Gaceta Crítica

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¡Fin a la agresión estadounidense contra Cuba!

Peter Bohmer (THE DELPHI INICIATIVE -Grecia-), 18 de junio de 2026

La administración Trump está decidida a derrocar al gobierno cubano y su estructura político-económica. ¿Qué se puede hacer para impedirlo?

El 1 de mayo de 2026, el presidente Trump firmó una orden ejecutiva que autorizaba sanciones adicionales contra Cuba. Trump declaró: «Nos apoderaremos de Cuba casi de inmediato». Estas continuas amenazas se producen tras la directiva del gobierno de Trump al Pentágono del 14 de abril para  «intensificar los preparativos para una posible acción militar contra Cuba». En respuesta a las amenazas de Trump de tomar el control del país, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó: «Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba… encontrará un pueblo decidido a defender la soberanía e independencia en cada rincón de nuestro país».

Trump declaró a la prensa que «quizás visitemos Cuba después de terminar con esto» (en referencia a la guerra contra Irán). Esto se produjo tras una orden ejecutiva del 29 de enero  que calificaba a Cuba como «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de Estados Unidos. Trump anunció un bloqueo petrolero a Cuba y fuertes aranceles para cualquier país que suministrara petróleo. Los dos principales proveedores habían sido México y Venezuela. Estos países, junto con otras naciones, han dejado de enviar petróleo a Cuba, salvo un gran cargamento de Rusia a finales de marzo.

Más recientemente, Estados Unidos ha sobrevolado Cuba con aviones militares, con la continua participación de la CIA. Esto recuerda a la época en que la CIA orquestó la invasión de Bahía de Cochinos, un fallido golpe de Estado en 1961 para derrocar al gobierno cubano liderado por Fidel Castro. La CIA intentó, sin éxito, asesinar a Castro en más de cien ocasiones. Además, durante mucho tiempo ha patrocinado a exiliados cubanos para que cometan actos terroristas contra un Estado soberano.

Para agravar aún más la situación, el 21 de mayo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos emitió una orden de arresto contra Raúl Castro, de 95 años. Presidente de Cuba entre 2008 y 2018, Raúl fue comandante de la Revolución Cubana junto a su hermano Fidel y jefe de las Fuerzas Armadas cubanas durante 50 años. Como líder del Partido Comunista, Raúl ha sido acusado de presentar cargos falsos e injustos. Esta orden de arresto podría servir de pretexto para una operación de fuerzas especiales en Cuba que probablemente incluiría el secuestro o asesinato de Castro.

Estados Unidos, al tiempo que amenaza a Cuba con una invasión, asesinatos selectivos y/o bombardeos, ya está llevando a cabo un acto de guerra con este bloqueo. Esto representa tanto la continuación del embargo estadounidense a Cuba, vigente desde hace 66 años, como un endurecimiento y una escalada aún mayores. Se observa una mayor presencia militar estadounidense en el Caribe, incluyendo el portaaviones USS Nimitz, y Estados Unidos continúa ocupando la base naval de Guantánamo, en territorio cubano.

La falta de acceso de Cuba al petróleo está provocando apagones cada vez más frecuentes, que a menudo duran hasta 20 horas diarias. La creciente escasez de alimentos y agua se suma al empeoramiento de las condiciones del sistema de salud. El objetivo del gobierno de Trump es causar suficiente sufrimiento al pueblo cubano como para que se rebele contra su gobierno y provoque su colapso. Se trata de una estrategia inhumana, ilegal e inmoral. Además, es improbable que tenga éxito, ya que el Estado cubano conserva legitimidad, especialmente frente a Estados Unidos, que utiliza como lema de movilización. Asimismo, existe una oposición limitada dentro del ejército cubano y el Partido Comunista contra el liderazgo. Sin embargo, un ataque militar por parte de Estados Unidos sigue siendo una posibilidad real. ¡No lo permitamos!

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¿Por qué?

La Revolución Cubana, liderada por Fidel Castro, derrocó la dictadura de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959. En la primavera de 1960, el presidente Eisenhower firmó una orden que pedía el derrocamiento del gobierno cubano, lo cual ha sido la política de Estados Unidos durante la mayor parte de los últimos 66 años.

