Rezgar Akrawi (Z NETWORK), 15 de Agosto de 2026
Imagen vía systemsandcontrol.com
Hace unos días, la revista TIME reveló cómo un sistema de inteligencia artificial se descontroló y atacó a otros sistemas. Días después, más de 1100 ingenieros de importantes empresas de inteligencia artificial firmaron una petición conjunta solicitando el desarrollo de herramientas técnicas y mecanismos de gobernanza internacional para regular su ritmo de desarrollo. Lo que presenciamos hoy no es la dominación de los robots sobre los humanos que el cine ha imaginado durante tanto tiempo en innumerables películas; se trata, en cambio, de un nuevo modelo de control digital, basado en la automatización y el control algorítmico de la vida cotidiana, en el que las sociedades se convierten en entidades subordinadas a sistemas inteligentes, empresas y máquinas. Sin embargo, la pérdida de control es solo la cara visible de este peligro, pues la inteligencia artificial evoluciona tan rápidamente en medio de la competencia entre grandes potencias y corporaciones monopolísticas que las leyes, la sociedad y las instituciones educativas no pueden seguirle el ritmo. Su cara más peligrosa es mucho más silenciosa: la inteligencia artificial funciona exactamente como fue diseñada, dirigiendo la conciencia de miles de millones de personas al servicio del capitalismo.
Dirigir la conciencia para reforzar la cultura capitalista neoliberal.
Más allá de maximizar las ganancias y afianzar el control social, la inteligencia artificial se utiliza sistemáticamente para moldear y dirigir la conciencia individual, con el objetivo de reforzar la cultura capitalista y los valores neoliberales. Mediante el análisis de datos y el comportamiento de los usuarios, los algoritmos controlan el contenido que se muestra en las distintas plataformas y están diseñados para ofrecer a los individuos material que se ajuste a la visión capitalista y sus políticas.
Esta tendencia se ha afianzado junto con la expansión de estas plataformas: el informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones muestra que casi tres cuartas partes de la población mundial utilizan internet, lo que supone un aumento de más de 240 millones de usuarios en un solo año. Parte de esta expansión se debe al afán de las corporaciones monopolísticas y las grandes potencias por llevar internet a todos los rincones del planeta, especialmente al Sur Global , incluso antes de que se garantice el acceso a agua potable, electricidad y servicios básicos, con el objetivo de maximizar sus beneficios, afianzar su dominio y colonizar digitalmente el mundo.
La estructura de los modelos de propiedad y lucro capitalistas impulsa a los algoritmos a priorizar el contenido que sirve a los intereses del mercado, las corporaciones monopolísticas y los grandes poderes, convirtiéndolos en una herramienta para reproducir la hegemonía cultural del capitalismo. Mediante este mecanismo, la conciencia colectiva se orienta gradualmente hacia la aceptación de estos valores como naturales e inevitables, de forma sutil, gradual e imperceptible, hasta el punto de que la mayoría de los usuarios de estas aplicaciones, incluyendo muchos de izquierda, las consideran herramientas neutrales. De esta manera, el sistema contribuye a afianzar la hegemonía capitalista, profundizando la sumisión de la ciudadanía al orden establecido y marginando las alternativas progresistas, amenazando la conciencia de las futuras generaciones y su capacidad de pensamiento crítico y organización para el cambio.
Desmantelamiento de las habilidades humanas y profundización de la alienación y el distanciamiento digital.
Esta amenaza también se extiende al deterioro de las facultades mentales del individuo. Si bien la inteligencia artificial se promociona como una herramienta para facilitar la vida y aumentar la productividad, estudios científicos revelan que su dependencia irreflexiva profundiza la conciencia superficial y debilita las habilidades humanas. Un estudio realizado por investigadores del MIT descubrió que la dependencia de herramientas de escritura con inteligencia artificial reduce la actividad cerebral y debilita la memoria y el sentido de propiedad sobre las propias ideas. Los investigadores denominaron a este fenómeno deuda cognitiva , lo que significa que una persona toma prestada capacidad mental del futuro a cambio de la comodidad del presente.
