Gaceta Crítica

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‘Breaking Bad’ en Europa central

por Prune Antoine, LE MONDE DIPLOMATIQUE, 12 de Agosto de 2026

¿Es la droga un espejo deformante de las sociedades? La metanfetamina que corroe Europa central no abre las puertas a otros mundos posibles: ayuda a soportar los ritmos de trabajo en la fábrica, a olvidar la dureza del presente y a aplazar un futuro sombrío. En las regiones fronterizas proliferan los laboratorios clandestinos, la producción se profesionaliza y saca partido del gran mercado europeo.

ALEXANDRA DILLON. — Lock and Key #27 (‘Candado y llave n.° 27’), 2021

A las cinco de la mañana, las luces giratorias azules desgarran la oscuridad de un polígono industrial en las afueras de Ostrava. Unos hombres armados derriban una puerta metálica. Dentro, barriles llenos de precursores químicos se amontonan hasta el techo y unos tubos de destilación desprenden el olor acre de la efedrina cocinándose. Otro laboratorio clandestino desmantelado.

Esta redada policial ilustra la guerra interminable que libra la República Checa contra su droga nacional. Aquí no se habla de meta, speed o cristal, sino de pervitin, que es el nombre de la sustancia estimulante repartida masivamente entre los soldados de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial. Ochenta años después, la molécula sigue circulando en cantidad por los márgenes industriales de Centroeuropa. Se la conoce como la “cocaína de los pobres”. En la región, un gramo de cocaína cuesta unos 150 euros; uno de metanfetamina, apenas 30.

En los patios de las escuelas de Bohemia y en la estación central de Praga, el pervitin está por todas partes. En la ciudad de Světlá nad Sázavou se encuentra la mayor cárcel de mujeres del país, en un antiguo campamento de verano comunista, rodeada de campos y terrenos agrícolas. De las 950 reclusas, el 60% han sido condenadas por crímenes relacionados con la droga. Más de la mitad sufren problemas de adicción a la metanfetamina. Gabriela (1), de 33 años, lleva el uniforme de la prisión: una sudadera gris. Empezó con la metanfetamina a los 16 años en el patio del instituto. Pronto dejó los estudios, se quedó embarazada de su camello y encontró trabajo como auxiliar de geriatría en una residencia. Los fines de semana sus dos hijas se iban a casa de los abuelos y ella seguía inyectándose la droga. “Es como un interruptor para apagar la luz”. La droga anula todos los problemas: la precariedad, la angustia, el tiempo. Lejos de la imagen del cristal fumado o esnifado que ha popularizado la cultura estadounidense, la inyección sigue siendo la modalidad de consumo dominante en la República Checa: es el caso de nueve de cada diez consumidores de alto riesgo (2). Cuando Gabriela se quedó sin venas y sin dinero, alguien le propuso empezar a “cocinar”, es decir, a sintetizar la sustancia de forma artesanal. “Aquí todo el mundo conoce la receta”, dice. Ganaba 25.000 coronas al mes (unos 1.000 euros) en la residencia. Le ofrecieron diez veces más. Al principio cocinaba “a demanda” en una casa abandonada en el bosque, cerca de la frontera polaca. Los pedidos aumentaron rápidamente, los “ciclos de cocción” se fueron alargando: las horas en los bosques de los Cárpatos se convirtieron en días. Fue descubriendo una red más amplia, empezó a oír hablar inglés y español y acabó supervisando el suministro de 50 cocineros de todo el norte del país antes de su detención. “La cárcel ha sido la única forma de desintoxicarme”.

La metanfetamina como anestesia en un capitalismo al límite: más fuerte, más rápido, aguantar a cualquier precio

El cristal, las anfetaminas y, en general, las sustancias estimulantes de síntesis como las catinonas son las drogas cuya disponibilidad más está aumentando en Europa actualmente. Las cantidades de catinonas sintéticas incautadas han pasado de 4,5 toneladas en 2021 a 37 toneladas en 2023: ocho veces más en dos años (3).

En una mansión discreta del barrio de las embajadas en Praga, Jakub Frydrych, el director de la unidad antidroga checa, describe una “mutación” profunda de la producción y del tráfico. Hasta 1990, el “telón de acero” impedía la llegada al bloque del Este de las drogas tradicionales y del cannabis y la cocaína de importación. Las drogas eran un tabú y su consumo se castigaba con dureza. Como en Polonia y en Hungría, hasta la caída del Muro, las drogas locales como el pervitin o la brown, un equivalente local de la heroína, se producían y consumían en casa. La situación siguió así durante un tiempo: “En la década de 1990 se seguía sintetizando principalmente de manera artesanal y local; el mercado checo de cristal era autosuficiente”. En la actualidad, Frydrych y sus 240 agentes se enfrentan a “la irrupción de redes criminales extranjeras que producen a gran escala y utilizan las nuevas tecnologías: mensajería encriptada, darknet, pagos en criptomonedas”.

