Gaceta Crítica

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Turismo y Cultura. Por el Sedano de Miguel Delibes en bici: Entre el Ebro, el románico y la literatura.

Juan Navarro (El País), 15 de Mayo de 2026

Una ruta ciclista por el norte de Burgos permite disfrutar de los paisajes donde el novelista se inspiró para escribir parte de sus obras. En ellos abundan las iglesias románicas, los cañones en torno a múltiples ríos y coquetos pueblos

Un ciclista descansa en los alrededores de Orbaneja del Castillo, en el Valle de Sedano (Burgos).Casavella ( Alamy / CORDON PRESS )

La cabaña de madera resiste unos metros por encima de la carretera, elevada sobre ese espacio verde donde un señor con boina lee eternamente un libro. El homenajeado en la escultura, el novelista Miguel Delibes, vivió en una casona contigua y reflexionó y escribió en esa cabaña más arriba, casi oculta entre los pinos, donde solo sus parientes y las mejores amistades podían entrar. La estatua inmortaliza a un autor que hizo lo propio con Sedano y sus alrededores en la literatura, con páginas que recogían vivencias, paisajes y personajes de esta bellísima zona del norte de Burgos, donde corretea un incipiente río Ebro que va nutriéndose de pequeños afluentes que zascandilean por la comarca y reptan por desfiladeros abruptos. La orografía caprichosa regala rutas esforzadas para el ciclista aficionado que, como el propio Delibes y su apego por las dos ruedas, decide pedalear por estas estrechas carreteras y pedregosos senderos para llegar al rico románico desperdigado por pueblitos apacibles y coquetos. La mente se evade hacia las novelas de Delibes y sus escenas mientras disfruta de un entorno natural privilegiado.

Lo primero, un campamento base. En la zona hay muchas casas rurales o albergues, pero la recomendación de este viajero y ciclista aficionado es el Complejo Residencial Miguel Delibes, en la propia localidad de Sedano. Va por gustos: hay un albergue con habitaciones cómodas, con baño propio y una o dos camas, más espacios comunes, o varias casas individuales para grupos amplios. Sea donde sea, la atención es amable, están todos los servicios completos, al lado hay un centro de interpretación del Valle de Sedano, que abre en verano, y se contempla la iglesia de Santa María de Sedano, de bella portada del siglo XVII y elegantemente iluminada por la noche. Junto al centro de interpretación hay un bienvenido bar, activo todo el año. El propio Sedano tiene mucho que ver en sus distintos barrios: la cascada de Lagos, en el barrio homónimo junto a un viejo molino, otras caídas de agua por el pueblo, la estatua de Delibes junto a su casa, la iglesia en lo alto y el agradable paseo de recorrerlo con calma y observar sus antiguas heráldicas.

El centro de interpretación del Valle de Sedano y, al fondo, la iglesia de Santa María de Sedano.JUAN CARLOS MUNOZ ( Alamy / CORDON PRESS )

Una vez disfrutado del municipio hay que pensar rutas. El escaso tráfico de la zona, especialmente fuera del verano, permite que el ciclista pueda pedalear tranquilamente por el asfalto en dirección a localidades como Moradillo de Sedano, en ligero pero aceptable desnivel, en cuya loma principal se alza la iglesia de San Esteban Protomártir, con un espectacular pórtico donde gobierna un pulcro Pantocrátor rodeado de espléndida imaginería. Allí mismo hay un cartel para coordinarse con un vecino que le abra el templo y pueda uno recrearse con calma.

La iglesia de San Esteban Protomártir, en Moradillo de Sedano.Xavier Fores – Joana Roncero ( Alamy / CORDON PRESS )

Las piernas empezarán a notar la subida en dirección a Quintanaloma, en lo alto de un buen relieve acumulado pero agradecido luego al bajarlo a toda mecha. Allí se encuentra la iglesia de San Andrés, también digna de otear. Los amigos de la bicicleta de montaña que gusten de meterse en el barro y surcar pistas y caminos pueden —¡y deben!— escaparse campo través con el cuidado de no despistarse y caer en dólmenes milenarios, que también abundan en este entorno: el de las Arnillas, el de Ciella y el de Fuente Pecina, este último pasando Mozuelos de Sedano, también cuco y también de exigida constancia para llegar arriba del todo de la carretera.

