Vijay Prashad (TRICONTINENTAL), 15 de Mayo de 2026
La miseria generalizada que impone el capitalismo exige que organicemos la esperanza mediante la lucha colectiva. Solo así podremos construir un futuro donde la dignidad humana supere al destructivo afán de lucro
En 2022, los aproximadamente 10.500 ciudadanos del Estado insular de Tuvalu, en el Pacífico, comenzaron a migrar no de un país a otro sino de sus islas físicas al mundo digital. Ante la posibilidad de que el cambio climático haga inhabitable su territorio de baja altitud en apenas unas décadas, Tuvalu se propuso convertirse en la “primera nación digital”, construyendo un registro tridimensional de su tierra, archivando su cultura y preparando sistemas digitales de identidad y gobernanza para poder seguir funcionando aunque su pueblo quede disperso por todo el mundo. La crisis climática está obligando al derecho internacional a enfrentar una pregunta terrible: ¿qué ocurre con un Estado cuando el aumento del nivel del mar se traga su territorio? En 2025, la Corte Internacional de Justicia, en el caso Obligations of States in Respect of Climate Change [Obligaciones de los Estados en materia de cambio climático], emitió un fallo que establecía que: “una vez que se ha constituido un Estado, la desaparición de uno de sus elementos constitutivos no implicaría necesariamente la pérdida de su condición de Estado”.
Si Tuvalu pierde sus 26 kilómetros cuadrados por el aumento del nivel del mar, no desaparecerá de la memoria de su pueblo ni dejará de ser un Estado. Pero un pueblo no puede vivir solo en un archivo digital. En 2024, Tuvalu y Australia acordaron el Falepili Mobility Pathway [Camino de Movilidad Falepili], que, entre otras cosas, permite que 280 ciudadanos de Tuvalu por año soliciten residencia permanente en Australia. La Organización de las Naciones Unidas no acepta el término “refugiados climáticos” en virtud de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, pero la grave situación de estas personas ha producido su propio desenlace. Quizás su isla no tenga futuro en nuestro planeta, pero su pueblo continuará buscando tierra firme en otros territorios y preservará su nación en el panorama digital.
¿Quién tiene derecho a un futuro? Lxs multimillonarixs, sin duda. En la actualidad hay más de 3.000 multimillonarios en el planeta y los 12 más ricos poseen una riqueza superior a la mitad más pobre de la humanidad: más de 4.000 millones de personas. Tomemos a Elon Musk como ejemplo. Su patrimonio neto de aproximadamente 840.000 millones de dólares significa que su riqueza es superior al Producto Interno Bruto (PIB) individual de aproximadamente el 83% de las naciones del mundo, incluida Argentina. El ingreso medio mensual en Argentina es de unos 420 dólares, mientras que el ingreso mensual de Musk es de aproximadamente 3.000 millones de dólares, 7 millones de veces más que el ingreso promedio de una persona en Argentina. Si se toma el dinero como índice de posibilidad, entonces el futuro de Musk parece casi ilimitado. Una persona promedio en Argentina, por el contrario, podría sentir que el futuro se le escapa de las manos.
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Antonio Seguí (Argentina). Sin título, 1965. Óleo / tela, 200 x 249 cm. Cortesía de la Casa de las Américas (Cuba).
En 1969, Roberto Goyeneche cantó el tango de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer “Chiquilín de Bachín”, que refleja la realidad de tantas niñas y niños argentinos de entonces y ahora:
Por las noches, cara sucia de angelito con bluyín
vende rosas en las mesas del boliche de Bachín.
Si la luna brilla sobre la parrilla
come luna y pan de hollín.
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Antonio Berni (Argentina). Juanito Laguna (tríptico), s.f. Madera pintada y collage metálico. 220 × 300 cm. Cortesía de la Casa de las Américas (Cuba).
El niño de la canción debe trabajar para ganarse la vida. El tango nos arrastra al pasado, pero está muy vivo en nuestra realidad presente. Hoy, más de la mitad de las niñas y niños argentinos viven en la pobreza. Los ataques del gobierno del presidente Javier Milei les han arrebatado el futuro. Están atrapados en el presente, luchando por sobrevivir como si estuvieran condenados a mil años de sufrimiento, sin poder escapar:
Cada aurora, en la basura
con un pan y un tallarín
se fabrica un barrilete para irse, ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño niño de mil años
que por dentro le enreda el piolín.
En nuestro dossier n° 100, El futuro (mayo de 2026), insistimos en que este presente impuesto es efímero. Es un texto inusual por varias razones, pero sobre todo porque es profundamente filosófico, y ofrece una explicación histórico-materialista del futuro como algo más que la siguiente página del calendario. El futuro, sostenemos en el dossier, no es una prolongación neutral del presente sino una ruptura con él hacia un horizonte socialista. El tiempo calendario, que trata el mañana como si solo pudiera ser una repetición del hoy y hace que el desastre parezca inevitable, no es suficiente. Lo que necesitamos es una concepción del tiempo que abra el futuro a la transformación y al desarrollo humano. El niño debe comer, estudiar, prosperar, y el pueblo de Tuvalu debe tener tierra firme bajo sus pies para continuar su travesía en el tiempo. Estos no son meros derechos sino necesidades humanas. Quedarnos de brazos cruzados mientras miles de millones de personas pasan hambre y siguen siendo analfabetas, aceptar que se les ha negado un futuro, no es aceptable para ninguno de nosotrxs.
