Miguel Ángel Cerdán (TOPO EXPRESS), 5 de Agosto de 2026

José Babiano señala que “el anti-franquismo no puede abordarse como una imagen fija, sino más bien como una sucesión de imágenes en movimiento a lo largo del tiempo”. Sin duda, lo mismo puede decirse del franquismo. Y es que centrar el debate sobre si el franquismo en sí mismo fue un régimen fascista o fue un régimen fascistizado (1) o sólo un régimen autoritario como decía Linz, es algo que debe descartarse por reduccionista y empobrecedor, y por centrarse sólo en una imagen fija y si acaso inicial.
El franquismo no fue pues algo inamovible. Hubo varios y sucesivos franquismos. Y ha habido y hay interpretaciones varias sobre el Régimen. A derecha y a izquierda. Por huir de los extremos más burdos y centrarnos en las más profesionales e informadas, podemos ver someramente en un lado a Julián Casanova y en el otro a Pedro Carlos González Cuevas. Casanova no duda en calificar al franquismo como un poder que se ejerció “de forma absoluta” y que fue obedecido sin apenas oposición. González Cuevas, por su parte incide en la caracterización que el constitucionalista Rodrigo Fernández Carvajal hizo del mismo como “dictadura constituyente”, y subraya que “lejos de ser monolítico, el nuevo régimen fue, de hecho, plural, una maraña inextricable de organizaciones rivales que frecuentemente se hostigaban entre sí”.
Tal vez, y por aquello de los matices de Valery, debamos empezar señalando qué no fue el franquismo y Franco.
El franquismo no fue una foto fija, como la que, Amando de Miguel, citado por Tamames, hizo en el informe Foessa de los poderes sostenedores del mismo.
No puede ser reducido Franco a un mero Condotiero, a lo Castruccio, como hace Villacañas en su magnífica La Revolución pasiva de Franco.
No fue la mera personificación del mal, como se deduce de la obra de Casanova.
1-Rina (2017. Pág 247) señala muy bien como el debate sobre la aplicación del término “fascista” al régimen de Franco no está cerrado, principalmente entre aquellos que recalcan el fascismo del franquismo, como Ferrán Gallego, o aquellos como Ismael Saz, Joan María Thomàs o Enrique Moradiellos, que insisten en los procesos de fascistización de la dictadura.
Y tampoco, y mucho menos, fue Francisco Franco el Katechon que reconoció el propio Carl Schmitt que logró derrocar la revolución comunista en España tal y como cita González Cuevas.
¿Qué fue entonces el franquismo? Pues para empezar a resolver la cuestión tal vez tengamos que distinguir en su génesis y después centrarnos en su evolución, señalando paradas y etapas.
En cuanto a la génesis del franquismo, hay que tener presente la “rebelión de las masas” que supuso la II República, y el desafío a las estructuras de poder existentes tradicionalmente en España. En este sentido, Rina acertadamente lo define como “el resultado de una alianza de las derechas contrarrevolucionarias unidas en el acontecimiento fundacional de un nuevo Estado: la Guerra Civil”. En este sentido, se configuró como una “dictadura de oligarquía” en palabras de Tamames, que se cohesionó en su acción durante la Guerra Civil, en su brutal represión contra los discrepantes, una represión tan salvaje y tan sostenida en el tiempo, que “aparte de producir terror entre la población indefensa, tenía un importante papel sobre la cohesión en el bando nacional” como señala Villacañas.
En definitiva, si se piensa en qué fue el franquismo, cómo es posible que durase tanto tiempo y en cómo se consolidó el poder del General Franco sobre el abigarrado y heterogéneo conjunto de fuerzas que constituyó el bando de los sublevados el 17 y el 18 de julio de 1936, hay que pensar que nada une más que un baño de sangre compartido y del que todos eran participes contra la mitad del país, un baño de sangre y de represión sostenido y continuado en el tiempo. En ese pecado original estuvo en gran parte la penitencia, entre comillas, de que Franco fuese inamovible e intocable para los que habían participado en su elevación a la jefatura del Estado.
