Eduardo Luque (Topo Express), 24 de Octubre de 2026

Profetas, mártires y economía del «hachazo»: el funeral de una victoria celebrada por adelantado
A falta de unas semanas para las elecciones del 29 de noviembre, la derecha española ya se ha puesto a repartir la tarta. Lástima que el cuchillo haya ido a parar directamente a la hucha de las pensiones, donde han descubierto que lo que había dentro eran sus propias contradicciones. La derecha, iletrada como suele ser, nunca leyó a Quinto Tulio Cicerón quien en su Commentariolum petitionis (manual de campaña electoral, auténtico breviario del derechista Giulio Andreotti entre otros) recomendaba, en periodo electoral, hacer un ejercicio de cinismo: dirigirse a una audiencia lo más amplia posible y: “ acomodar el pensamiento a la inclinación de aquellos con quienes se encuentra “.
La cosa fue así. La portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, debió de relajarse demasiado en algún podcast y soltó que el sistema de pensiones «va a petar». Vox, por su parte, se apresuró a decir que garantizará las pensiones «cueste lo que cueste». Hay que admirar el arte del lenguaje: predecir que va a explotar y, al mismo tiempo, prometer que no explotará. La única explicación lógica es que piensan meter las manos en las pensiones encerrandolas en una caja fuerte privada y esperar que estalle la bomba.
Y el clímax cómico llegó en Bruselas. Pedro Sánchez, visiblemente desconcertado antes del Consejo Europeo, dijo que no entendía que quienes están cerca y dentro del PP europeo digan que el sistema se hunde y a la vez pidan «no hablar de esto antes de las elecciones». Traducción: **o callaos o dejad de disimular.** Feijóo pensó que debía e apagar el fuego a toda prisa con su famosa frase: «Las pensiones no son negociables, punto, se acabó» pero acabó echando gasolina a la hoguera.Que un partido se vea obligado, un mes antes de las elecciones, a definir su tema más sensible con un «se acabó» ya es, en sí mismo, una performance.
Y todo esto ocurre a pesar de que la AIREF que normalmente comulga en el bando contrario. Es decir, el organismo que más ha deseado que los números le sirvieran de argumento para justificar un nuevo hachazo a las pensiones ha tenido que rendirse a la evidencia: el gasto neto en pensiones se sitúa en el 13,0% del PIB de media entre 2022 y 2050, tres décimas por debajo del límite legal del 13,3%. La regla de gasto se cumple. Cuando el vigilante que uno mismo puso en el patio lleva dos años diciendo que la valla no se ha caído, seguir gritando «¡se cae, se cae!» empieza a sonar a mala fe.
En cuanto al señor Abascal, su universo narrativo es más grandioso e igual de inconsistente. Según él, Sánchez no solo quiere hundir las pensiones, sino también Ucrania; o mejor dicho, Sánchez «quiere todas las guerras», porque el humo de las bombas tapa la corrupción. La genialidad de esta lógica es que no admite refutación fáctica: ¿Apoyas a Ucrania? Es que estás tapando un escándalo con misiles. ¿Pides la paz? Es que te disfrazas de pacifista. Cuando tu adversario político es a la vez traficante de guerra y embustero pacifista, lo único que te queda es aplaudir y seguir viendo el espectáculo ; la mitad de la campaña te la hace tú enemigo.
Y la estrella invitada de este espectáculo, Javier Milei, acaba de culminar en Madrid una obra maestra de la performance diplomática. para desayunarse llamó a Sánchez «dictadorzuelo irreproducible», animó a los españoles a «echar a los socialistas a patadas» y se hizo la foto con Ayuso y Abascal. Exteriores emitió su «más enérgica condena» y lo calificó de «indecoroso». Pero lo verdaderamente revelador es lo que vino después: **los mismos que convocaron a Milei, dadas las extravagancias y el sinsentido del personaje, ahora lo ocultan. El PP envió a su presidente del Senado, Pedro Rollán, como único representante de la dirección nacional; Feijóo estaba en Sevilla hablando de vivienda; Abascal, en A Coruña «con los españoles». Es decir: invitaron al personaje, disfrutaron de su artillería verbal y, en el momento en que abrió la boca para insultar, desaparecieron colectivamente. Ayuso, en cambio, no desapareció: lo abrazó y publicó la foto oficial, mientras la cuenta nacional del partido no mencionaba ni una palabra de la visita. **El mismo partido: Madrid abraza, mientras Génova duerme.** Señor Milei, si sigue usted «ayudando» así, el PP tendrá que plantearse pedir protección internacional. CIS de octubre: PSOE 34%, PP 22,2%, Vox 17,1%.
