Gaceta Crítica

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El discurso neoliberal contra las pensiones públicas acumula 45 años de pronósticos fallidos en España.

Jorge Otero (PÚBLICO), 31 de Agosto de 2026

  • Desde que a principios de los años 80 del pasado siglo los mercados financieros pusieron su atención en las pensiones, «todas sus previsiones catastrofistas se han confirmado como falsas», dice el economista Juan Torres.
  • «Aunque desde hace décadas se anuncia de forma interesada su supuesta insostenibilidad, el sistema público de pensiones sigue siendo sólido y capaz de garantizar las prestaciones presentes y futuras», explica Nacho Álvarez, profesor de Economía.
Dos personas mayores caminan por las calles de Madrid, en una imagen de archivo.
Dos personas mayores caminan por las calles de Madrid, en una imagen de archivo.Eduardo Parra | Europa Press

Desde hace más de 45 años las predicciones más alarmistas sobre la quiebra del sistema público de pensiones dominan el discurso neoliberal. Con el paso de los años, la presión de los mercados financieros, los bancos y las aseguradoras para recortar las pensiones públicas ha ido a más. Proliferan los informes, documentos, papers o análisis que insisten en que las pensiones públicas no son sostenibles y que hay que acometer reformas que incluyen retrasos en la edad de jubilación, menores prestaciones o avanzar hacia modelos de capitalización privada en el que cada uno ahorra para su propia pensión personal en lugar del modelo de reparto, en el que las pensiones las pagan las cotizaciones sociales de los trabajadores activos. Sin embargo, la tan anunciada quiebra de las pensiones públicas no termina de llegar. 

Los primeros augurios negativos de los neoliberales sobre la viabilidad de las pensiones públicas empezaron a escucharse nada más estrenarse la década de los años 80 del pasado siglo XX. Juan Torres, catedrático jubilado de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, certifica la fecha de nacimiento de este discurso neoliberal: «El apetito por el caramelo de las pensiones surge casi desde el mismo momento en que los mercados financieros empiezan a ser rentables a principios de los años 80. Ya entonces lo que se buscaba era la privatización de las mismas».

Torres cita el caso de lo ocurrido en 1980 en Chile, entonces un país bajo la férrea dictadura de Augusto Pinochet. El Gobierno chileno reemplazó su sistema de reparto por un entonces inédito modelo de capitalización individual obligatoria bastante radical siguiendo las directrices neoliberales de la Escuela de Chicago encabezada por el economista Milton Friedman. El país sudamericano fue considerado entonces un laboratorio de pruebas para lo que vendría después. «Curiosamente, aquel experimento dejó en el sistema público las pensiones de la Policía y del Ejército. Ya entonces debieron de intuir que aquello podía salir mal», añade Torres.

Más de 45 años después, Chile es uno de los países con las pensiones más bajas del mundo, según la OCDE. Pese a ello, el fracaso del experimento chileno no impidió que después se sumaran otros: entre 1981 y 2007 más de treinta países en todo el mundo sustituyeron total o parcialmente sus sistemas de pensiones de reparto por sistemas basados en cuentas de ahorro individuales privadas, según la International Social Security Review.

Sin embargo, no fue hasta la década de los 90 cuando empezó a establecerse una clara conexión entre el auge de los fondos privados de pensiones y el discurso de que había que recortar las pensiones públicas. En la última década del siglo XX hubo un auténtico aluvión de informes apocalípticos anunciando el hundimiento definitivo de las pensiones públicas. Entonces, la financiarización de la economía y los mercados estaba en pleno apogeo. Desde entonces no ha habido organismo o institución internacional, ya sea pública o privada, que no haya publicado su propio análisis sobre la sostenibilidad de las pensiones.

A este respecto, es muy significativo un informe publicado en 1994 por el Banco Mundial. Titulado en español Cómo evitar la crisis de la vejez: políticas para proteger a las personas mayores y fomentar el crecimiento (PDF en español), dicho informe advertía de la insostenibilidad de las pensiones públicas y proponía avanzar hacia un modelo mixto. 

Ese informe fue considerado en su momento una suerte de guía para los neoliberales. Once años después, en 2005, el Banco Mundial publicó otro informe canónico, complementario del primero, que también tuvo mucha repercusión. Titulado Soporte del ingreso económico en la vejez en el siglo XXI (PDF en español)recomendaba diversificar los modelos de jubilación mediante un sistema mixto que combinara la participación pública y privada.  

Una persona camina con un andador en Barcelona.

Detrás de este discurso se atisba una estrategia interesada. Incluso un moderado como Octavio Granado, antiguo secretario de Estado de la Seguridad Social, reconoce que los planes de pensiones son un negocio para las aseguradoras y sobre todo para los bancos. 

