La historia de cómo la diplomacia monetaria perdió su pulso contra una restricción que nadie podía negociar.
Escaner económico (blog), 11 de Septiembre de 2026

Las matemáticas contra la diplomacia.
Como vimos en el anterior post de esta serie, el sistema monetario establecido en Bretton Woods en 1944 no operó como un patrón oro equitativo, sino como un estándar asimétrico basado en el dólar estadounidense. El diseño original permitió a Estados Unidos financiar sus déficits emitiendo moneda que otros países estaban obligados a acumular como reservas oficiales lo que, en la práctica, instauró un régimen fiduciario donde la disciplina del metal fue sustituida gradualmente por la política monetaria de un solo país.
Durante los años de la posguerra, los líderes políticos mantuvieron el discurso de que el dólar era un activo tan seguro e intercambiable como el propio oro. Sin embargo, detrás de las declaraciones diplomáticas que defendían la solidez del sistema, la contabilidad reflejaba un deterioro constante. A medida que el comercio mundial crecía, también lo hacía la demanda de liquidez internacional, la cual era provista casi exclusivamente mediante la emisión de la divisa norteamericana. Esto generó una divergencia entre los pasivos internacionales de Estados Unidos y sus reservas físicas de metal en Fort Knox.
En este contexto, se podría considerar que la disolución de Bretton Woods fue la consecuencia de una restricción estructural que derivaba en una clara contradicción matemática y que el economista Robert Triffin articuló formalmente en 1960. Y es que los números del sistema mostraban una contradicción. Esta se concretaba en que, para mantener la expansión comercial global en unas décadas de progreso evidente (lo que se llama la Edad de oro del Capitalismo ), Estados Unidos debía proveer dólares de forma constante. No obstante, al hacerlo y sin duda con generosidad, la proporción de oro que respaldaba la moneda en circulación disminuía, siendo la paridad del dólar respecto al metal noble simplemente una ratio virtual sin ancla en la realidad. Fue dicha realidad, la de los saldos, la que evidencia que las reservas estadounidenses serán matemáticamente insuficientes para garantizar la paridad, marcando el fin operativo del sistema una década antes de su cancelación oficial.
El cártel desesperado — El London Gold Pool (1961-1968)
La materialización del dilema de Triffin, reflejada en la emisión incesante de liquidez internacional en forma de dólares, comenzó a generar dudas fundadas sobre la viabilidad técnica del sistema. A medida que la cantidad de dólares en circulación en el exterior superaba con creces el respaldo físico de oro almacenado en Fort Knox, los inversores privados e institucionales empezaron a anticipar que la paridad oficial no podría sostenerse. Y dichas sospechas fueron suficientes para tensar las reservas de dólares del sistema.
Esta tensión estructural se hizo evidente a finales de 1960. Ante el deterioro de la balanza de pagos estadounidense, una ola de demanda en el mercado libre de Londres impulsó el precio del oro por encima de los 40 dólares por onza, alejándolo peligrosamente de la tasa oficial de 35 dólares . Para defender la ficción de esta paridad oficial y ocultar la debilidad subyacente del dólar frente a las presiones inflacionarias, las autoridades monetarias recurrieron a la intervención directa del mercado. Como respuesta a esta crisis, en noviembre de 1961 se formalizó la creación del London Gold Pool (Bordo, Monnet y Naef, 2019).
El mecanismo consistió en un consorcio integrado por ocho de los principales bancos centrales de Occidente : Estados Unidos, Alemania Occidental, Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Suiza. El propósito del cártel era coordinar la compra y venta de oro físico en Londres para suprimir la volatilidad y manipular el precio de mercado, manteniéndolo artificialmente anclado a los 35 dólares por onza. Operativamente, cuando la demanda privada aumentaba y presionaba el precio alza, el consorcio vendía oro de sus reservas conjuntas para contenerlo; cuando la demanda disminuía, recompraban metal para reponer sus inventarios. Al intervenir en el mercado de Londres, los bancos centrales buscaban silenciar el termómetro que media la pérdida real de poder adquisitivo del dólar, postergando la necesidad de implementar ajustes económicos o reducir el gasto público.
