Gaceta Crítica

Un espacio para la información y el debate crítico con el capitalismo en España y el Mundo. Contra la guerra y la opresión social y neocolonial. Por la Democracia y el Socialismo.

Libertad y necesidad en la historia según el materialismo marxista

Miguel Alejandro Pérez (CEMEES -México-), 17 de Agosto de 2026

La verdad no puede ser sino una superación, y la filosofía marxista rebasa los límites de la filosofía de Feuerbach en la medida en que pasa del ser humano abstracto a los seres humanos reales y vivos, considerados en plena acción histórica. Acepta que el ser es el sujeto y que el pensamiento es el predicado, y admite asimismo que la raíz del ser humano es el ser humano mismo. Sin embargo, advierte que el ser humano de Feuerbach es esencialmente contemplativo y subraya que su antropología desconoció el mundo real de los seres humanos, su trabajo y sus luchas.

En estas condiciones, el materialismo marxista incorpora la perspectiva materialista de Feuerbach sin desechar las adquisiciones de la dialéctica hegeliana. A partir de ambos elementos, elabora un nuevo modelo cognoscitivo cuya novedad esencial consiste en no tomar como punto de partida ni el objeto abstracto ni el sujeto abstracto, sino la actividad práctica social de los individuos concretos e históricamente determinados. En contraste con el materialismo premarxista del siglo XVIII, el materialismo moderno no aprehende la realidad únicamente como objeto, sino como actividad humana.

De este modo, cabe subrayar que el materialismo marxista no constituye un determinismo económico que eleve el factor económico a demiurgo de la historia y reduzca todo lo demás a un epifenómeno ilusorio. Resulta importante aclarar, además, que la dialéctica marxista no convierte a los seres humanos en simples objetos de la historia, sino que los reconoce como actores y autores de ella. En este sentido, Marx insistía, siguiendo a Vico, en que la historia humana se distingue de la natural porque aquélla ha sido hecha por los propios hombres.

Con todo, no pocos han interpretado la filosofía marxista como una doctrina que sacrifica todos los factores al económico y, en consecuencia, anula el papel del individuo en la historia. De ahí concluyen que el materialismo moderno sería incompatible con la libertad y excluiría toda iniciativa independiente. Sin embargo, la concepción materialista de la voluntad humana es plenamente compatible con la actividad práctica más enérgica: la libertad no es otra cosa que la necesidad hecha conciencia.

En este sentido, vale la pena advertir que es erróneo suponer que la negación del libre albedrío conduce necesariamente al fatalismo. Los ejemplos históricos de los puritanos en la Inglaterra del siglo XVII y de los seguidores de Mahoma, que en poco tiempo extendieron su dominio desde la India hasta España, muestran que incluso el fatalismo no ha sido siempre un obstáculo para la acción, sino que, en determinadas circunstancias, ha constituido su base psicológica. De este modo, se demuestra la posibilidad de conciliar libertad y necesidad y se concluye que la conciencia de la necesidad es compatible con la acción práctica más intensa.

La filosofía marxista desarrolla así el lado activo de la filosofía y concibe la realidad sensible no sólo como objeto de contemplación, sino como actividad humana, como práctica. En este marco, la libertad no se entiende como una actividad absolutamente independiente de todo condicionamiento histórico y social, sino como una forma en que la acción del individuo se convierte en expresión consciente de la necesidad; es decir, como una libertad que surge de ella y termina por identificarse con ella.

Conviene recordar que la novedad esencial del marxismo radica en partir de la actividad social de individuos concretos e históricamente situados, evitando tanto el determinismo mecánico como la idea de una libertad absoluta. Lenin subraya que el punto de vista de la vida y de la práctica debe ser el fundamento del conocimiento. En la misma línea, la filosofía marxista de la práctica concibe la historia como creación continua de la actividad humana, mediante la cual el ser humano se produce a sí mismo como causa y efecto, como autor y resultado de sus propias condiciones de existencia.

La filosofía marxista de la práctica supera, de este modo, las falsas disyunciones propias de las teorías de los factores. Conduce, en fin, a una concepción unitaria basada en el cambio dialéctico y en la reciprocidad entre causa y efecto. Frente a la perspectiva analítica que diseca la realidad como si se tratara de un objeto muerto, el materialismo marxista afirma como punto de vista la vida real, tomando en cuenta que la historia es vida y no el análisis de un cadáver.


Miguel Alejandro Pérez es profesor de Historia por la UNAM.

Deja un comentario

Acerca de

Writing on the Wall is a newsletter for freelance writers seeking inspiration, advice, and support on their creative journey.