por Mohamed Larbi Bouguerra, (Le Monde Diplomatique), 8 de septiembre de 2026
Tras las olas de calor, los megaincendios y las sequías de este verano, una pregunta debería obsesionar a los responsables políticos europeos: ¿cómo salir de un sistema que engendra devastación? La mayoría de ellos prefiere seguir agitando sus sonajeros favoritos: austeridad, inmigración, fiscalidad… Mientras tanto, el deterioro de las cosechas, las guerras, el encarecimiento de los fertilizantes y la llegada de un episodio de El Niño especialmente intenso amenazan la seguridad alimentaria mundial. Se está gestando un nuevo azote que, en todo el planeta, podría alimentar otra hoguera: la de la cólera.

FRANCESCO CLEMENTE. — Faim (‘Hambre’), 1980
Entre dos embates contra la orilla, las olas suelen caracterizarse por un movimiento de retroceso: la resaca. Por desgracia, no ha ocurrido así con el clima este verano. La sucesión de olas de calor se ha parecido más bien a un anegamiento. Con temperaturas superiores a los 40 °C en unas áreas que, en algunos momentos, llegaron a cubrir el 40% de la Francia continental, el país se ha convertido en una hoguera. A veces, literalmente: megaincendios capaces de engendrar su propio sistema climático han devorado cerca de 100.000 hectáreas en Francia. Algo nunca visto. En España, la superficie quemada ha llegado casi al triple, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales. Toda Europa occidental se ha visto afectada.
“¡Por suerte, se acerca el otoño!”, nos tranquilizan los boletines meteorológicos, mientras las cadenas informativas se congratulan del descenso de las temperaturas. Lo peor habría quedado atrás y por fin se abriría un periodo de alivio. Desgraciadamente, semejante análisis equivale a confundir los tres golpes que en el teatro anuncian el levantamiento del telón con el propio drama. Porque esto no ha hecho más que empezar. Además de los diluvios que de ordinario suceden a los episodios de calor extremo, la sequía y los incendios han encendido una bomba de relojería cuya mecha había acortado la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán al provocar el cierre del estrecho de Ormuz.
Hay una señal inequívoca. Cuando el nivel de los ríos desciende, aparecen rocas en la superficie del Elba, el Danubio o el Rin. A veces revelan fechas grabadas en ellas durante las sequías severas del pasado: 1616, 1746, 1842… Unos episodios caracterizados por cosechas catastróficas, aumento de los precios y escasez. De ahí el nombre que reciben estas formaciones que hoy afloran amenazadoramente: las “piedras del hambre” (1). El Támesis y el Po mostraban sus caudales más bajos “para un mes de julio en 34 años de registros”, según el observatorio europeo del cambio climático Copernicus (2). En Francia, un Sena “con gotero” debe ya “la mitad de su caudal” al aporte de los lagos-embalse situados aguas arriba del río y de sus afluentes, en Champaña y en Borgoña (3). El 40% de los pequeños cursos de agua objeto de seguimiento sufren interrupciones de caudal, y 97 departamentos han decretado restricciones en el uso del “oro azul”. Su ciclo se ve alterado por la artificialización de los suelos y por prácticas agrícolas que favorecen la escorrentía y dificultan la recarga de los acuíferos.
El impacto en los cultivos ya está siendo dramático. El servicio de estadísticas del Ministerio de Agricultura francés estima que la cosecha de maíz caerá un 35% en 2026, lo que podría situarla en su nivel más bajo desde 1980. “Existe un riesgo de escasez de ciertos productos en los lineales de los supermercados —explica Cyril Pogu, copresidente de la federación Légumes de France (‘Hortalizas de Francia’)—. Hay pérdidas muy importantes que llegan al 100% en lechugas, brócolis, puerros, coles y rábanos” (4). En Bélgica, “se habla fácilmente de una disminución de los rendimientos de entre el 10% y el 30%” en el caso de los cereales, calcula Guillaume Van Binst, secretario general de la Federación de Jóvenes Agricultores (5). Una apreciación que comparten los agricultores británicos.
