Gaceta Crítica

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Jeffrey Sachs: El orden mundial hegemónico construido sobre mentiras se está desmoronando.

Glen Diessen (GREATER EURASIA), 7 de Septiembre de 2026

Jeffrey Sachs sostiene que el conflicto central de nuestro tiempo radica en el choque entre la visión estadounidense de un mundo unipolar y la realidad de un mundo multipolar. Estados Unidos representa una pequeña parte de la población y la economía mundiales, pero sus principales instituciones siguen actuando como si el dominio estadounidense pudiera perdurar indefinidamente. Esta suposición choca con el auge de China y la negativa de gran parte del mundo a vivir bajo la hegemonía estadounidense.

El fin del momento unipolar

Estados Unidos emergió de la Segunda Guerra Mundial con un poder económico, financiero y militar extraordinario. El Plan Marshall fue una muestra de esa fortaleza, al respaldar un orden liderado por Estados Unidos mediante la asistencia y el desarrollo. Sin embargo, la situación del país ha cambiado. Su dominio económico y financiero ha disminuido, su liderazgo tecnológico ya no es único y su sociedad enfrenta grandes desigualdades y deuda.

El enfoque estadounidense también ha cambiado. Lo que antes era una benevolencia egoísta se ha convertido en explotación. Estados Unidos ahora exige pagos por despliegues militares, presiona a Europa para que gaste más en defensa y trata los recursos de otros países como si fueran bienes que puede confiscar. Esta no es una forma sostenible de mantener un orden mundial. Si un país que representa una pequeña parte del mundo quiere explotar a todos, invadir donde le plazca y amenazar a quien quiera, el resto del mundo acabará negándose.

Eso es lo que está sucediendo. Los países están contrarrestando el poder estadounidense. La Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS representan una parte enorme de la población y la producción mundiales, y sus miembros están cada vez más reacios a tolerar la intimidación. Estados Unidos aún puede tener ventajas considerables, pero ya no cuenta con una estrategia inteligente para lograr una hegemonía permanente.

Rusia quería ser normal

El mayor error se produjo al final de la Guerra Fría. La Unión Soviética se había desmoronado y la oportunidad residía en crear un entorno pacífico. Rusia deseaba ser un país normal, con una economía de mercado, paz y cooperación con Estados Unidos. Era una oportunidad extraordinaria tras décadas de confrontación nuclear.

La respuesta correcta habría sido la magnanimidad, no el castigo. Estados Unidos debería haber contribuido a estabilizar la Unión Soviética y Rusia, en lugar de declarar la victoria e imponer la subordinación. Un paquete de ayuda financiera preparado en 1991 tenía como objetivo ayudar a un país profundamente desestabilizado a evitar la hiperinflación y el colapso económico. Fue rechazado porque los funcionarios estadounidenses consideraron la oportunidad como una cuestión de relaciones públicas en lugar de una ocasión para construir la paz.

La misma arrogancia marcó la seguridad europea. Gorbachov aceptó la reunificación alemana y anhelaba un hogar común europeo. Se le aseguró repetidamente que la OTAN no se aprovecharía de la situación. Dichas garantías no se cumplieron. En cambio, la OTAN se expandió hacia el este, y Estados Unidos trató a Rusia como un país que no tenía más remedio que aceptar el poder estadounidense.

Un mundo multipolar no es una amenaza.

El mundo está experimentando enormes cambios tecnológicos, demográficos y ecológicos. China, Rusia, India y las economías en desarrollo no son potencias revolucionarias que busquen la dominación mundial. Desean desarrollo económico, mejores niveles de vida, infraestructura, educación y la capacidad de adoptar nuevas tecnologías. No les interesa la hegemonía estadounidense ni la occidental. Quieren seguir adelante con sus vidas.

Rusia no se está preparando para invadir Europa Occidental. Sus objetivos son eminentemente prácticos, y la invasión de Berlín o París no figuraría entre ellos. Lo mismo ocurre con China y las demás grandes potencias. Las economías emergentes del mundo son el pilar del sistema global, centradas en el desarrollo más que en la expansión territorial.

Estados Unidos aún conserva ventajas, como la inteligencia artificial, un mercado bursátil sólido y el dólar. Sin embargo, carece de un monopolio tecnológico permanente, de puntos estratégicos decisivos y de una fórmula mágica para controlar el mundo. China puede igualar las capacidades tecnológicas estadounidenses, e Irán puede mantener a Estados Unidos en un punto muerto o incluso en una situación peor.

La solución reside en un cambio de mentalidad. Estados Unidos debe dejar de intentar imponer su voluntad a otras civilizaciones y reconocer que el mundo es multipolar. Ese cambio no costaría nada, ahorraría billones de dólares y podría salvar el planeta.

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