Gaceta Crítica

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Los grandes fondos de Wall Street se adueñan del festín de una Bolsa española en máximos históricos

Jorge Otero (PÚBLICO), 8 de Agosto de 2026

  • Más de 8.600 fondos privados de todo el mundo y 22 fondos soberanos, con el noruego Norges Bank a la cabeza, elevan la participación extranjera en el Ibex a costa de las familias y de la banca. 
  • Los inversores extranjeros ya tienen la mitad de las acciones, si bien el porcentaje sube hasta el 60% si se mide el valor de capitalización de las mismas.
  • «Todo esto hay que entenderlo como una transición dentro del poder económico», explica el sociólogo Rubén Juste, autor del libro ‘Ibex 35. Una historia herética del poder en España’.
Pantalla con datos del Ibex tras superar la histórica cota de los 20.000 puntos.
Pantalla con datos del Ibex tras superar la histórica cota de los 20.000 puntos.Ricardo Rubio | EP

El Ibex 35 capta de forma recurrente la atención de los medios cuando logra algún hito. Esta primera semana de agosto ha vuelto a copar titulares tras superar la cota de los 20.000 puntos por primera vez en sus 34 años de historia. En lo que va de 2026, la Bolsa española se ha revalorizado más de un 14% al calor de los beneficios de las grandes empresas y de la solidez del sector bancario, que sigue batiendo récords de ganancias año tras año. Sin embargo, hace tiempo que la positiva evolución del Ibex dejó de ser noticia: de hecho, ya lleva cuatro años pisando el acelerador. Entre principios de agosto de 2022 y principios de agosto de 2026 el selectivo español ha crecido un 145% al pasar de 8.168 puntos a 20.176 al cierre de la sesión de este pasado viernes. El foco hay que ponerlo, pues, en otra parte: en los accionistas, en los que de verdad se reparten los jugosos dividendos que genera el Ibex —41.503 millones de euros en 2025 y 26.399 en los seis primeros meses de este año— y en cómo ha cambiado la estructura accionarial del selectivo español a lo largo de su historia. 

El último informe (PDF) publicado a finales del año pasado por el servicio de estudios de Bolsas y Mercados Españoles (BME), el gestor del parqué español, sobre la propiedad de las acciones de las empresas del Ibex deja algunos detalles interesantes. De entrada, el 48,7% de estos valores está en manos de grandes inversores y fondos de inversión extranjeros, aunque el porcentaje asciende hasta el 60% si se mide el valor de capitalización de esas acciones. 

Según las cuentas de BME, hasta 8.634 fondos privados institucionales de todo el mundo, sobre todo procedentes de Europa y los Estados Unidos, participaban en empresas del Ibex en el primer trimestre de 2025 con paquetes de acciones por valor de 207.320 millones de euros. BlackRock, Vanguard y Capital Group son las gestoras privadas que encabezan la lista de inversores foráneos. Adicionalmente, 22 fondos soberanos tienen participaciones por valor de 34.937 millones de euros. El principal de ellos es el noruego Norges Bank, el mayor del mundo. 

A lo largo de los últimos años, la participación extranjera en el Ibex ha ido ganando terreno a costa fundamentalmente de las familias, de lo que se conoce como pequeño inversor, y de la banca española. Las familias han ido perdiendo peso y ahora mismo poseen solo el 15,8% de las acciones cotizadas, su mínimo en lo que va de siglo. En 1998, las familias españolas llegaron a tener bajo su control el 35%.

En cuanto a la banca, esta apenas acapara el 4% de los valores del Ibex, un nivel extremadamente bajo si se compara con las cifras que presentaba a mediados de los años 90 del pasado siglo, cuando bancos y cajas controlaban en torno al 15% de las acciones del índice bursátil español.

Por lo que respecta a otros grupos de inversión, las empresas no financieras —apartado en el que hay que incluir también las participaciones familiares como la de Amancio Ortega, dueño de Inditex, o de otros apellidos ilustres de la élite económica como los Del Pino, Botín o Entrecanales— poseen el 21,6% de las acciones del Ibex. La industria de la inversión colectiva española mantiene un 5,85% y el Estado, un 4,1%. Esta es su mayor participación en 27 años, fruto del efecto de su entrada en Telefónica con el 10% del capital.

