Gaceta Crítica

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La visita del papa al reino de España y el circo de un Estado llamado “aconfesional”

Daniel Raventós (Sinpermiso), 15/06/2026

Con motivo de la visita del jefe del estado teocrático del Vaticano y de la iglesia católica, han tenido lugar en Madrid, Catalunya y Canarias varios hechos que suponen, por una parte, un atentado a los derechos democráticos de una gran parte de la población legalmente española, por otra un papel sumiso difícil de justificar de gran parte de la izquierda española, catalana y vasca.

Algunos hechos de esta visita y los derechos humanos 

Primero algunos de los hechos a los que aludía. Empecemos por el gasto público muy generoso con este viaje. Un gasto público que incluye estadios deportivos, como el municipal de Montjuic, gratis; publicidad institucional en casi todos los periódicos; escolta de un F18 en el viaje de Madrid a Barcelona, de Barcelona a Canarias protección también de alto standing; policía a manta. Resumiendo, según distintas fuentes, el gasto público central, autonómico catalán y canario se acerca a los 100 millones (¡100!) de euros. Sabido es que el gobierno más progresista de la historia de la humanidad española declaró “evento de especial interés público” el viaje del jefe católico. Ello significa, entre otras derivaciones, que las empresas que hayan apoyado con dinero el viaje tendrán grandes desgravaciones fiscales con lo que, claro está, el Estado deja de ingresar impuestos correspondientes a las donaciones. Deducciones que también podrán tener los particulares que se apunten. No es de extrañar que algunos colectivos, como el colectivo de docentes en lucha, hayan ingeniado algunos eslóganes en que comparan la generosidad pública para con el jefe católico y la religión que representa con la racanería que se tiene con ellos. Uno de estos eslóganes fue: “invertiu en educació, no en el papa Lleó” que no precisa traducción. Siempre hay quien justifica este dispendio público aludiendo a que se trata de un jefe de Estado. ¿En serio son comparables los gastos de unos y otro? Si así fuera, que no lo es: una vergüenza aún mayor que se dedique tanto dinero a la pompa diplomática, ¿no?

Otro hecho. La invitación a hablar en las Cortes españolas. Se ha destacado de distintas maneras, según el grado de apoyo o no al hecho. En todo caso fue un acto de una gran importancia simbólica y material. Estamos hablando de la sede del poder legislativo. Recordemos. La teocracia, que basa su autoridad en la religión, choca con los principios democráticos de pluralismo y de la separación entre iglesia y estado. No hace falta hacer muchos números[1]para constatar que supuso una falta de respeto hacia toda la población que no es católica, un desprecio olímpico pues hacia la pluralidad religiosa, agnóstica y atea de la sociedad. La neutralidad del Estado quedó no en entredicho, más ajustado a la realidad sería decir que saltó por los aires.[2] No es exagerado afirmar pues que los derechos democráticos de una gran parte de la población legalmente española quedaron maltrechos. Al menos si consideramos que un derecho humano es un derecho humano y no un eslogan, es decir, una libertad fundamental que pertenece a todas las personas, sin distinción alguna, y que busca garantizar su dignidad, igualdad y bienestar. Además, el Estado vaticano sigue sin retirar la medalla a Franco por su papel en la “cruzada” fascista de la Guerra Civil más de medio siglo después de muerto.

Adicionalmente, el papa toreó a las víctimas de pederastia de una iglesia, la española, con 7 cardenales y 51 obispos señalados como encubridores de la extensa pederastia entre sus filas (1.621 acusados y 3.109 víctimas hasta el momento).[3] Toreó o, como decía una periodista, ninguneó ya que las asociaciones no fueron recibidas por él que solamente se reunió con una selección muy limitada para que nada saliera de tono, como se explica con detalle en este artículo. Se trataba de mostrar también que Catalunya es un país en donde las veleidades independentistas eran cosa de otra época y que el rey español, los ministros españoles, las autoridades de la Generalitat y la población catalana estaban en armonía. Rey, ministros españoles y gobierno de la Generalitat lo están, sin duda, de manera habitual. Falla la población. Algo falló con una parte de la ciudadanía. Un ejemplo. Cuando el jefe del estado teocrático estaba en la Sagrada Familia, los servicios de seguridad y la policía retuvieron y expulsaron a los 600 cantores que debían continuar participando al final del acto. ¿Motivo? La detección de esteladas en las partituras y la intención expresa del colectivo coral de interpretar el himno nacional, Els Segadors, al término del acto litúrgico. Una cosa es poner las banderas de un Estado sin derechos humanos, otra muy distinta para las autoridades españolas y catalanas del mismo partido, las banderas de la nación catalana. Y cantar el himno oficial (de momento legal) de Catalunya. Todo debía estar en orden y no salirse del tono servil.

¿Y la izquierda?

