Gaceta Crítica

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Joan Manuel Serrat: “Como diría Humphrey Bogart, siempre nos quedará el Tour”

Carlos Arribas (El País), 3 de Julio de 2026

Entrevista al cantante, un enamorado del ciclismo, en vísperas de que el Tour de Francia invada las calles de su barrio en Barcelona: “A ver si vemos hostiarse a Vingegaard y Pogacar”

Joan Manuel Serrat, en mayo de 2025.Daniel Mordzinski

Ahora que tiene 80 años, y dos más, y su alma está más viva que nunca, le hierve la sangre, aún tiene voz, y mantiene las fuerzas, Joan Manuel Serrat utiliza palabras sencillas, siempre tiernas, para hablar de su amor juvenil aún por el Tour de Francia, por el ciclismo que invade estos días las calles de su ciudad, sábado y domingo en Montjuïc. “El Tour es la adolescencia y el verano”, dice el cantante que adoró a Poblet, Pérez Francés y Ocaña, y adora ahora al nieto de Poulidor, Van Der Poel. Y “ese niño que uno se niega a abandonar” usa palabras más fuertes, justa ira contra el tirano, para animar al pelotón a que abandone el derrotismo y la mansedumbre, y no se rinda ante Pogacar. “A ver si vemos hostiarse a estos dos”, dice el cantante que cubrió un Tour como enviado especial de El Periódico de Catalunya, en referencia a Vingegaard, el único que ha derrotado, y dos veces, al esloveno en el Tour. “Pero, bueno, creo que en un mano a mano a hostias, aquí gana Pogacar”.

Pregunta. ¿Cómo vivió su amor por el Tour?

Respuesta. A finales de los 50, primeros 60, recortaba clasificaciones y crónicas de ciclismo y me fabricaba unos álbumes que ilustraba con las fotografías de unos Miroir des Sports que compraba a un quiosquero de segunda mano que había en los Encantes. Me hice unos álbumes realmente magníficos. Me hubiera gustado conservarlos pero mi madre pasó sobre ellos aprovechando algún periodo de mi vida en que yo dejaba abandonados mis enseres.

P. Una forma de entretenerse en vacaciones…

R. El Tour era y sigue siendo el verano, las carreras que hacía con pinzas de colgar la ropa, primero, y luego ya con ciclistas de plomo. Conservo muchos y he comprado algunos recientemente, hará 20 años… 20 años para mí es reciente. Y también me empapaba de las lecturas del Miroir des Sports. Lo entendía perfectamente. El francés en mi calle se manejaba bastante bien porque éramos adictos a las revistas francesas.

P. ¿Ídolo?

R. En la época más temprana era Poblet, el gran ciclista. Ya empezó siéndolo en la época del Faema, pero lo fue sobre todo cuando se va al Ignis y gana dos veces la Milán-San Remo. Tener un tío de Montcada que esprintando los ganaba a todos era para mí muy bueno. En general al equipo Faema lo recuerdo con mucho cariño. Lo capitaneaba Botella, y estuvo luego Angelino Soler…

P. Y Rik Van Looy…

R. Bueno, Rik Van Looy era extraordinario, pero siempre me gustó más Leon Van Daele. Le perseguí cuando en una etapa de la Vuelta del 58 salió de la Universidad Laboral de Tarragona, donde yo estaba estudiando. En el equipo belga estaban los dos, Van Looy y Van Daele y yo busqué con más vehemencia el autógrafo de Van Daele, que le había ganado un par de semanas antes la París-Roubaix a Poblet…. Era un tipo enorme, grandioso. Era más o menos, quién te diría yo, como el nieto de Poulidor. Como Van der Poel, sí, tenía un corte así. Por eso seguramente también me gusta tanto Van der Poel.

P. Un ganador nato, casi un ídolo pop…

R. Yo me imagino que su abuelo debería estar muy orgulloso de tener un nieto como él. Su abuelo, que fue siempre un perdedor, o al menos no un perdedor, pero sí un segundón, y tuvo que aguantar las mofas de la intelectualidad ciclista, tener un nieto como él, realmente lo ha redimido. Es brutal, sobre todo en las clásicas.

