Gaceta Crítica

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Mamdani tiene razón. Netanyahu debe estar preso

Ben Burgis (JACOBIN), 27 de Julio de 2026

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El alcalde Zohran Mamdani acusó a Benjamin Netanyahu de genocidio, dijo que no es bienvenido en la ciudad de Nueva York y pidió su arresto. Hace dos años, eso habría sido inimaginable. De ahora en más, debería ser una prueba de fuego.

En un video publicado hace algunos días, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, se sienta detrás de su escritorio y mira directamente a la cámara. Comienza con una declaración contundente: «Benjamin Netanyahu es un criminal de guerra, el arquitecto de un genocidio horroroso contra el pueblo palestino».

A medida que avanza, detalla con sobriedad los horrores que el primer ministro Netanyahu ha infligido a la población civil de Gaza desde 2023. Los más de 73.000 muertos confirmados. Las decenas de miles de niños mutilados, cuyos miembros a menudo debieron ser amputados sin anestesia debido a la destrucción sistemática por parte de Israel de la infraestructura médica de Gaza. La hambruna. Los asesinatos de periodistas y trabajadores humanitarios. El «ataque deliberado contra hospitales neonatales y centros de atención de maternidad», con el objetivo de «negarles a los recién nacidos incluso la posibilidad de vivir».

No sorprende que la Corte Penal Internacional (CPI) haya emitido una orden de arresto contra el primer ministro. Cuando Mamdani era candidato a alcalde, sostuvo que la próxima vez que Netanyahu viniera a Nueva York, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) debería esposarlo. Muchos argumentaron que esto excedería la autoridad de Nueva York o de cualquier otro municipio, especialmente dado que, aunque una gran mayoría de los países del mundo reconoce la autoridad de la CPI, Estados Unidos no lo hace. En el nuevo video, admite esto a regañadientes, al decir:

Mi administración ha revisado todas las vías disponibles bajo la legislación aplicable para determinar si la ciudad de Nueva York podría ejecutar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional en caso de que Benjamin Netanyahu viniera aquí. Está claro que no contamos con la autoridad legal independiente para hacer cumplir esta orden. El gobierno federal, sin embargo, sí la tiene, y le pido que se sume a la CPI y ejecute esta orden. Y quiero ser igualmente claro: Benjamin Netanyahu no es bienvenido en la ciudad de Nueva York.

El video fue un terremoto político. Ha recibido decenas de millones de visualizaciones en las distintas plataformas de redes sociales. Los defensores de Israel se mostraron, previsiblemente, furiosos.

Los argumentos extraños y perezosos de los defensores de Netanyahu

El Centro Simon Wiesenthal emitió un comunicado en el que afirmó que «el alcalde Mamdani no expresó simplemente una opinión política personal», sino que «utilizó la autoridad, el simbolismo y la credibilidad del cargo de alcalde para emitir lo que equivalió a un discurso público oficial en el que declaró que el líder democráticamente electo del único Estado judío del mundo es un “criminal de guerra” que “no es bienvenido en la ciudad de Nueva York”». Esto, señalaron, fue un «uso profundamente indebido del cargo que todos los neoyorquinos le confiaron [a Mamdani]».

Por qué el hecho de que Israel sea el «único» Estado judío se supone relevante es un misterio. (¿Acaso las condenas al presidente sudafricano P. W. Botha en la década de 1980 eran objetables porque Sudáfrica era el único país dominado por el grupo étnico afrikáner?) Y la afirmación de que las elecciones israelíes son «democráticas» resulta risible. Desde 1967, Israel no solo ha controlado Cisjordania, sino que ha construido allí numerosas ciudades pobladas por sus propios ciudadanos, y trata a esos colonos como si «vivieran en Israel» y no «en el extranjero» a todos los efectos legales. Pero a los millones de residentes palestinos que viven allí nunca se les ha otorgado la ciudadanía israelí, ya que hacerlo implicaría que hubiera «demasiados» ciudadanos de la etnia equivocada. Eso, sencillamente, no es una democracia.

Sin embargo, y más importante aún, no hace falta oponerse ideológicamente al sionismo, ni tener una opinión particular sobre la geopolítica de Israel/Palestina, para coincidir con el llamado de Zohran a que el gobierno federal se sume a la CPI y haga cumplir la orden contra Netanyahu. Simplemente hay que creer que el derecho internacional debe aplicarse por igual a todas las naciones del planeta.