Sin embargo, el diseño de este fondo reproduce la misma asimetría de costes que caracterizaba a Bretton Woods. Para iniciar las operaciones de estabilización, los miembros acordaron una aportación conjunta de 240 toneladas de oro, valoradas en ese momento en 270 millones de dólares. En este caso, una nueva trampa asimétrica radicaba en el reparto de esta carga. Mientras Estados Unidos consideró unilateralmente el 50% del esfuerzo, inmovilizando 120 toneladas iniciales para defender el sistema, el resto de bancos centrales asumían la otra mitad entre todos ellos. Concretando, y en claro contraste, las potencias europeas asumieron cuotas de participación mucho menores. Alemania Occidental contribuyó con el 11% (27 toneladas), mientras que el Reino Unido, Francia e Italia aportaron un 9% cada uno (22 toneladas por país). Bélgica, Países Bajos y Suiza completarán el fondo con un 4% respectivamente.

Esta distribución de los costos evidenciaba que la carga de mantener la credibilidad del régimen recaía de manera desproporcionada sobre las menguantes reservas estadounidenses. Mientras las políticas de expansión monetaria continuaran en Estados Unidos, el intento de contener las fuerzas del mercado libre a través del London Gold Pool estaba destinado a convertirse en una operación de desgaste aritméticamente insostenible.
La rebelión de De Gaulle — Jaque mate al dólar
La política monetaria francesa durante la presidencia de Charles de Gaulle fue, frecuentemente, caricaturizada como un ejercicio de antinorteamericanismo irracional dictado por motivaciones puramente políticas. Sin embargo, la evidencia histórica demuestra que se trató de una estrategia económica más sofisticada y coherente de lo que se piensa, fuertemente influenciada por su asesor, el economista Jacques Rueff (Bordo, Simard y White, 1994). Así, Francia comprendió rápidamente las implicaciones de la asimetría de Bretton Woods, es decir, que el sistema permitía a los Estados Unidos imprimir moneda fiduciaria sin restricciones para financiar sus crecientes déficits, derivados en gran medida de una política fiscal expansiva, en concreto por la escalada militar en la Guerra de Vietnam y de la compra masiva de empresas europeas por parte de inversores estadounidenses (Bordo, Simard y White, 1994).
Como ya se ha explicado, el funcionamiento del sistema de Bretton Woods generaba una profunda dinámica asimétrica ya que obligaba a los bancos centrales europeos a intervenir en los mercados cambiantes para mantener fijas sus paridades, lo que, además, les forzaba a absorber y acumular los excedentes de dólares emitidos por Estados Unidos para financiar sus déficits. En las reuniones internacionales del Grupo de los Diez, los representantes franceses, que sin duda se constituyeron como los principales críticos del “privilegio exorbitante” estadounidense, acuñaron una célebre distinción técnica entre los bancos centrales. En primer lugar, estarían los tenedores de reservas “contentos”. En segundo lugar, los que llamaron “tenedores reacios”, siendo estos últimos aquellos países, como la propia Francia o Alemania Occidental, que atesoraban dólares no por elección económica, sino por estricta presión diplomática y por el temor sistémico a desatar una crisis global si decidieron convertirlos masivamente en oro. De este modo, se denunciaba un mecanismo que obligaba a Europa a financiar de forma gratuita e indefinida la expansión macroeconómica y militar de los Estados Unidos (Solomon, 1982).
