivo de los fusiles de la Fuerza Armada Bolivariana —de la cual Hugo Chávez fue miembro y que él mismo transformó con su discurso y sus acciones— nunca fue el pueblo venezolano. En cambio, en Venezuela se forjó una fusión cívica, popular, militar y policial.

Nota: Peter Kornbluh es periodista, escritor y funcionario estadounidense. Trabaja como analista en el Archivo de Seguridad Nacional y es director de proyectos de documentación sobre Chile y Cuba.

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