En materia de suministro alimentario mundial, este panorama viene a oscurecer un horizonte de por sí ensombrecido por el conflicto entre Rusia y Ucrania, así como por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Como señalaba un informe del Parlamento Europeo de 2022 (6), antes de la guerra, Ucrania suministraba cerca de la mitad de los cereales y un cuarto de las aves de corral importadas por Europa. En conjunto, Rusia y Ucrania suponían un 30% de las exportaciones mundiales de trigo y un porcentaje semejante de las exportaciones de cebada. Pero Moscú ataca los buques ucranianos y ha impuesto el bloqueo de los puertos ucranianos en el mar Negro, por los que transitaba el 90% de las exportaciones agrícolas del país. Kiev no se queda atrás y ataca los puertos bajo control ruso y sus silos de grano (7). Los flujos de cereales se han visto por ello gravemente perturbados.
CARESTÍA DE FERTILIZANTES
Lo mismo sucede con la circulación de las materias primas esenciales para la fabricación de fertilizantes por el golfo Arábigo-Pérsico. De resultas de los bombardeos estadounidenses contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, las instalaciones de producción dañadas o reducidas a la inactividad han provocado la escasez de insumos clave, ocasionando un fuerte aumento de los precios y ralentizando la producción a escala planetaria. Ya en marzo de 2026, antes incluso de que el hemisferio norte empezara a asarse, el economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Máximo Torero, advertía de que la guerra en Irán estaba “provocando una de las conmociones más graves en los flujos mundiales de productos básicos de los últimos años, lo que tiene implicaciones importantes para la seguridad alimentaria, la producción agrícola y los mercados mundiales” (8).
Además de la urea —un fertilizante nitrogenado del cual Irán, Arabia Saudí, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin suministran colectivamente más de un tercio de las exportaciones mundiales—, la región del Golfo es responsable de cerca de la mitad del comercio internacional de azufre. The Mosaic Company, un gigante estadounidense del sector agrícola, ha citado recientemente el brusco aumento del precio de este recurso como el principal motivo de su decisión de reducir la producción de fertilizantes fosfatados en sus plantas de Estados Unidos y Brasil (9). El fosfato natural de las minas de Marruecos, por ejemplo, solo se convierte en superfosfato —un valioso fertilizante— después de ser tratado con ácido sulfúrico, para la fabricación del cual es necesario el azufre. En opinión de Torero, el cierre de Ormuz no solo constituye “una perturbación energética. Es una perturbación sistemática que afecta a los sistemas agroalimentarios de todo el mundo” (10).
El conjunto de estos trastornos económicos no dejará de repercutir en los rendimientos agrícolas, en especial en los de los cereales que requieren grandes cantidades de fertilizantes. Se verán afectados el trigo en Egipto y el arroz en la India, así como grandes países agrícolas exportadores, como Brasil, y Estados subsaharianos como Somalia, Tanzania, Mozambique o Kenia, muy dependientes de las importaciones de fertilizantes. La FAO considera que la región de Asia meridional se enfrenta a un “riesgo extremo” (11). Los agricultores de países como Pakistán o Bangladés —incapaces de pujar más que los países ricos por los fertilizantes— se han visto obligados a sembrar en suelos empobrecidos. Según el Banco Africano de Desarrollo (BAfD), también están en peligro los pequeños agricultores africanos, que producen el 70% de los alimentos del África subsahariana (12). La gravedad de la presente crisis queda probada por el hecho de que China ha limitado sus exportaciones de fertilizantes y de que los productores australianos de cereales han reducido la superficie sembrada. En cuanto a los agricultores estadounidenses de maíz y soja, han pedido ayuda al presidente Donald Trump (13). Su presión ha llevado a la Administración estadounidense a levantar las sanciones impuestas a los fertilizantes bielorrusos y venezolanos. Pero los agricultores quieren más, y exigen la revocación de los aranceles sobre el superfosfato marroquí.