Para contrarrestar esta situación, a partir de principios de 1965, el gobierno francés pasó a la ofensiva y comenzó a convertir agresivamente sus tenencias de dólares en oro físico . Esta constante repatriación de lingotes desde la Reserva Federal en Nueva York hacia París no fue un acto de sabotaje ciego. Bordo, Simard y White proponen leer las relaciones monetarias franco-estadounidenses de aquellos años como un juego de negociación no cooperativo. El sistema de Bretton Woods descansaba, en el fondo, sobre un gesto voluntario, concretamente que los países con superávit aceptaran conservar sus dólares en lugar de reclamar el oro que en teoría los respaldaba. Mientras esa cooperación se mantuviera, la ficción de la paridad se sostenía. Cada banco central acreedor se enfrentaba, por tanto, a una elección sencilla, la de seguir acumulando papel o convertirlo en metal. La política francesa consistió en elegir deliberadamente la segunda opción, aunque no como un fin en sí mismo. La repatriación sistemática de oro operaba como lo que la teoría de juegos llama una amenaza creíble, es decir, una advertencia que convence precisamente porque a quien la fórmula le conviene ejecutarla de todos modos. En otras palabras, Francia no faroleaba. Al embarcar los lingotes rumbo a París, demostró que la conversión no era una postura retórica, sino una conducta que estaba dispuesta a sostener. Y como el oro era, para el propio Banco de Francia, un activo de reserva tan legítimo como el dólar, Washington no podía despachar la amenaza como un simple gesto de presión. El objetivo, con todo, no era la ruptura, sino la mesa de negociación. Al drenar unas reservas estadounidenses ya menguantes, De Gaulle encarecía el coste de mantener el statu quo y mejoraba su posición negociadora. Lo que reclamaba a cambio era una reforma hacia un sistema más simétrico: ligar al oro el nuevo activo de reserva —los futuros Derechos Especiales de Giro— y compartir con los países del Mercado Común el poder de decisión sobre las reglas del juego (Bordo, Simard y White, 1994). El objetivo de De Gaulle y Rueff no era destruir el sistema por capricho, sino utilizar el drenaje de las reservas metálicas como palanca para forzar a Washington a negociar una reforma estructural hacia un régimen verdaderamente simétrico.
Sin embargo, la tensión alcanzó su punto de ruptura cuando la estrategia francesa chocó contra la negativa estadounidense a aplicar medidas de ajuste interno que frenarán su déficit. Al constatar que el esfuerzo para mantener el precio del metal era insostenible ante la inflación, Francia decidió en junio de 1967 retirarse de manera definitiva de sus obligaciones de aportación en el London Gold Pool (Bordo, Simard y White, 1994). Esta decisión estratégica dejó a Estados Unidos asumiendo el 59% de la carga de intervención en un mercado libre donde la demanda privada no paraba de crecer. Al retirar su apoyo, Francia aceleró de forma drástica el desgaste de las reservas estadounidenses, exponiendo la insolvencia matemática del modelo y sentando las bases para la crisis definitiva.
Marzo de 1968 — El colapso invisible y el sistema de doble nivel
La primera línea de defensa del régimen cambiario de Bretton Woods se fracturó ya a finales de 1967. Tras sufrir persistentes déficits en la balanza de pagos, el gobierno del Reino Unido anunció el 18 de noviembre de 1967 la devaluación de la libra esterlina en un 14,3%, reduciendo su paridad de 2,80 a 2,40 dólares. Al tratarse de la segunda moneda de reserva del sistema, la devaluación desencadenó una oleada de pánico especulativo global en los mercados de divisas y metales. Los inversores anticiparon que el dólar estadounidense sería la siguiente divisa en sufrir un ajuste forzoso y aceleraron la conversión masiva de papel moneda por oro físico en los mercados de Londres y París.
Entre noviembre de 1967 y marzo de 1968, la presión sobre los inventarios públicos alcanzó niveles insostenibles. Los bancos centrales del London Gold Pool vendieron más de 3.000 millones de dólares en oro de sus reservas oficiales para intentar sostener la cotización en la paridad de 35 dólares la onza. Dado que Estados Unidos asumía cerca del 60% de las ventas tras la retirada de Francia en junio de 1967, el stock metálico estadounidense cayó por debajo de las 12.000 toneladas, alcanzando su nivel más bajo desde los años treinta. La crisis llegó a su punto crítico el jueves 14 de marzo de 1968, cuando la demanda en Londres superó los 400 millones de dólares en una sola jornada. Ante el riesgo de agotación total de sus reservas, el gobierno estadounidense solicitó de urgencia al Reino Unido el cierre del mercado de Londres para el viernes 15 de marzo, declarándose un festivo bancario extraordinario.
Durante el fin de semana del 16 y 17 de marzo de 1968, los gobernadores de los bancos centrales miembros se reunieron en la sede de la Reserva Federal en Washington para disolver formalmente el London Gold Pool e instaurar el Sistema de Doble Nivel ( Two-Tier Gold System ). El acuerdo escindió la operativa del metal en dos circuitos independientes:
- Circuito oficial entre bancos centrales: Se mantuvo la paridad teórica de 35 dólares por onza exclusivamente para la liquidación de saldos y transferencias entre autoridades monetarias.