Desde la década de 1960 hasta la de 1980, el sistema económico cubano representó para la clase dominante estadounidense la amenaza de un buen ejemplo. Esta amenaza implicaba que Cuba, al satisfacer las necesidades de su pueblo, inspiraría revoluciones anticapitalistas en todo el Sur Global. Cuba implementó importantes reformas agrarias que nacionalizaron propiedades estadounidenses como ingenios azucareros, minas y hoteles. Fidel Castro y la Revolución Cubana gozaron de gran popularidad en toda América por su resistencia a Estados Unidos, su sistema universal de salud y educación, su internacionalismo y su apoyo a los movimientos revolucionarios.

Desde el colapso de la Unión Soviética en 1990-1991, Cuba ha enfrentado graves problemas económicos. Una de las principales causas ha sido su incapacidad para exportar lo suficiente como para cubrir sus necesidades de importación. A partir de la década de 1990, el turismo se convirtió en una importante fuente de divisas, pero disminuyó considerablemente durante la pandemia de COVID-19 y no se ha recuperado. Cuba ha invertido en exceso en el sector hotelero. Venezuela, tras la victoria presidencial de Hugo Chávez en 1998, intercambió petróleo por médicos, medicamentos y asesores cubanos en agricultura y seguridad. Esto reemplazó parcialmente el apoyo soviético.

Durante la presidencia de Obama, se flexibilizó el embargo, restableciendo las relaciones diplomáticas y permitiendo cierto turismo, comercio y remesas. Trump, en su primer mandato, revirtió esta situación. Intentó debilitar la economía cubana declarándola país patrocinador del terrorismo, lo que restringió aún más el acceso de Cuba al crédito y a las finanzas internacionales. Las dificultades económicas han llevado a muchos cubanos a emigrar. La población de Cuba asciende actualmente a 10,9 millones de personas, lo que representa una disminución de 1,5 millones en los últimos seis años. La mortalidad infantil se duplicó con creces entre 2018 y 2025.

El embargo y las sanciones estadounidenses han sido la principal causa de los graves problemas económicos de Cuba, aunque no la única. Cuba no ha desarrollado una economía donde el nivel de vida aumente de forma constante, ni cuenta con una producción alimentaria suficiente. El desarrollo de la agricultura orgánica, iniciado durante el período especial a principios de la década de 1990, es impresionante, pero no ha eliminado la dependencia de Cuba de las importaciones de alimentos. En la mayoría de los sectores, el crecimiento de la productividad ha sido lento. La planificación centralizada vertical es un problema. La creciente dependencia de los mercados privados no ha ayudado. Un mayor control de las empresas por parte de los trabajadores sería beneficioso, al igual que la planificación económica participativa.

Aunque Cuba ya no representa una amenaza como ejemplo a seguir, su “crimen” sigue siendo su independencia del imperio estadounidense; su negativa a aceptar la determinación de Estados Unidos sobre su economía y política. La dominación estadounidense de América Latina ha moldeado gran parte de la política estadounidense desde la Doctrina Monroe de 1824. El documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Trump de diciembre de 2025 lo deja claro. [9] Uno de los motivos de la administración Trump para invadir Venezuela el 3 de enero de 2026 fue como paso previo al ataque contra Cuba y para cortar el suministro de petróleo venezolano a Cuba.

Cuba hoy: Crisis y apoyo

Un problema importante para Cuba es obtener suficientes divisas para comprar petróleo, ya que este solo cubre un tercio de sus necesidades energéticas. La gasolina se vende a 40 dólares el galón. Cuba está respondiendo con un aumento significativo en las energías renovables, recibiendo un mayor número de paneles solares y baterías de China. La energía solar ahora cubre una cuarta parte de las necesidades energéticas de Cuba y está en crecimiento, pero no es una solución a corto plazo.

En su lucha contra Estados Unidos, Cuba cuenta con el apoyo de la mayoría de los gobiernos y pueblos del mundo. La última votación en la ONU contra el embargo estadounidense arrojó 165 votos a favor frente a siete que votaron por mantenerlo. México ha enviado recientemente más de 800 toneladas de ayuda, principalmente alimentos y material médico. Este apoyo es importante, pero no es suficiente para aliviar significativamente las dificultades económicas que enfrenta el pueblo cubano ni para detener el empeño de Estados Unidos en derrocar al gobierno cubano.

