John Ross (GUANCHA -China-), 3 de Julio de 2026

Los ataques militares de Estados Unidos contra Irán y Venezuela, su apoyo al genocidio israelí en Gaza y la invasión del Líbano, así como el creciente bloqueo económico a Cuba, son los temas que más han acaparado los titulares, reflejando claramente un patrón cada vez mayor de agresión militar estadounidense. Menos difundida, pero también una parte importante de este mismo patrón, es la participación de Estados Unidos en ataques militares en territorio ruso. El hecho de que Estados Unidos esté ahora dispuesto a atacar militarmente a un Estado con armas nucleares, algo que nunca antes había estado dispuesto a hacer, constituye en sí mismo una nueva escalada cualitativa en su disposición a ampliar el alcance de la agresión militar.
Una de las razones por las que este suceso no ha acaparado los titulares ha sido el intento de Estados Unidos de camuflar su papel en los ataques dentro de Rusia, cuyas razones se analizan más adelante. Sin embargo, el motivo de las acciones estadounidenses se hace evidente al considerarlas dentro del marco del objetivo estratégico más importante de la política exterior de Estados Unidos: la ruptura de las buenas relaciones entre Rusia y China, tema que también se analiza a continuación.
En la izquierda progresista, cierta falta de claridad al respecto se ha originado por dos malentendidos.
En primer lugar, se acepta la opinión de que las potencias europeas son agresivas con Rusia, y que Estados Unidos no lo es tanto, cuando en realidad toda la organización militar de la OTAN, y el control de su aparato militar, implica que sus ataques militares dentro de Rusia no podrían llevarse a cabo sin la participación activa de Estados Unidos.
En segundo lugar, algunos argumentan que Estados Unidos no puede pretender dividir a Rusia y China, ya que para cualquiera de los dos países hacerlo implicaría actuar en contra de sus intereses nacionales. Sin embargo, esto parte de la falsa premisa de que las fuerzas sociales siempre actúan en consonancia con los intereses nacionales. Es cierto que China rechazó firmemente los intentos estadounidenses de persuadirla para que rompiera sus buenas relaciones con Rusia: la evidente oferta estadounidense consistía en que, si China cortaba sus relaciones económicas con Rusia durante la guerra de Ucrania, debilitando así gravemente a Rusia, Estados Unidos flexibilizaría los aranceles y las sanciones contra China. China la rechazó por completo, pues comprendía perfectamente la hipocresía de tal propuesta: si Estados Unidos derrotaba a Rusia, atacaría a una China más aislada internacionalmente. Pero China es un Estado socialista, que actúa de forma relativamente unida. Rusia es un Estado capitalista, no socialista, en el que no solo existen fuerzas burguesas nacionales, que actúan en consonancia con los intereses nacionales, sino también fuerzas burguesas compradoras, que actúan en contra de los intereses nacionales para intentar enriquecerse mediante alianzas con el imperialismo. Estos intereses burgueses compradoras dominaron Rusia bajo el mandato de Yeltsin, provocando una catástrofe nacional, y Putin llegó al poder precisamente como resultado de la oposición social a ese rumbo. Sin embargo, estas fuerzas compradoras siguen teniendo una presencia significativa en Rusia, y es con ellas con las que Estados Unidos pretende aliarse para destruir las buenas relaciones entre Rusia y China, como se analiza a continuación.
La actual ofensiva estadounidense de la OTAN en Rusia está generando, por primera vez desde 1945, la amenaza real de una guerra general europea, como se analiza a continuación. Países clave de Europa, en particular Alemania y Gran Bretaña, se están preparando para ello. El gobierno alemán ha fijado un calendario concreto para 2029; el jefe de la Defensa, el general Carsten Breuer, afirmó que «para 2029
debemos estar preparados», y Alemania está preparando medidas para el reclutamiento obligatorio. En Gran Bretaña, el almirante Sir Tony Radakin, exjefe del Estado Mayor de la Defensa (jefe de las Fuerzas Armadas del Reino Unido), declaró sobre el probable primer ministro entrante, Andy Burnham: «Es usted casi como un primer ministro en tiempos de guerra».
El artículo que figura a continuación, cuya versión en chino fue publicada en Guancha ( guancha.cn) , analiza el papel de Estados Unidos en los ataques militares en Rusia, cómo estos van dirigidos contra China y el Sur Global, además de contra Rusia, y las crecientes tensiones militares que esto está generando en Europa.
—John Ross
Las crecientes tensiones militares en Europa
La tensión política y militar está aumentando significativamente en Europa. Esto se debe al incremento de los ataques militares de la OTAN en territorio ruso. A primera vista, estos acontecimientos parecen complejos, ya que Estados Unidos no es transparente en su papel dentro de estos ataques. Sin embargo, en realidad, Estados Unidos está profundamente involucrado, e incluso resulta indispensable para ellos. La lógica de estos eventos, aparentemente complejos, se aclara al considerarlos en el contexto del objetivo estratégico estadounidense: debilitar las relaciones entre Rusia y China.
