Gaceta Crítica

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Todo lo que ocurre en España pone de manifiesto una doble crisis, del sistema y del régimen. Y una víctima: la mayoría social trabajadora.

Gerardo Del Val Cid (Militante comunista español desde 1978) – Miembro de la dirección de Izquierda Unida y del Paertido Comunista de España – (Promotor del blog internacionalista y antiimperialista GACETA CRÍTICA), 23 de Junio de 2026

Cualquiera que quiera acercarse a la realidad española (al margen de los que la sufrimos cotidianamente), verá con claridad la contradicción que supone ser una de las economías capitalistas que salen mejor paradas en el actual contexto de crisis del modelo europeo occidental, de la OTAN y de la Unión Europea, por un lado; y por otro lado, un país cuya vida política interna está marcada por una ofensiva política de la extrema derecha y de la derecha extrema en todos los frentes: desde los medios de comunicación que mayoritariamente controlan, desde los gobiernos regionales (que utilizan exclusivamente para hacer oposición al gobierno del Estado), desde sectores muy influyentes religiosos (tanto católicos como cristianos integristas alentados desde Estados Unidos), y, también, desde el frente judicial, donde una importante masa de jueces, fiscales y otros funcionarios funcionan con la exclusiva consigna de derrotar a la «izquierda» en el gobierno. Por último, el funcionamiento de muchos funcionarios policiales (UCO, Guardia Civil, Policía Nacional y Servicios de Inteligencia), se encaminan a la investigación prospectiva de cualquier dirigente de izquierdas o representante de partidos nacionalistas (fundamentalmente catalanes o vascos). Hasta el rey «exiliado» por corrupción continuada para no pagar impuestos en España da apoyo explícito a todos estos sectores que componen la reacción en España. Por último, hay dos expresidentes (José María Aznar -PP- y Felipe González -PSOE-) que unen sus fuerzas contra el gobierno de Pedro Sánchez, que se ha convertido el objeto de la cacería política más brutal que se ha vivido en España desde la celebración de las primeras elecciones pluripartidistas en 1977 y la aprobación de la Constitución de la monarquía parlamentaria de 1978.

En esta situación cualquier observador exterior de nuestro país daría por amortizado al gobierno y seguramente se daría por seguro unas elecciones con ventaja para la derecha y el fascismo (que está en el ADN del propio Partido Popular español).

Sin embargo el poder del capital no está nada insatisfecho con el desempeño del Partido Socialista, de Pedro Sánchez y del gobierno de coalición con partidos radicales y de izquierda transformadora. ¿Por qué?

El gran capital, la banca y los fondos de inversión viven una época dorada en España, con altas tasas de rentabilidad en sectores estratégicos como el turismo, el negocio inmobiliario y la industria verde. Todo ello hace que España registre un proceso de crecimiento por encima del resto de países capitalistas del occidente global. La rentabilidad del capital y el retroceso del peso de las rentas del trabajo en la economía hacen que la lucha de clases en España se haya inclinado ampliamente a favor de las fuerzas del capital, a pesar de las concesiones que Sánchez y sus socios establecieron con los sindicatos para aumentar el salario mínimo interprofesional (que subió de poco más de 700 euros en 2018 hasta más de 1.200 euros en 2.026) y también una Reforma Laboral que equilibró algo el terreno de juego de disputa de los convenios colectivos y del entramado del diálogo entre empresarios y trabajadores en España.

Otras medidas en materia energética, medioambiental y de derechos civiles proyectaban un país que podía virar ligéramente hacia la izquierda, para bien de la mayoría social trabajadora. Sin embargo existe un gran INCONVENIENTE: La inaccesibilidad absoluta a la vivienda por parte de la inmensa mayoría de las personas de clase trabajadora, que ven como sus ingresos algo mejorados se distancian cada vez más de unos precios de las viviendas en venta o en alquiler que son estratosféricos. Para completar este INCONVENIENTE, ha aparecido la congelación o el retroceso de hecho de las rentas de las y los trabajadores que ingresan por encima del Salario Mínimo, pero que no llegan a los 2.000 euros. Este segmento (que la ideología dominante consideraba «clase media») ha visto limitada todas sus espectativas de ascensor social, siendo carne de cañón para los discursos xenófobos, racistas y fascistas que sitúan la culpa en el gobierno y en las personas migrantes, que son la parte más vulnerable del entramado social.