Lo cierto es que el Ibex es menos español a medida que pasan los años. El vuelco es llamativo si se compara la situación actual con la de 1992, el año que nació el Ibex. Entonces los fondos de origen controlaban solo el 30,6% del mercado español, Detrás venían las familias (24,4%), el Estado (16,6%), bancos y cajas (15,6%), las empresas españolas no financieras (7,7%), y las gestoras de fondos y de pensiones nacionales (5%).

Un panel muestra los 16.000 puntos alcanzados este lunes por el Ibex.

Rubén Juste, profesor de Sociología de la Universidad Complutense especializado en gobierno corporativo y autor de un libro canónico sobre la historia del selectivo español —Ibex 35. Una historia herética del poder en España (Capitán Swing), explica que el gran desembarco de los grandes fondos extranjeros en el Ibex empezó con el Gobierno de Mariano Rajoy en 2012. «Es en 2012, tras la quiebra de las cajas de ahorro y Bankia, cuando entran totalmente BlackRock y otros fondos a quedarse con todo lo que vendían las cajas. Bankia fue el último refugio del capital español», analiza Juste. 

Basta echar un vistazo a los datos proporcionados por BME para confirmar la cronología aportada por este experto. 2012 fue el último año en el que la inversión extranjera en el Ibex se mantuvo por debajo del 40%. Desde entonces, la participación extranjera en las acciones del Ibex ha crecido de forma sostenida hasta alcanzar el techo del 49% en 2023, aunque luego ha descendido ligeramente hasta ese 48,7%. Bancos y empresas energéticas son sus platos preferidos cuando estos inversores extranjeros se sientan a comer en la mesa del Ibex.

BlackRock, que gestiona una cartera de casi 13 billones de euros en todo el mundo, encabeza este desembarco y se erige en el paradigma de la inversión extranjera en el Ibex. El pasado mes de abril, el mayor gestor de fondos del mundo informó de que tenía 41.308 millones de euros millones de euros invertidos (y eso que recientemente se ha deshecho de su participación en Naturgy). Sus tentáculos son muy largos dentro y fuera del Ibex. En la Bolsa española destaca como el primer accionista de Banco Santander (6,86% de las acciones) y de BBVA (7,16%), los dos principales bancos españoles; además, posee el 7,17% de Repsol y controla el 5,99% de Telefónica o el 4,98% de Caixabank, entre otras inversiones. Fuera del Ibex, acumula inversiones de 20.000 millones en deuda pública, 12.000 millones en préstamos corporativos y más de 3.000 millones en activos no cotizados.

Si nos atenemos a los datos proporcionados por BME, el segundo mayor inversor foráneo del Ibex es Vanguard, otro coloso de los fondos de inversión, sobre todo de los fondos cotizados y de la inversión pasiva, que cuenta con una cartera de 10,4 billones de euros en activos. A principios de 2025, BME le atribuía 22.989 millones de euros en el Ibex, si bien estimaciones más recientes sitúan esa cantidad en torno a 32.000 millones de euros. El tercero en discordia es Norges Bank, el fondo soberano noruego, el mayor del mundo con casi dos billones en activos. De acuerdo con los cálculos más recientes, los noruegos mantienen inversiones en la Bolsa española por valor de 15.700 millones de euros, pero también hay cálculos posteriores que elevan esa cantidad. De hecho, el fondo soberano noruego posee acciones de casi todas las compañías del Ibex, aunque no suelen superar el umbral del 3% en el capital, dada su estrategia de diversificación. Santander, BBVA e Inditex son sus principales inversiones en el Ibex.

El eje del poder

«Todo esto hay que entenderlo como una transición dentro del poder económico en España, como un desplazamiento del eje del poder», apostilla Juste. El experto en el Ibex recuerda que las cajas de ahorro, las empresas de construcción y las grandes familias de la élite económica se vieron favorecidas por el proceso privatizador de empresas públicas impulsado por el Gobierno de José María Aznar a partir de 1996.

