Steve Jermy con Glenn Diesen (Substack Greater Eurasia), 18 de Septiembre de 2026

El comodoro de la Marina Real, Steve Jermy, sostiene que el equilibrio de poder global ha cambiado radicalmente y que los gobiernos occidentales deben reconocer que los supuestos en los que se basan sus estrategias militares y económicas ya no son válidos. Estados Unidos sigue siendo una potencia militar formidable, pero ya no puede desplegar ese poder como antes. La era en la que se podía dar por sentada la primacía militar estadounidense ha terminado.
Producción industrial, energía y estrategia.
El equilibrio de poder no puede medirse simplemente mediante el PIB, la población o la riqueza financiera. Tres factores son fundamentales: la producción industrial, la energía y la capacidad de pensar y actuar estratégicamente.
El PIB es una medida particularmente engañosa del poder militar porque incluye servicios financieros, bienes raíces y otros sectores que no producen directamente el material necesario para la guerra. La producción industrial sí lo hace. Rusia, por ejemplo, tiene un componente industrial mucho mayor en su economía que Gran Bretaña o Francia, y esto es de suma importancia cuando las guerras requieren proyectiles de artillería, misiles, drones y otros equipos en grandes cantidades.
La energía es igualmente fundamental. La producción industrial y las operaciones militares consumen una cantidad extraordinaria de energía. La decisión de Europa de abandonar la energía rusa barata ha contribuido a la desindustrialización, mientras que la idea de que una guerra moderna pueda sostenerse únicamente con energías renovables es irrealista. La logística militar consume enormes cantidades de combustible, y sin un suministro energético seguro, la capacidad industrial y militar se deteriora.
El tercer factor es la competencia estratégica. Un país puede poseer enormes recursos, pero aun así malgastarlos por una mala planificación estratégica. El historial de las intervenciones occidentales en Afganistán, Irak, Libia y Siria, junto con las guerras en las que participaron Rusia e Irán, demuestra un reiterado fracaso a la hora de pensar estratégicamente antes de recurrir a la fuerza.
Los límites de la proyección de poder occidental
El poder militar también está condicionado geográficamente. Una armada no puede simplemente sustituir a un ejército, y el poder militar resulta mucho menos útil cuando no se puede lograr la superioridad aérea ni el control del mar.
El desarrollo de drones, misiles balísticos y armas hipersónicas ha supuesto un serio desafío para las estructuras de las fuerzas armadas occidentales. Si las fuerzas estadounidenses no logran establecer la superioridad aérea ni asegurar los mares, todo el modelo de proyección de poder estadounidense se vuelve cuestionable. Aeronaves, portaaviones, fuerzas anfibias y terrestres no pueden operar con seguridad si no pueden alcanzar o permanecer en sus zonas de operaciones previstas.
Esto tiene consecuencias profundas. Estados Unidos puede seguir siendo extremadamente poderoso, pero su capacidad para ejercer ese poder cuando y donde lo desee se ha debilitado gravemente. Por eso, el fin de la hegemonía estadounidense debe considerarse ahora una realidad, y no una posibilidad lejana.
Rusia, China y New Balance
Rusia y China son fundamentales para el equilibrio emergente, ya que combinan importantes capacidades industriales, energéticas y militares. Rusia posee un ejército numeroso y experimentado, con una extensa fuerza de misiles, mientras que China es la principal potencia industrial mundial y una importante potencia marítima. La dependencia de China de los hidrocarburos rusos también confiere a la relación entre ambos países una importancia estratégica.
Por lo tanto, los países de la periferia geográfica de Eurasia —entre ellos Gran Bretaña, Noruega, Japón, Corea del Sur y Taiwán— deben reconsiderar sus supuestos de seguridad. Ya no es seguro asumir que estar alineado con Estados Unidos garantiza automáticamente la victoria militar.
Europa debería reconocer que el equilibrio de poder ha cambiado y desarrollar relaciones de trabajo con Rusia y China basadas más en intereses prácticos, comercio y seguridad que en la confrontación ideológica.
Regreso a la seguridad europea
Los antiguos pilares de la seguridad europea —el poder estadounidense y la OTAN— ya no deben considerarse fundamentos suficientes para el futuro. Europa necesita replantearse su arquitectura de seguridad y retomar los principios de seguridad colectiva asociados a la OSCE.
Rusia ha defendido reiteradamente un sistema de seguridad europeo común, y Europa debería escuchar esas propuestas en lugar de descartarlas automáticamente. El objetivo debe ser crear acuerdos capaces de prevenir otra gran guerra europea.
La tarea fundamental ahora es la autorreflexión estratégica. Europa debe reconocer su reducida capacidad industrial y militar, analizar por qué fracasaron las guerras anteriores y reconsiderar la premisa de que la intervención militar en el extranjero es un instrumento político por defecto adecuado.
El mundo emergente será más multipolar. Europa no tiene por qué debilitarse como consecuencia, pero debe reconocer el nuevo equilibrio de poder y construir sus relaciones económicas y de seguridad en consecuencia.
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