Desde la pandemia de covid-19, la producción se ha industrializado. Ya en 2017, la mayoría de los laboratorios de metanfetamina desmantelados en la Unión Europea se concentraba en Chequia. La guerra en Ucrania ha impulsado la llegada de redes criminales, a menudo ucranianas, que, tras intensificar su producción, tratan de comercializar sus catinonas sintéticas en el oeste. Algunas se han establecido directamente en Chequia o en Eslovaquia para vender a través de Telegram y la darknet (o red oscura) (4). En 2023, de los 250 laboratorios desmantelados en la Unión Europea, 189 se encontraban, de nuevo, en la República Checa. Los pequeños laboratorios “caseros”, a menudo móviles, van cediendo terreno lentamente a kombilabs especializados en producción masiva de anfetaminas, metanfetaminas y catinonas.

Casi una de cada tres personas que empiezan un tratamiento en una de las unidades de conductas adictivas (programas especiales en hospitales, ambulatorios y centros especializados —entre 250 y 300—) declara que la metanfetamina es su droga de consumo principal. De una población de 10 millones de habitantes, se calcula que hay unos 38.200 consumidores de alto riesgo de cristal (5). La disponibilidad de sustancias estimulantes sintéticas, cada vez más puras, potentes y baratas, ha alcanzado unos niveles sin precedentes. De las raves a la escena chemsex, estas sustancias llegan a un público cada vez más joven y se observa un consumo creciente ligado al trabajo intensivo y a la precariedad social.

Todos los días, a mediodía, resuena la sirena por toda Mladá Boleslav. En la planta de 2,2 kilómetros cuadrados del complejo fabril de Škoda, símbolo del éxito industrial checo, las cadenas de montaje escupen cada semana miles de vehículos y de baterías para automóviles. Frente a las nuevas y resplandecientes naves se extienden las viviendas para los obreros con sus ajadas fachadas. En la planta baja de uno de esos inmuebles está Adicentrum, una organización no gubernamental local de prevención de la drogodependencia donde trabaja Tereza Müllerová. Allí ofrecen de manera gratuita jeringuillas, pipas y material estéril; también aconsejan y escuchan, discretamente. Müllerová y sus compañeros no tienen permiso para repartir sus folletos a la salida de la fábrica. “Es malo para la imagen de la ciudad”, resume. Y, sin embargo, una parte importante de los 300 “clientes” del Adicentrum trabaja o ha trabajado en la industria del automóvil, como Tomáš, de 34 años.

Durante tres años, Tomáš trabajó a tres turnos en las cadenas de montaje. Gestos repetitivos, ritmos cronometrados. Regularmente se inyectaba cristal de metanfetamina en el baño del trabajo. “Estaba prohibido en el reglamento, claro, pero yo no era el único. Nos reconocíamos unos a otros, pedíamos la pausa a la vez. El tiempo pasaba más deprisa, me sentía más rápido, más eficaz”. En las naves que parecen las de una catedral, las pantallas indican el rendimiento de productividad en tiempo real.

En Mladá Boleslav, como en otras pequeñas ciudades obreras de Bohemia, el pervitin se extendió como una respuesta química a una cuestión económica: ¿cómo seguir trabajando y viviendo en este territorio donde las promesas de la transición postsocialista han dado lugar al agotamiento de los cuerpos y los espíritus? La metanfetamina como anestesia en un capitalismo al límite: más fuerte, más rápido, aguantar a cualquier precio.

Los pequeños laboratorios caseros van cediendo paso a centros especializados en la producción masiva

Frente a la cocaína importada de América Latina, los estimulantes sintéticos made in Europe prosperan a la sombra del mercado único. Gran defensora de la apertura de mercados y fronteras, “Centroeuropa es ahora un centro de producción y distribución”, explica Jean-Philippe Lecouffe, director ejecutivo adjunto de operaciones de Europol (6). La producción en laboratorio reduce los riesgos logísticos para los traficantes y permite sortear las limitaciones de carácter agrícola o climático de los cultivos de adormidera en Afganistán o de coca en Colombia. Las autoridades europeas se han tomado en serio la amenaza que suponen las drogas sintéticas, como dejó patente la operación Fabrika llevada a cabo en enero de 2026: 20 días de duración, 85 detenciones, 24 laboratorios industriales desmantelados en Polonia, 1.000 toneladas de precursores químicos y más de 120.000 litros de residuos tóxicos incautados (7).

