Gaceta Crítica

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Geopolítica de los hoteles de lujo

Lindita Cella y Tristán Colina (Le Monde Diplomatique), 6 de Agosto de 2026

La “revolución de los flamencos rosas” agita Albania. Cada día, manifestantes desfilan contra un proyecto hotelero de lujo perjudicial para el medio ambiente. Detrás de la operación se encuentran unos inversores sirocataríes implicados en otros proyectos similares, especialmente en el océano Índico. Y es que Doha apuesta por el turismo para consolidar su posición internacional y diversificar su economía.

Fee Kleiss. — Garlic Loveland (Tierra de amor y ajo), 2018

El atolón de Aldabra, en las Seychelles, constituye un santuario para las tortugas gigantes y la biodiversidad marina. En la isla de Asunción, a tiro de piedra de esta joya natural catalogada como patrimonio de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Nueva Delhi soñaba con construir una base militar para contener a Pekín. En 2017, la India llegó incluso a presentar una oferta en este sentido. Pero el Gobierno de las Seychelles acabó optando por construir un complejo hotelero de seis estrellas y 51.000 metros cuadrados de extensión que incluirá 37 villas y 4 restaurantes (uno francés, uno japonés, uno de productos bío y otro de servicio continuo), además de precisar la ampliación de la pista de aterrizaje para permitir un acceso aéreo directo desde el resto del mundo (1). ¿Quién está tras este proyecto? Unos millonarios sirocataríes implicados en proyectos similares en otras partes del mundo: de las Seychelles a Albania, pasando por Egipto, los hermanos Ramez y Moutaz al Khayyat están convirtiendo puntos neurálgicos del globo en activos privados.

Para entender cabalmente esta geopolítica, en la que la hostelería hace las veces de caballo de Troya, hay que detenerse un momento en el caso del océano Índico. Esta zona concentra el 40% del comercio marítimo mundial y el 80% de las exportaciones energéticas del golfo Pérsico con destino a Asia. En la actualidad, tres actores compiten en sus aguas: China, la India y, desde hace un tiempo, las monarquías del Golfo. Pekín lleva desde 2013 financiando la construcción de puertos de aguas profundas en Pakistán (Gwadar), Sri Lanka (Hambantota) o Yibuti, garantizando así el suministro de hidrocarburos a China de acuerdo con la estrategia del “collar de perlas”. Estas infraestructuras le permiten extender su influencia militar, como demuestra su base naval en Yibuti, operativa desde 2017. China también está desplegando sistemas de vigilancia y de drones para controlar las rutas marítimas. El propósito de Pekín está claro: convertir el océano Índico en un “mar chino”.

Frente a esta expansión, la India ha reaccionado con su doctrina del “collar de diamantes”: una serie de bases navales y de acuerdos de cooperación con las Maldivas, Mauricio, las Seychelles o Sri Lanka. El proyecto de la base en la isla de Asunción, destinado a vigilar las rutas marítimas del oeste del océano Índico, quedó abortado por las presiones de la población local y los temores que despertaba para la soberanía nacional. No obstante, en marzo de 2026, las Seychelles acabaron reabriendo un puesto de guardacostas en la isla… con el apoyo de la India. Nueva Delhi no puede tolerar que Pekín extienda su influencia en unas aguas que considera un mare nostrum.

Qatar, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Arabia Saudí, por su parte, tratan de diversificar sus economías y extender su influencia más allá de Oriente Próximo. Y disponen de una ventaja en comparación con las dos grandes potencias asiáticas rivales. Sus fondos soberanos —Qatar Investment Authority (QIA), la emiratí Mubadala Investment Company o el Public Investment Fund (PIF) saudí— y sus redes financieras les permiten movilizar sumas colosales en un momento en que los Estados insulares del océano Índico, cuya economía depende en más de un 30% del turismo, tienen una acuciante necesidad de capitales extranjeros. Qatar en concreto se distingue por una estrategia especialmente ofensiva. Mientras que Riad apuesta por inversiones industriales y Abu Dabi por las infraestructuras logísticas, Doha elige enfocarse en el turismo de lujo. En el océano Índico, pero no solo allí.

Relaciones de dependencia

En una década, los inversores cataríes han puesto en marcha varios megaproyectos cuyo valor combinado asciende a decenas de miles de millones de dólares: un establecimiento Atlantis The Royal en las Maldivas, en la isla de Vaaredhdhoo Faru (270 habitaciones de hotel y 223 villas, 20 restaurantes, 2 beach clubs y un parque acuático de 70.000 metros cuadrados con 15 atracciones); complejos de alta gama que combinan hoteles de lujo, campos de golf y puertos de recreo en Alam el Rum, en la costa mediterránea de Egipto… En las Maldivas o en las Seychelles, estos proyectos aspiran a atraer a una clientela internacional acaudalada en islas total o parcialmente privatizadas.

