Gaceta Crítica

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El manifiesto explícito del fascismo digital

Palantir y la alianza del capital monopolista con la extrema derecha.

Rezgar Akarawi (SAVAGE MINDS), 22 de Abril de 2026

Personas portan pancartas mientras marchan y protestan frente a las oficinas de Palantir en la ciudad de Nueva York, EE. UU., el 23 de agosto de 2025. Crédito de la foto: Eduardo Muñoz

El manifiesto publicado por Palantir Technologies no es ni un documento técnico ni una visión económica. Es un documento político explícito que anuncia una nueva fase en la trayectoria del capitalismo digital, una fase en la que este ha abandonado su pretensión de neutralidad y ha decidido desenmascararse, revelando su verdadera naturaleza ideológica. Palantir no es un caso aislado en el panorama tecnológico global.

Es una de las varias grandes empresas tecnológicas que venden sus tecnologías a sistemas de represión y violaciones de los derechos humanos, y ha sido condenada por organizaciones internacionales de derechos humanos, incluidas Amnistía Internacional y Human Rights Watch, por su papel en facilitar las deportaciones forzadas, la vigilancia masiva y la persecución de disidentes.

Lo más grave de todo es que informes documentados han revelado una alianza directa entre esta empresa, junto con otras compañías tecnológicas occidentales como Google, Amazon y Microsoft, y el ejército israelí, proporcionando datos y sistemas de puntería utilizados en operaciones militares en Gaza, lo que la convierte en cómplice de crímenes de guerra documentados contra civiles palestinos. En este sentido, no se diferencia sustancialmente de otras grandes empresas capitalistas digitales que practican lo mismo de distintas formas y con diversos grados de transparencia.

Se trata de una declaración de principios que apunta a un proyecto de alianza fascista digital que no se basa únicamente en la violencia tradicional, sino también en la vigilancia y represión digital, el análisis de datos, la inteligencia artificial, la manipulación de la opinión pública y la supresión de la disidencia mediante métodos imperceptibles pero de gran impacto. Una alianza cuyos crímenes no se limitan a las élites ni a las oficinas corporativas, sino que se extienden a los campos de batalla y a la vida de civiles, y que hoy se manifiesta con mayor claridad en el trumpismo, sus alianzas, sus crímenes y sus guerras de agresión.

De Silicon Valley a la Casa Blanca: La Alianza Orgánica

Para comprender el manifiesto de Palantir fuera de su contexto aislado, debemos evocar la imagen de la alianza que se ha formado en los últimos años entre un sector de la élite tecnológica y el proyecto de la extrema derecha nacionalista. Peter Thiel, cofundador de Palantir y el principal financiador de la carrera política de Trump, no es simplemente un empresario que apoya a un candidato político.

Él es la mente ideológica que dota a este proyecto de su lógica política; alguien que ve la democracia liberal representativa existente como un obstáculo para el proyecto de la élite tecnocrática y que ha declarado abiertamente que el capitalismo y la democracia liberal tradicional son incompatibles. Esta alianza no es casual ni un mero encuentro. Es una convergencia objetiva entre dos proyectos que comparten un único objetivo: concentrar el poder en manos de una oligarquía financiera y política que cree poseer un «derecho natural» a gobernar sus propias sociedades y las de los demás.

Esta alianza encuentra hoy su expresión institucional en lo que se conoce como el movimiento de aceleración tecnológica, que incluye a Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg y otros, quienes han comenzado a actuar de forma coordinada con la segunda administración Trump. Lo que los une no es una completa alineación ideológica, sino su posición de clase y un interés común: la eliminación de cualquier restricción regulatoria o democrática que limite su capacidad de acumulación, dominación y expansión del control.

El Manifiesto de 22 Puntos: Una Lectura de su Contenido de Clase

Palantir publicó lo que describió como un resumen del libro de su director ejecutivo, Alexander Karp, «La República Tecnológica», en medio de una amplia repercusión mundial y una creciente indignación política que superó los millones de visualizaciones en cuestión de días. Pero la indignación no debe limitarse a una reacción emocional, porque el manifiesto es, en esencia, una hoja de ruta de clase que merece una lectura precisa desde una perspectiva de izquierda, una que vaya más allá de la mera indignación.

El manifiesto contiene 22 puntos, elaborados con una precisión arquitectónica deliberada, no al azar. Algunos puntos parecen moderados o humanitarios en apariencia, como los llamamientos a la tolerancia hacia los políticos en su vida privada o la oposición a la alegría por la derrota de un oponente.