Los investigadores han descubierto que esta industria química ilegal requiere una gran sofisticación logística que se apoya en una vulnerabilidad estructural de la Unión: los ingredientes utilizados para fabricar drogas de síntesis están por todas partes y son incontrolables. Es lo que los expertos denominan el “doble uso” de los precursores químicos. La efedrina y la pseudoefedrina forman parte de la composición de medicamentos y se pueden adquirir en las farmacias; la acetona y el metilbenceno son disolventes muy comunes en la industria plástica, cosmética y agrícola. Estas sustancias legales circulan libremente en el espacio Schengen.

“Durante muchos años consideramos la producción y el tráfico de drogas como una amenaza exterior: la cocaína de América Latina, la heroína de Afganistán”, analiza Lecouffe. “Ahora, el fentanilo ha destronado a la cocaína en el mercado estadounidense, lo que explica el aluvión de cocaína en Europa y la caída de precios. Pero la cocaína es el árbol que no deja ver el bosque. Por primera vez, tenemos que alertar sobre un peligro que se encuentra seguramente dentro de nuestras fronteras”.

Treinta años de mercado único han instaurado una infraestructura ideal para los traficantes: cuando las autoridades prohíben una molécula, las redes encuentran una variante o importan productos químicos intermedios de China o la India. Cualquier legislación que prohibiese totalmente estas sustancias perturbaría también toda la economía industrial de la Unión Europea. Las drogas de síntesis suponen un desafío a la vez industrial y criminal.

Si la cocaína forma parte de la globalización, la metanfetamina es el producto interior oculto de la Europa integrada. A la crisis estadounidense de los opiáceos, la droga de la anestesia del ser y del olvido del mundo, Europa responde con una epidemia de estimulantes: no tanto para evadirse como para mantener el ritmo.

Ústí nad Labem, en la frontera con Alemania, ha sido durante mucho tiempo la “capital europea” del cristal: 450 miligramos en las aguas residuales por mil habitantes y por día, según el informe anual publicado por la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) (8). En este paisaje postindustrial de altos hornos parados y carcasas metálicas asomadas sobre el río Bílina, un edificio con aspecto de platillo volante soviético alberga la comisaría de policía. Milan Rychnovsky, investigador jefe de la unidad policial antidroga local, lo dice sin rodeos: “El pervitin no es un problema solo aquí. Es un ecosistema”.

Treinta años de mercado único han creado una infraestructura ideal para los traficantes

La región de los Sudetes sigue estando marcada por los desplazamientos de población tras la Segunda Guerra Mundial, el cierre de las minas de carbón y un persistente sentimiento de abandono. En el barrio de Mojžíř, varios habitantes describen una economía paralela estructurada en torno a la droga: los precursores se compran en Polonia, la cocina se lleva a cabo en garajes y fábricas abandonadas que abundan desde la transición, las entregas se realizan en buzones de entrega de Amazon. Los capos que pertenecen a la comunidad gitana llevan relojes aparatosos y joyas y cada vez se parecen más a los narcos colombianos. “Vemos cosas que son evidentemente ilegales, pero no somos capaces de demostrarlo”, prosigue Rychnovsky. “Los criminales siempre van dos pasos por delante de nosotros y nuestro sistema legal es débil”. Bastan cinco minutos en el centro de Ústí para cruzarse con un consumidor, un camello y un cocinero. David, de 52 años, pelo negro engominado, cruz ortodoxa tatuada en el dedo meñique, Nike relucientes, sale de una berlina Škoda negra. Es a la vez consumidor desde hace veinte años, traficante y cocinero; nos cuenta: hepatitis, heroína, hijos. Y nos describe el ecosistema local: los rusos controlan la heroína, los romanís y los vietnamitas se reparten la meta. “Ven conmigo, te enseñaré que da igual dónde estés, toda la ciudad está cocinando. Ahí, allá y allí”, repite señalando al cielo, al río y al ayuntamiento. David nos pide diez euros. Va a comprarse la dosis y se inyecta en un jardín público unas bolitas minúsculas blancas de cristal que lleva en la cartera. “Nunca delante de mis hijos”.

