Gaceta Crítica

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Problema de la vivienda en España: Maricarmen y su desahucio, ¿la «chispa» que necesitan las izquierdas para recuperar la calle?

Víctor López (PÚBLICO), 27 de Septiembre de 2026

  • «Maricarmen puede ser un acicate para que las movilizaciones sociales levanten muros que hagan retroceder a la extrema derecha», señala el experto en protestas sociales Arkaitz Letamendia.
  • «El hecho de que las derechas estén más movilizadas en torno a la antiinmigración no necesariamente quiere decir que gocen de hegemonía en las calles», advierte la politóloga Arantxa Tirado.
  • La socióloga Cristina Monge destaca que «Maricarmen no es la única que ha sido desahuciada por un fondo buitre, pero tiene todos los ingredientes para ser esa gota capaz de desbordar el vaso».
Manifestación en Madrid para denunciar el desahucio de Maricarmen.
Manifestación en Madrid para denunciar el desahucio de Maricarmen.Matias Chiofalo / Europa Press

«¡Luchad, no os quedéis en casa! ¡Luchad por vuestra vivienda, porque tenemos derecho a ella!». Maricarmen se dirigió con estas palabras a los vecinos y activistas que inundaron su calle durante la noche del pasado 22 de septiembre. Lo hizo desde una silla de ruedas y arropada por el Sindicato de Inquilinas. A la mañana siguiente, varios policías tiraron abajo su puerta y la expulsaron del piso en el que llevaba viviendo más de setenta años. El Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España no han querido o no han podido darle otro desenlace a Maricarmen, desahuciada por la empresa Urbagestión. «No he logrado defender mi casa, pero sí que los demás aprendan a luchar por las suyas», reflexionó la mujer desde el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde permanece ingresada. El desahucio ha sido inhumano, pero quienes intentaron frenarlo creen que puede servir para «despertar una ola de indignación» y movilizaciones que llevaba tiempo adormecida. 

La situación es alarmante. El mercado de la vivienda está enloquecido y cada vez son más las familias que tienen dificultades para llegar a final de mes. El malestar, sin embargo, tiene dificultades para encontrar una respuesta sólida en las calles. Las concentraciones que se han visto esta semana en distintas ciudades de todo el país son la excepción y no la norma. «La rabia no desapareció cuando se cerró la puerta de la casa de Maricarmen, pero tenemos que preguntarnos por qué hace falta llegar a un punto tan extremo para conseguir una organización colectiva. Los desahucios ocurren todos los días y de manera mucho más silenciosa, tenemos familias a las que no se les renuevan los contratos y vecinos que tienen que abandonar sus barrios porque no pueden pagar un alquiler. La solidaridad que se ha generado no puede terminar con Maricarmen«, reivindican Pablo Pérez y Valeria Racu, portavoces del Sindicato de Inquilinas de Madrid.

El movimiento por la vivienda ha convocado varias protestas tanto en la capital como en otras ciudades españolas a lo largo de la semana. Las calles se han vuelto a desbordar por una causa social en un momento en el que la derecha y la extrema derecha parecían ganar peso en el control de los espacios públicos. «Este caso tiene una brutalidad que arroja luz sobre las entrañas de un sistema capitalista que es injusto por naturaleza. Y esa injusticia profunda ligada a la mercantilización de todos los aspectos de la vida humana es el elemento estructural que posibilita las movilizaciones populares. El componente estructural necesita además un elemento coyuntural, una suerte de chispa, un evento concreto emocionalmente potente y capaz de reactivar las protestas, como puede ser el cruel desahucio de Maricarmen. El impacto ha sido tan fuerte que puede servir como acicate para otras movilizaciones», argumenta Arkaitz Letamendia, profesor de Ciencia Política en la Universidad del País Vasco (EHU) y autor de Forma y tiempo en la protesta social: una aproximación dialéctica (Bellaterra). ¿La izquierda ha perdido fuerza en las calles? ¿Qué hace falta para recuperar la movilización social? ¿La derecha es realmente quien tiene ahora la hegemonía?

La fuerza de las movilizaciones sociales

Los sindicatos de inquilinas y distintas plataformas en defensa del derecho a la vivienda han organizado este jueves una quincena de protestas y movilizaciones en distintas ciudades de España para denunciar el desahucio de Maricarmen a manos del fondo Urbagestión, cuyos administradores son Ricardo Alonso Fernández y Fernando Alonso Fuentes. Los manifestantes se dieron cita de nuevo este sábado en la Puerta del Sol de Madrid, pasando -a su vez- por el Ayuntamiento y frente al Congreso. El respaldo de las convocatorias ha sido «de alguna manera una victoria», insisten desde el movimiento. Y por eso piden que la «desesperanza» se transforme en «organización» y el desahucio de Maricarmen sea solo el «punto de partida» de una gran ola de movilizaciones, una ola «transversal» que una a colectivos como el de la vivienda con el feminismo, la defensa de las pensiones y la sanidad pública o las luchas antirracistas y LGTBIQ+.   

