Lucas Villasenin y Diego Pautasso (JACOBIN.LAT), 27 de Septiembre de 2026

ABC China. Diccionario de socialismo chino reúne más de un centenar de entradas escritas por decenas de investigadores y ofrece un amplio panorama de la historia y la actualidad del gigante asiático.
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ABC China. Diccionario de socialismo chino, libro publicado recientemente por la editorial Batalla de Ideas y el Instituto Tricontinental de Investigación Social, reúne más de un centenar de entradas escritas por decenas de investigadores e investigadores, que en los textos ofrecen un panorama completo de la historia y la actualidad del gigante asiático.
El libro fue coordinado por Julián Bokser, Diego Pautasso, Miguel Enrique Stédile y Javier Vadell, quienes en la introducción explican que en el diccionario «se abordan y definen conceptos claves, eventos históricos, personajes y protagonistas», que marcaron al país asiático desde la revolución del año 1949.

En el prólogo, el intelectual indio Vijay Prashad escribió que en la historia del país «es central» la comprensión de «la transformación del marxismo en condiciones chinas». Para Prashad, acercarse a China a través de conceptos como «buscar la verdad en los hechos», «armonía social», «modernización al estilo chino» o «desarrollo pacífico», permiten comprender con mayor profundidad el fenómeno de ese país.
A continuación, compartimos dos entradas del diccionario:
Gobernar un país grande es como cocinar un pescado pequeño
Por Lucas Villasenin