Sin embargo, el gobierno de Sánchez y la izquierda no ha tomado ninguna medida estructural para mejorar esas rentas «intermedias», ni tampoco el acceso al derecho a la vivienda.

Construir viviendas como dicen los «expertos» de la gran banca es una perspectiva a medio y largo plazo. Pero tampoco han sido capaces de establecer topes reales e inmediatos muy ambiciosos para obligar a los caseros de pisos en alquiler a disminuir los precios hasta un 50%. La medida tendría muchas complicaciones legales, pero estaría amparada en la muy proclamada por los defensores del sistema «función social de la propiedad» y del derecho constitucional a la vivienda.

Sin embargo, el Partido Socialista y Pedro Sánchez a la cabeza, ha insistido en dar confianza a una ministra aliada del gran capital y los grandes propietarios inmobiliarios, a un ministro del Interior incapaz de hacer una reforma de los cuerpos de seguridad, a una ministra de Defensa que ha ido aumentando exponencialmente los gastos militares, y a un Ministro de Economía (Carlos Cuerpo) que, en perfecta comunicación con su «jefa» Calviño (actualmente en el banco europeo de inversiones) es el auténtico garante del sistema del capital en España.

A todo ello se une un presidente del gobierno que ha sido desbordado por una auténtica camada de sinvergüenzas de la corrupción clásica del PSOE. Hay una línea de continuidad entre los Ábalos, Cerdán, Pepe Blanco, Narcís Serra, la familia de Alfonso Guerra y tantos y tantos barones regionales.

No obstante esta corrupción mediática no es nada comparada con lo que significa que Felipe González y Aznar lleven entre veinte y treinta años recibiendo casi medio millón de euros todos los años de las empresas energéticas que privatizaron en los años 90. Estos personajes no se llevan el dinero en bolsas de basura o lo camuflan en empresas de películas de serie B. Esta gente corrupta y belicista se lleva el dinero de forma «legal» para pagarle los favores concedidos a las empresas que nos sangran en nuestras facturas de la luz, del gas o de los medios audiovisuales.

La corrupción es la segunda ley del valor del capitalismo, especialmente en la fase de gran monopolio en la que vivimos.

La gran cortina de humo de los cuatro golfos incrustados en su día en la estructura del PSOE ha sido consentida por omisión por el presidente Sánchez, que, a pesar de todo, es el presidente del gobierno menos malo que ha tenido mi país desde el final de la guerra civil en 1939.

Pero para la gente jóven, para las mujeres trabajadoras y la mayoría social esto no es ningún consuelo. Tampoco es muy convincente que el único argumento de Sánchez y las fuerzas de izquierda (socios del gobierno), manejen como casi único argumento aquello de que «viene la derecha y el fascismo». Seguramente este riesgo es real, como lo está siendo en buena parte del occidente global.

Pero la defensa contra este peligro real y criminal no puede ser el miedo. Debe ser la lucha y las medidas quirúrgicas e inmediatas para abaratar la vivienda y también para dignificar la inmensa mayoría de los salarios. Esta materialidad que se transforme en mejoras reales en la vida de millones y millones de españolas y españoles es el verdadero muro y barricada frente al fascismo.

Son las medidas materiales, no el miedo de la izquierda gubernamental o la verborrea izquierdista «idealista» de algunas fuerzas populistas, la que pueden ayudar a frenar la ola que tenemos ya a la vista en el horizonte.

Realidades y Lucha. Ahora o nunca.

GACETA CRÍTICA

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