Gaceta Crítica

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Las viviendas no son objetivos militares: ¿Por qué la demolición de casas se ha convertido en parte de la estrategia de Israel?

Husein Mahmoud Saleh (COUNTERCURRENTS), 8 de Julio de 2026

Una casa siendo demolida en la Cisjordania ocupada.

Quienes siguen de cerca las campañas militares de Israel en Palestina y Líbano observarán un patrón recurrente: barrios residenciales reducidos a escombros, miles de familias sin hogar y comunidades enteras que tardan años en reconstruirse. Con cada nuevo conflicto, surge la misma pregunta: ¿por qué las viviendas ocupan un lugar tan central en las operaciones militares israelíes?

La postura oficial israelí es que sus ataques tienen como objetivo infraestructura militar o lugares presuntamente utilizados por grupos armados, incluidos depósitos de armas, centros de mando o plataformas de lanzamiento de cohetes. Desde una perspectiva militar, atacar objetivos militares legítimos puede ser lícito según el derecho internacional humanitario, siempre que se respeten los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.

Sin embargo, la magnitud de la destrucción presenciada en las comunidades palestinas y libanesas a lo largo de los años ha llevado a muchos expertos legales y organizaciones de derechos humanos a cuestionar si toda demolición puede justificarse realmente por la necesidad militar, o si algunas operaciones van más allá de ese umbral, causando daños generalizados a la población civil y a la infraestructura civil.

Un hogar es mucho más que una estructura de hormigón. Representa seguridad, identidad, historia familiar y estabilidad económica. Cuando miles de hogares son destruidos, las consecuencias van mucho más allá de la pérdida de bienes materiales. Las familias se ven desplazadas, la educación se interrumpe, los medios de subsistencia se derrumban y las comunidades se fragmentan. Estos efectos a menudo perduran mucho después de que hayan cesado los combates.

Algunos analistas sostienen que, más allá de sus objetivos militares declarados, las demoliciones a gran escala también pueden tener propósitos estratégicos más amplios. Estos pueden incluir aumentar la presión sobre el entorno social en el que operan los grupos armados, reducir su libertad operativa o imponer costos significativos a las comunidades afectadas por el conflicto. En ciertos contextos, los observadores también han debatido si la destrucción a gran escala podría influir en las realidades demográficas o urbanas a largo plazo. Estas interpretaciones siguen siendo objeto de debate político, jurídico y académico, más que un hecho consumado.

En los territorios palestinos, surge otra dimensión a través de las demoliciones administrativas y punitivas de viviendas. Organizaciones de derechos humanos han criticado estas prácticas, argumentando que cuando las consecuencias recaen sobre miembros de la familia que no participaron en ningún acto violento, pueden constituir un castigo colectivo, prohibido por el derecho internacional. Israel, sin embargo, sostiene que estas medidas tienen como objetivo disuadir futuros ataques y reforzar la seguridad pública.

La consecuencia más profunda de la demolición de viviendas no es solo la cantidad de edificios reducidos a escombros, sino el impacto psicológico duradero que dejan en sociedades enteras. Las ciudades se pueden reconstruir, pero recuperar la sensación de seguridad, pertenencia y confianza es mucho más difícil. Cada hogar demolido representa a una familia cuya vida ha cambiado radicalmente.

Décadas de conflicto han demostrado repetidamente que la fuerza militar puede destruir edificios en cuestión de segundos, pero es mucho menos capaz de resolver las quejas políticas y las disputas históricas que perpetúan los conflictos. Los escombros pueden arrasar las estructuras, pero rara vez eliminan las causas subyacentes de la violencia.

Por ello, la continua destrucción de zonas residenciales plantea interrogantes no solo sobre la eficacia militar, sino también sobre los costos humanitarios, legales y políticos a largo plazo de dicha estrategia. A medida que aumenta el sufrimiento de la población civil, también aumenta la necesidad de garantizar que todas las partes en los conflictos armados cumplan con el derecho internacional humanitario y respeten sus obligaciones de proteger a los civiles.

En definitiva, las guerras no deberían medirse por el número de edificios destruidos, sino por si contribuyen a que las sociedades alcancen una paz justa y duradera. Mientras los hogares sigan convirtiéndose en campos de batalla, cada victoria militar quedará eclipsada por el alto coste humano.

Husein Mahmoud Saleh  es un escritor independiente y analista político especializado en asuntos de Oriente Medio, con especial atención a los derechos humanos, los conflictos, el desplazamiento forzado y la política regional. Su trabajo explora la intersección del derecho internacional, las cuestiones humanitarias y los acontecimientos geopolíticos, ofreciendo análisis basados ​​en evidencia y comentarios profundos sobre algunos de los desafíos más acuciantes de la región. A través de sus escritos, busca dar voz a quienes no la tienen y fomentar un debate público informado, fundamentado en los hechos, la justicia y el respeto a la dignidad humana.

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