Gaceta Crítica

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El telescopio espacial Roman: el poder de la ciencia y la bancarrota del capitalismo

Bryan Dyne (WSWS), 2 de Septiembre de 2026

El telescopio espacial Nancy Grace Roman, lanzado en la mañana del domingo desde el Centro Espacial Kennedy, avanza ya hacia su órbita final, a unos 1,6 millones de kilómetros de la Tierra. Los paneles solares del observatorio y su parasol inferior se desplegaron con éxito, y su antena de alta ganancia entrará en funcionamiento próximamente.

Una vista del telescopio espacial Roman justo después de separarse de su vehículo de lanzamiento Falcon Heavy. [Foto: NASA] [Photo: NASA]

La puesta en marcha completa tomará tres meses, y se esperan las primeras imágenes científicas a comienzos del próximo año, el inicio de un relevamiento de cinco años sobre los misterios más profundos de la física moderna: los fenómenos conocidos como materia oscura y energía oscura.

El observatorio lleva el nombre de Nancy Grace Roman, la primera astrónoma jefa de la NASA, quien luchó por la creación de la astronomía espacial. El telescopio que lleva su nombre porta un espejo del mismo diámetro de 2,4 metros que el del Hubble, y produce imágenes igual de nítidas, pero cada exposición capta al menos 100 veces más cielo.

A lo largo de cinco años, estudiará más de mil millones de galaxias, catalogará hasta 20.000 millones de estrellas en nuestra propia Vía Láctea, y descubrirá entre 50.000 y 200.000 planetas en órbita alrededor de otras estrellas. El hardware y el software a bordo están diseñados para enviar 1,4 terabytes de datos al día, un récord para una misión de astrofísica de la NASA.

El Roman forma parte de un extenso esfuerzo internacional por explorar los propios fundamentos de la estructura y la historia del universo. A comienzos del siglo XX se descubrió que el universo se expande en todas partes, a partir de un origen definido que hoy se sabe ocurrió hace unos 13.800 millones de años. De ese descubrimiento surgió la pregunta sobre su destino: ¿continuará la expansión para siempre, o la gravedad la superará y producirá un eventual colapso?

De la búsqueda para responder esta pregunta fundamental surgieron muchos descubrimientos sorprendentes. Alrededor de 1970, se descubrió que las galaxias están unidas por mucha más masa que la de su gas y sus estrellas, una “materia oscura” de composición desconocida que tiene masa y, por lo tanto, gravedad, pero que no emite ningún tipo de luz. Los estudios sobre las estrellas en explosión más distantes, vistas tal como eran en los primeros tiempos del universo, mostraron que la expansión se está acelerando, impulsada por una repulsión que opera a escala cósmica, hoy denominada “energía oscura”.

Una observación simulada de una parte de la cercana galaxia de Andrómeda utilizada para predecir las capacidades del Telescopio Espacial Roman. [Foto: Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA] [Photo: NASA’s Goddard Space Flight Center]

Uno de los aspectos más desconcertantes tanto de la materia oscura como de la energía oscura es que conforman la inmensa mayoría de la masa/energía del universo. La materia oscura constituye aproximadamente el 27 por ciento, y la energía oscura, alrededor del 68 por ciento, mientras que el 5 por ciento restante es materia “bariónica” ordinaria.

Julie McEnery, científica principal del proyecto Roman, describió los orígenes de la misión en una entrevista previa al lanzamiento, en el podcast Curious Universe de la NASA:

A finales de los años 90, nos dimos cuenta de que el universo se estaba comportando de una manera mucho más extraña de lo que imaginábamos, y que, en lugar de desacelerarse o de mantener una velocidad constante para siempre, en realidad se estaba acelerando. [Fue un] misterio enorme e inesperado. Muchos científicos quisieron averiguar qué podíamos hacer para dar el siguiente paso hacia la comprensión de la naturaleza fundamental de nuestro universo.

Una tarea central de las últimas décadas, tanto en la astronomía como en la física, ha sido identificar los orígenes concretos y el carácter de estos componentes de atracción y repulsión que dan forma a la evolución del universo.

Mediciones publicadas el año pasado por el Instrumento Espectroscópico de Energía Oscura (DESI), en Arizona, sugieren que la energía oscura podría estar debilitándose con el tiempo cósmico. De confirmarse, esto impactaría el modelo imperante del universo, en el cual la energía oscura es una constante fija, con consecuencias que alcanzarían los propios fundamentos de la física.

Estas preguntas no pueden resolverse con un solo instrumento, porque existen múltiples maneras de medir la expansión del universo. El Roman está diseñado para estudiar con sumo cuidado un tipo particular de estrella en explosión, las supernovas de Tipo Ia, que emiten una cantidad de luz conocida, de modo que su brillo aparente se relaciona directamente con su distancia. Por separado, el Roman medirá cómo la gravedad de la materia interpuesta distorsiona las imágenes de cientos de millones de galaxias distantes. Combinando ambos métodos, los científicos pueden estudiar tanto la expansión del universo como la evolución de estructuras como los supercúmulos galácticos y los filamentos cósmicos.

El DESI estudia esta estructura de otra manera, observando las ondas sonoras del plasma primordial del universo que quedaron congeladas en la disposición de las galaxias. El DESI también rastrea la caída de materia hacia los cúmulos galácticos. Otros relevamientos que realizan un trabajo similar incluyen a HETDEX (en el oeste de Texas), 4MOST (Chile), WEAVE (Islas Canarias, España), el Observatorio Vera C. Rubin (Chile) y Euclid (un telescopio espacial europeo estacionado, al igual que lo estará el Roman, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra).