Y es que como nos recuerda Pere Ysàs, la voluntad exterminadora de los sublevados estuvo clara y “hasta 1943 continuaron las ejecuciones masivas y los centros penitenciarios estuvieron repletos de decenas de miles de presos”. Esta fue la etapa que podríamos sin duda definir como más claramente “fascista” en el régimen franquista (2).
En el debate, y por concluir, si en la génesis del franquismo primó el fascismo, tal vez haya que recordar que según Ledesma Ramos en España no había fascistas sino “fascitizados” o el carácter elitista y católico de José Antonio. Todo ello se resume como bien dice Zira Boix en un falangismo que perdería radicalismo para asumir el ingrediente católico que “resultaba imprescindible dentro de los insurrectos”, mientras el resto de grupos de los mismos “sufriría un proceso de fascitización”
(2) Miguel Alonso Ibarra en “los límites del fascismo en España”, en Estudios de Historia Contemporánea 35 año 2017 indica (pág 140) que “la fascistitización del régimen (franquista) acabó con la salida de Serrano Suñer”.
¿Qué grupos conformaban pues los sublevados y formaban parte de lo que constituiría el “franquismo”? Pues prácticamente todas las llamadas “derechas tradicionales” (monárquicos, tradicionalistas, etc) más las nuevas, incluyendo las católicas (3). Fue precisamente esto, y el baño de sangre de la represión como pecado original, la que imposibilitó a los aliados, y más en contexto de Guerra Fría, donde escoger alternativas a Franco y lo que había. Era imposible. Y debemos recalcar que tuviesen que acudir a la violencia y a ese baño de sangre, además de por el miedo que les suponía la voz y la acción de los que siempre habían callado, se explica y hay que indicar por la insuficiente nacionalización de las masas por parte de las élites patrias en el XIX (4), y en el estallido de proyectos nacionalizadores alternativos del primer tercio del siglo XX.
Hay que señalar además la útil clasificación que Amando de Miguel introdujo en el informe FOESSA y que recoge Tamames sobre los poderes del franquismo. Estos serían el poder Disuasor, formado por el Ejército y las Fuerzas de Seguridad, el Legitimador, por la Iglesia integrista pre-conciliar, el Mantenedor, formado por los terratenientes y la oligarquía financiera e industrial, el Transmisor, de Miguel sitúa en las élites locales y clases medias rurales, y el Encuadrador, formado por los jerarcas y la burocracia de la organización sindical-verticalista. Sin duda, algunos de estos poderes quedarían obsoletos con el tiempo.
En definitiva, para entender cómo se pudo sostener casi cuarenta años el franquismo, y cómo murió con el Dictador, tenemos que tener presente primero los poderes propios del General, y después, las posibles alternativas y su inanidad. En cuanto a los poderes propios de Franco, destaca en primer lugar el ejército, donde desde el grado de coronel para abajo, todos les eran fieles, entre otras cosas porque fue Franco quién les formó en Zaragoza. Podía haber alguna disensión entre el Generalato, pero no en el resto. Y en segundo lugar, la Falange, domesticada y hecha a su imagen. Eran “hombres nuevos”, que como recuerda Villacañas “se lo debían todo” y al que con una palabra suya los hundiría de nuevo en la nada. Estas eran las fuerzas propias de Franco.
En cuanto a la inanidad de la oposición, tenemos que tener presente en cuanto a la posible interna, el papel de los monárquicos comprometidos por el papel de Don Juan en la Guerra Civil y su propia incompetencia. Del pecado original de todas las fuerzas que englobaba el franquismo ya hemos hablado. Tal vez por ello como dice Casanova nadie de estas fuerzas estaba “interesado en el cambio político”.