«La estrategia desde entonces pasa por hacer creer a la gente que las pensiones públicas no son sostenibles, que no van a tener pensiones públicas y que, por lo tanto, si quieren tener pensión al final de su vida tiene que ser como consecuencia de lo que han ahorrado. Sin embargo, todas estas previsiones catastrofistas se han confirmado como falsas», comenta Juan Torres.

Con la complicidad de los grandes medios de comunicación, ese discurso, instigado principalmente por la gran banca, ha calado, al menos en una parte de la población. A nivel mundial, entre 1995 y 2025 los activos de los fondos de pensiones en los mercados mundiales han pasado de seis billones de dólares (5,25 billones de euros) a unos 70 (61,2 billones de euros). En España, según la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (Inverco), la patronal del sector, los activos de los fondos de pensiones han pasado de 15.333 millones de euros en 1995 a 138.113 a finales de 2025.

Sin embargo, pese al auge de los fondos privados, la tantas veces anunciada quiebra de las pensiones no llega nunca. «Aunque desde hace décadas se anuncia de forma interesada su supuesta insostenibilidad, el sistema público de pensiones sigue siendo sólido, equilibrado y capaz de garantizar las prestaciones presentes y futuras», tercia Nacho Álvarez, profesor de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid.

Álvarez matiza que las previsiones sobre la sostenibilidad futura del sistema deben interpretarse con prudencia. «La sostenibilidad depende de factores inciertos como el empleo, la productividad, la inmigración o el crecimiento económico», añade el profesor universitario.

Lo cierto es que el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y la caída de la natalidad envalentonan a los neoliberales a medida que pasan los años. «La sostenibilidad de las pensiones públicas no depende solo de la demografía», rebate Torres. «El dinero con el que se financian las pensiones depende de la productividad, depende del crecimiento económico, depende de la distribución de las rentas», insiste.

Ante la resiliencia mostrada por las pensiones públicas, la ofensiva neoliberal incluso se ha endurecido. En los últimos años se ha puesto de moda poner el foco en el déficit de la Seguridad Social. En España, los neoliberales aseguran que ese agujero financiero que dejan las pensiones públicas en las arcas del Estado es mayor que el que reconoce el propio Gobierno. Se trata de un trampa contable que no reconoce las transferencias del Estado a la Seguridad Social a través de los impuestos. Al contrario de lo que ocurre con la sanidad pública o la educación, este discurso neocon sostiene que el sistema tiene que sostenerse por sí mismo. 

«No es verdad que la financiación de las pensiones tenga que depender solo de las cotizaciones sociales. ¿En qué lugar está escrito que eso tenga que ser así? Lo único que se busca es meter miedo», zanja Juan Torres. 

El fiasco de los fondos de pensiones

Torres introduce otro elemento en el debate y asegura que son los planes privados de pensiones los que realmente son insostenibles por estar expuestos a los vaivenes de los mercados. Su última gran crisis tuvo lugar en 2022. Desde entonces, las aportaciones de los ahorradores a los fondos han descendido. «Los que se han hundido y los que han quebrado no han sido los sistemas públicos de pensiones, sino fondos privados por docenas. El sistema financiero es muy inestable, muy volátil, muy peligroso; estamos en la especulación y el valor de estos fondos muchas veces cae», explica Torres.

Además, los planes privados de pensiones no dejan de ser meros instrumentos de ahorro con una escasa rentabilidad. «Los fondos privados en realidad no son pensiones privadas, sino una simple herramienta para el que puede ahorrar. Y cuando el ahorrador llega a una determinada edad saca su ahorro. Pero ¿quién puede ahorrar 300, 500, 600 euros al mes para tener un fondo de pensiones privado?», plantea Torres. «Es verdad que su rentabilidad no es muy alta», explicaba en una ocasión Granado a Público.

Granado citaba informes de la OCDE para hacer tal afirmación, pero no hace falta ir tan lejos: Pablo Fernández, profesor del IESE, instituto vinculado a la Universidad de Navarra, publica todos los años un informe sobre la rentabilidad de los fondos de pensiones. El último, con datos entre 2010 y 2015, indica que la rentabilidad media en los últimos 15 años de los fondos de pensiones en España se sitúa en el 3,23%, muy por debajo de la rentabilidad ofrecida por el Ibex 35 (8,46%) en ese mismo período o de los bonos del Estado (5,84%).

A guisa de conclusión, Nacho Álvarez asegura que el envejecimiento de la población «supondrá un reto importante para el sistema de pensiones», pero asegura que es «económicamente asumible». Este economista afirma que el gasto en pensiones en España aumentará del 12,7% actual del PIB al 15-16% en 2050, una cifra comparable a la que ya hoy tienen otros países europeos. Sin embargo, eso no impide que las pensiones sigan siendo perfectamente sostenibles. «Este incremento resulta lógico en una sociedad longeva, donde el Estado del bienestar debe seguir protegiendo a la ciudadanía a lo largo de todo el ciclo vital», concluye Nacho Álvarez.

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