Por Ángel González (CUBA INFORMACIÓN), 7 de agosto de 2026

Marco Rubio, flanqueado por asesores, supervisa desde un centro de inteligencia estadounidense la fabricación digital de pretextos mediante inteligencia artificial para justificar una escalada agresiva contra Cuba.
El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración Trump y con Marco Rubio como Secretario de Estado, ha desplegado una sofisticada operación de propaganda para crear un pretexto que justifique una escalada agresiva contra Cuba. Detrás de este plan se encuentran Mauricio Claver-Carone y Jeremy Lewin, los principales artífices de una estrategia que busca introducir en la opinión pública la narrativa de una «amenaza cubana» para allanar el camino a una intervención con el menor costo político posible.
Los arquitectos del discurso
Mauricio Claver-Carone, nombrado por Trump como enviado especial para América Latina, ha sido identificado por el gobierno cubano como el “arquitecto y ejecutor” que, junto con Marco Rubio, diseñó e implementó más de 200 medidas adicionales al embargo entre el verano de 2018 y enero de 2021, con el objetivo de provocar el colapso de Cuba. Nacido en Miami y de ascendencia cubana, Claver-Carone forjó una estrecha relación con Trump durante su primer mandato como director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional. Su historial lo muestra como el ejecutor, junto con Marco Rubio, del endurecimiento del embargo contra la isla.
El propio Claver-Carone ha reconocido que su objetivo es implementar “instrumentos más modernos y eficaces” para presionar a Cuba, centrándose en sectores económicos clave del régimen con el fin de debilitar su control. No es casualidad que prometiera, incluso antes de asumir el cargo, que “quien ríe último, ríe mejor” y que estuviera preparando medidas aún peores para Cuba.
La engañosa operación de comunicaciones de Marco Rubio para justificar su política personal de máxima intensificación del bloqueo y la guerra económica contra Cuba es proporcional a la crueldad sin precedentes y la brutalidad de la persecución, cuyo objetivo es asfixiar a la población cubana con fines de dominación. https://t.co/1j3TjtWZZl
El 20 de julio de 2026, el Departamento de Estado publicó un informe de aproximadamente cien páginas titulado «Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI». El documento acusa a Cuba de haber liderado una campaña de «espionaje y subversión» dentro del territorio estadounidense durante casi siete décadas.
Sin embargo, el informe presenta características que revelan su naturaleza fabricada:
- Ausencia total de pruebas verificables: El texto no cita ningún caso judicial abierto, no identifica a agentes cubanos por su nombre y no presenta comunicaciones interceptadas ni documentos de inteligencia desclasificados que permitan verificar sus afirmaciones. Lo que ofrece es una serie de inferencias y una retórica de «culpabilidad por asociación».
- Uso de la Inteligencia Artificial: Varios medios de comunicación han señalado que el documento «parece haber sido producido con Inteligencia Artificial de tendencia derechista», lo que sugiere una fabricación tecnológica de la narrativa.
- Tesis indemostrable: El informe parte de una conclusión preconcebida —que Cuba ha librado una guerra total contra Estados Unidos— y luego selecciona hechos que intentan encajar con esa narrativa. La lógica es circular: comienza con un caso aislado, añade contactos o afinidades, los integra en una única red, se la atribuye al Estado cubano y presenta el conjunto como una amenaza actual.
- Omisión de contexto histórico: El informe no menciona el embargo estadounidense contra la isla, los numerosos intentos de asesinato contra líderes cubanos, la invasión de Bahía de Cochinos ni los esfuerzos actuales por estrangular la economía cubana.
La contradicción insuperable: La narrativa de una “amenaza cubana” para Estados Unidos choca con una realidad innegable: Washington ha mantenido un embargo económico contra la isla durante más de seis décadas. Según los datos citados, el embargo le cuesta a Cuba más de 5 mil millones de dólares anuales solo en daños económicos directos.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel fue categórico: «Si algún país ha espiado y atacado a otro a niveles obscenos, ha sido Estados Unidos contra Cuba». Añadió: «Cuba nunca ha actuado para perjudicar al pueblo estadounidense ni ha tenido la intención de afectar la seguridad nacional de Estados Unidos».
El desequilibrio de poder es tan evidente que la acusación resulta grotesca: un país del Tercer Mundo, bloqueado y asediado durante décadas, difícilmente puede representar una amenaza real para la superpotencia hegemónica. Como ha declarado el gobierno cubano: «Cuba no es ni puede ser una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos».
El espejo de la realidad: la evidencia cubana
Mientras Washington fabrica acusaciones infundadas, Cuba ha documentado durante décadas la agresión real de Estados Unidos contra su soberanía. El presidente Díaz-Canel recordó “los millones de dólares destinados anualmente a programas de cambio de régimen en Cuba” y señaló “episodios criminales, incluyendo plagas y enfermedades introducidas en Cuba, el brote de dengue que cobró la vida de 101 niños; el derribo de un avión con 73 personas a bordo; atentados con bomba contra hoteles; intentos de asesinato; y guerra psicológica”.
Documentos de la CIA desclasificados por el propio gobierno estadounidense revelan que la agencia espiaba a empresas cubanas ya en la década de 1960. Cuba también ha denunciado el uso de aeronaves del Departamento de Estado para rociar sustancias que contienen la plaga nociva del trips palmi en plantaciones agrícolas cubanas.
El caso de los Cinco Cubanos —condenados en Estados Unidos por espionaje cuando en realidad estaban siguiendo a grupos terroristas en el sur de Florida para prevenir ataques contra Cuba— es emblemático de cómo Washington distorsiona la realidad.
Un neomacartismo transnacional
El presidente Díaz-Canel ha descrito esta ofensiva como parte de un “neomacartismo transnacional”, una “corriente claramente fascista que recurre a las mentiras para generar pretextos con los que justificar la agresión contra Cuba”.
El objetivo final de esta invención es claro: crear en la opinión pública estadounidense y mundial la percepción de una amenaza que justifique acciones que, de otro modo, tendrían un alto costo político. Como señala un análisis, el informe «forma parte de un esfuerzo estadounidense más amplio para establecer una campaña global contra «la izquierda», lo que algunos temen que pueda ser un primer paso para justificar la persecución e incluso la detención de opositores progresistas de Donald Trump».
La guerra contra Cuba no es militar —al menos no todavía—, pero es real. Es una guerra económica, mediática y política orquestada desde Washington por figuras como Claver-Carone y Rubio. El arma principal en esta guerra no son los misiles ni los bombardeos, sino las mentiras disfrazadas de documentos oficiales, la ficción presentada como inteligencia y los pretextos fabricados con inteligencia artificial para engañar al mundo y justificar lo injustificable.
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