Sedano vuelve a erigirse como núcleo de comunicaciones para elegir otro destino. La calzada tira hacia Covanera, pero puede uno desviarse a la derecha y, más desnivel mediante, lanzarse hacia Nocedo y un poco antes meterse por una pista de tierra en dirección a Cortiguera, la Cureña del señor Cayo que inmortalizó Delibes en El disputado voto del señor Cayo (1978). Elegir este recorrido ofrece unas vistas espectaculares del cañón del río Ebro, sinuoso cauce azul entre el verdor de bosques mórbidos, así como desafíos para el ciclista poco avezado y menos dado a pelear entre piedras, grietas y senderos tormentosos pero señalizados. También se puede hacer a pie; el destino será igualmente Cortiguera, con su iglesia en ruinas, sus apacibles casas y sus amables familias residentes —buen destino Tálamo, una casa rural y centro de aprendizaje o ejecución de shiatsu para quien necesite relajarse—. Después, por fin carretera hasta Pesquera de Ebro, también de parada obligada por sus miradores, la infinidad de escudos históricos, el atractivo del propio núcleo y el correr del río a su vera. Hay restaurantes y alojamientos para comer bien, preferiblemente después de la ruta.

Vista del pueblo de Escalada, en el Valle de Sedano.M Ramirez ( Alamy / CORDON PRESS )

Esa ruta desemboca por fin en la nacional N-623, con otra potente bajada con curvas que dan miedo al miedo, pero todo es tener prudencia. Hay pocos coches en esta carretera que conecta Cantabria con Burgos, pero mejor, insisto, la mesura. Menos motores si cabe había cuando el enamorado Delibes, que suspiraba en Molledo (Cantabria), tiraba de bici para rodar hasta Sedano y ver a su querida Ángeles de Castro, que allí veraneaba, como recoge en Mi querida bicicleta (1988): “Los ahorros míos, si daban para pagar el viaje, no daban para pagar el alojamiento en Sedano; una de dos. ¿Qué hacer? Así pensé en la bicicleta como transporte adecuado, que no ocasionaba otro gasto que el de mis músculos. De modo que le puse a mi novia un telegrama que decía: —Llegaré miércoles tarde en bicicleta búscame alojamiento te quiere Miguel”.

El asfalto conduce dirección norte hacia la simpar Orbaneja del Castillo, quizá el punto más turístico de la zona, con sus notables cascadas en los meses húmedos y su ubicación privilegiada entre acantilados y más bajantes de agua. En este lugar es recomendable reservar para comer si se viaja en grupo. El camino hacia el sur de la N-623 remite hacia Escalada y Quintanilla-Escalada, también merecedoras de, por lo menos, un paseo y con la misma esencia: agua, paz y enormes acantilados con buitres acechando al ciclista patoso. Próxima parada, Valdelateja: merece la pena descender por la carretilla para disfrutar de este enclave entre desfiladeros, casas de colores uniformes, más agua correteando y una ermita de las santas Centola y Elena, de tiempos tardovisigodos, un poco más complejas de acceder en velocípedo.

Orbaneja del Castillo es, quizá, el punto más turístico de la zona.Monica Vila Ferreiros ( GETTY IMAGES )

Nuevamente a la N-623, ya sea por arriba o sufriendo por las pistas de abajo junto a un viejo y abandonado balneario, y rumbo a San Felices. De San Pedro a San Felices, todos querían ser felices, canta La Maravillosa Orquesta del Alcohol, esos muchachos burgaleses conocidos como La M.O.D.A. que tanto le cantan a su provincia y sus tradiciones musicales. Allí hay una conocida piscifactoría de truchas que, escabechadas, aportan la felicidad prometida por la canción. Mis amigas las truchas escribió Delibes, pescador, cazador, deportista y paseante en estos lares, cuya figura se evoca al moverse sobre dos piernas o sobre dos ruedas en este territorio cuya presencia se sigue palpando y donde aún se refieren al autor como “Don Miguel”. Cerca, Poza de la Sal, pueblo del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, amigo del escritor, y reconocido en la red Los Pueblos Más Bonitos de España.

El pueblo de Valdelateja está en pleno parque natural de las Hoces del Alto Ebro y Rudrón.Xavier Fores – Joana Roncero ( Alamy / CORDON PRESS )

Última parada, o no, Covanera. Allí se encuentra el mítico Pozo Azul, una cavidad subterránea de decenas de kilómetros de profundidad con inusitados recovecos con pasado luctuoso a costa de investigadores que no consiguieron volver a la superficie. El agua, helada, recibe ocasionales y valientes chapuzones en verano y frecuentes visitas todos los meses para sentarse a observar sus tonos azules, grises o verdosos, incluso congelados en invierno con carámbanos o placas de hielo que hacen poco recomendable encaramarse a la cornisa superior. De allí parten varias rutas hacia Sedano, ya sea por la pequeña BU-514 o por cómodos senderos de aproximadamente una hora a pie y bastante menos en bicicleta para quien siga con ganas.

El pozo azul, junto a la localidad de Covanera.Xavier Fores – Joana Roncero ( Alamy / CORDON PRESS )

Estos pueblos y paisajes naturales del norte de Burgos permiten una visita fugaz de un día, seleccionando bien los destinos, o preferiblemente dedicar varias fechas a instalarse por allí y dejarse llevar por la amplitud de posibilidades que regalan Sedano y sus alrededores. Con suerte, incluso, un poco de inspiración gracias al cicloturismo literario.

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