Ehécatl Lázaro (CEMEES -México-), 17 de Octubre de 2026

El Partido Comunista de China se fundó en 1921 en Shanghai, pero ese momento no marca el término de la construcción del Partido, sino es sólo un punto de ese proceso. En las décadas siguientes el Partido creció, combatió a los ejércitos nacionalistas y japoneses, se convirtió en la fuerza política gobernante, fundó la República Popular y dirigió un proceso de modernización socialista que actualmente continúa. En todo ese recorrido histórico, el Partido vivió un proceso de construcción permanente que implica la renovación generacional, institucional y teórica. La construcción del Partido (党建) no debe entenderse como un proceso de gestación que concluyó exitosamente en 1921, sino como un proceso de reproducción permanente que sólo terminará cuando el Partido desaparezca como tal.
La construcción del Partido ha tenido un interés variable en las diferentes etapas históricas. En el periodo previo a 1949, consolidar una formación política perfectamente organizada y funcional no era una preocupación tangencial, sino la exigencia básica para sobrevivir. Entre 1949 y 1976 la construcción del Partido tuvo altibajos, pasando de ser una tarea de primer orden en los inicios de los años 1950 a convertirse en su contrario a finales de los años 1960, cuando Mao llamó a destruir el Partido durante la Revolución Cultural. Deng Xiaoping puso en el centro de la agenda partidaria el trabajo económico, subordinando todas las demás actividades a ésa, entre ellas la construcción del Partido. Esta línea continuó con Jiang Zemin y Hu Jintao, hasta 2012, año a partir del cual se operó un cambio radical bajo el liderazgo de Xi Jinping.
Xi Jinping hizo de la construcción del Partido un trabajo central, tan importante o más que el trabajo económico. El análisis que hizo Xi al asumir el cargo de secretario general es que durante las décadas pasadas la construcción del Partido se había realizado de manera superficial y deficiente, permitiendo que valores y principios contrarios al comunismo ganaran carta de naturalidad entre los miembros del Partido, jóvenes y viejos, dirigentes y dirigidos. El crecimiento económico acelerado propio de la Reforma y la Apertura favoreció el desarrollo del país, pero al mismo tiempo fomentó dinámicas de corrupción de cuadros, estilos de trabajo burocráticos y formalistas, desapego respecto a las masas populares, hedonismo, despilfarro y extravagancia. Las estructuras responsables de la disciplina partidaria actuaban sin prontitud y eran excesivamente permisivas. Ese reblandecimiento organizativo era acompañado por una continua degradación de los principios filosóficos comunistas y una aceptación cada vez mayor del liberalismo. A nivel social el desprestigio del Partido había crecido tanto que su legitimidad comenzaba a cuestionarse. Dentro del Partido, los defensores del comunismo perdían terreno ante el avance de las posiciones más liberales, fuertemente influenciadas por Occidente.
Desde la perspectiva de Xi Jinping, si el Partido mantenía la ruta que había seguido por más de tres décadas inevitablemente experimentaría un proceso de descomposición, el cual generaría una crisis de legitimidad y, consecuentemente, el descontento popular podría provocar estallidos que amenazaran el sistema político del país. En otras palabras, no corregir urgentemente el trabajo de construcción del Partido implicaba poner en juego la existencia misma tanto del Partido como de la República Popular China. Un cataclismo de esas magnitudes tendría implicaciones económicas y sociales sólo comparables con la tragedia que vivió Rusia tras la disolución del Partido Comunista de la Unión Soviética, es decir, el nivel de vida y de desarrollo de China retrocederían varias décadas, además de que el país tendría que encontrar nuevas formas de organización política funcionales para su realidad. El “documento número 9”, aunque nunca publicado por los medios oficiales del Partido, transmite la casi desesperación de Xi Jinping al afrontar esa situación y su determinación firme de corregir el rumbo desde el principio de su liderazgo (China File, 2013).