Esta es una comparación que hace referencia a las dificultades y grandes cuidados que requiere la gobernanza de un país de las dimensiones de China. El origen de esta frase en la tradición filosófica china es atribuido a Laozi, en el siglo VI a. C. El fundador del taoísmo se destacó por sus referencias a la naturaleza y a las formas de vida de los campesinos en la antigua China.
En este caso hace referencia a que la dificultad de cocinar un pescado pequeño que requiere un delicado cuidado del fuego para no quemarse y evitar su movimiento para no desarmarlo, es asimilable a la delicadeza que requiere gobernar un país con gran extensión territorial y una gran diversidad geográfica.
La frase atribuida a Laozi es un ejemplo de la grandeza a partir de la cual se consideró desde hace 2400 años el país que hoy llamamos China. El taoísmo consideraba que la conducta humana debía seguir las leyes de la naturaleza y que resultaba vital que los gobernantes dejen obrar al mismo camino (tao) marcado por estas leyes. Wen-Tzu, en su obra clásica del taoísmo La comprensión de los misterios del Tao, ofrece otra frase culinaria similar que profundiza en la misma orientación: «Gobierna un gran país como cocinas un pequeño guiso; no revuelvas, eso es todo». Desde esta perspectiva, los gobernantes no deberían realizar grandes transformaciones o alteraciones del orden de las cuestiones sino adaptarse.
El camino que lleva a la virtud y a la armonía, tan valorados en el pensamiento clásico chino, se destaca por no depender de las arbitrariedades, los deseos o la lucidez individual. En esta perspectiva de cómo se debe gobernar a un pueblo, se busca evitar los grandes conflictos y se prioriza el valor de la unidad y la estabilidad. Durante buena parte del siglo XX las referencias al mundo campesino antiguo de China y a las principales corrientes filosóficas, como el confucianismo o el taoísmo, fueron abiertamente rechazadas o poco valoradas por las corrientes intelectuales modernas, entre las que se incluyó el marxismo. En la actualidad esa situación ha cambiado sustancialmente entre la dirigencia política de la República Popular China.
«Construir una sociedad socialista armoniosa» fue el concepto que incorporó el Partido Comunista de China durante el gobierno de Hu Jintao y que Xi Jinping adoptó como objetivo del nuevo sueño chino. Alcanzar la armonía es una de las tareas planteadas por las principales corrientes históricas de pensamiento como el taoísmo. Según el taoísmo, «quienes se mantienen en el camino para guiar a la gente fluyen con los acontecimientos a medida que suceden y actúan conforme a lo que la gente hace. Responden según la evolución de cada ser y están en armonía con los cambios de cualquier acontecimiento».
El valor de la armonía tampoco es ajeno al proyecto comunista que aspira a eliminar los conflictos entre opresores y oprimidos, permitiendo trazar paralelismos entre el pensamiento clásico chino y el marxismo.
En la actualidad, la revalorización de la estabilidad política y el orden social por parte de las nuevas generaciones de líderes comunistas chinos luego del Siglo de la Humillación, la Revolución comunista de 1949, el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, se conjuga con una revalorización del pensamiento clásico.
Iniciativa de la Franja y la Ruta
Por Diego Pautasso
La Iniciativa Franja y Ruta (IFR) fue anunciada en 2013 en dos discursos pronunciados por el presidente Xi Jinping en Kazajistán e Indonesia. La IFR retoma el espíritu de las antiguas rutas de la seda para proponer un camino de integración y desarrollo para la humanidad en el siglo XXI.
De hecho, durante miles de años las antiguas rutas de la seda sirvieron como grandes ejes de interacción entre las civilizaciones que abarcaban los valles del Nilo, del Tigris y el Éufrates, del Indo y del Ganges, y de los ríos Amarillo y Yangtsé; civilizaciones conformadas por egipcios, persas, turcos, indios y chinos, entre otros. La ruta de la seda entretejía religiones (budismo, cristianismo e islamismo) y promovía el intercambio de riquezas entre pueblos de Oriente y Occidente. Después de su auge, las cruzadas, las invasiones mongolas y las grandes navegaciones provocaron una retracción de lo que había sido hasta entonces el mayor eje de globalización del mundo.
En la actualidad, la IFR ha sido anunciada en torno a cinco grandes prioridades: coordinación de políticas; conectividad de infraestructura; facilitaciones comerciales; integración financiera; y conexión entre personas. Su motor principal es la infraestructura de transporte, comunicación y energía. Esta es la raíz de la complementariedad: China tiene una enorme capacidad para la construcción de grandes obras, dominando desde la experiencia en ingeniería, pasando por bienes de producción y maquinaria, hasta el financiamiento; mientras que los países periféricos tienen en el déficit de infraestructura su principal cuello de botella, ya que se trata de obras costosas y de compleja ejecución.
En ese sentido, la implementación de la IFR, o Nueva Ruta de la Seda, representa, por lo tanto, la etapa regional del proyecto chino de globalización, al recrear el sistema sinocéntrico. Así cumple, al mismo tiempo, con ayudar a concretar diversos objetivos cruciales para la estrategia de inserción global china.
En primer lugar, al crear demanda para la supercapacidad de su industria nacional. En segundo lugar, al interactuar con cuestiones vinculadas a la seguridad alimentaria, energética y al acceso al conjunto de recursos naturales necesarios para el mantenimiento del proyecto de desarrollo chino, teniendo en cuenta que crea alternativas al llamado dilema de Malaca y a un eventual estrangulamiento de las vías de suministro al país en caso de que se interrumpiera ese estrecho. También de enorme relevancia, contribuye a potenciar la internacionalización de empresas y exportación de servicios nacionales, principalmente de ingeniería, mientras fortalece la presencia del país en las redes comerciales regionales, ampliando el papel gravitacional de China. Por último, ayuda a la estabilización política del entorno inmediato del territorio nacional y fomenta un mayor curso de convertibilidad al renminbi/yuan.
A partir de la infraestructura, la IFR ha impulsado otros desarrollos como la Ruta de la Seda Digital, la Ruta de la Seda Polar, la Ruta de la Seda de la Salud, la Ruta de la Seda Espacial y la Ruta de la Seda Verde.
Cada vez más, el liderazgo chino pavimenta un nuevo proyecto de globalización estructurado en torno a la IFR, pero crecientemente articulado a otras iniciativas bajo el liderazgo de Beijing, ya sea a través de foros (Focac, China-Celac), procesos de integración (OCX, RCEP), o mecanismos de financiamiento (NBD, BAII, Fondo de la Ruta de la Seda).
La IFR ya cuenta con más de ciento cincuenta países miembros y un billón de dólares en obras. Esto la convierte en un elemento clave en la configuración de estructuras de poder y de gobernanza global alternativas a aquellas lideradas por Estados Unidos y sus aliados. De hecho, la iniciativa china, al impulsar la sinergia de desarrollo y cooperación en el eje Sur-Sur, genera tensiones con el hegemón, Estados Unidos. Y esto explica las crecientes respuestas de Washington al crear dificultades e incluso impedir el ascenso de China, como la guerra comercial, la batalla de los chips o el QUAD (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral), entre otras.
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