LOS EFECTOS DE EL NIÑO
Sin embargo, lo más preocupante aún está por venir. No se trata de una guerra ni de una nueva ola de calor, sino de la intensificación de un fenómeno meteorológico cíclico que este año se anuncia especialmente intenso: El Niño, un fenómeno oceanográfico que se caracteriza por un aumento de la temperatura del agua en el Pacífico y que conlleva tanto lluvias torrenciales en el continente americano como sequía (e incendios) en Australia y el sudeste asiático, además de tifones en todo el Extremo Oriente.
Hace más de un siglo, entre 1876 y 1878, el mundo conoció el episodio de El Niño más intenso jamás registrado. Provocó sequías catastróficas en China, África meridional, Brasil, Egipto y la India. Este último país, sometido a una tutela colonial singularmente violenta, contabilizó más de seis millones de fallecimientos atribuibles a la hambruna. El episodio actual, que la Organización Meteorológica Mundial prevé que se intensifique este otoño y prolongue sus efectos hasta la primavera de 2027, podría alcanzar una intensidad aún mayor.
En Perú ya se ha dejado sentir: la temperatura anormalmente elevada de las aguas del Pacífico ha llevado a las autoridades a prohibir la pesca de anchovetas, un alimento básico para la población. Esta medida, destinada a proteger la especie, ha provocado que se doblara el precio de la harina de pescado y se triplicara el del aceite de pescado. La India e Indonesia, grandes productores de café robusta, van a sufrir un fuerte calor; en Vietnam, el fenómeno amenaza los embalses que tradicionalmente sirven para irrigar los cafetales, comprometiendo así la cosecha de 2027-2028 (14).
Los efectos de El Niño sobre los alimentos básicos serán tanto más graves por cuanto se conjugarán con los de las guerras y la sequía. Según la FAO, es posible que varios cientos de millones de personas se encuentren en una situación de grave inseguridad alimentaria en 2026 (15). Muchos morirían entonces de hambre; otros fallecerían por los efectos de una contaminación proteiforme (gas, partículas, compuestos poliaromáticos cancerígenos debidos a incendios y vertidos) causada por los bombardeos israelo-estadounidenses sobre las refinerías iraníes, así como por los megaincendios.
El panorama quedaría incompleto, sin embargo, si no se mencionara un último azote no menos devastador: la especulación. “Los actores que dominan los mercados financieros de las materias primas agrícolas exacerban los efectos de las crisis especulando sobre el hambre y sacan provecho de estas situaciones —señala un informe de CCFD-Terre Solidaire publicado en 2023—. Esta alarmante tendencia nos resulta demasiado familiar: la favorece la progresiva desregulación de los mercados, que ha abierto las puertas a la financiarización de nuestra alimentación y a sus nefastas consecuencias” (16). Es poco probable que estos especuladores renuncien a sus beneficios, aunque ello implique dejar que los más desfavorecidos padezcan los tormentos del hambre. Ese sufrimiento que, como dejó escrito Louis Calaferte, “deriva en obsesión” y a causa del cual se pierde “dignidad, honor y orgullo” (17).
La situación aquí descrita no es fruto de ninguna fatalidad. Es la consecuencia lógica y previsible de un modelo de organización social y de decisiones políticas tomadas con pleno conocimiento de causa. ¿Hasta cuándo?
(1) Brenda Haas, “Hunger stones: The history behind ‘if you see me, weep’”, 14 de agosto de 2026, www.dw.com
(2) Théophile Magoria y Florent Bascoul, “Loire, Rhin, Danube, Pô… les images satellites des fleuves assoiffés par la sécheresse”, 15 de agosto de 2026, www.bfmtv.com
(3) Léa Sanchez, “L’assèchement généralisé des sols et des cours d’eau en France inquiète les hydrologues”, Le Monde, París, 23 de julio de 2026.
(4) Géraud Lefebvre, “Canicule et sécheresse: la fédération Légumes de France alerte sur un risque de pénurie dans les rayons”, Nord Littoral, Boulogne-sur-Mer, 19 de julio de 2026.
(5) Ibrahim Molough, “La sécheresse menace les récoltes, mais les dégâts varient fortement selon les cultures”, 23 de julio de 2026, www.rtl.be
(6) Tarja Laaninen, “Russia’s war on Ukraine: EU food policy implications”, Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, abril de 2022.