P. ¿Qué es lo que más le enamoró del Tour?

R. El Tour me enamoró cuando lo conocí. Yo insistí en seguir un Tour desde dentro. Tenía mucha ilusión. He seguido alguna Olimpiada in situ, he seguido Mundiales de diferentes deportes. Me ha gustado mucho estar presente, viajar, enrollarme dentro, ver todo ese mundo. Son unos días de participación en los que el fenómeno deportivo lo es todo. Me pareció que no había mejor idea que meterme dentro y colarme haciendo alguna sección en El Periódico. Nuestro querido Antonio Vallugera [falleció en 1987] fue el que me introdujo en esto. Fue realmente muy divertido el Tour aquel del 84, el primero que pierde Hinault, podríamos decir.

P. ¿Y le deslumbró?

R. Yo recuerdo la frase, seguramente porque no es muy afortunada, no sé si fue Chico Pérez o Vallugera quien dijo que la única carrera ciclista que existía era el Tour y que el resto eran kermeses. Bueno, me parece una exageración, claro, mientras existan la París-Roubaix o la Milán-San Remo, pero el Tour, realmente vivirlo, seguirlo, es una cosa que enamora a alguien que ama el ciclismo. Me enamoró todo lo que estaba alrededor. Cómo la gente lo seguía, cómo para los franceses el Tour es una fiesta nacional. No sé si existirá en estos momentos la misma pasión y devoción que hace 40 años, porque las cosas y el ciclismo han cambiado mucho, pero aquello era hermoso. No había vallas, y recuerdo que la gente aguantaba con pedazos de banderitas de papel, y cerraban el paso a modo de valla. Me pareció no solo muy educado, sino muy partícipe de la historia. Como algo muy suyo, no solo como un concurso, una carrera, sino como algo que estaban concelebrando cada día. Muy romántico todo. Tengo una visión absolutamente romántica porque fueron días muy emocionantes.

P. En su primera columna escribió, “con sangre, sudor, lágrimas y anfetaminas el Tour demarra…”

R. “Y yo, chupando rueda”.

P. Parece el inicio también de una canción… ¿Nunca pensó en hacer una canción dedicada al Tour o al ciclismo?

R. Ya hay canciones, la canción de Bartali, por ejemplo, de Paolo Conte, que es maravillosa… “Cuántas calles en mis sandalias, cuánto camino habrá hecho Bartali con aquella nariz como una subida, y aquellos ojos alegres de italiano de excursión, dando vueltas, dando vueltas…” Es magnífica aquella canción. “Y le dice a ella, los franceses nos respetan y tú me dices que tenemos que ir al cine… Vai tú, vete tú…”. Una canción que ya en el ritmo es una canción ciclista. Sería digna de ser la canción de fondo de un programa de ciclismo.

P. ¿Coleccionaba también libros de ruta?

R. Mi amor a los mapas y a los atlas de carreteras es desmedido. Por eso seguramente tengo tanta aprensión a este aparato que te dice por dónde tienes que ir. Google Maps y todo esto. Sí, debe ir muy bien, pero también es un paso hacia la idiotez, con perdón, porque tampoco tú tienes que pensar, ya te lleva a él. Esto es un problema social, ¿no? Es decir, dejar que los otros resuelvan las cosas, a esto lo llamamos progreso. Realmente era muy bonito cuando sabías qué pueblo había detrás del otro pueblo y cuántos kilómetros te faltaban. Al menos a mí me ha gustado siempre. Y he viajado mucho y me he distraído mucho con los planos y conociendo las rutas y las rutas alternativas.

P. El gran orgasmo del Tour y Barcelona ocurrió en 1965, Pérez Francés, el ciclista del barrio, entrando solo por el Paral·lel para ganar la etapa en Montjuïc. Usted tenía 21 años.

R. Estuve siguiendo la etapa evidentemente porque la fueron dando por la radio y además porque yo tenía tiempo para llegar porque estaba al lado, en el Poble-sec. Se había fugado faltando muchos kilómetros y yo cuando lo consideré oportuno me desplacé a verlo llegar y fue muy emocionante. Pero yo a Pérez Francés ya lo había visto llegar solo, además, al circuito de Montjuïc unos años antes, siendo él amateur. Corría él en el famoso Peña Solera-Cacaolat, que fue un equipo histórico de aficionados y a mí me gustaba tirarme el moco con los amigos, y me ponía en la primera curva con ellos. Les decía, vais a ver que el que pasa primero por aquí va vestido con la camiseta del Barça, porque Peña Solera llevaba aquel maillot azul y grana también. Y ahí salía siempre Pepe agarrando la primera curva delante de todos y ya despidiéndose del resto de los corredores.