(3) Pedro González Cuevas en Historia de la Derecha española califica (pag 549) el franquismo como “el recipiente en el que confluyeron todas las corrientes políticas de la derecha española, viejas y nuevas”
(4) En este apartado hay un interesante debate donde intervienen Álvarez Junco, Borja de Riquer y que tiene su estudio definitivo en la obra de Núñez Seixas Suspiros de España. El nacionalismo español 1808-2018 (2018)
En cuanto a la externa, ya Tamames hablaba de que “la falta de la unidad de la oposición era una de las causas de la larga persistencia del franquismo”. En cualquier caso, la Guerra Fría ayudó enormemente a que los países del bloque occidental no moviesen ficha ante una oposición, dada la brutal represión, prácticamente inexistente en el interior represión y con una enorme división en el exterior, y además con un papel fundamental del PCE. En este sentido conviene remarcar además que, como dice José Babiano “la fragmentación del antifranquismo tuvo un carácter duradero y transversal. No hubo sólo división entre las diferentes fuerzas y grupos, sino que en el interior de cada uno de ellos aparecieron las desavenencias”.
En definitiva, si Franco se pudo sostener cuarenta años, además de su determinación en que no le sacarían si no era con los pies por delante, como le dijo al General Vigón, los factores fueron sus propias fuerzas; la Falange domesticada y el ejército, en primer lugar. En segundo lugar, una oposición externa muy debilitada y que no contaba con el apoyo norteamericano en un contexto de Guerra Fría. En tercer lugar, un bando propio unido por un pecado original, con miedo a los cambios y que contaba con una oposición, fundamentalmente los monárquicos y algunos católicos, inane e incapaz. Estos fueron los principales, pero también está lo que Villacañas, tomando el concepto de Gramsci, llama “la revolución pasiva” de Franco, que veremos en breve, y que podemos resumir de forma sucinta en una mezcla de despolitización, indiferencia, bienestar económico y miedo, y que se dio en el país en sus más grandes capas en los años sesenta.
Como hemos dicho, el franquismo no fue una foto fija. Hubo varios y sucesivos franquismos. De hecho, ha habido varias divisiones en su evolución, fundamentalmente centrándose en lo económico. Nosotros nos fijaremos para señalar las etapas de su evolución, en la política exterior, política exterior donde cabe destacar la época previa a Martín Artajo (1939-1945), su propio ministerio (1945-1957) y el ministerio de Castiella (1957-1969).
Todas estas etapas han sido muy bien estudiadas por Rosa Pardo.
En el primer periodo, hasta 1945, es cuando se dio el periodo de construcción del entramado simbólico y de legitimización del régimen en base a una curiosa fascistización con un peso fundamental del catolicismo. Esta relación no estuvo exenta de tensión, pero Falange, como bien dice Boix, tuvo que asumir el ingrediente católico y el resto de grupos derechistas sufrir un proceso de fascistización. Fue esta la etapa de más brutal represión, a plena máquina al menos hasta 1943, cuando el cambio de la suerte de las armas en la II Guerra Mundial aconsejó a Franco “una estrategia de desfascitización” como dice Rina. En cualquier caso, esta brutal represión se tradujo, junto al exilio, en la práctica desaparición del pueblo republicano (Villacañas, 2021). Algo que, unido a la unidad de los vencedores, pues como dice Sesma “cualquier posibilidad de cambio de régimen era un salto al vacío de inciertas consecuencias”, daba tranquilidad a Franco a pesar de la derrota de Hitler y Mussolini en la Segunda Guerra Mundial. Para sobrevivir al ostracismo que supuso la derrota de los aliados sólo cabía, como le dijo Carrero a Franco en una nota interna “orden, unidad y aguantar”. Y se hizo.
Durante el ministerio de Martín Artajo (1945-1957) coinciden por una parte los años del ostracismo y la ruptura del mismo. Martín Artajo supuso una apuesta por el catolicismo para hacer más presentable al Régimen en un contexto de Guerra Fría, en el que el anticomunismo de Franco sería tenido en cuenta como un mérito por las potencias occidentales. Se persistió por otro lado con una política autárquica que enquistó la pobreza de los españoles, pobreza que haría que surgiese un movimiento obrero espontáneo que eclosionaría en los años sesenta y setenta y que tendría un carácter eminentemente reivindicativo (Ysàs, 2008). Hubo una cierta institucionalización del régimen por otro lado, como con el Fuero de los Españoles, para ganar el beneplácito internacional. En cualquier caso, la posición de Franco nunca peligró. Y más en un contexto de Guerra Fría. Y por las razones ya vistas anteriormente.
