Diego Fusaro (sitio web del autor), 2 de Septiembre de 2026

Es oficial: Islandia también celebró un referéndum rechazando la adhesión a la Unión Europea. Más del 50% de los votantes se manifestaron en contra de unirse a esa construcción tecnocrática, depresiva y represiva llamada, con aires de grandeza y traición, Unión Europea: un nombre que promete lo contrario de lo que realmente logra, considerando que la Unión Europea ha dividido y polarizado aún más a los pueblos y naciones europeas, en nombre de la competitividad y del lema «mors tua, vita mea», que bien puede interpretarse como el principio fundamental del neoliberalismo.
Como he repetido incontables veces, la Unión Europea no es más que la reorganización vertical del sistema capitalista tras el hito de 1989. Una revolución pasiva, como diría Gramsci, mediante la cual los grupos dominantes han consolidado su poder en detrimento del pueblo, los trabajadores y las clases medias. La idea de Europa se invoca casi siempre de forma inapropiada para justificar la Unión Europea, lo cual no es sino la más flagrante perversión de dicha idea: la noble idea de Europa de Kant o Husserl está tan alejada de la jaula de acero de los europeístas de Bruselas como Marte de Plutón.
Resultados similares a los registrados en Islandia se produjeron en Suiza en 1992, Noruega en 1994, Dinamarca en 2000 y en varios casos posteriores. La narrativa es clara y evidente. Cuando se les pregunta, los ciudadanos europeos siempre rechazan la construcción tecnocrática de Bruselas, a sabiendas de que es contraria a sus intereses y que, en esencia, supone una pérdida de derechos sociales y un empobrecimiento.
En este sentido, no olvidemos las palabras del canciller alemán Helmut Kohl, quien admitió haber actuado «como un dictador» al imponer el euro y el Tratado de Maastricht, justificando su decisión con el argumento de que un referéndum popular jamás habría dado un resultado positivo.
La afirmación de la canciller alemana parece tener respaldo a nivel europeo, dado que, como se ha señalado, los pueblos europeos manifiestan con frecuencia su disconformidad con el ingreso en el vacío templo de la Unión Europea. Incluso, como en el caso de Gran Bretaña en 2016, votan a favor de abandonar la jaula de Bruselas.
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