Estos puntos no son ni inocentes ni fortuitos. Son la fachada calculada para convencer al lector reticente y dotar al manifiesto de una imagen «equilibrada» antes de que revele su verdadera naturaleza. Esto es lo que los estudios ideológicos denominan la estructura del consentimiento fabricado: se nos ofrece una dosis de lenguaje que suena razonable para ayudarnos a digerir la dosis tóxica que la acompaña. Lo que parece lógico en el manifiesto no es, por tanto, prueba de su equilibrio, sino prueba adicional de su astucia.

Todos estos puntos se utilizan como pretexto para impulsar una agenda ideológica integral que vincula todas estas preocupaciones a un proyecto de militarización, dominación y jerarquía civilizatoria. Por lo tanto, me centraré en los puntos más reveladores del verdadero contenido de clase e ideológico de este proyecto, al tiempo que abordaré los demás conceptos presentes en el texto.

El primer punto afirma que «la élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación moral de participar en la defensa de la nación». Este planteamiento moral no es inocente. Cuando la contratación militar y de seguridad se presenta como un «deber moral», la presión social se convierte en un mecanismo para obligar a ingenieros y programadores a servir a la maquinaria de guerra y represión, y toda voz disidente dentro de las empresas tecnológicas es silenciada en nombre del «patriotismo». Esto representa la conversión de la conciencia individual en una mercancía al servicio del Estado militar y de seguridad y sus instituciones represivas y de vigilancia.

El segundo punto aboga por la «rebelión contra la tiranía de las aplicaciones», es decir, el rechazo a la tecnología de consumo en favor de sistemas militares y de seguridad más avanzados. Esto no es una crítica al capitalismo de consumo, como podría parecer. Es un llamado a reorientar la capacidad tecnológica hacia la maquinaria bélica y de vigilancia, en lugar de hacia el mercado del entretenimiento.

Point Five declara que “la cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá”. Esta lógica determinista y cerrada pretende eliminar cualquier debate sobre el rechazo a la militarización tecnológica desde sus raíces. Cuando la elección se plantea como “nosotros o el enemigo”, se borra la posibilidad de decir “no a las armas por completo”. Es la misma lógica que utilizaron los gobiernos de la Guerra Fría para silenciar los movimientos pacifistas y restringir a las organizaciones de izquierda, y aquí reaparece bajo un disfraz digital.

El punto seis exige que el servicio militar obligatorio sea un deber universal, abogando por reconsiderar el ejército de voluntarios y, en su lugar, por el servicio militar obligatorio. Esta exigencia revela la naturaleza fascista clásica del manifiesto: cuando el Estado no logra generar la voluntad de participar en sus guerras, recurre a la coerción institucional y la denomina «responsabilidad compartida». Lo más revelador es que la empresa que exige que los jóvenes ofrezcan sus vidas en defensa de «Occidente» obtiene simultáneamente miles de millones de dólares de los contratos de guerra en los que mueren esos jóvenes. Deber para todos, ganancias para unos pocos.

Point Seventeen afirma que “Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta”. Esta propuesta parece pragmática en apariencia, pero en esencia supone una ampliación de los poderes de las empresas de seguridad privada para eludir la intervención del Estado y transformarse en una fuerza independiente de control social, que opera bajo la lógica del lucro en lugar de la lógica de la ley, un poder judicial independiente y la rendición de cuentas democrática.

El punto veinte exige «resistencia a la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas». Este punto no surge de una defensa genuina de la libertad de creencias, sino que se trata de un uso oportunista del discurso religioso para forjar una alianza ideológica con corrientes conservadoras y religiosas, las más susceptibles a la movilización en torno a proyectos bélicos. La historia nos enseña que todo proyecto fascista necesitó una alianza con instituciones religiosas para dotar a la violencia de un carácter sagrado, y esto es precisamente lo que busca este punto bajo el pretexto de la «libertad de culto».

El punto veintiuno es el más revelador de la profunda dimensión ideológica, al afirmar que «algunas culturas han producido avances vitales, mientras que otras siguen siendo disfuncionales y regresivas». Esta frase no es una simple opinión cultural. Es el fundamento teórico del racismo colonial civilizacional que justifica la dominación, la ocupación y el asesinato de pueblos bajo el pretexto de una «gestión racional de la civilización».

Esta lógica no difiere fundamentalmente de la «carga del hombre blanco» que justificó el colonialismo en siglos anteriores, y se reproduce hoy en día en el lenguaje de los algoritmos y el big data. Lo que la hace más peligrosa que su predecesora es que no requiere fuerzas coloniales visibles. Basta con una base de datos y un algoritmo de segmentación.