- Circuito privado de libre cotización: Se autorizó la negociación libre de oro para particulares e industrias en los mercados de Londres y Zúrich, donde el precio pasaba a fijarse según la oferta y la demanda.
Asimismo, las autoridades acordaron no volver a suministrar oro monetario al mercado privado ni solicitar conversiones de reservas a la Reserva Federal para informar ventas comerciales. El resultado directo de esta medida fue la “demonetización del oro al margen” (Solomon, 1982; Bordo, 1993). Al aislar el mercado oficial del mercado real de materias primas, la vinculación entre el dólar y el metal precioso quedó interrumpida en la práctica. Desde marzo de 1968, el sistema monetario internacional pasó a operar bajo un estándar fiduciario de dólares puros, convirtiendo la suspensión oficial de 1971 en la mera formalización política de un hecho consumado tres años antes.
Cierre: Preparando el terreno para Nixon.
El sistema de doble nivel de marzo de 1968 no resolvió nada, en realidad se limitó a esconder la avería. Al separar el precio oficial de 35 dólares del precio libre de Londres y Zúrich, los bancos centrales admitieron de forma implícita que ya no podían defender la paridad en el mercado real, por lo que lo que mantuvieron con vida fue una simple convención, sencillamente un compromiso mutuo de no presentarse en la ventanilla del Tesoro estadounidense a canjear sus dólares por metal. A partir de ese momento, el vínculo entre el dólar y el oro, que contablemente era desde el inicio igualmente una convención dejó de ser una realidad económica para convertirse en un acuerdo entre caballeros.
Durante los tres años siguientes, esa convención fue lo único que sostuvo el edificio. La restricción que había formulado Triffin seguía operando por debajo, y los números de 1971 apenas dejaban margen a la interpretación. Las reservas de oro estadounidenses habían caído hasta unos 10.000 millones de dólares, mientras que los dólares en manos extranjeras se acercaban a los 50.000 millones. El metal disponible cubría, como mucho, una quinta parte de los pasivos que en teoría debía respaldar. La promesa de convertibilidad se había vaciado de contenido mucho antes de que nadie la retirara de manera formal.
Conviene, por eso, revisar la lectura más difundida. Cuando Richard Nixon se reunió con sus asesores en Camp David durante el fin de semana del 13 al 15 de agosto de 1971, no fue para provocar el colapso de Bretton Woods, fue para certificar una desaparición que se había producido tres años antes. El cascarón seguía en pie por inercia diplomática, no por solvencia.
Ante esto, aún queda una última pregunta, la que abordaré en el tercer y último post de esta serie. Concretamente, si el sistema ya estaba muerto, ¿por qué esperó Estados Unidos hasta 1971 para firmar el certificado, y qué cálculo político se convirtió en una constatación técnica en un anuncio deliberado a toda la nación? La autopsia empieza en Camp David.
Referencias bibliográficas:
- Bordo, Michael D. (1993). “El sistema monetario internacional de Bretton Woods: una visión histórica” . En Bordo, MD y Eichengreen, B. (eds.), Una retrospectiva sobre el sistema de Bretton Woods: lecciones para la reforma monetaria internacional , Chicago: University of Chicago Press, pp. 3-108.
- Bordo, Michael D., Simard, Dominique y White, Eugene N. (1994). “Francia y el colapso del Sistema Monetario Internacional de Bretton Woods” . Documento de trabajo del FMI WP/94/128.
- Bordo, Michael D., Monnet, Eric y Naef, Alain (2019). «El fondo común de oro (1961-1968) y la caída del sistema de Bretton Woods: lecciones para la cooperación de los bancos centrales»*. The Journal of Economic History, 79(4), 1027-1059.
- Meltzer, Allan H. (2003). Historia de la Reserva Federal, Volumen 1: 1913-1951 . Chicago: University of Chicago Press.
- Solomon, Robert (1982). El sistema monetario internacional 1945-1981 . Nueva York: Harper and Row.
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