En primer lugar, se abordarán los hechos: el creciente número de ataques militares de la OTAN dentro de Rusia, el papel de Estados Unidos en ellos y por qué intenta ocultar dicho papel.
En segundo lugar, se analizará cómo esto afecta a otros países, en particular a China.
Aumentan los ataques militares de la OTAN dentro de Rusia.
La mayor parte de la atención mundial sobre la agresión militar y las sanciones económicas estadounidenses se ha centrado recientemente, como es lógico, en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, la campaña genocida israelí en Gaza, el secuestro del presidente venezolano Maduro y las amenazas cada vez más graves de Estados Unidos a Cuba. Pero, paralelamente, aunque con menor repercusión mediática, se desarrolla en Europa una situación militar cada vez más grave, derivada del aumento de los ataques militares de la OTAN en territorio ruso.
Los orígenes inmediatos de esta escalada militar en Europa en torno a Ucrania se remontan a la decisión de los estados de la OTAN en mayo de 2024, que necesariamente implicó el acuerdo de Estados Unidos, de autorizar el uso de misiles suministrados por ellos, y de drones, para ataques de largo alcance contra Rusia.
En realidad, si bien Ucrania los lleva a cabo oficialmente, estos ataques de largo alcance no pueden lanzarse sin la asistencia activa de los sistemas de inteligencia y guía militar de los países de la OTAN a las funciones de mando y control de Ucrania. Por lo tanto, la OTAN participa activamente en la ejecución de estos ataques militares dentro de Rusia, y es fundamental para ello, como bien saben analistas militares y expertos en política exterior y militar rusa.
Los análisis que afirman que esta escalada solo la realizan países europeos y no Estados Unidos no resisten un examen objetivo. Ucrania no podría llevar a cabo estos ataques sin la participación directa de la OTAN, que, a su vez, no podría actuar sin la participación de Estados Unidos. Como admitió eufemísticamente el Financial Times : «Desde mayo, la campaña de Ucrania ha alcanzado refinerías rusas en el corazón de Moscú y tan lejos como los montes Urales. La inteligencia estadounidense ha ayudado a los vuelos de los drones ucranianos, facilitando el trazado de rutas a través de las defensas aéreas rusas, según fuentes involucradas en las operaciones». De hecho, todo el sistema de mando y control militar, vigilancia satelital, inteligencia y selección de objetivos de la OTAN está bajo el control operativo de Estados Unidos. Por lo tanto, es imposible utilizar este aparato militar sin el consentimiento de Estados Unidos. Las afirmaciones en sentido contrario son pura invención. En consecuencia, Estados Unidos está dando su consentimiento a los ataques militares en territorio ruso.
¿Por qué se está produciendo precisamente ahora la escalada militar de estos ataques dentro de Rusia?
En cuanto a las razones por las que este aumento de ataques dentro de Rusia se está produciendo precisamente ahora, una de ellas es, sin duda, puramente logística. Inicialmente, tras la decisión de la OTAN en mayo de 2024 de llevar a cabo tales ataques, la producción militar de misiles y drones en los países miembros aún no se había incrementado. Por lo tanto, al principio, el número de estos ataques de largo alcance dentro de Rusia se redujo a meros ataques puntuales que Rusia, en la práctica, podía ignorar. Pero en los últimos meses, la escala de la producción militar de la OTAN ha aumentado drásticamente en Europa, incluso si una gran parte del armamento de Estados Unidos está destinado al ataque contra Irán.
Pero una segunda razón para esta coincidencia de fechas probablemente sea política, como han señalado John Helmer y otros. En septiembre, Rusia celebrará elecciones parlamentarias. Es probable que la OTAN espere fomentar el crecimiento de fuerzas que defienden la paz a cualquier precio en Rusia y que están dispuestas a aceptar las exigencias de la OTAN; es decir, están intentando impulsar el crecimiento de fuerzas anti-Putin y prooccidentales.
¿Por qué Estados Unidos intenta ocultar su papel en los ataques militares dentro de Rusia?
Pero si Estados Unidos está realmente involucrado en los ataques militares dentro de Rusia, ¿por qué intenta ocultarlo y permite que se difunda el mito, fácticamente falso, de que estos ataques se deben simplemente a la belicosidad de los europeos? Esto se debe a que comprender el papel de Estados Unidos en Rusia contradice el objetivo estratégico más importante de la administración Trump: debilitar las relaciones entre Rusia y China. Si fuera evidente la plena participación de Estados Unidos en los ataques militares en territorio ruso, quedaría patente su hostilidad hacia Rusia. Por lo tanto, Estados Unidos intenta ocultarlo. Las implicaciones de esto para otros países, incluida China, se analizarán más adelante. Sin embargo, primero se establecerán los hechos sobre la escalada de los ataques militares contra Rusia.
¿Por qué los ataques en el interior de Rusia crean una seria amenaza de escalada?
