Gaceta Crítica

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La conciencia como campo de batalla

Alan Luna (CEMEES -México-), 4 de Julio de 2026

Es claro que en nuestros días se presentan varios conflictos que nos llevan a pensar en el futuro de la humanidad. El imperio se ha mostrado, a pesar de mover sus piezas con la mayor cautela que le ha sido posible, como su naturaleza se lo manda. Se ha hablado de derrocar dictaduras, de liberación de los pueblos oprimidos, de combate a terroristas y narcotraficantes, pero en todas y cada una de las narrativas que se quieren imponer emergen, poco a poco, las verdaderas intenciones. Lo que se persigue es mejorar la posición económica de los países poderosos, aun a costa de eliminar a los pueblos que no se ajusten a sus mandatos; no importa dónde se encuentren, da igual si es en Sudamérica o en Medio Oriente.

Esta situación generará su propia negación. Es decir, ante la escalada de los conflictos, quienes se vean en peligro directo se verán en la obligación de responder y buscar una salida ante un poder que los niega como seres humanos y su capacidad de determinarse libremente, esto es, de elegir, por ejemplo, libremente a sus gobernantes y las formas de gobierno bajo las que quieren vivir.

Pero este panorama, un poco optimista si se quiere, no se da de forma mecánica. Que las condiciones materiales estén dadas para la creación de quienes están interesados en cambiar el sistema que los niega no significa que estos cambios aparezcan como por arte de magia, ni que broten ya terminados, con todas las armas necesarias para su defensa. Es necesario que los oprimidos se sumerjan en un proceso en el que se irán mostrando los mecanismos más eficientes para dar esta lucha por su propia vida, por su afirmación, por su derecho a habitar y a realizarse como ser humano. Esta lucha implica un desarrollo de la conciencia que permita adaptarse a las distintas formas que los opresores han adoptado para mantener el estado de cosas que más les beneficia. Por esto, es imposible desprenderse de una de las más preciosas armas que contribuyen a este propósito; esta es la que se muestra en la historia del desarrollo del pensamiento humano en su totalidad y en la historia de la filosofía en particular.

Es verdad que en la historia de la filosofía se muestran las particularidades de cada época histórica; es decir, que cada idea está impregnada de los intereses de quien defiende dicho pensamiento, pero mirado más de cerca, esto tiene un significado más profundo. La filosofía, decía Hegel, es su propio tiempo comprendido por el pensamiento, lo que quiere decir que la filosofía rescata algo más que lo accidental de cada época. El trabajo de la conciencia es ver, por medio del pensamiento filosófico, lo que hay detrás; es decir, lo que este ha aportado en el largo proceso de intentar descubrir qué es lo real y cómo funciona, qué es lo que provoca esta lógica en la que estamos sumergidos y si hay posibilidad de cambiar de rumbo.

La filosofía se ha desarrollado en una intensa lucha consigo misma, en una autonegación que la ha hecho evolucionar constantemente; por eso, es posible encontrar los más variados puntos de vista; quien quiera tratar a la filosofía de manera utilitarista puede encontrar opiniones que le sirvan para su beneficio personal. Es bien sabido que los poderosos la han utilizado para su propio beneficio, pero si por esto hemos de renunciar a su estudio, nos estaremos perdiendo una valiosa herramienta que nos ayuda a comprender lo que somos a través del desarrollo intelectual de las generaciones anteriores y en la que se ha sintetizado la experiencia de la humanidad en su reflexión sobre nuestra propia existencia.

Renunciar al pensamiento teórico es renunciar a la batalla ideológica; es ceder la palabra a los creadores del relato. No se trata de utilizar la fraseología de la filosofía en nuestro beneficio, sino de comprender el desarrollo del pensamiento para conocer quiénes somos y hacia dónde queremos llevar el desarrollo humano.


Alan Luna es maestro en Filosofía por la UAM e Investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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