El nuevo secretario general emprendió una transformación integral que abarcaba aspectos ideológicos, políticos y organizativos. En términos ideológicos el Partido tenía que recuperar los valores comunistas fundacionales, consolidar el materialismo histórico y dialéctico como marco filosófico, enarbolar nuevamente la construcción del comunismo como horizonte, rechazar el liberalismo como alternativa para China y desarrollar el Socialismo con Características Chinas (Lázaro, 2026a). En ese sentido, el vocabulario partidario ahora incluye en su glosario las “Cuatro Autoconfianzas” (四个自信), las cuales son: confianza en el camino socialista, en la teoría socialista, en el sistema político y en la cultura tradicional. Con la finalidad de modificar la educación ideológica general, Xi Jinping impulsó una intensa dinámica de estudio permanente en todas las estructuras del Partido, involucrando de una u otra manera a los cien millones de miembros. En periodos pasados, el desempeño de los cuadros se medía principalmente por su capacidad para cumplir con las tareas de crecimiento económico. Con Xi Jinping la educación ideológica se convirtió en otro rubro que importa al momento de evaluar el desempeño de los cuadros. Xi recuperó la consigna de Mao para los cuadros: hay que “ser al mismo tiempo rojo y especialista” (又红又专). Los cuadros deben tener esta doble cualidad para que el Partido funcione bien. Si el miembro sólo es rojo, pero no da resultados en sus tareas asignadas, el Partido no transforma efectivamente la realidad en la dirección deseada; si sólo da resultados pero no es rojo, entonces el Partido corre el riesgo de caminar hacia el liberalismo. La necesidad de corregir la tendencia a la “súper especialización” a costa del “ser rojo” ha llevado a Xi a darle al trabajo ideológico un énfasis que puede parecer excesivo, sobre todo comparado con la trayectoria de décadas anteriores. La nueva forma de construir el Partido busca cuidar el equilibrio señalado por la consigna maoísta.
En términos organizativos, Xi llamó a fortalecer el liderazgo del Comité Central en el Partido, crear células en los sectores económicos emergentes, a tener una conducta ejemplar, a aumentar la disciplina, mejorar los organismos de anti corrupción y elevar el espíritu partidario. Al garantizar que se implementen todas las decisiones del Comité Central en todos los ámbitos se garantiza la unidad ideológica, organizativa y de acción, y se evita la peligrosa formación de facciones. Con la ampliación de células a los sectores económicos tradicionales y emergentes, el Partido incrementa su capacidad de incidir en toda la vida económica y social del país. La conducta partidaria busca evitar el despilfarro, hedonismo, burocratismo, formalismo y extravagancia no sólo por ser contrarios a la moral comunista, sino también porque genera en las masas una animadversión natural hacia el Partido (Lázaro, 2026b). Con el aumento de la disciplina y la mejora de los organismos responsables de su supervisión, se han investigado millones de casos de violación de los códigos de conducta y disciplina, con su correspondiente sanción según cada caso. Xi llama a elevar el espíritu partidario, haciendo que el Partido abandone la posición cómoda que había asumido de simplemente gestionar y administrar las cuestiones políticas del país, para retomar su espíritu de lucha. El Partido tiene que ser principalmente una organización de lucha, por lo que tiene que cultivarse un espíritu revolucionario, arrojado y combativo. “No olvidar la misión original y tenerla siempre en la mente” (不忘初心,牢记使命) es el lema que ahora se encuentra en las calles, documentos y en toda la publicidad del Partido, entendida esa misión como la realización del comunismo. El Partido no debe tener miedo de “usar la espada contra sí mismo” (刀刃向内) para corregir sus problemas, dice Xi. La implementación exitosa de todas estas medidas significaría resolver problemas centrales del trabajo de construcción del Partido. El recién acuñado en 2026 “Pensamiento de Xi Jinping sobre la Construcción del Partido” (习近平党建思想) sería la guía ideológica de toda la estructura para realizar correctamente este trabajo.
Xi Jinping no busca modificar temporalmente la naturaleza de la construcción del Partido, sino establecer una nueva forma de funcionamiento que permanezca por largo tiempo, incluso si faltara él. Piensa que con esta dinámica de “auto revolución” (自我革命), el Partido puede mantenerse eternamente joven y vigoroso, a pesar de tener más de cien años de vida, y más de setenta como fuerza gobernante. Xi piensa que si su proyecto político dentro del Partido se consolida, se podrá lograr un milagro sin precedentes: mantener la estabilidad política, gozar de una alta legitimidad, dirigir los destinos de 1,400 millones de personas, y llevar a China a ser una potencia económica mundial, elevando los estándares de vida de su pueblo. Ningún otro partido del mundo puede decir lo mismo. Esta situación de excepción ha llevado al Partido a considerar su experiencia como un caso que los partidos políticos de todo el mundo pueden estudiar para beneficio propio.