El conjunto óptico de Roman, conectándose a otros componentes de hardware de la misión en Goddard. [Foto: NASA/Chris Gunn] [Photo: NASA/Chris Gunn]

En conjunto, décadas de trabajo de miles de investigadores, técnicos e ingenieros se invirtieron en cada uno de estos proyectos. Ninguno fue construido, ni es operado, por un solo país. Representan el carácter inherentemente internacional de la investigación científica, y las limitaciones que sí existen expresan el atraso del sistema de Estados nación.

Durante décadas, la práctica estándar de estos esfuerzos internacionales fue imponer un período de exclusividad, durante el cual los científicos de las instituciones patrocinadoras de una misión tenían derechos exclusivos de publicación antes de que los datos brutos se divulgaran al público en general. La misión europea Hipparcos, de comienzos de la década de 1990, que midió las distancias a más de cien mil estrellas y recalibró la escala de distancias cósmicas, mantuvo su catálogo reservado durante casi cuatro años. Los resultados cosmológicos de la misión Planck estuvieron embargados durante más de tres años. Los datos del Hubble se retuvieron durante mucho tiempo de la comunidad en general, durante un año después de cada observación.

Nada en la física exige esto. La prueba más clara es el propio Roman, que no tiene ningún período de exclusividad en sus relevamientos a gran escala, y en el cual cada observación se hace pública tan pronto como es procesada. Esto fue incorporado a la misión años antes de su lanzamiento por su equipo de definición científica, el cual reconoció que el conjunto de datos es demasiado grande para que un solo grupo pudiera estudiarlo.

El lanzamiento del Roman es testimonio de desarrollos extraordinarios en la ciencia, y de los fundamentos tecnológicos que hacen posible la misión misma (la fabricación de semiconductores detrás de su cámara infrarroja de 300 megapíxeles, la computación que procesará y transmitirá 1,4 terabytes de datos cada día, la óptica de precisión capaz de anular la luz de una estrella para revelar los planetas junto a ella). Todo esto pone de relieve, con mayor crudeza, la irracionalidad de las relaciones sociales que prevalecen en el mundo que el Roman deja atrás.

El cohete que puso en órbita al telescopio pertenece a Elon Musk, el primer billonario del mundo, un ignorante racista cuyas diatribas contra los inmigrantes y los refugiados se han combinado con el apoyo político y financiero a Donald Trump, a la neonazi AfD en Alemania y a otros partidos fascistas. SpaceX se construyó con dinero público, a través de contratos con la NASA y el Pentágono, y hoy se cotiza cerca de una valoración de 2 billones de dólares, un vehículo masivo para la especulación y el enriquecimiento de la oligarquía.

Y mientras el telescopio Roman ascendía a través de la atmósfera la mañana del domingo, los equipos de rescate en Nepal buscaban en los valles inundados del Himalaya, donde, según el recuento del lunes, había 903 personas muertas y más de 4.000 desaparecidas. El peligro había sido advertido durante años. El Himalaya, que se calienta más rápido que el promedio mundial, alberga miles de lagos glaciares en expansión, situados sobre algunos de los valles más pobres de la Tierra.

Los sistemas de monitoreo satelital y de alerta a nivel de valle que podrían haber salvado cientos de vidas se construyen con las mismas tecnologías infrarrojas y de teledetección que el Roman lleva al espacio, y cuestan una miseria frente a cualquier presupuesto militar. Nunca se construyeron. Incluso ahora, un lago de escombros sueltos, formado recientemente, cuelga de manera inestable sobre los equipos de rescate, y cientos de trabajadores permanecen atrapados en túneles bajo tierra.

En el terreno de la salud pública, Estados Unidos ha confirmado 2.777 casos de sarampión este año, la cifra más alta desde que la enfermedad fue declarada eliminada en el año 2000, y Pensilvania registró sus primeras muertes por sarampión en 35 años. Los casos del parásito transmitido por alimentos, Cyclospora, han superado los 17.000, aproximadamente cuatro veces el recuento anual reciente.

La respuesta del gobierno estadounidense, y de sus contrapartes a nivel internacional, ante cada desastre social, ha sido atacar a la ciencia subyacente y a quienes realizan la investigación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han reducido su vigilancia de enfermedades transmitidas por alimentos de ocho patógenos a dos. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, cuyos científicos modelan inundaciones y pronostican tormentas, despidió a más de 800 trabajadores en febrero de 2025. La Agencia de Protección Ambiental ha perdido una cuarta parte de su personal en un año, y hoy es más pequeña que en cualquier momento desde Reagan.

El propio Roman estuvo a punto de ser cancelado en cuatro ocasiones. La primera administración Trump propuso eliminar el telescopio, entonces llamado WFIRST, en tres presupuestos consecutivos, y en abril de 2025 un documento presupuestario de la Casa Blanca propuso eliminarlo de nuevo. Al mismo tiempo, tanto republicanos como demócratas han votado sistemáticamente miles de millones para financiar a ICE y billones para el ejército y los rescates corporativos.

El conocimiento, la técnica y la capacidad organizativa existen claramente para contener las inundaciones, brindar vacunación universal, reconstruir la infraestructura y sustituir las plantas de carbón y petróleo por energía renovable. Es el control de los recursos de la sociedad por una diminuta oligarquía financiera, y la subordinación de cada decisión social a la ganancia y a la guerra, lo que mantiene esa capacidad fuera de alcance.

En los próximos años, el telescopio espacial Roman cartografiará el universo. La tarea en la Tierra es poner los avances de la ciencia al servicio de la humanidad: llevar la riqueza de la oligarquía a manos públicas, poner fin a las guerras y orientar las fuerzas productivas hacia las necesidades humanas.

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