El trumpismo como sistema, no como persona.

El error común es reducir el trumpismo a la figura de Donald Trump. El trumpismo es un proyecto de clase integral que combina el capital financiero nacional con el nacionalismo chovinista y la hostilidad hacia los inmigrantes y las minorías. En esencia, es una expresión de la crisis del capitalismo cuando este ya no puede reproducir la ilusión liberal para su público, por lo que recurre a un discurso nacionalista agresivo para desviar la atención de las verdaderas contradicciones de clase. El manifiesto de Palantir vincula el capital monopolista digital a este proyecto y le proporciona las herramientas tecnológicas necesarias para transformarlo de un discurso político electoral en un sistema de control real.

La cooperación documentada entre Palantir y las autoridades de inmigración y los organismos de seguridad en el seguimiento y la deportación de migrantes constituye un ejemplo práctico de esta alianza. En este caso, la tecnología no se utiliza para garantizar la «seguridad» en un sentido neutral, sino para implementar políticas represivas y racistas con gran eficacia operativa. La herramienta digital agiliza la represión, la hace más precisa y reduce la necesidad de justificación pública.

El feudalismo digital y su fase fascista.

Como ya he argumentado en mis análisis del capitalismo digital, vivimos en la fase avanzada del feudalismo digital, en la que las grandes corporaciones monopolizan la infraestructura digital e imponen sus condiciones a los usuarios, del mismo modo que los señores feudales monopolizaban la tierra y controlaban a los campesinos. El manifiesto de Palantir revela que este feudalismo digital está entrando en su fase fascista, aquella en la que el capital ya no se conforma con la explotación económica silenciosa, sino que avanza hacia la movilización y el control político e ideológico explícitos para proteger su sistema de cualquier amenaza.

Bajo el capitalismo digital, ya no son solo los trabajadores manuales e intelectuales tradicionales las víctimas de la explotación. Cada usuario produce diariamente datos que se convierten en materia prima para la producción de plusvalía sin compensación alguna.

Los siervos digitales trabajan dentro de sistemas que no les pertenecen y están sujetos a reglas sobre las que no tienen ninguna influencia real. Lo que el manifiesto añade a este panorama es la militarización: estos mismos sistemas explotadores ahora se utilizan para moldear la mente humana, librar guerras, reprimir la disidencia, forzar deportaciones y gestionar sistemas de control de seguridad.

Algoritmos de la muerte

El manifiesto no puede interpretarse al margen de la realidad de las guerras contemporáneas. Informes documentados revelan que Palantir ha establecido alianzas estratégicas con ejércitos e instituciones de seguridad para crear bases de datos de objetivos que se utilizan en operaciones militares. Esto no es una posibilidad teórica, sino una práctica diaria documentada: algoritmos que transforman vidas humanas en datos, y estos datos en objetivos militares.

En Palestina, informes periodísticos y de investigación han documentado el uso de sistemas de inteligencia artificial para elaborar listas de objetivos que derivaron en masacres contra civiles en Gaza. En Venezuela, Irán y otros países que Washington clasifica como «amenazas», se utilizan sistemas de vigilancia y recopilación de datos para apoyar el militarismo, la agresión y las guerras que violan el derecho internacional.

Lo que la empresa denomina un «sistema de puntería inteligente» es, en la práctica, una máquina para gestionar asesinatos con eficiencia industrial. Matar ya no requiere una decisión humana responsable. Requiere un algoritmo, datos suficientes y la aprobación de un aparato que no está sujeto a ninguna rendición de cuentas democrática. Esta es la aplicación práctica de lo que el manifiesto llama «capacidad de toma de decisiones en tiempo real», donde las decisiones de matar se toman instantáneamente dentro de sistemas técnicos cerrados.

Lo más importante en este contexto es que el uso de estos sistemas no puede separarse del discurso que justifica clasificar a comunidades enteras como atrasadas o amenazantes. El delito no comienza con la bomba, sino con la clasificación. Cuando comunidades enteras se definen como una amenaza, el asesinato y los ataques contra civiles se convierten en «gestión de la seguridad» en lugar de un delito cuyos autores deben rendir cuentas.

La ilusión de neutralidad tecnológica, la autovigilancia y la represión digital como herramientas de control.