Hay un interés cada vez mayor del Partido en profundizar las relaciones con los partidos políticos de todo el mundo, especialmente los del Sur Global, más allá de las diferencias ideológicas que pueda haber. El Partido Comunista de China mantiene relación con más de 700 partidos políticos en más de 170 países. Con todos ellos realiza actividades permanentes, con el doble objetivo de mantener una comunicación fluida y ganar simpatías del mundo hacia el Partido. El Partido afirma que no existe una intención de dominación que establezca prácticas hegemónicas o de subordinación. En ese sentido, no buscaría imponer su visión, ideología o prácticas a ningún partido del mundo, ni siquiera a los partidos comunistas, sino “hacer mayores contribuciones al desarrollo y progreso humanos” en el terreno de la política. Es decir, busca convertirse en un referente de buenas prácticas para los partidos políticos de todo el mundo. En realidad esta ambivalencia respecto al papel que busca desempeñar Beijing en el contexto internacional refleja una tensión no resuelta entre pluralismo y hegemonía que va más allá de lo puramente concerniente a la construcción del Partido.
El documento “Características contemporáneas e implicaciones globales del Pensamiento de Xi Jinping sobre la Construcción del Partido” (The National Academy of Governance & Xinhua News Agency, 2026) contiene decenas de valoraciones positivas de representantes de partidos políticos de todos los continentes sobre el Partido Comunista de China. La sección final puntualiza los elementos susceptibles de ser retomados por otros partidos. Entre ellos destacan los siguientes: 1) no seguir modelos políticos impuestos desde afuera, sino seguir un camino propio, acorde con sus propia historia, cultura, grado de desarrollo y sistema social; 2) mantener siempre al pueblo y sus intereses comunes como centro de la actividad política, pues alejarse de ellos debilita la legitimidad y la confianza; 3) fortalecer una estructura organizativa coordinada y capaz de implementar sus decisiones bajo un liderazgo unificado (centralismo-democrático); 4) explorar mecanismos que constriñan el ejercicio incorrecto del poder, atacando exitosamente la corrupción; 5) relacionarse con todos los partidos políticos, sin consideraciones ideológicas, culturales, religiosas o de otro tipo, para aumentar la colaboración mutua. Hasta dónde esta lista de “lecciones” puede ser aprovechada o no por otros países, es una cuestión que está por verse.
Más allá de las implicaciones que el trabajo de construcción del Partido puede tener para los partidos políticos de todo el mundo, los partidos comunistas, en general, y los partidos Marxistas-Leninistas, en particular, tienen en el Pensamiento de Xi Jinping sobre la Construcción del Partido un material que puede ser estudiado. El Partido Comunista de China posee una situación particular: partido gobernante, civilización china, líder de 1,400 millones de personas, potencia mundial, etc. Pero tiene también aspectos generales: partido político, partido comunista, partido leninista, centralismo-democrático, partido de un país del Sur Global, historia revolucionaria, etc. De la vasta experiencia del Partido puede aprenderse críticamente, ya sea de su fase inicial, su fase de lucha revolucionaria por la toma del poder, su fase exploratoria de construcción del socialismo y su fase contemporánea, separando lo que es único del caso chino de aquello que es extrapolable a otros partidos. Bajo esa luz puede estudiarse el Pensamiento de Xi Jinping sobre la Construcción del Partido.
Ehécatl Lázaro es maestro en Estudios de Asia y África, especialidad China, por El Colegio de México.
Referencias
China File. (2013). Document 9: A China File Translation. https://www.chinafile.com/document-9-chinafile-translation
Lázaro, E. (2026a). La importancia del trabajo ideológico en China. CEMEES. https://cemees.org/2026/01/04/la-importancia-del-trabajo-ideologico-en-china/
Lázaro, E. (2026b). Xi Jinping y la moral comunista. CEMEES. https://cemees.org/2026/06/20/xi-jinping-y-la-moral-comunista/
The National Academy of Governance & Xinhua News Agency. (2026). Contemporary Features and Global Significance of Xi Jinping Thought on Party Building. https://f3.xhinst.net/group2/M00/01/54/CgoMnWpF30-ELKAbAAAAAD1noBY308.pdf
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