Este enfoque presenta varias ventajas: por regla general, los establecimientos turísticos suscitan reacciones menos hostiles que la construcción de instalaciones militares y, lo que es más importante, las asociaciones con grupos hoteleros internacionales (como Rosewood en las Seychelles o Kerzner en las Maldivas), así como las concesiones a largo plazo, generan relaciones de dependencia económica y política que benefician a Doha y sus representantes.

Los hermanos Al Khayyat son las figuras más prominentes en esta ofensiva catarí. Procedentes de una influyente familia de Damasco, han construido un conglomerado tentacular presente en la construcción, el sector inmobiliario, el agroalimentario y la hostelería de lujo. El éxito de su imperio —que se extiende de África a Asia, pasando por Oriente Próximo y Europa— radica en su acceso privilegiado a los círculos de poder catarí —por intermediación de su madre, Sumaya Hamsho, cercana al emir Tamim bin Hamad al Thani—, así como en su capacidad de recurrir a la ingeniería financiera, respaldada por una multitud de empresas inscritas en paraísos fiscales (2). Su método consiste en centrarse en zonas estratégicas, a menudo protegidas, y crear en ellas complejos hoteleros ultralujosos. De ese modo, logran hacerse con emplazamientos clave para la vigilancia marítima o el control de las rutas comerciales y extender su influencia en regiones cuyo liderazgo se disputan las grandes potencias.

Los hermanos no descuidan la mayor de ellas: Estados Unidos. Según el periódico The New York Times, años atrás el primogénito, Mohammad, propuso a Donald Trump crear en su nombre un campo de golf en Siria, cerca de Latakia. El propósito de este proyecto, presentado como un símbolo del renacer del país, era propiciar el levantamiento de las sanciones estadounidenses contra Damasco. Para los Al Khayyat, que ya se habían hecho con jugosos contratos para la reconstrucción de Siria (aeropuerto de Damasco, centrales eléctricas, adquisición de residencias históricas en la ciudad vieja de la capital, etc.), dicho levantamiento debía abrir camino a un flujo masivo de capitales. El pasado 18 de diciembre, Trump acabó por promulgar una ley en este sentido semanas después de que los hermanos Al Khayyat ofrecieran a cargos electos republicanos la “primera piedra” del proyecto del campo de golf Trump, símbolo de las futuras oportunidades económicas estadounidenses en Siria (3).

Se trata de un saber hacer en el que no ha dejado de reparar la hija del presidente estadounidense Ivanka Trump, así como su yerno y exasesor Jared Kushner. El matrimonio se ha asociado discretamente con los Al Khayyat para llevar a cabo dos colosales y controvertidos proyectos de resorts en Albania, uno en la costa de Zvërnec, frente a la laguna de Vjosa-Narta, y el otro en la isla de Sazan, situada justo enfrente: según la propia Ivanka Trump, se enamoró de la isla al descubrirla durante un crucero en yate. “Queremos ayudar a revelar su potencial y transformarlo —explicó al presentador de pódcast David Senra el pasado 31 de mayo—. Pero con mucha contención y precauciones, dada la belleza de esas tierras” (4). Se prevé construir un hotel de 800 habitaciones, restaurantes, balnearios, puertos de recreo, un campo de golf o un casino. Los detalles del proyecto en Sazan aún no se han precisado, pero la isla constituye también un emplazamiento estratégico para el control del acceso a los mares Adriático y Jónico, además de albergar antiguas instalaciones militares soviéticas, entre las que se cuentan 3600 búnkeres antiatómicos, 30 kilómetros de túneles y puntos de amarre para submarinos.

Aunque es el fondo de inversiones de Kushner, Affinity Partners, el que lleva adelante el proyecto de Sazan —dando por sentado que está financiado a su vez por el QIA y el Public Investment Fund saudí—, en lo que atañe a los terrenos, estos fueron adquiridos por los hermanos Al Khayyat por medio de un complejo montaje. El proyecto de la costa de Zvërnec es aún más opaco. Los hermanos han creado una cadena de empresas pantalla que une Tirana a Ámsterdam y luego a Doha con el fin de hacer prácticamente imposible la identificación de los verdaderos inversores. La empresa que ha obtenido el permiso de planificación del Gobierno albanés se llama Zvërnec South Adriatic Development LLC, pero el público sigue ignorando el nombre de sus beneficiarios. Los terrenos, por el contrario, pertenecen a Albania Land Development, una firma propiedad de los hermanos sirocataríes (5).

Pese a todo, existía un problema: la zona en la que se prevé construir el complejo hotelero en Zvërnec estaba protegida por su pertenencia a la red europea Natura 2000 hasta que una ley de 2023, impulsada por el primer ministro albanés Edi Rama, acabó con las trabas normativas.