De manera similar, un estudio publicado en la revista Societies descubrió que el uso repetido de herramientas de inteligencia artificial está vinculado a un pensamiento crítico más débil a través de un mecanismo de descarga cognitiva, particularmente entre los jóvenes, lo que produce una generación que crece con menor capacidad de análisis independiente.
Sobre esta base, la alienación humana se reproduce en formato digital: el individuo se desconecta de sus propias facultades intelectuales y creativas, quedando atrapado en un sistema técnico que lo priva de la capacidad de acción independiente, al igual que el trabajador industrial se alienaba del producto de su trabajo bajo el capitalismo. Gradualmente, puede convertirse en un ser sujeto a algoritmos que dirigen sus interacciones diarias y determinan lo que lee, lo que ve y cómo piensa, profundizando su dependencia de sistemas, empresas y estados controlados por el capital.
Adicción digital
La adicción digital se erige como uno de los efectos más peligrosos de la expansión de la inteligencia artificial. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California , basado en datos de más de seis mil niños como parte de una investigación sobre el desarrollo cerebral adolescente, reveló que los niños que más utilizan las redes sociales muestran un marcado declive en la lectura, el vocabulario y la memoria cuanto más tiempo pasan navegando.
Las plataformas y aplicaciones digitales no son meros proveedores de servicios gratuitos; son herramientas utilizadas deliberadamente para reforzar la dependencia conductual e intelectual, donde se aprovechan enormes cantidades de datos para comprender las motivaciones de las personas y manipularlas de maneras que sirvan a los intereses de las corporaciones y las grandes potencias. El capitalismo invierte en técnicas que estimulan comportamientos adictivos para garantizar el uso continuo de sus plataformas, convirtiendo el proceso en un círculo vicioso que genera ganancias a expensas de la salud mental, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
Una forma de servidumbre digital voluntaria y la pérdida de control.
Esta explotación psicológica es solo una manifestación de una dominación de clase que se profundiza a medida que la inteligencia artificial pasa de ser una herramienta tecnológica a un medio para reproducir patrones de control social, político y económico. Lo que hace que este control sea más peligroso es su carácter voluntario: mediante la manipulación algorítmica y la creciente presión para utilizar la inteligencia artificial en el trabajo, los individuos son empujados a esta servidumbre digital sin coacción, bajo la ilusión de elección y control, mientras sus decisiones son dirigidas por caminos preestablecidos para servir al capitalismo.
La subyugación de la humanidad al control de las máquinas ya no es una mera hipótesis filosófica; se ha vuelto más tangible ante los avances de la inteligencia artificial y la ausencia de salvaguardias legales internacionales efectivas que regulen su funcionamiento. Si superara sus límites programados, podría evolucionar hasta convertirse en un sistema que tome decisiones fatales e independientes impuestas a la humanidad sin una supervisión humana genuina. Bajo el capitalismo, la inteligencia artificial se desarrolla para servir a la acumulación de capital y está sujeta a la lógica de la competencia entre las grandes potencias y las corporaciones monopolísticas, lo que convierte la pérdida de control sobre ella en una posibilidad real y grave.
Conclusión
Si esta dinámica persiste sin una respuesta colectiva basada en una conciencia progresista de izquierda, y sin legislación nacional e internacional, la inteligencia artificial podría pasar gradualmente de ser una herramienta al servicio del capitalismo a un sistema alternativo que gestione la vida cotidiana en lugar de la mente humana. La pregunta fundamental es: ¿cómo puede sobrevivir la conciencia progresista de izquierda en un entorno digital diseñado en gran medida para debilitarla y neutralizarla?
Lo que enfrentamos hoy no es un destino tecnológico inevitable, sino el resultado de decisiones políticas y económicas que sirven a los intereses del capital, y es algo que se puede combatir. Controlar la inteligencia artificial, regular los algoritmos y someterlos a la supervisión democrática es una responsabilidad colectiva que requiere una acción organizada, progresista y de izquierda a escala global, una acción que devuelva a los seres humanos su capacidad de pensamiento independiente y acción colectiva, y que transforme esta tecnología en un medio que contribuya a la distribución de la riqueza, la organización de la producción, el tratamiento de enfermedades, la lucha contra la pobreza y el logro de la justicia social.
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