Para comprender el grado de escalada provocado por los ataques de la OTAN dentro de Rusia, es importante entender tanto su magnitud como su geografía. Los ataques contra ciudades, puertos e instalaciones de producción rusas se están produciendo ahora no solo cerca de Ucrania, sino también en el centro de Rusia (región de Moscú, Riazán, Kapoitnya, Nizhni Nóvgorod, Sizrán y Yaroslavl), en los Urales (Perm), cada vez más en el noroeste de Rusia (región de Leningrado, Kirishi, Tuapse, Novorossiysk, Grushovaya) y en otros lugares.
Estos ataques en el noroeste han suscitado un intenso debate militar y político en Rusia, dado que San Petersburgo, centro de la región, se encuentra a 1.600 kilómetros de Kiev. Tanto en Rusia como en el extranjero, se argumenta que es imposible que los drones ucranianos sobrevuelen 1.600 kilómetros a través de Rusia sin ser detectados y que, como mínimo, se les permite sobrevolar Polonia y los países bálticos antes de entrar en el espacio aéreo ruso. Incluso, de forma más extrema, se afirma que al menos algunos se lanzan desde los países bálticos o desde buques en el mar Báltico, prácticamente rodeado por países miembros de la OTAN. Cualquiera de estas afirmaciones, de ser cierta, convertiría a dichos países en participantes directos de la guerra.
Los Estados bálticos han admitido que los drones implicados en los ataques contra el noroeste de Rusia sobrevolaron su espacio aéreo, pero han argumentado que no dieron permiso para ello. Independientemente de la veracidad de estas afirmaciones y contraargumentos, la situación ha derivado inevitablemente en una tensión extrema en el noroeste de Rusia, donde el gobernador de Leningrado, Alexander Drozdenko, declaró que la región se ha convertido en una zona de primera línea.
Jeffrey Sachs incluso ha declarado que considera que la situación que esto crea con los Estados bálticos es el «lugar más peligroso» del mundo, una afirmación aparentemente extrema, pero cuya lógica se analiza a continuación.
Ucrania también ha intensificado las provocaciones.
Además de estos ataques cada vez más frecuentes, Ucrania ha realizado una serie de amenazas y acciones que solo pueden considerarse provocaciones.
Una de ellas fue la amenaza de Zelensky de intentar atacar militarmente el desfile del 9 de mayo en Moscú, que celebraba la victoria sobre la Alemania nazi. Para comprender la importancia de esto: el 9 de mayo no solo es el día más solemne del calendario ruso, sino que también es un día en el que se sabe con certeza que tanto Putin como líderes extranjeros estarán en la Plaza Roja.
El Ministerio de Defensa ruso respondió tomando la medida extrema de advertir públicamente a diplomáticos y ciudadanos extranjeros que evacuaran Kiev, amenazando con un ataque masivo e inmediato con misiles contra el centro de la capital ucraniana si el desfile de Moscú era atacado. Esta provocación ucraniana fue tan extrema que Estados Unidos la vetó de facto, obligando a Zelensky a declarar un alto el fuego que abarcaba el 9 de mayo.
Si bien se frustró cualquier intento de atacar el desfile de la victoria del 9 de mayo, aún más impactante para la opinión pública rusa fue el ataque perpetrado entre el 21 y el 22 de mayo contra Starobilsk, ciudad de la región de Lugansk, en el este de Ucrania, de habla rusa, que dejó al menos veintiuna muertos, la gran mayoría jóvenes estudiantes universitarias en su residencia estudiantil. Este ataque no fue simplemente un misil extraviado, ya que se llevaron a cabo al menos tres ataques en el mismo lugar. Esto provocó una inevitable represalia rusa contra Kiev, supuestamente liderada por su sistema de misiles hipersónicos Oreshnik.
Esto estuvo acompañado por una llamada telefónica del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Lavrov, al secretario de Estado estadounidense, Rubio, para instar a los ciudadanos extranjeros, incluidos los diplomáticos extranjeros, a abandonar la capital ucraniana lo antes posible, y para decirles a los residentes que se mantuvieran alejados de las instalaciones militares y gubernamentales, ya que se estaban preparando «ataques sistemáticos» contra Kiev.
Menos grave que la amenaza a Moscú, pero también una clara provocación, fue la serie de ataques con drones en la zona de San Petersburgo en junio, el día antes del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, el evento económico internacional anual más importante del calendario ruso.
Las consecuencias de los ataques de la OTAN en el interior de Rusia
La lógica extremadamente peligrosa de la escalada que supuso la decisión de la OTAN en mayo de 2024 de atacar en territorio ruso, tras el retraso inicial en su implementación, resulta evidente, y las razones de este peligro ya se debaten ampliamente dentro de Rusia y cada vez más fuera de ella. Desde un punto de vista puramente militar, es irracional que Rusia permanezca pasiva mientras los países de la OTAN producen y luego transfieren sin restricciones cantidades crecientes de armas a Ucrania para atacar en territorio ruso sin que Rusia ataque estas instalaciones. Esto significa que Ucrania está atacando las instalaciones de suministro y producción de Rusia, así como la punta de lanza de sus fuerzas militares en Ucrania, mientras que Rusia ataca únicamente la punta de lanza militar de la OTAN dentro de Ucrania, incluso cuando los estados europeos de la OTAN actúan como una base de suministro de armas para Ucrania que no ha sido atacada. En resumen, Rusia está luchando militarmente con una desventaja frente a Ucrania/OTAN. Desde un punto de vista puramente militar, sería más lógico y efectivo atacar no solo los centros de lanzamiento y las fuerzas de primera línea de Kiev, sino también las instalaciones europeas de producción de armas. Es decir, el hecho de que los ataques de la OTAN en territorio ruso, que han pasado de ser meros ataques aislados a una campaña cada vez mayor, está creando el riesgo de una guerra europea más generalizada.