El peligro del modelo que Palantir está construyendo no reside únicamente en sus aplicaciones militares directas. Aún más peligroso es lo que podría describirse como la «sociedad de la vigilancia», donde el control se vuelve interno en lugar de externo. Cuando un individuo sabe que está siendo vigilado en todo momento y siente que cada interacción digital se registra y analiza, comienza a autoimponerse vigilancia.

Modifican su discurso, evitan temas delicados y se distancian de ideas disidentes radicales. Esta autovigilancia voluntaria restringe y debilita desde dentro a los movimientos de izquierda y progresistas, así como a las organizaciones laborales, sin necesidad de detenciones ni restricciones directas.

El manifiesto aboga por una “comprensión profunda del comportamiento humano” como condición para la seguridad es, en realidad, un llamado a construir un sistema integral para desarticular la acción política colectiva antes de que surja. Predecir el comportamiento de las protestas y desmantelarlas antes de que se conviertan en un movimiento organizado es el sueño que los servicios de seguridad han perseguido durante mucho tiempo, y la tecnología de Palantir se acerca cada vez más a hacerlo realidad.

Entre los mecanismos ideológicos más destacados del manifiesto se encuentra su dependencia de una lógica determinista cerrada. «No habrá neutralidad tecnológica», «la cuestión no es si se construirán armas de IA», «las democracias no pueden basarse únicamente en el discurso moral». Este enfoque pretende convertir las opciones políticas en hechos naturales ineludibles y eliminar cualquier cuestionamiento de la naturaleza del sistema existente del ámbito del debate legítimo. Es el mismo enfoque que emplearon los neoliberales cuando declararon en la década de 1990 que «el capitalismo es el fin de la historia». Ahora, esa misma lógica reaparece en una formulación de seguridad: no hay otra opción que la militarización digital.

Este determinismo no es una descripción neutral de la realidad. Es una táctica para vaciar la política de su contenido. Cuando uno está convencido de que no hay alternativa, deja de buscarla. Y ese es el objetivo principal de este lenguaje.

La alternativa de izquierda: la cuestión de la propiedad y el control colectivo.

El manifiesto de Palantir no es simplemente un documento de una empresa tecnológica que expone sus posturas. Es una clara señal de alarma que las fuerzas progresistas deben escuchar con atención: la batalla por el futuro de la tecnología ya no se libra en la sombra. Ha salido a la luz, manifestándose sin tapujos. Quienes tarden en comprender este cambio retrasan su entrada en el escenario más decisivo de la lucha de este siglo.

La cuestión fundamental no es cómo se utiliza la tecnología, sino quién la posee y quién determina sus objetivos. La tecnología no se convertirá en una herramienta de liberación mientras permanezca en manos de monopolios digitales aliados con proyectos de la derecha, la guerra y la represión. Cualquier debate serio debe partir de la necesidad de la propiedad colectiva de la infraestructura digital y de someter los algoritmos y la inteligencia artificial a una supervisión democrática genuina que represente los intereses de las masas trabajadoras, en lugar de los de las élites monopolísticas.

Esto exige que las fuerzas de izquierda, progresistas y de derechos humanos se involucren con seriedad en el ámbito de la tecnología como un campo importante de la lucha de clases. Si bien la crítica intelectual es importante, no basta sin la construcción de alternativas tecnológicas reales mediante la coordinación y el trabajo conjunto a través de plataformas digitales internacionales: plataformas sociales libres de monopolios, restricciones y represión; herramientas de búsqueda que respeten la privacidad de todos los usuarios; sistemas de inteligencia artificial gestionados de manera democrática y transparente; y otras aplicaciones digitales. No se trata de proyectos recreativos para el futuro, sino de una necesidad estratégica urgente para cualquier proyecto de liberación serio.

Adición necesaria: El desarme tecnológico como requisito previo.

Crear alternativas por sí solo no basta si no se combina con una campaña organizada para despojar a estos monopolios de sus armas tecnológicas. Cabe señalar que Palantir no es un caso excepcional ni una anomalía en el panorama tecnológico. Es la expresión más explícita y audaz de lo que muchas otras empresas practican con mayor discreción y un discurso más sutil. Lo que la convierte en un punto central de este análisis es que reveló lo que otros suelen ocultar, no que difiera de ellos en esencia. El sistema es el mismo; la única excepción es el grado de franqueza.

Así como los movimientos obreros históricos lucharon para desarmar al capital en las fábricas y las granjas, hoy es necesaria una lucha equivalente para arrebatar los algoritmos letales, los sistemas de puntería y la vigilancia masiva de las garras de estas empresas en su conjunto.