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Julio Le Parc (Argentina), Modulación 455, 1981. Acrílico / tela, 200 x 200 cm. Cortesía de la Casa de las Américas (Cuba).
En un mundo saturado por la guerra, la deuda, la catástrofe climática y la desesperación social, incluso la capacidad de imaginar un futuro más allá del capitalismo ha sido sistemáticamente socavada. El realismo capitalista nos ha entrenado para creer que el orden actual es eterno, que la explotación y las jerarquías son hechos permanentes de la vida humana en lugar de estructuras históricas producidas por el poder de clase. Sin embargo, la historia nos enseña algo diferente. Todo orden social parece permanente hasta un momento de ruptura. El feudalismo alguna vez se imaginó eterno y los imperios coloniales creían que su dominio duraría para siempre. El capitalismo también pasará. Por lo tanto, el futuro no es un regalo entregado por el calendario. Es un terreno de lucha. Nuestro dossier plantea la pregunta: ¿existe un futuro? Respondemos: Por supuesto que sí. Estamos luchando para construirlo y lo estamos construyendo ahora.
En el dossier El futuro sostenemos que la ruptura es necesaria porque el capitalismo ha alcanzado una etapa en la que sus capacidades productivas son inmensas, mientras sus resultados sociales son catastróficos. El mundo actual posee los recursos, la tecnología, la fuerza de trabajo y el conocimiento científico para erradicar el hambre, el analfabetismo y las enfermedades prevenibles. Sin embargo, miles de millones de personas siguen atrapadas en la pobreza mientras el capital financiero acumula una riqueza sin precedentes. La contradicción no es técnica sino política. El capitalismo desarrolla las fuerzas productivas y simultáneamente sabotea su potencial emancipatorio.
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José Venturelli (Chile), Serigrafía, 1970, edición 15/90. 260 x 430 mm. Cortesía de la Casa de las Américas (Cuba).
En nuestro dossier se identifica a los “enemigos del futuro” que llevan a cabo este sabotaje: el capital financiero, que disciplina a las sociedades mediante la deuda y el ajuste estructural; el capital de plataformas, que atomiza la vida social y reorganiza el trabajo en una precariedad existencial; el extractivismo, que destruye las bases ecológicas de la vida en función de la ganancia; y el militarismo, que convierte cada crisis en una justificación para la guerra, la vigilancia y la represión. Estas fuerzas buscan colonizar el futuro antes de que llegue, asegurando que el mañana permanezca subordinado a las necesidades de la acumulación en lugar de a la dignidad humana.
Sin embargo, el futuro persiste porque los seres humanos seguimos resistiendo. En todo el Sur Global, campesinxs, trabajadorxs, mujeres y disidencias sexuales, migrantes y desempleadxs luchan diariamente contra un sistema que les niega la dignidad. Estas luchas son a menudo fragmentadas, desiguales y vulnerables a la cooptación, pero revelan una verdad duradera: las personas oprimidas no aceptan la miseria como destino.
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Alfredo Plank, Ignacio Colombres, Carlos Sessano, Juan Manuel Sánchez y Nani Capurro (Argentina), Che (serie colectiva), 1968. Óleo /tela, 195 x 150 cm cada uno. Cortesía de la Casa de las Américas (Cuba).
En nuestra tradición, la esperanza no surge del optimismo abstracto sino de la lucha organizada. Sin embargo, para convertirse en fuerza histórica, se requiere organización, disciplina e internacionalismo. Los levantamientos espontáneos pueden derrocar gobiernos, pero solo las fuerzas organizadas pueden construir alternativas duraderas. Las grandes revoluciones del siglo XX no fueron accidentes de la historia. Fueron el producto de un trabajo político paciente llevado a cabo durante décadas. Hablar del futuro hoy no es, por tanto, un ejercicio de fantasía utópica. Es una afirmación de que el orden actual es intolerable y efímero. El futuro no llegará por sí solo. Hay que construirlo de forma colectiva, consciente e internacional. En esa lucha reside el verdadero significado de la esperanza.
PD: Las obras de arte del dossier El futuro, de las que se incluye una selección en este boletín, proceden de la inmensa colección Arte de Nuestra América Haydée Santamaría de la Casa de las Américas en La Habana, Cuba. La colección constituye un archivo excepcional de arte principalmente latinoamericano y caribeño, construido a través de décadas de internacionalismo cultural antiimperialista de la Casa.
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