Sergey Karaganov, presidente honorario del Consejo de Política Exterior y de Defensa de Rusia y asesor de política exterior de Putin, Yeltsin y Gorbachov, ha argumentado que Rusia, para prevenir estos ataques, debe lanzar ataques contra la infraestructura europea y las instalaciones de producción militar —es decir, contra los países de la OTAN— y que Rusia debe rebajar su umbral para el uso de armas nucleares tácticas.
Sin embargo, por razones políticas, el peligro de un ataque militar contra los proveedores extranjeros de armas de Ucrania para ataques en territorio ruso, ubicados en países miembros de la OTAN, podría conllevar la invocación de la Cláusula 5 de la OTAN: «Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas en Europa o América del Norte se considerará un ataque contra todas ellas». Hasta ahora, Rusia solo ha librado una guerra dentro de Ucrania y ha respondido a la reciente escalada de ataques en su propio territorio amenazando con intensificar los ataques contra los centros de mando y control ucranianos, así como contra las infraestructuras de transporte y comunicaciones utilizadas para dichas armas. Pero la desastrosa decisión de expandir la OTAN hacia el este e intentar incluir a Ucrania siempre generó el riesgo estratégico de una guerra general en Europa. Las acciones actuales de la OTAN están elevando esa amenaza estratégica a un nivel más directo.
La respuesta histórica de Rusia a la agresión militar
La OTAN y Estados Unidos, de forma interrelacionada, han subestimado por completo y de manera peligrosa tanto el carácter general de Rusia como la importancia de Ucrania para ella.
Para comprender el primer aspecto y su interconexión con el segundo, es necesario entender los problemas históricos que enfrenta Rusia y las características clave de su «carácter nacional» y la política que de él se deriva. Rusia es geográficamente un país enorme, el más grande del mundo. Su tamaño geográfico es tan grande que, si bien Rusia tiene, con diferencia, la mayor población de Europa, casi tan numerosa como Alemania y Francia juntas, su densidad de población es baja. La dureza del clima ruso, debido a los inviernos rigurosos, dificultó durante mucho tiempo la producción agrícola e industrial en gran parte del país. Por consiguiente, el PIB per cápita de Rusia durante la mayor parte de su historia fue inferior al de los principales países tanto occidentales (Alemania, Polonia, Francia, etc.) como orientales (China, Japón).
Además de la amenaza que suponían tanto el Este como el Oeste países con mayor desarrollo económico y, por lo tanto, con tecnología militar potencialmente más avanzada, Rusia también se enfrentaba a una amenaza específicamente militar procedente del extremo noreste de Asia. En dos ocasiones en la historia de Rusia, fue invadida por potencias del noreste asiático: en el siglo IV por los hunos y en el siglo XIII por los mongoles.
Por lo tanto, Rusia se enfrentó a amenazas militares muy reales a lo largo de su historia. Un gran líder en la historia rusa, aquel que permitió a los rusos seguir su propio camino de civilización, estilo de vida y cultura, fue, por consiguiente, quien garantizó la defensa militar del país. En consecuencia, figuras como Iván el Terrible, Pedro el Grande, Catalina la Grande y Stalin son consideradas popularmente como los más grandes líderes de la historia rusa.
En el período más moderno, Rusia fue invadida por Napoleón, por los Blancos durante la guerra civil posterior a 1917 y por Hitler, y los derrotó a todos. Ante tales amenazas militares, Rusia soportó inmensos sacrificios para vencerlas y asegurar su unidad e independencia. Cuando, en 1812, Napoleón capturó Moscú, la respuesta rusa fue incendiar la ciudad. De los más de 600.000 soldados de Napoleón que invadieron Rusia, solo unos 60.000 sobrevivieron para cruzar su frontera y retirarse hacia el oeste. En la guerra contra los Blancos, apoyados por potencias extranjeras, tras la Revolución de 1917, murieron alrededor de diez millones de personas. En la Gran Guerra Patria contra la invasión nazi alemana en 1941, murieron 27 millones de ciudadanos soviéticos, casi el 14 por ciento de la población, lo que equivale, en términos relativos, a las muertes hipotéticas de 48 millones de personas en Estados Unidos.
