Nicolás Mwangi (BREAK TROUGH NEWS), 21 de Agosto de 2026
El centenario de Fidel Castro ofrece un momento importante para reflexionar sobre la relación perdurable que forjó con África y la solidaridad que Cuba brindó a los movimientos de liberación africanos y a los estados recién independizados.

El 13 de agosto de 2026, el mundo conmemoró el centenario del nacimiento de Fidel Castro, el hombre que no solo lideró la Revolución Cubana de 1959 y la construcción de un Estado socialista, sino que también se convirtió en una figura clave en la historia de la liberación africana del siglo XX. El centenario llegó en un momento difícil para Cuba: una grave crisis económica, escasez de petróleo y un régimen de sanciones estadounidenses cada vez más estricto. Pero incluso bajo esa presión, Cuba se mantiene en pie. Y en toda África, Fidel es recordado no como una figura lejana de la Guerra Fría, sino como un revolucionario internacionalista cuyo nombre está intrínsecamente ligado a la historia de la liberación del continente.
Este legado es bien merecido. La revolución de Castro triunfó en 1959, justo cuando África entraba en su década más decisiva de descolonización. En aquel entonces, solo Ghana y Guinea eran estados subsaharianos independientes. En diez años , el mapa político del continente se transformaría. Cuba, una pequeña isla a noventa millas de Estados Unidos, optó por considerar su propia lucha como ligada a ese despertar continental.
Castro ya lo había dicho en 1975, al describir la ascendencia de Cuba en África y la deuda que la historia le imponía; una promesa, en sus propias palabras.
“La sangre africana corre libremente por nuestras venas. Muchos de nuestros antepasados llegaron a esta tierra como esclavos desde África. Como esclavos, sufrieron grandes penurias. Lucharon como miembros del ejército libertador de Cuba. Somos hermanos y hermanas del pueblo africano y estamos listos para luchar por ellos.”
Lo que siguió fueron seis décadas de médicos, maestros, soldados, ingenieros y cuadros políticos enviados a un continente a miles de kilómetros de sus hogares.
En una entrevista con Ignacio Ramonet , Fidel Castro reflexionó sobre los compromisos de Cuba con otras naciones oprimidas, incluidas las luchas por la independencia en toda África.
La heroica solidaridad de Cuba con nuestras naciones hermanas en África ha sido ampliamente reconocida. Esa gloriosa página de nuestra historia revolucionaria merece ser conocida, aunque solo sea para alentar a los cientos de miles de mujeres y hombres que son combatientes internacionalistas. Debería escribirse como ejemplo para las generaciones presentes y futuras, pues, en mi opinión, la gente no está suficientemente informada sobre la historia del saqueo y pillaje imperialista y neocolonial de África por parte de Europa, con el pleno apoyo, por supuesto, de Estados Unidos y la OTAN.
Solidaridad con la lucha de África por la liberación.
Los médicos cubanos llegaron a Argelia en 1963, un detalle importante que refuerza la imagen popular del internacionalismo cubano como centrado principalmente en lo militar. Desde sus inicios, el compromiso de Cuba con África también incluyó la medicina, la educación y la asistencia técnica. Pero la crisis del Congo, y en particular el asesinato de Patrice Lumumba, fue un momento decisivo en el desarrollo del internacionalismo revolucionario cubano.
En su discurso ante las Naciones Unidas en septiembre de 1960, Fidel Castro condenó la continua influencia de los intereses coloniales en el Congo y defendió explícitamente a Lumumba.
“La mano de los intereses colonialistas ha sido clara y visible en el Congo, y nuestra opinión, en consecuencia, es que se han favorecido los intereses colonialistas y que todos los hechos indican que la razón y el pueblo del Congo están del lado del único líder que permaneció allí para defender los intereses de su país, y ese líder es Lumumba.”
Castro extendió este argumento a Argelia, donde la lucha contra el colonialismo francés aún continuaba. Al declarar el apoyo de Cuba a la independencia argelina, cuestionó la afirmación de que Argelia fuera una extensión de Francia y condenó la violencia infligida a las comunidades argelinas. Contrastó la disposición de la comunidad internacional a intervenir en el Congo con su reticencia a confrontar el colonialismo francés en Argelia.
Para Castro, sin embargo, la cuestión de la liberación iba más allá del fin formal del dominio colonial. Declaró:
Por lo tanto, estamos del lado del pueblo argelino, como lo estamos del lado de los demás pueblos coloniales de África y de quienes sufren discriminación en la Unión Sudafricana. Asimismo, estamos del lado de los pueblos que desean ser libres, no solo políticamente, pues es muy fácil adquirir una bandera, un escudo de armas, un himno y un color en el mapa, sino también económicamente, pues existe una verdad que todos debemos reconocer como de suma importancia: que no puede haber independencia política sin independencia económica, que la independencia política sin independencia económica es una mentira. Por consiguiente, apoyamos las aspiraciones de todos los países a ser libres política y económicamente. La libertad no consiste en poseer una bandera, un escudo de armas ni representación en las Naciones Unidas.
El Congo y Argelia se convirtieron en el eje central que sustentaría el posterior compromiso de Cuba con África. Cinco años después, en 1965, Che Guevara encabezó un contingente cubano al Congo para apoyar directamente la lucha revolucionaria. La misión no logró la victoria que La Habana esperaba, pero su importancia histórica radicó en que Cuba había comenzado a comprometerse materialmente con las luchas africanas.