Los años de Castiella al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores (1957-1969) marcan los grandes cambios que harán del franquismo algo obsoleto y que no podía sobrevivir a la muerte de su fundador. Algo que también se hizo extensible a la oposición y sobre todo del exilio.
Estos fueron los años del Plan de Estabilización, del crecimiento económico de los años sesenta, de la emigración a Europa, pero también de un éxodo rural que afectó a más de diez millones de españoles. Fueron los años en los que Franco renunció a su política económica y en los que a partir de una determinada fecha prácticamente se apartó de la gestión del día a día. Fueron los años de la modernización y de lo que se ha venido en llamar, como dicen Carreras y Tafunell , la “edad de oro” del capitalismo español.
Tamames en 1979 ya decía que “el nuevo modelo económico llevaba en su matriz la necesidad de del profundo e inevitable cambio político a largo plazo”. En este sentido, tal vez lo que hace algo obsoleto al franquismo son dos procesos fundamentales y que van en paralelo. En primer lugar, el éxodo rural masivo, y el crecimiento de las ciudades como consecuencia de la industrialización de los años sesenta. Y en segundo lugar la llegada a la edad adulta plena y consciente de una generación que no ha vivido la Guerra Civil.
Con el éxodo rural, que afectó insistimos a diez millones de españoles y motivó enormes trasvases de población desde Andalucía, desde Extremadura y desde las dos Castillas a Madrid, Cataluña y el País Vasco, se resquebrajan las bases del franquismo, sobre todo del poder transmisor de las élites locales y rurales que diría Amando de Miguel y el poder encuadrador de la Falange y del Movimiento. Las élites locales también sufren cambios así como una Iglesia que tiene más difícil su labor de control y de proselitismo en las ciudades que en las zonas rurales Tal vez lo más definitorio y que sirve de metáfora a mi modo de ver perfecta lo representan los hijos de Paco El Bajo, el inolvidable personaje de los Santos Inocentes, abandonando el Cortijo y buscando trabajo en las ciudades. Para ellos toda la simbología, y con ella la legitimación, del franquismo se convirtió en una curiosidad más que otra cosa. Es cierto que al Franquismo le quedaba todavía el Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado, como poder disuasor, y que el único Movimiento que podía ser movilizado desde el Poder eran los antiguos “hombres nuevos” de la Falange, cada vez más viejos, pero no por ellos menos amenazantes. Tal vez por ello, tanto las élites del Régimen, las nuevas contra-élites que surgían y que de forma más o menos paradójica provenían del mismo (5), prefirieron dejar hacer a la naturaleza y preparar el día después al fallecimiento del llamado Caudillo.
En esta parte tenemos que hablar por un lado de la llamada “Revolución Pasiva” de Franco. Y por otro de las nuevas élites o contra-élites que surgían.
En cuanto a la “Revolución Pasiva” de Franco, el crecimiento económico y una nueva generación no significó que se olvidase la brutal represión que se dio en los años cuarenta. El “hijo mío, tú no te signifiques” y el “tú ver, oír y callar” estaban bien presentes en todos los hogares españoles. Algunos han hablado despectivamente de la “despolitización de los españoles”, pero seguramente utilizan esa expresión aquellos que no tuvieron nunca ni muertos ni detenidos por la represión franquista en sus hogares. También es cierto que hubo un crecimiento económico tal que invitaba al optimismo. Y que había una mezcla de expectación y de indiferencia ante la situación política. En cualquier caso, es en esta época, en los sesenta, cuando surge un movimiento obrero digno de ese nombre, un movimiento obrero que tiene fundamentalmente un carácter reivindicativo y que buscaba que los trabajadores participasen en los frutos del crecimiento de esos años como dice Ysàs.