Esto no pretende menospreciar los grandes logros culturales y científicos de Rusia; Pushkin, Tolstói, Dostoievski y Chaikovski se encuentran, sin duda, entre las figuras más importantes de la cultura europea. Sin embargo, todo esto se enmarcaba en un contexto en el que la máxima prioridad nacional, no en la imaginación sino en la realidad, era la defensa militar del país. Por lo tanto, el patriotismo en Rusia estaba intrínsecamente ligado a la fuerza militar: la institución más admirada del país era el ejército ruso/soviético.
Esta realidad histórica permanente de las amenazas militares extranjeras explica la ferocidad de la respuesta de Rusia ante dichas amenazas y su disposición a realizar enormes sacrificios para derrotarlas. Es fácil considerar las acciones de la OTAN contra Rusia como parte de una larga tradición que incluye a Napoleón y Hitler. No comprender esto conlleva graves errores al juzgar las posibles respuestas de Rusia ante las amenazas militares y la disposición de su población a realizar grandes sacrificios y soportar grandes dificultades para vencerlas.
La lógica de escalada de las acciones de la OTAN
Dentro de ese contexto histórico general, Ucrania, el foco inmediato del conflicto en Europa, desempeña un papel específico.
Ucrania es una de las rutas tradicionales de invasión de Rusia; la batalla de Stalingrado, uno de los puntos de inflexión decisivos de la Segunda Guerra Mundial, fue la culminación del avance de Hitler hacia el oeste de Rusia a través de Ucrania. En general, la proximidad geográfica de Ucrania a Rusia la convierte en un asunto crucial para Rusia. La inmensa mayoría de la población del este de Ucrania habla ruso y, en realidad, es rusa.
La actual sensibilidad de Ucrania hacia Rusia es fácil de comprender, y debería serlo también para Estados Unidos, si se la compara con la crisis de los misiles cubanos de 1962, probablemente el momento más cercano a un conflicto nuclear durante la Guerra Fría. La distancia entre La Habana y Washington es de tan solo 1800 kilómetros, lo que equivale a unos pocos minutos de vuelo para un misil. En consecuencia, el ejército estadounidense podía afirmar con razón que la defensa contra un ataque nuclear a tan corta distancia era imposible. Por lo tanto, Kennedy, con toda lógica, declaró que Estados Unidos no estaba dispuesto a aceptar la presencia de misiles soviéticos de largo o medio alcance, con ojivas nucleares, en Cuba. La línea roja de Estados Unidos era la retirada de los misiles. Estados Unidos utilizaría cualquier medio, incluida la guerra nuclear si fuera necesario, para lograr su retirada. Finalmente, afortunadamente, Jruschov comprendió la lógica de la postura estadounidense y que no se trataba de un farol, y en consecuencia ordenó la retirada de los misiles.
Pero la distancia entre Kiev y Moscú es inferior a 800 kilómetros, apenas la mitad de la distancia entre La Habana y Washington. En consecuencia, Rusia está al menos tan reacia a aceptar tal situación con respecto a Ucrania como lo estuvo Estados Unidos con Cuba.
Esta combinación del carácter histórico de Rusia y la extrema sensibilidad militar de Ucrania hacia Rusia permitía predecir con total seguridad que el Estado ruso reaccionaría con suma contundencia para neutralizar amenazas como la adhesión de Ucrania a la OTAN. A modo de comparación, ¿cuál sería la respuesta de Estados Unidos si México anunciara su entrada en un bloque militar con China o Rusia, que incluyera el derecho de estos dos países a establecer bases militares y desplegar misiles en su territorio? De hecho, numerosos expertos en Rusia en Estados Unidos, no solo izquierdistas sino artífices de la estrategia imperialista estadounidense, advirtieron que la expansión de la OTAN en Europa del Este, y en particular en Ucrania, tendría consecuencias desastrosas. George Kennan, artífice original de la política de contención estadounidense durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética, escribió que «ampliar la OTAN sería, sin rodeos, el error más fatal de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría».
¿Por qué atacar a Rusia?
Pero, ¿por qué Estados Unidos está intensificando su ataque contra Rusia ahora, después de que Trump priorizara las conversaciones con Putin y tras la negativa de Europa a entablar negociaciones con Rusia? ¿Y por qué Estados Unidos intenta ocultar su papel en estos crecientes ataques militares dentro de Rusia y pretende presentar la imagen de que solo los llevan a cabo los europeos?
Esto se hace evidente de inmediato al comprender que el objetivo decisivo de la política exterior estadounidense es intentar acabar con las buenas relaciones entre Rusia y China, para así poder atacar mejor a China, a la que Estados Unidos considera, con razón, el único Estado capaz de frenar su hegemonía global. Estados Unidos ha constatado que las buenas relaciones entre Rusia y China constituyen un obstáculo formidable para sus políticas, demostrando en muchos casos ser más fuertes que Estados Unidos. Esto se debe a las fortalezas complementarias de China y Rusia.