«Las movilizaciones funcionan siempre de la misma manera: un tema se coloca en agenda y genera una sensibilidad en el público que, muchas veces, no hace demasiado ruido hasta que se acumulan distintos casos y llega una gota que desborda el vaso. Maricarmen no es la única que ha sido desahuciada por un fondo buitre que se niega a negociar y pretende triplicarle el alquiler, pero tiene todos los ingredientes para ser esa gota capaz de desbordar el vaso. La vivienda –no lo podemos olvidar- fue uno de los motivos que vertebró el 15M», recuerda Cristina Monge, socióloga y autora de Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables (Paidós). «No siempre conseguimos saber qué caso hace de chispa y detona una mayor movilización, pero el tema de la vivienda colea desde 2008. Y no solo no se ha solucionado, sino que se ha ido acrecentando pese a haber tenido dos gobiernos de coalición progresistas», señala Arantxa Tirado, politóloga y profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

El principal temor de los movimientos sociales es que la mecha se consuma antes de lo debido, dicho de otra manera, que el descontento desaparezca en cuestión de semanas y resulte difícil mantenerlo en el tiempo. «España tiene instalado desde hace un tiempo un clima de resignación y desmovilización motivado por varias causas. La primera, un agotamiento cognitivo, una sensación generalizada de que confluyen enormes problemas -climáticos, sociales, políticos, económicos- tanto a nivel nacional como internacional. Esta acumulación de problemas y crisis hace que resulte complicado no solo entenderlas, sino saber cómo posicionarse en ellas. La gente progresista necesita recuperar un sentido de agencia y volver a ejercitar capacidades colectivas», insiste Vicente Rubio-Pueyo, investigador en estudios culturales y autor del libro Un país entre dos tiempos: la década en la que España experimentó políticamente (Lengua de Trapo).

El poder y su conexión con las calles

Pier Paolo Pasolini hablaba en sus últimos escritos de la brecha existente entre el palacio, es decir, la política institucional, y la plaza, término utilizado para referirse al pueblo. La plaza quedaba -generalmente- al margen de las decisiones del palacio. El poder no llegaba a conectar con lo que sucedía en las calles. Esta es una idea que comparten -ahora- distintas voces de la izquierda alternativa. «La unidad se construye con un pie en las instituciones y otro en las calles. Y con una mano en las redes sociales. La respuesta en las calles llama a adoptar medidas concretas para el real decreto de vivienda. Y también es un pulso cultural sobre si el país aguanta que la rentabilidad económica este por encima del derecho a la vida digna», defiende Alberto Ibáñez, portavoz de Vivienda de Compromís-Sumar en el Congreso.

El Gobierno, para empezar, ha confirmado que trabaja en el decreto exprés de vivienda al que hace referencia el diputado valenciano y espera llevarlo en los próximos días al Consejo de Ministros, tal y como avanzó Público horas después del desahucio de Maricarmen. «La movilización ciudadana siempre tiene un objetivo que es incidir y presionar a las clases políticas. Lo que sucede es que cuesta más movilizarse cuando quienes gobiernan son los tuyos, los partidos en quienes -directa o indirectamente- depositas tus votos. Los grandes sindicatos tienen cierta responsabilidad en esta paz social porque no han desplegado grandes manifestaciones en el conjunto del Estado», señala la politóloga Arantxa Tirado. «Los círculos militantes sí que tienen sus particularidades, pero cuando se concentran diez mil o veinte mil personas hablamos de una cuestión más transversal y en la que se reúnen personas de todos los colores políticos. El 15M se hizo contra un Gobierno del PSOE«, matiza Cristina Monge. El movimiento por la vivienda ha desplegado a última hora de este sábado una acampada multitudinaria en la Puerta del Sol. El principal objetivo es -precisamente- sacar adelante el decreto Maricarmen. 