Hay una mística obrera, que se da más pronunciadamente que en Europa, que hace que hasta la Iglesia, con los curas obreros, reivindique ese concepto de trabajador. También es celebrada esa mística por las nuevas élites universitarias, que son en su mayor parte, como demuestra el informe FOESSA, hijos del Régimen pero que se articulan en buena medida como contra-élites políticas al mismo. Serán las que protagonizarán la Transición, mientras que el exilio es apartado y olvidado. Serán las que convenientemente olviden la mística obrera, cuando toque apostar por la “modernización” y la entrada en Europa y acometer salvajes reconversiones industriales.
En este sentido es interesante la tesis de Babiano en el sentido de señalar que el mito fundacional de la Transición proviene del consenso y de la Constitución de 1978 y que excluye la génesis democrática porque a ella era ajena la derecha franquista.
(5) Villacañas en La Revolución pasiva de Franco (2021) pág 401 indica que la contra escena estudiantil “también se regía por las Leyes de Edipo, como habían mostrado tantos jóvenes opositores, hijos de grandes actores del Régimen”
En cualquier caso y en relación con lo anterior, debemos mencionar que si el Franquismo quedó, a raíz de los cambios económicos y sociales de los sesenta como algo obsoleto, también lo hizo la oposición exterior, y buena parte de la interior, que vio con sorpresa la irrupción de nuevos rostros que poco o nada se habían opuesto al franquismo en su momento, pero que pertenecían a la generación joven que estudió en la Universidad en los sesenta. Basta leer a Max Aub en su Gallina ciega para entender con una cierta melancolía es cierto lo obsoletos que se habían quedado unos y otros.
En este sentido, tal vez sea más acertado decir que más que un pueblo a su medida que mencionan Villacañas y Aub, lo que conformó a su medida el franquismo fueron unas élites sucesoras perfectas para sus intereses y para lo que se había configurado ese movimiento reaccionario en su momento. Atado y bien atado.
BIBLIOGRAFÍA
- Alonso Ibarra, Miguel “Los límites del Fascismo en España” en Estudios de Historia Contemporánea 35 Salamanca 2017
- Babiano, José “Retóricas y espacios del anti-franquismo” en (coord. Pérez, Saz) Del franquismo a la democracia 1936-2013 Madrid 2013
- Boix, Zira España, año cero. La construcción simbólica del franquismo. Madrid 2010
- Carreras, A y Tafunell, X Historia económica de la España contemporánea Barcelona 2004
- Casanova, Julián Franco Barcelona 2025
- González Cuevas, Pedro Carlos Historia de la Derecha española Barcelona 2023
- Núñez Seixas, X Suspiros de España. El nacionalismo español 1808-2018 Barcelona 2018
- Pardo, Rosa “La política exterior del Franquismo” en Moreno y Sevillano eds El Franquismo, visiones y balances. Universidad de Alicante. 1993
- Pardo, R “La política norteamericana de Castiella” en Oreja, M y Sánchez Mantero (Eds). Entre la historia y la memoria. La política exterior de F Castiella. Madrid 2007
- Pardo, Rosa “La salida del aislamiento. La década de los 50” en La España de los Cincuenta cord Abdón Mateos, Madrid 2008
- Rina, César “Fascismo, nacionalcatolicismo y religiosidad popular” en Historia y política 37 2017
- Saz, Ismael Fascismo y Franquismo Valencia 2004
- Sesma, Nicolás Ni una, ni Grande ni Libre Barcelona 2024
- Tamames, Ramón La República. La era de Franco. Madrid 1979
- Villacañas, José Luis La revolución pasiva de Franco Madrid 2021
- Ysàs, Pere “El movimiento obrero durante el franquismo. De la resistencia a la movilización (1940-1975) en Cuadernos de Historia contemporánea 2008
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