Bases de las buenas relaciones entre Rusia y China
La China socialista posee ahora, con diferencia, la economía más grande de Rusia y China. El PIB de China, que era aproximadamente del mismo tamaño que el de Rusia en el momento de la restauración del capitalismo y la disolución de la URSS en 1991, es ahora más de ocho veces mayor que el de Rusia al tipo de cambio actual, y más de cinco veces mayor si se mide por paridad de poder adquisitivo. Pero a pesar de este enorme éxito económico, China aún no ha tenido tiempo de desarrollar un arsenal nuclear del mismo tamaño que el de Estados Unidos, mientras que Estados Unidos y Rusia están prácticamente a la par en este ámbito, con aproximadamente 1700 ojivas nucleares desplegadas cada uno, muchas más que China. Por lo tanto, mientras Rusia mantenga buenas relaciones con China, Estados Unidos considera que sus armas nucleares podrían complementar significativamente la disuasión nuclear china. Rusia también posee poderosas fuerzas militares convencionales, que Japón, el principal aliado de Estados Unidos en Asia contra China, considera un problema. A cambio, China, y su fortaleza económica, es decisiva para Rusia, permitiéndole, por ejemplo, eludir las consecuencias de las sanciones estadounidenses.
Pero si Estados Unidos lograra romper las buenas relaciones entre Rusia y China, ambas se encontrarían en una posición mucho más débil. Por lo tanto, como se propone abiertamente en Estados Unidos, un objetivo estratégico decisivo de su política exterior es intentar romper las buenas relaciones entre Rusia y China. Diversos analistas de política exterior estadounidenses han afirmado que fue un error desastroso que Estados Unidos intentara enfrentarse a China y Rusia simultáneamente, y que, en cambio, debería buscar buenas relaciones con Rusia mientras ataca a China. Esto no es ningún secreto; es una propuesta abiertamente planteada por analistas de política exterior en Estados Unidos.
Las tácticas de Trump hacia Rusia
Por lo tanto, cuando Trump asumió la presidencia por segunda vez, convirtió en prioridad inmediata intentar poner fin a la hostilidad manifiesta de Estados Unidos hacia Rusia, como quedó patente en la cumbre de Anchorage, Alaska, entre Putin y Trump en agosto de 2025. El trato ofrecido a Rusia era evidente: romper las buenas relaciones con China y Estados Unidos mantendría buenas relaciones con ellos, lo que incluía obligar a Ucrania a hacer algunas concesiones a Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania.
Para Trump, el plan estadounidense era evidente desde cualquier punto de vista realista. Si Rusia rompía sus buenas relaciones con China, y si Estados Unidos lograba derrotar a una China más aislada, Estados Unidos atacaría a una Rusia enormemente debilitada internacionalmente. Esto era tan obvio que, por esta y otras razones, Putin se negó a ceder y mantuvo buenas relaciones con China. Putin ha mantenido esa postura, como demuestran sus recientes visitas a China.
Cuando la estrategia de «seducción» fracasó en su intento de separar a Rusia y China, la alternativa para Estados Unidos fue recurrir a la fuerza. Es decir, Estados Unidos pretendía infligir daño a Rusia al tiempo que ofrecía detenerlo si Rusia rompía sus buenas relaciones con China. Por ello, Estados Unidos ha facilitado el creciente número de ataques con misiles en territorio ruso. Sin embargo, dado que el objetivo estratégico es crear buenas relaciones entre Estados Unidos y Rusia para, a su vez, perjudicar sus buenas relaciones con China, Estados Unidos busca disimularlo, pues si Rusia y el pueblo ruso comprendieran claramente el papel de Estados Unidos en los ataques en su territorio, esto fortalecería la oposición rusa hacia Estados Unidos.
Esta combinación de la facilitación estadounidense de los ataques militares de la OTAN dentro de Rusia y los esfuerzos simultáneos de Estados Unidos por camuflar este papel se vuelve inmediatamente comprensible si se entiende que se trata simplemente de la última etapa en el intento estadounidense de romper las buenas relaciones entre Rusia y China, como parte del ataque estratégico de Estados Unidos contra China.
Fuerzas sociales dentro de Rusia
Algunos argumentan que es imposible que Rusia rompa sus buenas relaciones con China, ya que esto iría totalmente en contra de sus intereses nacionales. Es cierto que romper esas relaciones con China atenta contra los intereses nacionales de Rusia. Esto se aplica tanto a su desarrollo actual como a su defensa contra ataques externos, tanto económicos como potencialmente militares; por ejemplo, sin las buenas relaciones de Rusia con China, las sanciones económicas estadounidenses serían mucho más efectivas.
Pero creer que todas las fuerzas sociales en Rusia, o en cualquier otro país, actúan en interés nacional, en lugar de en beneficio propio, es falso. Se ha demostrado en la práctica en muchos países, y de forma particularmente dramática en Rusia, que existen fuerzas sociales que actúan en contra de los intereses de su propio país, incluso hasta el punto de debilitarlo o devastarlo decisivamente, si creen que así se enriquecerán. Esta es la categoría social que Mao Zedong y otros marxistas analizaron como la burguesía compradora.
