Gaceta Crítica

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¿Por qué Cuba es un objetivo prioritario para el Estados Unidos de Trump?

Razones económicas y geopolíticas detrás de la intensificación de la campaña de Estados Unidos contra Cuba.

Carlos L. Garrido (Substack del autor -EEUU-), 13 de agosto de 2026

Desde la Revolución de 1959, Estados Unidos ha intentado derrocar al gobierno socialista de Cuba por cualquier medio necesario. Desde la invasión de Bahía de Cochinos y los cientos de intentos de asesinato contra Fidel Castro hasta el bloqueo de seis décadas, la relación se ha caracterizado por la agresión estadounidense.

El memorándum de 1960 de Lester Mallory, subsecretario adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos, dejaba claras las razones de esta agresión: estrangular económicamente a Cuba y crear descontento interno que pudiera canalizarse contra el gobierno popular.

Sin embargo, la situación actual podría dar lugar a un esfuerzo sin precedentes para derrocar al gobierno democráticamente elegido de Cuba. Las razones van más allá de lo que a menudo se presenta en los medios como una mera agenda personal de Marco Rubio, impulsada por el lobby anticubano en Florida.

Si bien la presencia de Rubio sin duda aumenta la tensión, existen razones objetivas por las que Estados Unidos tiene la atención puesta en Cuba. Después de todo, no es solo Cuba la que interesa a Estados Unidos en la región; en mayor o menor medida, ha maniobrado para derrocar gobiernos de izquierda en toda América, desde Bolivia, Honduras y Colombia hasta Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro fue secuestrado y encarcelado en Estados Unidos.

Cuba es un nodo central en la operación para que las Américas vuelvan a ser el dócil “patio trasero” de Estados Unidos, tal como se delineó en la Doctrina Monroe. Dado que esta estrategia se ha intensificado con la presidencia de Trump, muchos analistas la denominan la “Doctrina Donroe”.

Estados Unidos atraviesa un periodo de profunda crisis. Su existencia como Estado ha estado intrínsecamente ligada durante décadas a su posición geopolítica como potencia hegemónica mundial. Pero a medida que el mundo transita hacia la multipolaridad —una transición liderada por China, Rusia, Irán, etc.—, Estados Unidos percibe esto como una amenaza existencial para su poder global, es decir, para la presión que podría ejercer sobre otros países para que renuncien a sus materias primas y riquezas minerales mediante acuerdos comerciales unilaterales impuestos.

Sería erróneo pensar que para Estados Unidos esto es simplemente un problema de «política exterior». Afecta la esencia misma del Estado estadounidense. La crisis no solo la enfrenta Estados Unidos en el extranjero, sino también en su propio territorio.

El fracaso de la guerra indirecta entre Estados Unidos y la OTAN contra Rusia y la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán está acelerando el declive del poder global estadounidense. Cada vez más países de Asia Occidental, África y América recurren a China y Rusia como socios comerciales clave que les ofrecen acuerdos mutuamente beneficiosos, en lugar de acuerdos impuestos unilateralmente. Ante esta situación, Estados Unidos ha redoblado sus esfuerzos para afianzar su influencia en América, región que considera la última del hemisferio sobre la que podría ejercer un control prácticamente total.

Entonces, ¿por qué una presión renovada y más intensa sobre Cuba? Hay dos razones, ambas vinculadas a esta crisis objetiva.

El primer factor es económico. En 2025, un informe del Servicio Geológico del Gobierno de Estados Unidos describió los minerales más importantes para la seguridad nacional y las nuevas economías. Entre ellos se encuentran el níquel y el cobalto, de los cuales Cuba posee una de las mayores reservas del mundo, ocupando el quinto lugar en cobalto y el tercero en níquel. Si a esto le sumamos las reservas cubanas de petróleo y oro, y su estratégica posición geográfica en la confluencia del Golfo de México, el Mar Caribe y el Océano Atlántico, existen claros motivos económicos para que Estados Unidos, cuya influencia global está disminuyendo, esté centrando su atención en Cuba de forma más decidida.

Además de los valiosos minerales, recursos y posición geográfica que Cuba aporta, Cuba —como consecuencia de las severas sanciones— cuenta con una mano de obra que, bajo control estadounidense, podría emplearse por una fracción del salario que las empresas pagarían a trabajadores mexicanos o estadounidenses. El costo de producir con mano de obra cubana podría ser extremadamente bajo si Cuba perdiera su soberanía a causa de la agresión estadounidense.

La segunda razón es simbólica. Desde la caída de la Unión Soviética, Cuba ha sido vista como un bastión de resistencia al capitalismo y a la agresión imperial estadounidense. Los símbolos de la revolución cubana, como la bandera cubana, la bandera del movimiento 26 de julio y los rostros de Fidel y Che, ondean en todo el mundo, desde Asia Occidental hasta África y América. Para cientos de millones —si no miles de millones— de personas en todo el mundo, la existencia de Cuba como estado socialista a noventa millas de la costa de Estados Unidos es un signo de resistencia casi bíblica, de David resistiendo a Goliat. Si Cuba cayera, las fuerzas globales de resistencia antiimperialista se desmoralizarían terriblemente.

Por estas razones, los preparativos para un ataque contra Cuba representan una amenaza no solo para Cuba, sino para todos los países que valoran la soberanía y el surgimiento del mundo multipolar. La forma en que el mundo, especialmente aquellos que lideran la transición a la multipolaridad, decida reaccionar ante la agresión estadounidense contra Cuba determinará la audacia de Estados Unidos para imponer su voluntad unilateralmente en todo el mundo.


Este artículo fue publicado originalmente en chino por el Grupo de Comunicaciones Internacionales de China .


Carlos L. Garrido es un catedrático cubanoamericano de filosofía que obtuvo su maestría y doctorado en la Universidad del Sur de Illinois en Carbondale. Se desempeña como Secretario de Educación del Partido Comunista Estadounidense y como Director del Instituto Marx del Medio Oeste , el mayor centro de estudios marxistas-leninistas de Estados Unidos. El Dr. Garrido es autor de varios libros, entre ellos Marxismo y la cosmovisión materialista dialéctica (2022), El fetiche de la pureza y la crisis del marxismo occidental (2023), Por qué necesitamos el marxismo estadounidense (2024), y los dos próximos textos Domenico Losurdo y la crítica marxista-leninista del marxismo occidental (2026) y Hegel, marxismo y dialéctica (2026-2027). El Dr. Garrido ha publicado más de una docena de artículos académicos y más de cien artículos de divulgación en Estados Unidos, México, Cuba, Irán, China, Brasil, Venezuela, Grecia, Perú, Canadá, etc.

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