Juan Carlos Sanz (El País), 28 de Octubre de 2026
Tras declararse independiente hace un siglo frente al poder colonial español, en la región del norte de Marruecos se aspira a una autonomía similar a la que Rabat ofrece al Sáhara

Diez años después del estallido del Hirak (Movimiento) del Rif, la mayor revuelta de reivindicaciones sociales bajo el reinado de Mohamed VI, esta región del norte de Marruecos permanece en el olvido, con escasas inversiones del Estado central y marcada por la emigración de decenas de miles de sus habitantes. Las masivas protestas que se sucedieron entre 2016 y 2017 fueron aplastadas con un amplio despliegue de las fuerzas de seguridad que se saldó con medio millar de encarcelados. Seis de los dirigentes del Hirak permanecen aún entre rejas cumpliendo largas condenas.
Como en el trágico detonante de la primavera árabe en Túnez a finales de 2010, la revuelta del Rif se desencadenó también tras la confiscación arbitraria por las autoridades de la mercancía de un joven vendedor. El 28 de octubre de 2016, la muerte del pescadero Mohcine Fikri en el centro de Alhucemas (460 kilómetros al noreste de Rabat) desencadenó una ola de protestas en la región del norte. El joven Fikri pereció aplastado en el interior de un camión de basura cuando intentaba recuperar el pescado que le había sido incautado.
“Frente al abandono que sufrimos, en Alhucemas sigue existiendo una enorme tensión social, marcada por la cultura identitaria del Rif”, sostiene el activista de izquierdas Mohamed Moha. “En cualquier protesta social hay señales de la identidad amazig [bereber] del norte de Marruecos, y, a pesar de la represión, los símbolos rifeños están presentes”, asegura por teléfono desde la capital regional este funcionario de 60 años. Moha destaca que antes del estallido de 2016 ya se habían registrado movilizaciones sociales y políticas tras las elecciones legislativas, en un clima previo de inestabilidad social a causa del atraso económico acumulado tras la descolonización española en 1956.
Desde el desembarco hispanofrancés de Alhucemas (1925), el Rif sigue teniendo abiertas las heridas de los bombardeos con gas mostaza de la aviación española para aplastar la rebelión nacionalista encabezada por Abdelkrim el Jatabi, quien proclamó la independencia del territorio entre 1921 y 1926. También permanece viva la memoria de la sublevación contra el poder central de Rabat tras la independencia, hace 70 años, aplastada por las tropas comandadas por el entonces príncipe heredero Hasán, y que se cobró más de 2.000 vidas. O la Revuelta del Pan de 1984, ya con Hasán II en el trono, sofocada mediante la represión armada en la región. En este caldo de cultivo, el Hirak surgió hace 10 años como una explosión social frente al olvido y el abandono.
“El Hirak del Rif como movimiento de protesta organizado ha desaparecido, pero el legado político y social sigue presente en la persistencia de las demandas que lo hicieron emerger y los efectos que la represión y el encarcelamiento de sus principales dirigentes tuvieron en la sociedad civil rifeña, que ha estado durante estos años en silencio”, argumenta en un intercambio de mensajes Ángela Suárez Collado, profesora de la Universidad de Salamanca y experta en el Rif.
Considera que, más allá de convertirse en una movilización por unos mejores servicios públicos o mayores oportunidades económicas, la protesta consiguió aglutinar a sectores de la población tradicionalmente alejados de la participación política. “Fue la expresión de un sentimiento profundo y enquistado de marginación territorial y de desconfianza hacia las instituciones del Estado desde el mismo momento de la independencia de Marruecos”, precisa. Aunque se han efectuado inversiones en infraestructuras, equipamientos y servicios públicos en la región, hay problemas estructurales que continúan, como la falta de oportunidades laborales, las desigualdades territoriales y la dependencia económica de la emigración.
El líder más destacado del Hirak, Nasser Zefzafi, de 46 años, fue sentenciado a 20 años de cárcel, acusado de atentar contra la seguridad interior del Estado junto a otros tres detenidos. El resto recibió penas que oscilan entre los tres y los 15 años de prisión. Amnistía Internacional aseguró tras la sentencia que sus acciones fueron esencialmente pacíficas, para reclamar servicios públicos, carreteras, fábricas y hospitales con servicio oncológico.