Esto se hizo especialmente evidente en la propia Rusia, comenzando con la disolución de la Unión Soviética. Esta disolución fue un desastre nacional para Rusia, calificado por Putin como «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX». Rusia pasó de ser la principal potencia en un Estado de 290 millones de habitantes, aproximadamente a la par de los 253 millones de Estados Unidos en aquel entonces, a ser un Estado con poco más de la mitad de esa población en la actualidad: 146 millones. Pasó de ser una superpotencia con una fuerza global comparable a la de Estados Unidos, a ser decisivamente más débil que este. Estallaron guerras en los antiguos territorios de la Unión Soviética: entre Azerbaiyán y Armenia, dentro de Rusia contra los separatistas chechenos y, finalmente, y la más grave, con Ucrania. El chovinismo nacional se desató en este proceso, con consecuencias sumamente perjudiciales; la burguesía compradora rusa proclamó que si Rusia disolvía el Estado soviético unificado —rompiendo así los lazos con las nacionalidades de Asia Central, que en aquel momento formaban parte de la Unión Soviética—, Rusia se beneficiaría. De hecho, tras la disolución de la Unión Soviética, además del debilitamiento geopolítico de Rusia en comparación con la Unión Soviética, las economías de estos estados de Asia central crecieron mucho más rápidamente que la de Rusia.
Este proyecto burgués comprador fue impulsado por Boris Yeltsin. Tras lograr la disolución de la Unión Soviética en 1991, se produjo el mayor colapso económico en tiempos de paz de cualquier gran economía desde al menos la Revolución Industrial, con una caída del PIB ruso de más del 40% entre 1991 y 1998. Mientras tanto, más de un billón de dólares fueron sustraídos de Rusia, en lugar de ser utilizados para invertir en el crecimiento de su economía, y gran parte se destinó a la compra de propiedades de lujo fuera del país. Solía haber un chiste: «Participa en la prosperidad de Rusia, compra una propiedad en el sur de Francia». Esto consolidó la catástrofe nacional para Rusia.
La humillación nacional se reflejó hasta los más altos niveles del Estado, con una corrupción generalizada en torno a Yeltsin, quien representaba una vergüenza nacional evidente por su sumisión incondicional a Estados Unidos (acompañada, de forma más trivial, por sus apariciones visiblemente ebrias en visitas al extranjero). La total contradicción de todo esto con los intereses nacionales de Rusia es obvia. La política exterior rusa bajo tales fuerzas se caracterizó por una total subordinación a Estados Unidos y una completa indiferencia, o incluso hostilidad, hacia el establecimiento de buenas relaciones con China.
Pero una capa social se enriqueció enormemente gracias a estas políticas y, por lo tanto, las impulsó y promovió. Se trataba de los infames oligarcas y sus allegados, operadores políticos y otros. Estaban dispuestos a soportar golpes devastadores para su propio país con tal de enriquecerse. Esta desastrosa experiencia demuestra que poderosas fuerzas sociales pueden estar totalmente dispuestas a actuar en contra del interés nacional. Putin llegó al poder en Rusia precisamente por la presión de la mayoría rusa para poner fin a esta destrucción y humillación nacional.
Pero lejos de desaparecer, los oligarcas compradores y sus operadores políticos que llevaron a Rusia a tal desastre han mantenido su riqueza, aunque varios fueron progresivamente destituidos de sus cargos, huyeron al extranjero o ambas cosas; el multimillonario Mikhail Khodorkovsky y el exjefe de privatizaciones, Anatoly Chubais, son los más conocidos. Estas fuerzas se vieron favorecidas por ciertas políticas económicas en Rusia, en particular por el Banco Central, que durante un largo período se opuso rotundamente a los controles para impedir la exportación de capitales de Rusia, facilitando así el saqueo del país. Los oligarcas compradores sufrieron, por lo tanto, un golpe aún más duro cuando el inicio de la guerra en Ucrania obligó a la introducción de controles a la exportación de capitales en febrero de 2022.
El sueño de estos oligarcas compradores es, por supuesto, revertir todos estos acontecimientos recientes y regresar a la situación de la década de 1990, cuando se les permitía saquear Rusia para su enriquecimiento personal. Quieren acabar con los controles a la exportación de capitales para poder retomar la exportación de capitales antinacional. Para lograr este objetivo, desean el fin de la guerra en Ucrania —independientemente de si los términos de cualquier acuerdo de paz benefician los intereses nacionales de Rusia—, el retorno a una política exterior de subordinación a Estados Unidos y el fin de las buenas relaciones con China. En los medios que controlan y en las redes sociales, los oligarcas compradores lo demuestran encubriendo sistemáticamente el papel de Estados Unidos en los ataques militares dentro de Rusia, presentando el futuro económico de Rusia como grandes acuerdos con Estados Unidos y empresas estadounidenses, mientras minimizan, y generalmente ni siquiera mencionan, las relaciones de Rusia con China.
Es con estas fuerzas con las que Estados Unidos espera aliarse para romper las buenas relaciones de Rusia con China. Esto, por supuesto, sería una catástrofe nacional para Rusia ahora, y aún más si Estados Unidos lograra su objetivo de derrotar a China, ya que podría, y lo haría, atacar a una Rusia ahora aislada. Sería una nueva catástrofe nacional para Rusia. Pero a estas fuerzas no les importa. Se enriquecieron durante la catástrofe que sufrió Rusia en la década de 1990 y estarían encantadas de volver a una situación similar.
