Por David Jamieson (Counterfire), 13 de Junio de 2026

LOS POGROMOS DEL VERANO EN EL REINO UNIDO: CÓMO RESPONDEMOS
El Reino Unido tiene ya una tradición anual de pogromos en verano. Esta última oleada de ataques, desde Belfast hasta Glasgow, Liverpool, Londres y otras ciudades, en la que las personas fueron atacadas específicamente por el color de su piel en sus hogares y en las calles, debe entenderse dentro de este contexto.
Durante tres años consecutivos, grupos racistas organizados han perpetrado ataques selectivos contra diversas minorías. Si bien a menudo se justifican con el pretexto de un acto de violencia, es evidente que estos ataques son premeditados e involucran redes organizadas e información obtenida con antelación, como parece ser el caso en Belfast, donde se atacaron específicamente domicilios de personas no blancas.
Sabemos que estos eventos se organizan en plataformas de redes sociales encriptadas como Telegram. Existe un patrón de comportamiento y tácticas, como el acoso en zonas donde se sabe que se reúnen o poseen propiedades inmigrantes o de minorías raciales, ataques a zonas residenciales o el establecimiento de puestos de control donde se obliga a los conductores a declarar su raza.
Estas son 5 respuestas iniciales:
1. Los eufemismos «protesta», «ira» y «debate», tan apreciados por los medios de comunicación y la clase política, tienen poca validez para describir este fenómeno. La extrema derecha organizada utiliza la violencia para aterrorizar a sus oponentes y generar impulso para intensificar la violencia.
Estas personas no están dispuestas a debatir ni interesadas en resolver problemas políticos. Estaban listas para lanzar otra campaña de verano y no se trata simplemente de personas frustradas que se sienten ignoradas.
2. Personas como Nigel Farage y Kemi Badenoch, que en los últimos días han avivado las llamas del racismo paranoico, conocían el contexto en el que lo hacían. Entendían que el verano es temporada de disturbios racistas y promovieron la idea de que los blancos son víctimas del Estado, un dogma fundamental de los grupos más extremistas.
Las fuerzas políticas tradicionales y las autoridades estatales están jugando un juego muy peligroso. El racismo también se fomenta abiertamente por figuras poderosas del gobierno estadounidense, que promueven los intereses exteriores de su propio país socavando a su aliado.
3. Es urgente preguntarse por qué la izquierda no ha desarrollado una respuesta preparada para estas manifestaciones veraniegas tan predecibles. Sabemos que esto sucederá cada año. Eso significa que debe haber una respuesta institucional planificada con antelación.
4. Debe ser una respuesta amplia y a gran escala, basada en los diversos sectores de la población que se oponen a esta violencia y racismo flagrante. No somos una minoría en nuestra oposición a esto.
La amplitud, la cantidad de participantes y un enfoque nacional son importantes. Tras la primera ola de violencia en 2024, surgieron llamamientos a favor de todo tipo de iniciativas hiperlocales y de organización profunda. Estos llamamientos fueron ampliamente aclamados como la solución obvia, pero luego cayeron en el olvido.
La razón es que esas llamadas no eran más que un grito de frustración. No constituían un plan, no contaban con el respaldo de recursos, estrategia ni organización.
Es una plataforma paralizante cuando necesitamos demostrar la amplitud y el peso nacional de la oposición. Millones de personas no quieren que sigamos por este camino. Deben movilizarse.
5. Gran Bretaña está en decadencia, y estas nuevas tradiciones de violencia racista son un síntoma.
Debemos reconocer que el Estado británico se está alejando cada vez más del centro del sistema mundial y se está adentrando en una periferia europea en desarrollo. Las grandes potencias están reorganizando el sistema mundial entre ellas, y el capitalismo británico se ve presionado y mal gestionado, con la consecuencia de que amplios sectores de la población sufren privaciones y humillaciones.
Esta situación volátil es el único escenario político a nuestro alcance. En última instancia, necesitamos hacer frente a las crecientes dificultades y la marginación que sufren millones de trabajadores. Sin ello, el racismo de los grupos extremistas organizados puede intimidar a la oposición y extenderse.
Fuente: Counterfire






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