Glenn Diesen (GREATER EURASIA Substack), 9 de Septiembre de 2026
Richard Wolff argumenta que la era del abrumador dominio global estadounidense está llegando a su fin, y que Estados Unidos está respondiendo no restaurando el orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, sino retrocediendo hacia una nueva forma de colonialismo centrada en el hemisferio occidental.
Los fundamentos del poder estadounidense
Wolff sostiene que Estados Unidos heredó el sistema colonial europeo tras la Segunda Guerra Mundial. Europa se había agotado a causa de la guerra, mientras que Estados Unidos emergió extraordinariamente poderoso y relativamente indemne de la destrucción que había asolado a las potencias europeas. Washington apoyó entonces el fin formal del colonialismo, al tiempo que reorganizaba el comercio, las finanzas y la inversión globales en torno al dólar y la economía estadounidense.
En opinión de Wolff, esto permitió a Estados Unidos obtener muchos de los beneficios económicos que antes generaban los imperios coloniales europeos. Sostiene que la extraordinaria riqueza acumulada por las potencias europeas dependía, a su vez, de la explotación de Asia, África y América Latina, y que Estados Unidos se convirtió posteriormente en el principal beneficiario de esta estructura económica global.
Según argumenta, ese sistema creó una concentración sin precedentes del poder económico, financiero y militar estadounidense. Pero las condiciones que lo propiciaron están desapareciendo, y el antiguo orden no puede simplemente restablecerse.
Un repliegue hacia el hemisferio occidental
Wolff sostiene que Estados Unidos se enfrenta cada vez más a los límites de su poder militar. Las guerras y confrontaciones con Rusia e Irán demuestran, en su opinión, que la superioridad militar estadounidense ya no es suficiente para imponer los objetivos políticos de Washington.
Por lo tanto, vislumbra una nueva estrategia: replegarse hacia un “hemisferio occidental fortaleza” donde la presión militar estadounidense siga siendo más efectiva. Canadá, Groenlandia, México, Venezuela, Cuba y el Canal de Panamá adquieren una importancia creciente dentro de esta estrategia.
Wolff sostiene que esto representa una nueva fase del colonialismo estadounidense. El objetivo es compensar la disminución de la influencia en otros lugares mediante un control más estricto sobre el hemisferio occidental, haciendo que la región desempeñe un papel similar al que tuvo el resto del mundo durante la anterior era de dominio estadounidense.
China y el equilibrio cambiante
Wolff identifica el desarrollo económico de China como una de las fuerzas centrales detrás de la transformación. Sostiene que China evitó las restricciones ideológicas que dominan el debate económico occidental al combinar de manera pragmática el poder estatal con la empresa privada.
En su opinión, China se ha centrado principalmente en el desarrollo económico y tecnológico, en lugar de la confrontación con Estados Unidos. Por lo tanto, sus crecientes capacidades industriales, tecnológicas y militares están cambiando el equilibrio de poder sin que China tenga que reproducir el modelo estadounidense.
Wolff subraya que muchos estadounidenses aún desconocen la magnitud de la transformación de China. Señala la infraestructura china, la propiedad de viviendas, los ferrocarriles, el desarrollo tecnológico y la capacidad industrial como ejemplos de logros que resultan difíciles de aceptar para los estadounidenses, ya que contradicen ideas profundamente arraigadas sobre la superioridad estadounidense.
Rusia, Irán y los límites de la intervención
Wolff sostiene que Rusia e Irán demuestran las crecientes limitaciones del poder estadounidense. La idea de que Rusia pudiera ser derrotada, desmembrada y subordinada económicamente, o que Irán pudiera transformarse en un Estado cuyos recursos quedaran a disposición de los intereses occidentales, se ha vuelto cada vez más difícil de lograr.
Considera especialmente significativa la capacidad de Irán para resistir la presión militar estadounidense. Sostiene que Estados Unidos está descubriendo que la fuerza militar no se traduce automáticamente en control político.
Al mismo tiempo, Wolff argumenta que la continua resistencia de Rusia ha frustrado las expectativas de una victoria estadounidense y ha puesto de manifiesto los costes de intentar preservar el antiguo orden por medios militares.
Una nueva justificación para el poder estadounidense.
Wolff sostiene que la justificación ideológica del dominio estadounidense también está cambiando. En lugar de presentar a Estados Unidos como defensor de la globalización, la democracia y la libertad internacional, el argumento emergente es que Estados Unidos mismo ha sido explotado.
En esta formulación, Estados Unidos fue «estafado» por aliados y adversarios, y ahora reclama lo que le fue arrebatado. Wolff argumenta que esto subvierte la justificación tradicional de la hegemonía: el poder estadounidense se presenta no como dominación, sino como resistencia a la subordinación.
Para Wolff, este es el fundamento ideológico de la nueva fase colonial. Estados Unidos ya no intenta controlar todo el sistema global como antes. En cambio, busca preservar su poder concentrándose en el territorio donde su influencia militar, económica y política sigue siendo mayor.
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