A pocos kilómetros, Alemania. Durante mucho tiempo, las carreteras fronterizas han sido lugares privilegiados para la prostitución y el tráfico de drogas. La geografía de Centroeuropa la ha convertido en una zona casi imposible de controlar por completo. Los Eros centers, mercados fronterizos clandestinos que ofrecían tabaco, chicas y pervitin, proliferaron durante la transición. Con la ampliación europea se construyó una autopista, se empezaron a controlar las aduanas de manera conjunta y todo cambió. Todo, menos la ruta de la metanfetamina. Plauen, en Sajonia, junto a la frontera germano-checa, es conocida por ser la cuna de las Juventudes Hitlerianas y feudo del partido neonazi Der Dritte Weg. Más de la mitad de los jóvenes de entre 18 y 21 años que entran en el BTZ, un centro local de formación profesional que acompaña a personas que padecen trastornos psíquicos, tienen dependencia de los psicoestimulantes. Entre 2006 y 2018, el consumo de cristal se multiplicó por cinco en los länder de Turingia, Baviera y Sajonia.

Christof, de 47 años, nos cuenta los inicios del tráfico transfronterizo tras la reunificación. Él descubrió la metanfetamina en las raves tecno de los años noventa antes de caer en la adicción, perder a su mujer y a su hija, y acabar en la calle. “Alguien importante” le acogió y le ofreció hacer de intermediario. “Nos íbamos tres o cuatro en un coche. Recogíamos la mercancía en el lado checo y cruzábamos el bosque a pie”. Las mochilas contenían a veces varias decenas de kilos. “Claro que la policía lo sabía. Pero durante mucho tiempo nadie quería ver realmente la envergadura del asunto”.

Durante diez años, Christof vendió drogas en Plauen y en otros sitios. Sus clientes acudían a su casa. Instauró códigos con emojis especiales: nieve para la cocaína, 2x para dos gramos. Nunca la guardaba en casa; la tenía en escondites afuera. Alguien le pagaba la casa, le llenaba la nevera, le vestía, le daba tanto dinero en efectivo cuanto quisiera y sobre todo le “protegía”. Acabó arrestado en 2020 y pasó dos años en prisión. Ahora dice que está limpio. Las caras han cambiado. Él trabajaba para alemanes y checos, ahora las redes extranjeras, “a menudo rusas”, según él, “controlan el negocio y forman alianzas con grupos de extrema derecha como los Hells Angels”.

La zona que los aduaneros llaman el “triángulo dorado” de la metanfetamina, entre Polonia, Alemania y la República Checa, atrae ahora a redes criminales globalizadas, confirma Michal Zarsky, coordinador en la dirección general de aduanas checas. “En la década de 2010, los cárteles sudamericanos empezaron a transferir sus prácticas y a crear alianzas con intermediarios europeos, a menudo de los Balcanes”. De las drogas incautadas actualmente en territorio checo, “el 50% del cristal es checo y el 50% es mexicano, y suele ser importado vía Países Bajos y Bélgica”. Un fenómeno desconocido hace diez años. En septiembre de 2025, un “cocinero” mexicano fue detenido en Polonia, donde había ido a enseñar el “método de producción mexicano”. Según un informe conjunto Europol-DEA, la metanfetamina incautada relacionada con criminales mexicanos se ha convertido en una “característica clave del paisaje europeo de la droga” (9).

Erfurt, cuyas fachadas medievales se entrevén desde el tranvía que se desliza suavemente, es la primera ciudad alemana en figurar en la lista de las “capitales europeas de la meta”, según el informe de las aguas residuales. En la clínica Saint-Johann-Nepomuk, el doctor Alexander Refisch, psiquiatra especialista en conductas adictivas, recibe pacientes dependientes cada vez más jóvenes, entre veinte y treinta años. Recuerda la ironía de la historia: las metanfetaminas, apodadas panzerschokolade (el ‘chocolate de los tanques’), se comercializaron en la década de 1930 como medicamentos para eliminar el hambre, el frío y el cansancio. “Las drogas de síntesis son perfectamente eficaces. Alteran inmediatamente tu sistema nervioso: con una dosis de cristal segregas mil veces más dopamina que con un vaso de alcohol”. Un subidón que explica que la adicción sea mucho más rápida que la inducida por la bebida o el cannabis. Pronto las dosis son insuficientes. Entonces aparecen los síntomas de la abstinencia (el mono): bruxismo, dientes destrozados, episodios de disociación. “Casi todos terminan desarrollando psicosis o crisis de paranoia, lo que se convierte en un riesgo para la salud pública”. En su informe de 2024, la EUDA confirma el “importante riesgo sanitario” que representan los estimulantes químicos debido a su rapidez a la hora de generar dependencia y sus graves efectos psiquiátricos. Las terapias que ofrece el doctor Refisch duran hasta cuatro meses, sin contacto con el entorno ni con ningún factor desencadenante. “El riesgo de recaída es del 95%”.