Poco antes de fallecer a los 82 años, Ahmed Zafzafi, padre y portavoz familiar del líder del Hirak, recordaba en Alhucemas en agosto de 2025 a su hijo encarcelado. Aquejado de un tumor que ya podía tratarse en parte en el nuevo hospital provincial construido tras las revueltas (sin tener que desplazarse a Tánger, a más de cuatro horas por carretera), falleció sin poder ver en libertad a su hijo. “No he pedido el indulto, porque mi hijo nunca se declaró culpable”, aseguraba postrado en la cama. Solo pudo verle por última vez dos meses antes de morir, esposado y custodiado por decenas de agentes, en una salida penitenciaria extraordinaria.
Indultos reales
“Numerosos detenidos del Hirak han sido liberados mediante indultos en los últimos años. El perdón real es una posibilidad que no puede descartarse, especialmente porque la monarquía marroquí ha recurrido con anterioridad a este mecanismo para gestionar situaciones de tensión política y social. El hecho de que Zafzazi continúe encarcelado 10 años después muestra que el Estado sigue considerando este asunto políticamente sensible”, analiza la profesora Suárez Collado.
Nasser Zafzafi se pudo postrar finalmente ante la tumba de su progenitor tras recibir autorización penitenciaria para asistir al funeral en Alhucemas, donde fue recibido con el abrazo de cientos de familiares y vecinos, sin esposas ni apenas vigilancia. Ante una multitud de rifeños y en pleno duelo familiar, aseguró: “El interés de la nación está por encima de toda consideración y las divergencias de opinión deben servir siempre al interés nacional”. A pesar de este mensaje conciliador hacia el Estado, no ha habido perdón real para el líder del Hirak en los últimos indultos aprobados por Mohamed VI, y Marruecos sigue sin pasar, 10 años después, la página de las revueltas del Rif.
“Los rifeños seguimos queriendo tomar las riendas de nuestro destino”, afirma Moha, que es miembro del Movimiento para la Autonomía del Rif. “El modelo de descentralización no ha afectado al Rif, que en los 10 últimos años ha entrado en declive en todos los aspectos”, agrega. En su opinión, el plan de “genuina autonomía” para el Sáhara Occidental, establecido desde hace un año por el Consejo de Seguridad de la ONU, y el proyecto ampliado de autogobierno que ofrece Marruecos a los saharauis, debe ir en paralelo a una “autonomía identitaria para el Rif”, como cuestión pendiente desde hace más de un siglo.
Marruecos reformó en 2011 su sistema de administración territorial, pero el modelo de “regionalización avanzada” sobre el que se rige ahora concentra competencias y recursos en las instituciones centrales. Los partidos regionales, una reivindicación de parte de la sociedad civil rifeña, siguen estando prohibidos. “No ha habido hasta el momento un interés por profundizar en la descentralización del poder, por lo que no parece que la propuesta marroquí para el Sáhara vaya a extenderse a otras regiones”, estima la citada profesora española, autora de la tesis doctoral El movimiento amazig (bereber) en el Rif: identidad, cultura y política.
Una década después del inicio de la revuelta, miles de jóvenes han emigrado del Rif en dirección a Tánger o Tetuán, o hacia Europa. Mohamed Majjaoui, presidente de la sección de Alhucemas de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), pasó más de tres años en la cárcel tras las masivas protestas sociales del Hirak. “El Estado no ha hecho casi nada por el Rif. Las carreteras son del siglo XIX: lleva casi cuatro horas recorrer los 230 kilómetros que separan Tetuán de Alhucemas, y otras dos horas hasta Nador, a un centenar de kilómetros”, declaró a EL PAÍS este maestro de primaria. “No conocemos nuestra historia. Nos han impuesto una narrativa desde el poder, a pesar de la reforma constitucional aprobada en 2011”. En medio del olvido, la AMDH ha convocado este miércoles una concentración ante su sede en Alhucemas para recordar los 10 años del estallido social más prolongado vivido en Marruecos en lo que va de siglo.
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