(7) Iryna Skubii, “Russia is cutting off Ukraine’s grain exports again, threatening a critical harvest and global food security”, 14 de agosto de 2026, https://theconversation.com
(8) Cf. “El economista jefe de la FAO advierte de riesgos graves para la seguridad alimentaria mundial derivados de las perturbaciones en el corredor comercial del estrecho de Ormuz”, Nueva York/Roma, 26 de marzo de 2026, www.fao.org
(9) Kervin Draper, “War hangs over American farmers as fertilizer prices rise”, The New York Times, 16 de junio de 2026.
(10) “El economista jefe de la FAO advierte…”, op. cit.
(11) ONU Info, “Moins de faim, mais pas pour tous: l’Asie du Sud au cœur du déséquilibre alimentaire en Asie-Pacifique”, Ginebra, 17 de diciembre de 2025.
(12) “El economista jefe de la FAO advierte…”, op. cit.
(13) Ana Swanson, “Global food supply faces a dangerous bottleneck as Iran war persists”, The New York Times, 27 de marzo de 2026.
(14) Susannah Savage, “El Niño threatens to disrupt the world’s most-traded commodities”, Financial Times, Londres, 7 de agosto de 2026.
(15) Ibid.
(16) “Inflation: When speculators profit from the food crisis”, CCFD-Terre solidaire, París, 11 de diciembre de 2023.
(17) Louis Calaferte, Requiem des innocents, Gallimard, París, 1952.
(18) Brenda Haas, “Hunger stones: The history behind ‘if you see me, weep’”, 14 de agosto de 2026, www.dw.com
(19) Théophile Magoria y Florent Bascoul, “Loire, Rhin, Danube, Pô… les images satellites des fleuves assoiffés par la sécheresse”, 15 de agosto de 2026, www.bfmtv.com
(20) Léa Sanchez, “L’assèchement généralisé des sols et des cours d’eau en France inquiète les hydrologues”, Le Monde, París, 23 de julio de 2026.
(21) Géraud Lefebvre, “Canicule et sécheresse: la fédération Légumes de France alerte sur un risque de pénurie dans les rayons”, Nord Littoral, Boulogne-sur-Mer, 19 de julio de 2026.
(22) Ibrahim Molough, “La sécheresse menace les récoltes, mais les dégâts varient fortement selon les cultures”, 23 de julio de 2026, www.rtl.be
(23) Tarja Laaninen, “Russia’s war on Ukraine: EU food policy implications”, Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, abril de 2022.
(24) Iryna Skubii, “Russia is cutting off Ukraine’s grain exports again, threatening a critical harvest and global food security”, 14 de agosto de 2026, https://theconversation.com
(25) Cf. “El economista jefe de la FAO advierte de riesgos graves para la seguridad alimentaria mundial derivados de las perturbaciones en el corredor comercial del estrecho de Ormuz”, Nueva York/Roma, 26 de marzo de 2026, www.fao.org
(26) Kervin Draper, “War hangs over American farmers as fertilizer prices rise”, The New York Times, 16 de junio de 2026.
(27) “El economista jefe de la FAO advierte…”, op. cit.
(28) ONU Info, “Moins de faim, mais pas pour tous: l’Asie du Sud au cœur du déséquilibre alimentaire en Asie-Pacifique”, Ginebra, 17 de diciembre de 2025.
(29) “El economista jefe de la FAO advierte…”, op. cit.
(30) Ana Swanson, “Global food supply faces a dangerous bottleneck as Iran war persists”, The New York Times, 27 de marzo de 2026.
(31) Susannah Savage, “El Niño threatens to disrupt the world’s most-traded commodities”, Financial Times, Londres, 7 de agosto de 2026.
(32) Ibid.
(33) “Inflation: When speculators profit from the food crisis”, CCFD-Terre solidaire, París, 11 de diciembre de 2023.
(34) Louis Calaferte, Requiem des innocents, Gallimard, París, 1952.
Mohamed Larbi Bouguerra
* Profesor universitario, miembro de la Academia de Ciencias, Letras y Artes Bayt al Hikma (Cartago
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