Gaceta Crítica

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El movimiento independentista de Puerto Rico gana fuerza

Cruz Bonlarron Martínez (JACOBIN.LAT), 28 de Agosto de 2026

Desde el siglo XIX, la elección entre la independencia y la incorporación a los Estados Unidos ha sido un tema central de la política puertorriqueña. El apoyo al izquierdista Partido Independentista Puertorriqueño está creciendo ahora entre la juventud del país.

En un discurso reciente en la ciudad de Nashville, la ex candidata presidencial demócrata Kamala Harris habló sobre la necesidad de «revisar» varias cuestiones del sistema político estadounidense: el Colegio Electoral, la Corte Suprema y la estadidad para Puerto Rico y Washington, D.C. Mientras los medios estadounidenses se apresuraron a recoger sus comentarios sobre el Colegio Electoral y la Corte, la mención de Puerto Rico quedó como algo secundario.

El llamado a la estadidad puertorriqueña se ha convertido en un tema recurrente en el discurso demócrata mayoritario. Sin embargo, responde más a las fantasías liberales blancas de un imperialismo multicultural que a los deseos reales del pueblo puertorriqueño de un cambio de estatus político. De hecho, el movimiento estadista puertorriqueño está mucho más alineado con el Partido Republicano que con sus rivales demócratas. La actual gobernadora pro-estadidad del país, Jenniffer González, es una ferviente republicana y trumpista.

Si los consultores demócratas que asesoran a Harris se hubieran tomado un poco de tiempo para investigar la política puertorriqueña contemporánea, habrían visto que el movimiento independentista está despegando entre la juventud del país. El candidato independentista Juan Dalmau hizo historia al obtener cerca del 31 por ciento de los votos en la elección a gobernador de 2024.

La elección entre la independencia o la incorporación a la metrópoli colonial ha sido el rasgo definitorio de la política puertorriqueña desde el siglo XIX. Este es un debate que el sociólogo Rafael Bernabe, ex senador puertorriqueño por el Movimiento Victoria Ciudadana, traza en Obstinate Star: A History of the Puerto Rico Independence Movement. Bernabe cuenta la historia de los hombres y mujeres que mantuvieron vivo el sueño de la independencia puertorriqueña a lo largo de los últimos doscientos años, al tiempo que se enfoca en el papel que la clase trabajadora del país desempeñó dentro del movimiento.

Una nación americana

Aunque a menudo se las excluye de la conversación sobre las campañas independentistas latinoamericanas de Simón Bolívar y José de San Martín, las colonias españolas del Caribe insular, Cuba y Puerto Rico, proveyeron soldados a ambos bandos del conflicto. Uno de esos soldados, cuya vida analiza Bernabe, es Antonio Valero, un oficial puertorriqueño del ejército español que participó en las negociaciones de independencia de México y decidió unirse al ejército de la nación recién independizada.

Sin embargo, poco después de la independencia, los ideales republicanos de Valero lo enfrentaron con Agustín de Iturbide, quien se había coronado Emperador de México, lo que lo llevó a huir a la Gran Colombia, donde se alistaría en el ejército y lucharía por la independencia del Perú. Valero nunca dejó de soñar con liberar su tierra natal e intentó convencer a Bolívar de liberar las colonias caribeñas que a España aún le quedaban. Este plan estuvo a punto de concretarse en 1827, pero fue abandonado debido a las posibles amenazas que una continuación de la guerra podía suponer para la independencia recién conquistada de la Gran Colombia.

En Obstinate Star, Bernabe muestra que el sueño de la independencia puertorriqueña no murió con la abandonada invasión de Cuba y Puerto Rico proyectada por Bolívar, sino que se reconfiguró como parte de una identidad antillana cosmopolita promovida por una nueva generación de patriotas intelectuales cubanos y puertorriqueños.

Las dos figuras puertorriqueñas más destacadas de esta nueva generación fueron Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, quienes demostrarían ser defensores clave de la independencia de Puerto Rico a fines del siglo XIX y los arquitectos intelectuales de la nación puertorriqueña. Ambos aparecen extensamente a lo largo de la historia de Bernabe: partidarios clave del levantamiento de Lares contra el dominio colonial español en 1868, conectaron la lucha por la independencia puertorriqueña con el movimiento revolucionario cubano y otras luchas de liberación en América Latina y Europa.

El libro también destaca cómo el movimiento independentista se adaptó a las circunstancias cambiantes tras la Guerra Hispano-estadounidense, cuando la isla se convirtió en colonia de los Estados Unidos en 1898, poniendo énfasis en las conexiones y confrontaciones entre sectores del movimiento y el creciente movimiento obrero en la isla. En las décadas de 1930, 1940 y 1950, estas conexiones y diferencias se hicieron más pronunciadas en la política ecléctica de Pedro Albizu Campos y el Partido Nacionalista Puertorriqueño.