En 2020, el hospital universitario de Jena lanzó Clean4Us, un programa especial para mujeres embarazadas con dependencia a la metanfetamina. El profesor Ekkehard Schleussner, ginecólogo, director de la maternidad y creador del proyecto piloto implantado también en Dresde, habla de “epidemia de adicciones que atraviesa todas las capas sociales”. Por su servicio pasan estudiantes, madres de familia, abogadas, etc. Unas cincuenta pacientes al año llegan a la consulta. “La meta es una droga de esta época, permite responder a las demandas de rendimiento”, confirma. Si en las décadas de 1960 y 1970 el LSD encarnaba la promesa de acceder a otro mundo, la metanfetamina responde a la exigencia inversa: adaptarse a la disfunción de este. “Las mujeres a las que vemos intentan olvidar o reprimir sus traumas con el alcohol, los medicamentos o las pantallas”.

Nicole, de 32 años, espera su cita entre la planta de oncología pediátrica y la unidad de obstetricia. Recuerda la fecha exacta en que se desenganchó: el 22 de diciembre de 2025, justo antes de Navidad, embarazada de siete meses. En la ecografía, el cerebro de su hija muestra una malformación. Lo deja de golpe, se va de su pequeña ciudad de Sajonia a la estación de Jena Paradies. Una infancia en familias de acogida, vagabundeos, una adolescencia desfigurada por la meta, esnifada, fumada, inyectada. Empezó a robar, luego a prostituirse. Necesitaba dinero, necesitaba una dosis. Pronto empezó a hacer de “mula”: las instrucciones circulaban por Facebook. Cogía el tren, dos horas de camino a través de campos de colza y castillos sobre las colinas. En Cheb se reúne con un contacto en un mercado clandestino; la cita es en los baños. Transporta hacia Alemania decenas de gramos en la boca y en los genitales. Su hija, Sofia, llegó en enero. La anomalía era solo un quiste; nació en buen estado de salud. Unas horas después del parto la llevaron con una familia de acogida. El Jugendamt, la agencia social alemana con la que el hospital colabora, consideró que Nicole aún era demasiado inestable. No tiene ni trabajo ni piso: ve a su hija una hora a la semana, el tiempo para darle un biberón. “Ya no tengo elección, tengo que aguantar por ella”.

(1) Los nombres han sido modificados.

(2) Report on illicit drugs in the Czech Republic, 2023, www.drogy-info.cz

(3) Estimulantes sintéticos: situación actual en Europa (Informe Europeo sobre Drogas 2025), Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, www.euda.europa.eu

(4) “Drugs on the front line. The war in Ukraine is fuelling drug use among soldiers, particularly of synthetic substances”, Global Initiative Against Organized Crime (GI-TOC), enero de 2024, https://globalinitiative.net

(5) Synthetic stimulants – the current situation in Europe” en European Drug Report 2026, junio de 2026, www.euda.europa.eu

(6) “EU Serious and Organised Crime Threat Assessment (EU-SOCTA)”, 2025, www.europol.europa.eu

(7) “24 industrial-scale labs dismantled in the largest-ever operation against synthetic drugs”, enero de 2026, www.europol.europa.eu

(8) “Wastewater analysis and drugs in Europe”, 2026, www.euda.europa.eu

(9) “Complexities and conveniences of the international drug trade: The involvement of Mexican criminal actors in the EU drug market”, diciembre de 2022, www.europol.europa.eu

(10) Los nombres han sido modificados.

(11) Report on illicit drugs in the Czech Republic, 2023, www.drogy-info.cz

(12) Estimulantes sintéticos: situación actual en Europa (Informe Europeo sobre Drogas 2025), Agencia de la Unión Europea sobre Drogas, www.euda.europa.eu

(13) “Drugs on the front line. The war in Ukraine is fuelling drug use among soldiers, particularly of synthetic substances”, Global Initiative Against Organized Crime (GI-TOC), enero de 2024, https://globalinitiative.net

(14) Synthetic stimulants – the current situation in Europe” en European Drug Report 2026, junio de 2026, www.euda.europa.eu

(15) “EU Serious and Organised Crime Threat Assessment (EU-SOCTA)”, 2025, www.europol.europa.eu

(16) “24 industrial-scale labs dismantled in the largest-ever operation against synthetic drugs”, enero de 2026, www.europol.europa.eu

(17) “Wastewater analysis and drugs in Europe”, 2026, www.euda.europa.eu

(18) “Complexities and conveniences of the international drug trade: The involvement of Mexican criminal actors in the EU drug market”, diciembre de 2022, www.europol.europa.eu

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