Esta lucha adopta múltiples formas: boicotear sus servicios, denunciar sus contratos secretos con gobiernos, procesar a sus ejecutivos ante tribunales internacionales por complicidad en crímenes de guerra y presionar a las instituciones públicas para que rompan sus vínculos con estas empresas. Cada contrato gubernamental con este sistema constituye una financiación directa de la maquinaria de exterminio y deportación. Detener este flujo financiero es el primer paso en la lucha.

Este camino no puede completarse sin trabajar simultáneamente a nivel legislativo nacional e internacional. A nivel nacional, es necesario ejercer presión para promulgar leyes estrictas que exijan a las empresas de tecnología de seguridad mantener una transparencia total en sus contratos con los gobiernos, tipificar como delito el uso de sistemas de inteligencia artificial para la selección de objetivos militares sin supervisión judicial independiente y obligar a estas empresas a someterse a los mismos estándares de rendición de cuentas que las instituciones públicas.

A nivel internacional, es necesario trabajar para someter a estas empresas a las convenciones internacionales de derechos humanos, en particular a los Convenios de Ginebra que prohíben el ataque indiscriminado contra civiles, la Carta de las Naciones Unidas sobre la protección de datos personales y los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos. No se puede permitir que una empresa que crea bases de datos de objetivos en zonas de guerra opere al margen de este marco legal, y si lo hace, los gobiernos que contratan con ella comparten la responsabilidad penal. Esta no es una exigencia reformista utópica, sino el mínimo que exige la humanidad del derecho frente a la inhumanidad del algoritmo.

Segunda adición: Desenmascarando el silencio obrero que subyace en el manifiesto.

Lo que llama la atención del manifiesto de Palantir, y de hecho resulta profundamente sospechoso, es que no menciona ni una sola palabra sobre los trabajadores, los sindicatos, el derecho a la organización ni la huelga. En un documento que habla de la «élite de la ingeniería», el «deber moral» y las «culturas retrógradas», no hay lugar para los trabajadores manuales e intelectuales que construyen estos algoritmos, los operan y viven bajo el mismo peso de la vigilancia.

Este silencio no es casual. Es una admisión implícita de que el proyecto tecnológico fascista no puede afrontar la cuestión obrera, porque solo los trabajadores, si se organizan, son capaces de detener por completo las líneas de producción de la muerte. Una huelga general en Silicon Valley, o incluso en las propias oficinas de Palantir, es la peor pesadilla de este proyecto. Apoyar a los sindicatos de trabajadores tecnológicos y vincular su lucha a una lucha global es, por lo tanto, un acto de resistencia de primer orden.

Esta lucha tecnológica es inseparable de la lucha popular sobre el terreno. La tecnología es una herramienta de apoyo para la lucha, no un sustituto. El verdadero poder reside en la organización política, obrera y popular, en los movimientos sociales, en la solidaridad internacional entre las masas trabajadoras de este sistema, ya sea en guerras, en las fronteras o en los barrios obreros vigilados por algoritmos que no requieren el permiso de nadie.

Conclusión: El fascismo digital por su verdadero nombre.

El manifiesto de Palantir revela claramente que nos enfrentamos a una nueva forma de fascismo, no solo en el sentido histórico estricto, sino en su esencia: la alianza del capital monopolista con un poder político nacional agresivo y el uso de la violencia, la represión y la jerarquía civilizatoria para proteger esta alianza de cualquier amenaza popular. La única diferencia radica en que las herramientas de este fascismo hoy en día son los algoritmos, el big data y la inteligencia artificial, lo que lo hace más hermético y más difícil de resistir que sus predecesores.

Cuando Alexander Karp termina de escribir su manifiesto filosófico en su elegante despacho, los algoritmos que su empresa ha creado continúan su labor de identificar objetivos, rastrear migrantes en las fronteras, crear bases de datos de disidentes en todo el mundo y respaldar la maquinaria del militarismo y la represión a nivel global. Filosofía y crimen son dos caras de la misma moneda.

La lucha por la justicia social y la liberación hoy en día pasa inevitable y sustancialmente por la lucha por liberar la tecnología de esta agresiva alianza de clases. No se trata de una cuestión técnica ni de una cuestión ética abstracta. Es una cuestión política en toda regla, y forma parte de una lucha histórica por el control del futuro y la conciencia humana: la minoría monopolista aliada con proyectos de asesinato y represión, o las masas trabajadoras que deben imponer su autoridad sobre las herramientas que dan forma a sus vidas y a su destino.