En la primavera de 2026, las alambradas cerraron más de un millón de metros cuadrados de playas donde generaciones de albaneses habían crecido y pasado las vacaciones. Los movimientos de protesta derivaron en un levantamiento popular que en la actualidad reúne cada día a decenas de miles de personas en Tirana. Desde junio de 2026, se manifiestan portando flamencos de cartón en lo que se ha dado en llamar la “revolución de los flamencos rosas” (6), que reclama la dimisión de Rama al grito de “Albania no se vende”. El 2 de julio, la policía reaccionó con cañones de agua y gas lacrimógeno.

A cambio de “protección” 

Paralelamente, la Fiscalía Anticorrupción congeló los bienes de Albania Land Development —por valor de 127 millones de dólares— provenientes de la venta de los terrenos antes de desbloquearlos debido a presiones políticas. Además, hay una investigación en curso contra el vendedor, Artur Shehu, por tráfico de estupefacientes y blanqueo de capitales, sin que la justicia, de momento, haya acusado a la empresa compradora de infracción alguna ni atribuido a los inversores conocimiento alguno de estos hechos.

En el Adriático, en el mar Rojo o en el océano Índico, este orden de cosas recuerda los métodos de las compañías comerciales europeas en los siglos XVII y XVIII. Al igual que las empresas offshore creadas por los hermanos Al Khayyat o la familia Trump en la actualidad, la británica Real Compañía de Aventureros de Comercio con África, la Compañía de la Nueva Francia o la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales trataban de conseguir concesiones territoriales a cambio de “protección” o “desarrollo”. Las actuales iniciativas, ¿no equivalen a una nueva forma de colonialismo?

Ya sea por medio de actores estatales (Qatar, Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo) o privados, potencias extranjeras se apoderan de recursos y territorios de los países anfitriones gracias a la corrupción, el clientelismo y la deuda (7). En este sistema, el Estado solo es una élite cómplice de los inversores extranjeros. Los bienes públicos —como islas, playas o bosques— se ven privatizados en beneficio de una ínfima minoría, mientras que la población local acaba desplazada y los ecosistemas, destruidos, en lo que supone una absoluta renuncia a la soberanía.

(1) Environment and social impact assessment report. Proposed hotel development on Assumption Island, Seychelles, Island Conservation Society, Pointe Larue, 13 de mayo de 2024.

(2) Joan Tilouine, “La diplomatie de l’hôtellerie de luxe des milliardaires Al-Khayyat à haut risque environnemental”, 3 de julio de 2026, www.africaintelligence.fr

(3) Eric Lipton, “Syrian billionaires needed a favor in Washington. They invoked the Trump name”, The New York Times, 19 de abril de 2026.

(4) Citado por Andrew Higgins, “Watch out for the snakes”, The New York Times, 11-12 de julio de 2026.

(5) Lindita Çela, “Albanian drug trafficking investigation overlaps with probe into planned resort that sparked ‘Flamingo Revolution’”, 18 de junio de 2026, www.occrp.org; Rob Schmitz, “In Albania, anger grows against the government for supporting a Kushner-linked luxury resort”, 16 de junio de 2026, www.nprillinois.org

(6) Véase Ana Otaševic, “De Belgrado a Tirana, los devotos de Trump”, Le Monde diplomatique en español, julio de 2026.

(7) Arnaud Orain, Le Monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude (xvie-xxie siècle), Flammarion, París, 2025.

(8) Environment and social impact assessment report. Proposed hotel development on Assumption Island, Seychelles, Island Conservation Society, Pointe Larue, 13 de mayo de 2024.

(9) Joan Tilouine, “La diplomatie de l’hôtellerie de luxe des milliardaires Al-Khayyat à haut risque environnemental”, 3 de julio de 2026, www.africaintelligence.fr

(10) Eric Lipton, “Syrian billionaires needed a favor in Washington. They invoked the Trump name”, The New York Times, 19 de abril de 2026.

(11) Citado por Andrew Higgins, “Watch out for the snakes”, The New York Times, 11-12 de julio de 2026.

(12) Lindita Çela, “Albanian drug trafficking investigation overlaps with probe into planned resort that sparked ‘Flamingo Revolution’”, 18 de junio de 2026, www.occrp.org; Rob Schmitz, “In Albania, anger grows against the government for supporting a Kushner-linked luxury resort”, 16 de junio de 2026, www.nprillinois.org

(13) Véase Ana Otaševic, “De Belgrado a Tirana, los devotos de Trump”, Le Monde diplomatique en español, julio de 2026.

(14) Arnaud Orain, Le Monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude (xvie-xxie siècle), Flammarion, París, 2025.

Lindita Çela y Tristan Coloma

Periodistas.  Français — Géopolitique des hôtels de luxe  English — The geopolitics of luxury hotels  Español — Geopolítica de los hoteles de lujo  српски — Geopolitika luksuznog turizma   Português — Geopolítica dos hotéis de luxo 

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