Y en tal desvarío de campaña, a la oposición derechista solo se le ocurre modificar con IA las voces de dirigentes del PSOE atribuyéndoles delitos. El PP generó con inteligencia artificial los rostros y las voces de Begoña Gómez, Ábalos, Zapatero, Leire Díez, Montse Mínguez y Santos Cerdán, haciéndoles «confesar» todo tipo de fechorías, con un eslogan que mutaba de «Zurdos y orgullosos» a «Lerdos y orgullosos». El cartelito de «Contenido generado por IA» estaba en un tamaño casi transparente. Doce horas, ochocientas mil reproducciones, más de cuatro mil compartidos. La portavoz socialista, Toro, lo calificó de «patético». Patético no solo el contenido: patético que un partido que se presenta como alternativa de gobierno, a cuarenta días de las elecciones, no tenga nada más imaginativo que falsificar con IA la confesión de sus rivales. Esperan siempre es posible que algún juez afín lo admita. Siempre habrá alguien.
Lo más irónico es la cronología. El guión original del PP y Vox era más o menos este: primero silencio, luego, con los votos ya en el bolsillo, la «valiente» reforma de las pensiones. Pero la señora Muñoz hizo spoiler, Sánchez aprovechó para coger el micrófono y fijó el 27 de noviembre —dos días antes de las elecciones— como fecha de publicación del dato de inflación, que automáticamente convertirá la subida de las pensiones en titular. El tema que intentaban esconder, tu rival te lo ha convertido en anuncio electoral.
Y es que en este principio de campaña el PSOE está colocando los temas de debate, y la oposición es incapaz de oponer razones ni argumentos. Sánchez ha marcado el terreno con las pensiones, con la revalorización conforme al IPC, con la campaña en positivo de un gobierno que exhibe gestión frente a un adversario que solo ofrece ruido. La derecha, en lugar de construir un relato alternativo, se limita a reaccionar: un día convoca a Milei, al siguiente lo esconde; un día anuncia el colapso del sistema, al siguiente promete garantizarlo; un día habla de valentía, al siguiente dice «se acabó». Cuando tu campaña consiste en responder a la del contrario, ya has perdido la iniciativa. Y eso, en política, es la mitad del combate.
Y mientras todo esto ocurre, hay un dato que la derecha prefiere no mencionar: las pensiones no son un agujero. Son un motor. El gasto público total en pensiones superó los 206.000 millones de euros en 2024 —un 13% del PIB—, y solo las contributivas rozaron los 190.000 millones en 2025. Ese dinero no se evapora: se convierte en consumo, en compras en el comercio de proximidad, en pago de suministros, en cuidados. Estimaciones académicas sitúan en torno al 6,7% de la producción y del empleo total el efecto tractor del gasto de los pensionistas, lo que en la práctica supone más de un millón y medio de puestos de trabajo vinculados a ese consumo. No son un lastre; son el motor de buena parte del comercio de barrio, de la hostelería, de los servicios de proximidad.
Así que, cuando la derecha debate la «sostenibilidad» de las pensiones, lo verdaderamente insostenible es su estrategia electoral. Celebraron por adelantado una victoria que aún no habían ganado y acabaron con el corcho del champán en toda la cara. Y el sistema de pensiones español, según los datos de la AIREF —esa institución que tanto deseaba poder darles la razón—, seguirá cumpliendo su regla de gasto al menos hasta 2050. A los que dicen que «el sistema va a petar», una sugerencia: revisad primero vuestra propia mecha. Y de paso, mirad los datos de INVERCO: los planes de pensiones privados cerraron 2025 con rentabilidades positivas aunque se lo comió la inflación por un lado y los costos de gestión por otro. Su peso en el ahorro de las familias sigue cayendo. La capitalización no es la salvación que prometían. Es, simplemente, otro negocio.
El cierre del círculo es perfecto: convocaron a Milei y luego lo escondieron; usaron IA para fabricar confesiones falsas y le pusieron una etiqueta invisible; prometieron «valentía» y acabaron diciendo «se acabó». Un partido que no se atreve a reconocer su propio desayuno no puede pedir que le confíen la mesa donde se decide el futuro de las pensiones. Y mientras tanto, el PSOE sigue marcando el paso, la agenda y los temas. La campaña la empezó a ganar Sánchez antes de que la derecha encontrara su primer argumento. Y a este ritmo, no lo va a encontrar.
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