Fuentes y referencias
Primero: Fuente primaria: El Manifiesto Palantir
  1. Palantir Technologies: La República Tecnológica, en resumen (Publicación oficial X, abril de 2026)

Avatar X para @PalantirTech

Palantir@ PalantirTechPorque nos lo preguntan mucho. La República Tecnológica, en resumen. 1. Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación. 2. Debemos rebelarnos.

20:45 · 18 de abril de 2026 · 33,8 millones de visualizaciones


8,12 millones de respuestas · 6,6 millones de republicaciones · 32,1 millones de me gusta

  1. Karp, Alexander C. y Zamiska, Nicholas W.—La República Tecnológica: Poder Duro, Creencias Blando y el Futuro de Occidente. Crown Currency, Nueva York, 2025.
https://techrepublicbook.com/
Segundo: Informes y análisis periodísticos sobre el manifiesto.
  1. Al Jazeera English—“¿Tecnofascismo? ¿Por qué el “manifiesto” prooccidental de Palantir alarma a los críticos?”, 21 de abril de 2026. https://www.aljazeera.com/news/2026/4/21/technofacism-why-palantirs-pro-west-manifesto-has-critics-alarmed
  2. TechCrunch—“Palantir publica un mini-manifiesto denunciando la inclusividad y las culturas “regresivas”, 19 de abril de 2026. https://techcrunch.com/2026/04/19/palantir-posts-mini-manifesto-denouncing-regressive-and-harmful-cultures
  3. Engadget—“Palantir publicó un manifiesto que parece el desvarío de un villano de cómic”, abril de 2026. https://www.engadget.com/big-tech/palantir-posted-a-manifesto-that-reads-like-the-ramblings-of-a-comic-book-villain-181947361.html
  4. TRT World—“Internet estalla en indignación por el manifiesto tecnológico distópico de Palantir”, abril de 2026. https://www.trtworld.com/article/e3c96555543c
  5. Reason—“El nuevo manifiesto de Palantir exige la reinstauración del servicio militar obligatorio”, 20 de abril de 2026. https://reason.com/2026/04/20/this-big-tech-firm-wants-to-reinstate-the-draft
Tercero: Informes de derechos humanos sobre Palantir y la complicidad de las grandes tecnológicas en Gaza.
  1. Amnistía Internacional: Informe sobre la economía política global que posibilita el genocidio israelí, nombrando a Palantir entre los principales contribuyentes, septiembre de 2025. https://www.democracynow.org/2025/9/18/amnesty_international
  2. Truthout—“Amnistía Internacional pide a los Estados que pongan fin a la economía que financia el genocidio israelí”, septiembre de 2025. https://truthout.org/articles/amnesty-calls-for-states-to-pull-the-plug-on-economy-backing-israels-genocide
  3. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Palantir presuntamente facilita los ataques con IA de Israel en Gaza, lo que suscita preocupación por crímenes de guerra». https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/palantir-allegedly-enables-israels-ai-targeting-amid-israels-war-in-gaza-raising-concerns-over-war-crimes/
  4. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Amazon, Google y Microsoft alimentan la agresión militar israelí en Gaza, según revela una investigación», febrero de 2025. https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/amazon-google-microsoft-fuel-israeli-military-aggression-in-israels-war-on-gaza-investigation-reveals/
  5. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Google, Amazon y Microsoft presuntamente cómplices de crímenes de guerra en el contexto de la guerra de Israel en Gaza». https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/google-amazon-microsoft-allegedly-complicit-in-war-crimes-amid-israels-war-in-gaza/
  6. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Google no respondió a las acusaciones de complicidad en crímenes de guerra durante la guerra de Israel en Gaza», abril de 2025. https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/google-did-not-respond-to-the-allegations-over-its-complicity-in-war-crimes-amid-israels-war-in-gaza/
  7. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Amazon no respondió a las acusaciones de complicidad en crímenes de guerra durante la guerra de Israel en Gaza», abril de 2025. https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/amazon-did-not-respond-to-the-allegations-over-its-complicity-in-war-crimes-amid-israels-war-in-gaza/
  8. Centro de Recursos sobre Empresas y Derechos Humanos: «Microsoft no respondió a las acusaciones de complicidad en crímenes de guerra durante la guerra de Israel en Gaza», abril de 2025. https://www.business-humanrights.org/en/latest-news/microsoft-did-not-respond-to-the-allegations-over-its-complicity-in-war-crimes-amid-israels-war-in-gaza/

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