Albizu Campos abrazaba un nacionalismo populista militante que buscaba conectar a Puerto Rico con los movimientos sociales contemporáneos de América Latina, reuniendo a partidarios de la independencia de todas las ideologías, desde nacionalistas conservadores hasta comunistas. Bernabe se ocupa de destacar las contradicciones ideológicas dentro del Partido Nacionalista y las formas en que este luchó por ganarse a la clase trabajadora, disputándosela al Partido Socialista, que apoyaba la estadidad.

Puerto Rico y la izquierda estadounidense

Obstinate Star también hace hincapié en la fuerte relación entre el Partido Nacionalista y la izquierda estadounidense durante este período. El autor se concentra en particular en los vínculos que unían a Albizu Campos con el Partido Comunista de Estados Unidos y con el congresista neoyorquino de izquierda Vito Marcantonio. Luego analiza los años posteriores a la fundación del Estado Libre Asociado en 1952 y muestra cómo la experiencia de la Revolución Cubana de 1959 revitalizó el movimiento independentista.

El Movimiento Pro Independencia (MPI), de manera similar al Movimiento 26 de Julio en Cuba, avanzó hacia una abierta adhesión al marxismo-leninismo y con el tiempo se transformó en el nuevo Partido Socialista Puertorriqueño. El movimiento independentista puertorriqueño siguió después un camino similar al de muchas fuerzas de izquierda en todo el mundo entre las décadas de 1960 y 1980, radicalizándose cada vez más.

Durante estos años, se desarrollaron muchas organizaciones armadas pequeñas que llevaron adelante acciones contra el colonialismo estadounidense, como el atentado de 1981 contra la Base Aérea Muñiz y el robo a Wells Fargo de 1983, en su momento el mayor robo bancario de la historia de Estados Unidos. El relato de Bernabe se cuida de no romantizar estos episodios, al tiempo que los ubica dentro de las condiciones históricas y políticas más amplias en las que se produjeron, desglosando de manera minuciosa muchos de los complejos debates que se desarrollaron dentro de la izquierda en esa época.

Durante el mismo período, la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos buscó identificarse con el movimiento independentista de la isla. Para algunos, esto significó sumarse a la sección de la diáspora del Partido Socialista Puertorriqueño y verse a sí mismos como parte de una nación dividida. Bernabe sostiene que este enfoque a menudo llevó a priorizar la lucha por la independencia por sobre el apoyo a otros movimientos dentro de Estados Unidos. Una línea contrastante provino de El Comité, una organización que originalmente surgió de las luchas contra la gentrificación y que abogaba para que los puertorriqueños en Estados Unidos se organizaran como una nacionalidad oprimida dentro de la clase trabajadora multinacional estadounidense, en lugar de hacerlo como parte de una nación dividida.

El debate entre estas dos posiciones derivó en una polarización que sigue existiendo hoy entre sectores de la izquierda puertorriqueña. Por un lado, están quienes enfatizan la necesidad de concentrarse principalmente en la independencia; por otro, están quienes buscan organizarse dentro de la izquierda estadounidense dejando la cuestión de la independencia para los puertorriqueños que todavía viven en la isla. Este es un debate que la izquierda estadounidense contemporánea debería estudiar a la hora de intentar vincularse con la diáspora puertorriqueña.

Más allá de la tokenización

Aunque Puerto Rico sigue siendo una de las colonias más antiguas del mundo, su movimiento independentista tiene una rica historia que se continúa hoy en el éxito electoral del Partido Independentista Puertorriqueño y en la creciente popularidad del rey pop independentista Bad Bunny. Bernabe muestra que el movimiento independentista no es un monolito, sino una fuerza heterogénea compuesta por activistas de una amplia variedad de ideologías y orígenes.

Obstinate Star puede servir como una herramienta clave para quienes, dentro de la izquierda estadounidense, quieran entender más sobre la política puertorriqueña contemporánea, más allá del éxito de Bad Bunny y la ocasional tokenización de la isla por parte de las élites del Partido Demócrata. Bernabe también ofrece un recurso clave para quienes, en la isla y en otros países latinoamericanos, buscan entender cómo, a pesar de la situación colonial del país, el movimiento independentista puertorriqueño ha reflejado tendencias políticas más amplias en toda América Latina, desde la perspectiva de un historiador con experiencia directa en el movimiento.

Cruz Bonlarron Martínez. Escritor independiente. Sus investigaciones sobre política, derechos humanos y cultura en América Latina y su diáspora han aparecido en diversas publicaciones internacionales.

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