«La teoría que subyacía detrás de aquellas privatizaciones era que sirviera un poco para incrementar la renta de los hogares y de las empresas. Fueron las cajas de ahorro las que se quedaron con las joyas de la corona: empresas de energía, Telefónica, banca pública, etcétera», apunta Juste. Pero, como se ha visto, todo empezó a cambiar con la crisis económica que arrancó en 2008 y se prolongó hasta el año 2014.

En cualquier caso, esta transición del capital nacional al capital extranjero es una tendencia que también se produce en otros países de la Unión Europea. Con la internacionalización de su accionariado, el Ibex se ha ido homologando a los principales mercados financieros de Europa. En el Reino Unido, el 58,8% de la Bolsa de Londres está en manos extranjeras, según los últimos datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística. En el caso del Cac 40 francés, también con datos de 2024 publicados por el Banco de Francia, los inversores no residentes controlan ya el 50% de los títulos.

Aunque suene a perogrullo, la rentabilidad es clave para explicar la fuerte presencia foránea en la Bolsa española. El Ibex es una de las Bolsas más rentables del mundo —se revalorizó un 50% en 2025— y ese es el principal motivo que esgrimen los grandes fondos de inversión internacionales para invertir. La buena marcha de la economía española también actúa como imán. «Estos grandes fondos buscan la rentabilidad. El dividendo que paga el Ibex a sus accionistas no lo pagan otras Bolsas. Si los inversores vienen aquí es porque el español es un mercado altamente rentable», confirma Juste. Además, apunta el experto, fondos como BlackRock tienen un alto retorno para sus accionistas, en concreto del 8%.

Pero en la búsqueda de esa rentabilidad hay ciertos riesgos. Las empresas y los bancos españoles que cuentan entre su accionariado con estos inversores extranjeros pueden estar más expuestos a los vaivenes de los mercados financieros internacionales. «Estos grandes fondos tienen una particularidad: están en gran medida expuestos en sectores con grandes riesgos, como puede el sector tecnológico en Estados Unidos. Al final hay una rentabilidad alta, pero el riesgo también lo es. Ese puede ser el efecto pernicioso», concluye Juste. 

El papel del Estado

La tradicional alianza entre el capital público y el capital privado español hace ya tiempo que saltó por los aires en favor de los inversores extranjeros, y eso también implica algún riesgo añadido, según Juste: «Hay un doble componente. Por un lado, no socializar la riqueza financiera, y por el otro, las dificultades a la hora de retener la bandera de estas empresas». En este marco es en el que hay que valorar el escudo antiopas, medida adoptada por el Gobierno en 2020 y prorrogada hasta el final de 2026 que obliga a los inversores extranjeros a obtener una autorización previa antes de adquirir participaciones superiores al 10% en empresas de sectores considerados estratégicos,

Y eso también explica en buena medida el repunte de la presencia del Estado en el Ibex, hasta alcanzar, como se ha dicho antes, su máximo nivel en 27 años. Juste atisba un cierto regreso del capital público en todo el mundo. «En el caso de España, el papel de la SEPI [Sociedad Estatal de Participaciones Industriales] no había sido tan relevante como ahora. Se trata de equilibrar un poco, de paliar los efectos que podían tener el retroceso de las familias de la Bolsa, aunque esto no solo sucede en España, sino también en el resto de países europeos y en Estados Unidos». 

«Aunque suene paradójico, estamos tratando de parecernos al modelo de capitalismo chino. Es un modelo híbrido donde el Estado se convierte en un inversor minoritario, pero con capacidad de control. Eso es lo que está tratando de hacer el Gobierno en Telefónica, Indra y otras empresas. El caso de Indra es positivo porque produce grandes retornos y al mismo tiempo permite una política industrial a medio plazo. Esa sería la doble vertiente: por un lado, el capital extranjero domina más que nunca el Ibex, y, por otro lado, el Estado intenta equilibrar un poco la situación», concluye Juste su análisis. 

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