Glenn Diesen (GRAN EURASIA SUBSTACK), 3 de Septiembre de 2026

John Mearsheimer sostiene que el sistema internacional ha cambiado radicalmente, pero las élites de la política exterior occidental no se han adaptado a esta realidad. El periodo posterior a la Guerra Fría fue un momento excepcional de dominio estadounidense, en el que Estados Unidos podía operar con relativamente pocas restricciones. Ese momento unipolar ha terminado. El mundo ha vuelto a la competencia entre grandes potencias, con Estados Unidos, China y Rusia conformando el equilibrio de poder central.
El regreso de la política de las grandes potencias
Mearsheimer sostiene que el orden internacional liberal era esencialmente un orden occidental que se expandió globalmente tras la Guerra Fría. Sus condiciones subyacentes ya no existen. China se ha convertido en una importante potencia económica y militar, Rusia sigue siendo una gran potencia con enormes capacidades militares, y Estados Unidos ya no puede dictar las reglas del sistema internacional como antes.
En su opinión, el problema radica en que muchos responsables políticos occidentales siguen comportándose como si la era unipolar aún estuviera vigente. Subestiman la importancia de la política de equilibrio de poder y dan por sentado que las demás grandes potencias simplemente aceptarán una expansión de la influencia occidental en áreas que consideran estratégicamente vitales.
Rusia y la guerra de Ucrania
Mearsheimer sostiene que la guerra de Ucrania está intrínsecamente ligada a la expansión de la OTAN y al dilema de seguridad que rodea a Rusia. Desde la perspectiva de Moscú, la continua expansión de una poderosa alianza militar occidental hacia las fronteras rusas representa una grave amenaza estratégica.
Sostiene que Rusia ha dejado claro en repetidas ocasiones que la integración de Ucrania en la esfera de seguridad occidental era inaceptable debido a su posición geográfica y su importancia para la seguridad rusa. En su opinión, el error fundamental fue considerar irrelevantes las preocupaciones de seguridad rusas, en lugar de reconocer que las grandes potencias reaccionan con contundencia cuando capacidades militares hostiles se acercan a sus fronteras.
Mearsheimer distingue entre contención y retroceso. La contención busca impedir que un adversario expanda su poder, mientras que el retroceso pretende frenarlo y alterar el equilibrio existente. Mearsheimer sostiene que la política occidental hacia Rusia se ha alejado cada vez más de la contención para adentrarse en el retroceso, creando una situación mucho más peligrosa.
Irán y el peligro nuclear
Mearsheimer también advierte contra cualquier intento de resolver el problema iraní mediante una escalada militar extrema. Sostiene que la posibilidad de usar armas nucleares tácticas contra Irán es particularmente peligrosa y estratégicamente desacertada.
Irán es un país extenso con importantes capacidades militares y una población capaz de resistir. Un ataque nuclear no solo eliminaría el problema iraní, sino que podría tener consecuencias impredecibles y fomentar una mayor escalada. Mearsheimer sostiene que las armas nucleares son fundamentalmente diferentes de las armas convencionales porque, una vez que entran en conflicto, controlar la escalada se vuelve extraordinariamente difícil.
La misma lógica se aplica a Rusia. No se puede presionar indefinidamente a una gran potencia con armas nucleares sin crear la posibilidad de que responda de maneras que ninguna de las partes pretendía.
El peligro de la escalada
Mearsheimer sostiene que los líderes occidentales operan en un entorno internacional cada vez más peligroso sin comprender adecuadamente el dilema de la seguridad. Las acciones que una parte considera defensivas pueden parecer ofensivas para otra, lo que provoca contramedidas que, a su vez, refuerzan los temores iniciales.
Argumenta que esta dinámica es particularmente peligrosa porque el mundo ahora alberga a varias grandes potencias con armas nucleares. Por lo tanto, la presión militar, las transferencias de armas y los intentos de debilitar a un adversario pueden provocar una escalada en lugar de una capitulación.
La lección fundamental, según Mearsheimer, es que Estados Unidos y sus aliados deben reconocer los límites de su poder. Las grandes potencias tienen intereses de seguridad, y estos no pueden simplemente ignorarse. El sistema internacional ha regresado a la multipolaridad, y una política exterior exitosa exige aceptar esta realidad en lugar de intentar recrear las condiciones de la era unipolar.
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