Público, 15 de Mayo de 2026

El pueblo mexicano no solicitó el bochorno. No cursó ninguna petición internacional para que les fuera remitido. No. El bochorno fue a verles. Se presentó allí y les dijo: hola, qué tal, soy Isabel «Natividad» Díaz Ayuso y he venido a ofrecerles un poquito de bochorno, he pensado que lo podrían ustedes necesitar.
Así fue, poco más o menos, la visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid a México, donde tuvo a bien evidenciar –a un nivel internacional, España se le ha quedado pequeña– su incapacidad para el sentido común y para articular un discurso que no incurra en la vergüenza ajena.
Tanto es así que las autoridades mexicanas han tenido a bien decirle –con diplomacia y pundonor– que ya estaría. Si bien ella, ajena a cualquier llamada al decoro, ha optado por hacerse la víctima después de insultar a todo un país, reivindicando la memoria sangrienta de Hernán Cortés.
Por disparatado que parezca, la líder madrileña lamentaba el «clima de boicot» provocado por «el Gobierno de ultraizquierda mexicano» de la presidenta Claudia Sheinbaum, todo ello después de pasearse por diferentes tribunas del país ensalzando la sangría de Cortés durante la conquista.
El caso es que el relato victimista de Ayuso se cae por su propio peso. El Gobierno mexicano, tanto en declaraciones como en comunicados, ha salido al paso para negar que se haya boicoteado a Ayuso, extremo que la presidenta madrileña y su entorno no han querido entrar a valorar ocupados como estaban en hacerse la víctima.
El relato del agravio que se ha tratado de imponer ha sido secundado por sus palmeros, que han querido mostrar frente a la embajada de México en Madrid su malestar con una concentración este domingo a la que han asistido la friolera de… ¡nueve personas!.
Ayuso ya está de vuelta. Después de compartir con los mexicanos sus opiniones no solicitadas, ha regresado a Madrid dispuesta a seguir incurriendo en el bochorno como solo ella sabe hacerlo.
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