La sombra de las movilizaciones del 15M

El desempleo, los desahucios y los recortes en educación o sanidad pusieron en la misma plaza a miles de manifestantes hace ahora 15 años, un 15 de mayo de 2011. «Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo«. El panorama entonces era desolador. España tenía una tasa de desempleo en torno al 22,85%. El paro juvenil rondó a finales de 2011 el 50%. El precio medio del metro cuadrado de la oferta en alquiler era de 8,2 euros. En vivienda, la situación ha ido claramente a peor. El mismo indicador cerró 2025 en torno a los 14,2 euros. España tiene un parque de vivienda social prácticamente inexistente, todavía por debajo del 3,4%. Y registró el año pasado más de 24.000 desahucios, según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). «Los paralelismos son muchos con respecto al 15M. Las clases trabajadoras han perdido poder adquisitivo pese a las subidas salariales y tenemos una crisis insostenible de vivienda que puede ser determinante en las elecciones. Lo que cambia es sobre todo el escenario político. En 2011, parecía que no existía una vía electoral para canalizar ese descontento. Y ahora esas vías no solo existen, sino que están completamente fragmentadas y tienen experiencia de Gobierno«, recalca Arantxa Tirado.

«La paradoja es que la crisis actual de la vivienda la están gestionando unos partidos que recogen de alguna manera el malestar del 15M. El Gobierno no solo tiene que dar respuesta a un malestar concreto, sino que tiene que lidiar con la impotencia que genera en la sociedad el hecho de incumplir sus propias promesas. La consecuente decepción provoca en parte del electorado una cierta parálisis y en otra parte un cabreo que capitaliza muchas veces la extrema derecha», sostiene Cristina Monge. «En el plano institucional, las izquierdas necesitan expresar claramente un programa sin complejos. Y en el plano social, recuperar presencia en los barrios y en las calles«, sentencia Vicente Rubio-Pueyo. Esta es una de las claves que ha llevado a líderes progresistas a ganar elecciones en Nueva York o Berlín. En España, sigue pendiente la tarea de construir una candidatura de confluencia de las izquierdas alternativas para las generales que se celebrarán –salvo adelanto inesperado– en 2027. 

¿Las calles son ahora de los ultras?

La fragmentación de las fuerzas progresistas -coinciden los expertos- ha desmovilizado también a sus votantes en las calles, unas calles en las que parecen ganar terreno los discursos de la extrema derecha. Las manifestaciones -muchas veces, violentas- del conglomerado ultra han sido habituales durante la última legislatura, desde los disturbios en Ferraz hasta las marchas racistas por la supuesta «invasión» de Ceuta. «El hecho de que las derechas estén más movilizadas en torno a la antiinmigración no necesariamente quiere decir que gocen de hegemonía en las calles. Lo que pasa es que son más visibles y tienen mucho eco en determinados medios convencionales«, puntualiza Arantxa Tirado. La politóloga considera además que la «individualización» de la sociedad española hace que cada vez «cueste más» salir a las calles y que las formas de protesta terminen muchas veces «desplazándose» a las redes sociales, unas redes en las que los algoritmos también reman a favor de las posiciones reaccionarias.

«La extrema derecha ha conseguido ganar en el terreno mediático más que en el social, pero este último está tan atomizado que da la sensación de que la victoria se produce en ambos«, coincide Vicente Rubio-Pueyo. Arkaitz Letamendia, por su parte, resume de la siguiente manera el crecimiento de los postulados que ahora defienden PP y Vox. «La crisis de 2008 provocó una serie de respuestas populares que coincidieron en espacio y tiempo, como el 15M y el procés catalán o las movilizaciones transfeministas y antirracistas. Estos avances generaron respuestas específicas y fueron armando progresivamente un bloque reaccionario que ahora vemos en las calles, mientras se produce, además, una lucha por la hegemonía de los espacios públicos. La extrema derecha avanza cuando no se le hace frente, pero cuando ganan fuerza la lucha por la vivienda o las manifestaciones feministas y LGTBIQ+, las posiciones reaccionarias tienden a retroceder. Maricarmen puede ser esa chispa que haga que las movilizaciones sociales desplieguen todo su potencial y levanten muros que hagan retroceder a la extrema derecha». 

El Sindicato de Inquilinas y los movimientos por el derecho a la vivienda confían en que así sea y amenazan con que la «paciencia» de la población se está agotando. «Hace falta ya una huelga de alquileres, hace falta ya una huelga general», «Madrid será la tumba del rentismo» o «Fondos buitre expropiación» han sido algunas de proclamas que se han coreado durante la manifestación de este sábado en el centro Madrid, una marcha que ha concluido con una acampada en la Puerta del Sol. La capital ha acogido la rabia de miles de personas -300.000 según la organización, 25.000 de acuerdo a la Delegación del Gobierno- por el desahucio de Maricarmen. Los expertos consultados por este medio coinciden en su diagnóstico: «Maricarmen puede cambiar el estado de ánimo de los votantes de izquierdas y volver a colocarlos en las calles».

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