Internacionalismo en su máxima expresión
Nada refleja mejor la magnitud de ese compromiso que Angola. Cuando el dominio colonial portugués se derrumbó en 1974, Angola se fracturó en una guerra civil a tres bandas, sumiéndose en una crisis aún mayor cuando el gobierno del apartheid de Sudáfrica invadió Namibia para aplastar al MPLA, respaldado por la Unión Soviética y Cuba, antes de que pudiera consolidar su poder.
La respuesta de Castro fue la Operación Carlota, que recibió su nombre en honor a una mujer esclavizada que lideró una insurrección cubana en 1843. Esta estrategia deliberada de contextualización histórica vinculó la misión con la propia historia de resistencia negra en Cuba. Las tropas cubanas contribuyeron a detener el avance sudafricano sobre Luanda y aseguraron la supervivencia del MPLA tras la independencia. Durante los dieciséis años siguientes, cientos de miles de cubanos rotaron por Angola, luchando, muriendo y construyendo una presencia aérea y blindada muy superior a la que un país del tamaño de Cuba debería haber podido mantener frente al embargo de una superpotencia.
El momento decisivo llegó en Cuito Cuanavale entre 1987 y 1988. La batalla rompió el mito de la invencibilidad militar de la Sudáfrica del apartheid, alteró el equilibrio de poder regional y contribuyó a impulsar las negociaciones que condujeron a la independencia de Namibia y a la retirada de Sudáfrica de Angola. Es difícil exagerar la importancia de esto para el movimiento antiapartheid, una pequeña nación caribeña bloqueada que había ofrecido una enorme solidaridad y sacrificio.
Los líderes africanos elogian a Fidel
El carisma, la convicción política y el compromiso de Fidel con el internacionalismo revolucionario lo pusieron en estrecho contacto con algunos de los líderes y revolucionarios africanos más importantes, como Kwame Nkrumah, Julius Nyerere, Samora Machel, Agostinho Neto, Amílcar Cabral, Ahmed Sékou Touré y Thomas Sankara. Estas relaciones se basaban en una convergencia política más amplia en torno al anticolonialismo, la liberación nacional, el socialismo, el panafricanismo y la resistencia al imperialismo.
Si bien las narrativas occidentales a menudo han presentado una imagen controvertida de Fidel Castro y su legado, existe mucha menos ambigüedad en la memoria de muchos movimientos y pueblos de liberación africanos sobre lo que Fidel y Cuba representaron. Para quienes sufrieron el colonialismo, el apartheid y la intervención extranjera, el apoyo de Cuba no fue una alianza abstracta de la Guerra Fría, sino una solidaridad material.
Quizás con el paso del tiempo, los registros históricos permitan apreciar aún mejor lo que Fidel y el pueblo cubano hicieron por África.
Cuando Nelson Mandela conoció a Fidel tras su liberación de prisión, su admiración era innegable y se basaba en algo más profundo que la gratitud por la ayuda militar. Mandela destacó repetidamente la amplitud de la contribución de Cuba a la liberación africana: los soldados que lucharon junto a las fuerzas africanas, pero también los médicos, maestros, ingenieros y técnicos que trabajaron en todo el continente. El internacionalismo cubano nunca se redujo al envío de armas. Era una oferta de capital humano, conocimiento, habilidades e instituciones a sociedades que intentaban superar el colonialismo y transformarse. Y en muchos aspectos, este compromiso civil perduró más que el militar. Las tropas cubanas finalmente se retiraron de Angola, pero la cooperación médica y educativa continuó hasta la década de 1990, incluso cuando Cuba entró en la grave crisis económica del Período Especial tras el colapso de la Unión Soviética.
Cuba siguió enviando médicos y otros profesionales al extranjero en un momento en que su propio pueblo se enfrentaba a una grave escasez en el país.
En 1998, dirigiéndose al Parlamento sudafricano, Fidel Castro cuantificó la dimensión militar de este compromiso: 381.432 soldados y oficiales cubanos habían servido junto a las fuerzas africanas en luchas por la independencia o contra la agresión extranjera. Esto representa la magnitud del compromiso material y humano de un país pequeño, un continente al que Cuba nunca se vio obligada a ayudar, pero cuyas luchas Fidel y la Revolución Cubana consideraban inseparables de las suyas.
El legado africano de Castro se cimentó en una convicción sencilla y poco convencional: que ninguna nación es libre aislada, y que la solidaridad, para tener algún significado, debe tener un precio. Un siglo después de su nacimiento y diez años después de su muerte, esa sigue siendo la razón por la que su nombre se pronuncia con respeto en todo el continente. Si África recuerda lo que Cuba hizo por sus luchas de liberación, quizás haya llegado el momento de que África se pregunte qué puede hacer por Cuba.
Cuba enfrenta hoy una crisis económica y el peso constante del bloqueo y las sanciones estadounidenses. Sin embargo, el país que en su día envió soldados, médicos, maestros y técnicos a África cuando contaba con muy pocos recursos propios, aún sufre las consecuencias de ese compromiso. Si el internacionalismo tiene algún significado, entonces la solidaridad también debe ser recíproca.
Por lo tanto, el recuerdo que África rinde a Fidel debería ser también un llamamiento a la solidaridad concreta con el pueblo cubano de hoy, a la defensa de la soberanía de Cuba, a la oposición al bloqueo y a la negativa a permitir que un país que tanto contribuyó a la liberación africana afronte sus dificultades actuales en aislamiento.
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