El otro punto que quería tratar es el decepcionante papel de la izquierda ante esta visita. De entrada, que solamente dos grupos (BNG y Podemos) no acudiesen a las Cortes a escuchar al jefe católico y de un Estado teocrático (ya no digamos aplaudirlo más de 7 minutos) no dice gloria de estos dos grupos, dice pestes de los que no lo hicieron. Para alguien con una digamos sensibilidad laica republicana, seguro. Alguna izquierda considera que este jefe religioso es más progresista que algunos de sus no lejanos antecesores. Digamos que menos retrógrado sería más ajustado, pero no vale la pena detenernos aquí. Que si se opone a los excesos de Trump y sus secuaces, que si defiende la inmigración, que si defiende los derechos humanos… Si se considera que oponerse a Trump y a sus fieles es algo heroico, quizás sea una razón, en extremo débil, pero razón. Que algo de vago sentido común se considere un mérito está bien, pero siempre es bueno guardar las proporciones. En este artículo se decía de forma muy comedida: “la izquierda institucional está comprando el marco moral del papa progresista como mal menor ante Vox, Le Pen y Donald Trump”. Siempre el mal menor. Defender la inmigración también está muy bien, pero en el Vaticano se la echa fuera. Supongo que es porque es un Estado microscópico aunque con el edificio católico más grande del mundo -la basílica de San Pablo tiene más de 15.000 metros cuadrados- porque está para alojar cosas más importantes. Lo de los derechos humanos ya es pura farsa. El estado teocrático del papa no ha firmado la mayor parte de convenios internacionales de derechos humanos. En el Estado que dirige no hay libertad sindical, ni derecho de huelga, ni derechos de los homosexuales, ni derechos de las mujeres… lo que sí hay es, para utilizar las palabras de este artículo: “la oposición a la libertad sexual, la oposición a la soberanía de las mujeres sobre nuestros propios cuerpos, el ocultamiento de los miembros de su Iglesia culpables del delito de pederastia, la acumulación secular de riqueza a base de violencia sobre violencia”.

¿Dónde estaba la gran parte de la izquierda para denunciar todo eso o una parte tan solo más allá de algún leve gesto para que no se diga? Una izquierda socialista republicana (aunque socialista y republicana quizás sea pedir la luna en estos lares) podía pedir -y no dudo que alguien lo debe haber defendido estos días de militancia institucional católica, pero si se ha hecho ha sido tan minoritario y ha quedado tan oculto que no me ha llegado y conste que he estado atento- elementales derechos democráticos del laicismo como: la neutralidad de las instituciones públicas ante esta visita, que no se destinen recursos públicos a la organización de actos de carácter confesional, que los representantes institucionales no participen en actos litúrgicos en calidad de cargo público, que se revise la cobertura de los medios públicos para asegurar el pluralismo y evitar tratos preferenciales, la derogación de los acuerdos con el Vaticano,[4]que se ponga fin al financiamiento público de las confesiones religiosas, que se garantice una educación plenamente laica, la revisión de los privilegios fiscales y patrimoniales de la Iglesia, incluidas las inmatriculaciones.[5]

Coda

No me he referido, porque aquí no era la cuestión y en ningún caso porque no lo considere importante, a lo que representa toda religión: una combinación de oscurantismo, sumisión, dogmatismo e irracionalidad. Todas las religiones son enemigas de la racionalidad. “La razón es la puta del diablo” que decía el muy reaccionario, que no por su enfrentamiento con la iglesia católica, Martin Lutero. No se le puede criticar que se expresase al respecto con ambigüedad alguna.


[1] La población no religiosa se mantiene alrededor del 40 % después del crecimiento de los últimos años. Entre las personas de 18 a 24 años, el 55,4 % se declara no religiosa, una proporción que también se mantiene elevada entre los 25 y 34 años (53,7 %). En cambio, a partir de los 45 años, la religiosidad pasa a ser mayoritaria y aumenta progresivamente con la edad, hasta alcanzar el 77,9 % entre las personas de 75 años o más. El análisis territorial muestra diferencias relevantes entre comunidades autónomas. El País Vasco (50,5 %) y Cataluña (47,6 %) son los únicos territorios donde la población no religiosa supera o se aproxima más al peso de la religiosa, de modo que se sitúan a la cabeza del proceso de secularización. Estos y muchísimos datos más pueden leerse en el Informe Laicidad en cifras (2026) de la Fundació Ferrer i Guàrdia.

[2] Y el papanatismo de colgar la bandera del estado teocráticoen el ayuntamiento de Barcelona y en la Generalitat de Catalunya, habrá que recordarlo. Illa, como presidente de la Generalitat, no se abstuvo de emitir varias chorradas. Una: “El mensaje del Papa es muy pertinente y conecta con la inmensa mayoría de catalanes”. Inmensa mayoría, eh, inmensa mayoría. Cuando se confunde el pequeño mundo de los administradores políticos con el conjunto de la población se emiten necedades de este calibre. Y como lo he puesto en plural y por chorradas no quedó, vayan otras dos del mismo Illa: “Ayer desde Barcelona se iluminó el mundo”. Y la última de las elegidas: “Catalunya vuelve a contar”.

[3] Y 330.000 víctimas en las últimas 7 décadas solo en Francia.

[4] Estos acuerdos de 1979 (casi 50 años con gobiernos de derechas y del PSOE y no han sido revocados) establecen entre otros privilegios a la iglesia católica: exenciones fiscales, enseñanza religiosa, financiación pública, reconocimiento de bienes inmuebles que no estaban a su nombre, sacerdotes en el ejército… sin mencionar algún caso ridículo como el sacerdote del hospital del Valle de Hebronque costó 1,5 millones de euros a cargo público porque sí.

[5] No me invento nada, lo he traducido de un manifiesto que se repartió en la concentración del martes día 9 de junio contra los privilegios públicos de la visita del jefe católico.

Daniel Raventós 

es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica, profesor titular en la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona.

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