Aunque los índices de aprobación del Partido Comunista Cubano y su dirigencia han disminuido, especialmente entre los jóvenes, existe poco apoyo a un golpe de Estado liderado por Estados Unidos o a un gobierno encabezado por exiliados cubanos de derecha. A diferencia de Venezuela, no hay líderes en el Partido Comunista ni en las fuerzas armadas cubanas que probablemente apoyen el derrocamiento de la actual dirigencia y estructura. Estados Unidos podría secuestrar o asesinar a líderes cubanos (un crimen de guerra), pero es improbable que esto conduzca a un régimen títere estadounidense. Una invasión y bombardeos estadounidenses generarían mayor miseria económica y muertes, pero se enfrentarían a una resistencia masiva por parte de las fuerzas armadas y la población. La incapacidad del gobierno de Trump para lograr una victoria militar en Irán podría hacer que se muestren reacios a atacar directamente a Cuba, aunque las amenazas persisten a diario.

Durante la Guerra Civil Española en la década de 1930, brigadas de más de 50 países acudieron a apoyar a la República Española y a la izquierda española contra el fascismo. En Estados Unidos, casi 3000 personas se unieron a la Brigada Abraham Lincoln. Si bien no impidieron la victoria de Franco en España, sí concienciaron a nivel mundial sobre la amenaza que representa el fascismo. Cuba necesita de nuevo esa misma solidaridad.

Solidaridad con Cuba significa solidarizarse con su gobierno, su pueblo y sus organizaciones. No solo debemos oponernos a la agresión estadounidense contra Cuba y el pueblo cubano, sino también apoyar firmemente al gobierno cubano liderado por el Partido Comunista de Cuba. Su historia, tanto a nivel nacional como internacional, merece nuestra solidaridad. Persiste el compromiso de brindar una red de seguridad social a toda la población, a pesar de la escasez de bienes y energía.

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¡Qué podemos hacer!

Como ya se mencionó, Cuba enfrentaba una crisis económica incluso antes del endurecimiento del embargo en enero. La amenaza de aranceles elevados a los países que venden petróleo a Cuba es algo nuevo. El embargo a Cuba, vigente durante 66 años, ha sido una estrategia bipartidista. Una exigencia importante para la recuperación de la economía cubana es el fin de todas las sanciones, el embargo y el bloqueo estadounidenses: ninguna restricción al comercio, al crédito ni a los flujos financieros, al turismo ni a las relaciones diplomáticas con Cuba; es decir, el respeto a la soberanía cubana. ¡Además, ninguna sanción a otras naciones por mantener relaciones normales con Cuba!

Al igual que la mayoría de la oposición a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, nuestra tarea es transformar la oposición pasiva a la guerra con Cuba en oposición activa. Una encuesta de YouGov, publicada el 6 de mayo , revela que el 64% de los estadounidenses se opone a que Estados Unidos entre en guerra con Cuba, mientras que el 15% la apoya y el 21% no está seguro.

A nivel local y nacional, necesitamos un movimiento antibelicista más amplio y poderoso que se oponga a los ataques estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico oriental, contra Irán, Cuba, Venezuela y otras naciones. Una posible vía sería aprovechar la infraestructura existente del movimiento de solidaridad con Palestina en Estados Unidos. Si bien se debe seguir oponiéndose a toda ayuda a Israel y mostrando solidaridad con Palestina, este podría convertirse en un movimiento antibelicista más amplio. Esto es necesario, aunque aún no se ha manifestado dentro y fuera de los campus universitarios. Otra posibilidad sería crear una organización de masas que se oponga a la guerra y luche por la equidad y la justicia, tanto a nivel nacional como internacional.

Es urgente que planteemos la exigencia de que no se ataque a Cuba y de que se levante el embargo en nuestras comunidades, familias, lugares de trabajo, sindicatos, iglesias, escuelas y organizaciones, partidos políticos y activismo. Esto puede incluir conversaciones, resoluciones, cabildeo en el Congreso y hacer de la solidaridad con Cuba parte de foros, mítines, manifestaciones, acciones directas, etc. Significa vincular la oposición a la guerra contra Cuba con temas como la justicia económica y migratoria en Estados Unidos.

Detener los ataques estadounidenses contra Cuba es difícil, pero posible. La oposición de otros países y la solidaridad global son necesarias. Construyamos también una oposición lo suficientemente fuerte en Estados Unidos para que quienes están en el poder —sean demócratas o republicanos— comprendan que les conviene aceptar la soberanía cubana y poner fin a todos los ataques contra Cuba.

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