Las afirmaciones generalizadas de que los neoyorquinos judíos (una gran cantidad de los cuales votó por Mamdani y estuvo de acuerdo con cada palabra del video) se ven de algún modo «en peligro» por su llamado a arrestar a un líder genocida sencillamente no resisten el menor análisis. El problema con Netanyahu no es que sea judío, del mismo modo en que la razón por la que la CPI emitió una orden de arresto contra Vladimir Putin no es que Putin sea miembro de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Más bien, la convicción del alcalde Mamdani, de la CPI y de las múltiples investigaciones de las Naciones Unidas que han determinado que Netanyahu cometió genocidio en Gaza es que las leyes se aplican por igual a todos, y que ningún cargo político en ningún Estado debería proteger a los criminales de guerra de la posibilidad de ser llevados ante la Justicia.

Han pasado casi tres años desde el comienzo de la campaña de Netanyahu para eliminar sistemáticamente cualquier posibilidad de que se reanude una vida palestina normal en Gaza. En ese tiempo, se estima que el 90 por ciento de la población civil fue desplazada de sus hogares por el ejército israelí. Pocos meses después de que comenzara la operación, la presentación legal de Sudáfrica ante la CPI incluyó doce páginas de citas de funcionarios israelíes que expresaban intención genocida. Sobre el terreno, constituye uno de los genocidios mejor documentados de la historia de la humanidad. Cualquier persona en el mundo con acceso a las redes sociales pudo ver un flujo continuo de fotos y videos de hombres, mujeres, niños y bebés asesinados y mutilados; de destrucción masiva descargada sobre objetivos civiles; y de crímenes de guerra cometidos cara a cara por soldados israelíes. Algunos de esos soldados, aparentemente del todo indiferentes a la reacción del mundo, se filmaron a sí mismos posando con la ropa interior de mujeres palestinas que habían sido asesinadas o habían huido para salvar sus vidas, o jugando con los juguetes de niños muertos o mutilados. Y durante todo este tiempo, como señaló el alcalde en su alocución, «nosotros, como estadounidenses», seguimos «pagando por las bombas que hacen la matanza».

Después de tres años de firme apoyo estadounidense al genocidio, la reacción de la abrumadora mayoría de las personas que dejaron comentarios en el video de Mamdani pareció ser un alivio conmocionado ante el hecho de que un funcionario electo de tanta relevancia estuviera dispuesto a plantear el caso con tanta claridad y contundencia. Si bien los críticos del alcalde puedan burlarse diciendo que los abogados de la ciudad no avalarían que él mismo le ordenara al Departamento de Policía llevar a cabo el arresto («¡miren, prometió de más!»), es más probable que la reacción de la gente común ante la revelación de que alguien que mutiló a decenas de miles de niños puede pavonearse por Nueva York sin temor a ser arrestado sea de conmoción y repulsión.

Como subrayó Mamdani, el gobierno federal sí tiene la facultad de llevar a Netanyahu ante la Justicia si el primer ministro pisa suelo estadounidense. Donald Trump, por supuesto, no tiene ningún interés en ejercer esa facultad. Pero a todo demócrata que se postule a la presidencia en 2028 se le debería preguntar si tiene previsto atender el llamado del alcalde para hacer cumplir el derecho internacional.

La cuestión de fondo

Buena parte de los comentarios de los analistas mediáticos se centró en loas consecuencias políticas del video. ¿Sumará puntos el alcalde ante los votantes por plantear el caso con tanta contundencia, o los perderá por no poder ordenar él mismo el arresto, como esperaba inicialmente? ¿Cómo cambiará esto la relación del municipio con la Casa Blanca? ¿Distrae todo esto de otros aspectos de la agenda de Mamdani?

Sin embargo, para quien le importen los derechos humanos y el derecho internacional, todo esto es apenas secundario. Durante décadas, cada nuevo alcalde de Nueva York visitaba Israel para demostrar su gran amor por ese país. (Hasta donde puedo ver, prácticamente ninguna de las personas que hoy se quejan de que Mamdani opine sobre Israel/Palestina en lugar de limitarse a los asuntos locales se quejó jamás de esta práctica.) Incluso el bastante progresista Bill de Blasio hizo la peregrinación. Al predecesor inmediato de Mamdani, el alcalde Eric Adams, le gustaba hablar del «vínculo irrompible» entre su ciudad y el Estado étnico de Medio Oriente. Hace dos años, la idea de que un alcalde de Nueva York se sentara detrás de su escritorio y afirmara sin rodeos que el líder de Israel es un criminal de guerra que debería estar tras las rejas habría sido del todo impensable.

Es evidente que el mundo ha cambiado. Ya era hora.

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