Es cierto que existen obstáculos formidables para el sueño estadounidense de recrear la alianza de fuerzas que existió bajo Yeltsin en la década de 1990, con estas fuerzas compradoras en el poder en Rusia. El desastre nacional, el colapso económico y el enorme deterioro de las condiciones de vida del pueblo ruso producidos durante el período comprador de Yeltsin desacreditan profundamente a dichas fuerzas entre la población rusa. Los oligarcas compradoras pueden conservar una gran riqueza, pero tienen un apoyo político masivo insignificante: los partidos proestadounidenses liderados por figuras como Yavlinsky tuvieron dificultades para obtener el 5% necesario para entrar en el parlamento. El partido político más fuerte, separado del principal partido de la burguesía nacional rusa, La Elección de Rusia —es decir, el Partido Comunista de la Federación Rusa— está al menos tan comprometido con la derrota de la agresión de la OTAN contra Rusia como Putin.
La política interna rusa y sus relaciones con China y Estados Unidos.
Por esta razón, la lucha entre las fuerzas patrióticas y compradoras en Rusia se ha entrelazado inextricablemente con su política exterior y sus relaciones con China. Las fuerzas que defienden los intereses nacionales de Rusia, las fuerzas burguesas nacionales y el Partido Comunista desean buenas y estrechas relaciones con China. Las fuerzas compradoras, por su parte, pretenden romper dichas relaciones y retomar la política de subordinación a Estados Unidos.
Pero a pesar de las grandes dificultades que enfrenta Estados Unidos al intentar romper las buenas relaciones entre Rusia y China, no tiene más remedio que seguir intentándolo. Esto se debe a que las buenas relaciones entre Rusia y China, sumadas al apoyo que su alianza brinda al Sur Global, han demostrado ser un obstáculo formidable para el imperialismo estadounidense.
Estados Unidos ha sido derrotado hasta ahora por China en la guerra comercial que él mismo inició. Rusia ha estado ganando la guerra provocada por el intento de incluir a Ucrania en la OTAN, aunque el alcance final de esa victoria aún no está claro. Israel y Estados Unidos fueron capaces de desplegar un nivel fascista de violencia contra el pueblo palestino en su campaña genocida en Gaza, mostrando un desprecio e indiferencia absolutos hacia la abrumadora oposición internacional al ataque israelí y hacia las enormes y sostenidas movilizaciones populares en su contra en numerosos países. Pero la resistencia de un poderoso Estado del Sur Global, Irán, ha infligido hasta ahora derrotas a la agresión militar estadounidense, una resistencia que solo fue posible económicamente gracias a las compras a gran escala de petróleo iraní por parte de China, desafiando las sanciones estadounidenses, y a las relaciones militares, en parte claras (información satelital para la planificación de ataques) y en parte ocultas, entre Rusia, China e Irán.
Por lo tanto, para llevar a cabo su agresión internacional contra el Sur Global y otras partes del mundo, Estados Unidos debe intentar quebrar las buenas relaciones entre Rusia y China, independientemente de si esto tiene éxito a corto plazo. Solo las tácticas pueden cambiar: el intento de seducir a Rusia inmediatamente después de la reelección de Trump como presidente; el intento actual, apenas disimulado, de perjudicar a Rusia; y diversas combinaciones de ambos.
Conclusión
En resumen, los ataques militares intensificados por la OTAN, y por ende por Estados Unidos, en territorio ruso no solo afectan a ese país, sino que también aumentan significativamente las tensiones en Europa, creando el riesgo de una guerra europea generalizada. La inevitabilidad de dicha guerra, y la necesidad de prepararse para ella, es proclamada abiertamente por estados europeos como Alemania y Gran Bretaña, quienes se esfuerzan por ocultar a sus poblaciones que este riesgo real no proviene de una amenaza militar rusa contra Europa, la cual no existe, sino del historial constante de agresión temeraria de la OTAN contra Rusia. Mientras tanto, Estados Unidos intenta camuflar la situación, presentando estos ataques militares en territorio ruso como meras acciones de europeos agresivos, cuando en realidad la participación estadounidense es indispensable. Este encubrimiento se debe a que Estados Unidos busca aliarse con fuerzas intermediarias dentro de Rusia que intentan difundir la idea de que Estados Unidos no es hostil a Rusia. Todo esto se aclara al comprender que estos ataques militares en territorio ruso también están dirigidos por Estados Unidos contra China y el Sur Global.
La izquierda internacional no debe dejarse engañar por las confusiones que el imperialismo estadounidense intenta sembrar, y debe comprender claramente esta situación.
John Ross es investigador sénior en el Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. Ha sido galardonado con el Premio Especial del Libro de China, el máximo reconocimiento estatal chino para escritores extranjeros sobre China. Anteriormente, fue director de política económica del alcalde de Londres.
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