P. ¿Qué tiene que tener un ciclista para que usted se haga fan suyo, sufra y se alegre por él?

R. En las clásicas, siempre voy con Van Der Poel. Y cuando gana, me siento como si hubiera ganado yo. ¡Mira tú qué tontería! Pero las dos personas que he admirado más han sido Luis Ocaña y Pérez Francés. Ninguno de los dos se puede decir que haya sido un hombre afortunado. Pérez Francés fue un hombre que en su tiempo podría haber tenido unos resultados mucho mejores seguramente si el carácter lo hubiera acompañado un poco más. Fue una cuestión de carácter más que de piernas. Ocaña también tuvo situaciones de gran infortunio. Ocaña se cae en el 71 en el col de Mente, cuando le ha metido 10 minutos a Merckx, y pierde aquel Tour.

P. Un día trágico…

R. Sufrí aquel día mucho, mucho, mucho, mucho. Además, fue todo tan impensado… Lo estaba escuchando por la radio y no me acuerdo quién lo retransmitía, pero era como si transmitiera un drama. Y aquella etapa la ganó Fuente, y se cabreó un huevo porque nadie hablaba de él. Dijo, hostias, yo también me he caído, dijo, y no dicen que gané la etapa. Bueno, pues así es la vida, así es todo, ¿no?

P. Ocaña se dejaba las mismas patillas que usted en los años 70…

R. Bueno, siempre hay alguna coincidencia. Con Pérez Francés, nacimos el mismo día, de diferentes años, [27 de diciembre de 1936 y 1943, respectivamente] y supongo que algo de esto podía influir en nuestra relación, y también el conocimiento que yo tuve con él, una vez se retiró y se puso al frente del bar que tenía en la calle San Pablo, el bar Las Banderas, y yo iba de vez en cuando ahí a hablar con él. A Luis lo conocí en una Escalada a Montjuïc un par de años antes. Nos conocimos y le dije, ¿por qué no vamos a ver a Pepe? Y sí, sí, bajamos tranquilamente desde Montjuïc y nos fuimos al bar de Pepe y estuvimos allí un rato.

P. Y el Mundial del 73 en Montjuïc…

R. Cuando Ocaña pierde el Mundial por cascar a Merckx. Se escaparon Maertens, Gimondi, Merckx y él. Y él después se quedó con Merckx pensando que Merckx iba a arrancar y se fue para adelante Gimondi y los ganó.

P. A Ocaña le obsesionaba Merckx, la necesidad de derribar al Caníbal…

R. Supongo que es la que quieren tener muchos con Pogacar en estos momentos, lo que pasa es que no pueden.

P. ¿Subirá a Montjuïc a ver los finales de etapa?

R. A ver, a ver, teniendo esto como lo tengo, la casa llena de infancia, no sé cómo voy a arreglármelas para que mi mujer no se cabree más de lo que normalmente se cabrea conmigo. Pero bueno, lo voy a intentar, sobre todo voy a intentar estar en la llegada del domingo en Montjuïc.

P. Es usted un espectador impenitente…

R. Yo me llevé a mis hijas a los Juegos de Barcelona. Sobre todo a la mayor, a María. Nos íbamos tempranito a lo primero que hubiera y nos volvíamos después del waterpolo, cuando ya había oscurecido. Pasé los días con el mejor regalo que me ha hecho nunca un ayuntamiento, que fue un pase que decía válido para cualquier localidad y entraba en cualquier sitio. Eso fue una cosa maravillosa. Ese niño, ese niño que uno se niega a abandonar, pasó unos días cojonudos. No me puse enfermo ni un día, sudaba una hora, tenía frío a otra, me daba igual. Yo iba de un sitio a otro. Fue seguramente la experiencia deportiva más completa que he tenido en la vida. El Tour también, ¿eh?, pero los Juegos…

P. ¿Solo el Tour?

R. Y todo el ciclismo. El otro día me vi la Volta a Catalunya femenina por la noche, lo tengo todo grabado, y la Vuelta a Suiza, que es un aburrimiento de cojones. No tienen huevos, ¿eh? No hay quien se mueva. Primero, no van. Si va Pogacar, Vingegaard dice que no va. Solo esperan al Tour. Y Pogacar también dice, bueno, ¿y para qué voy a ir al Giro? Pues tampoco voy. Entonces, claro, ya me dirás.

P. En Barcelona están todos…

R. Ah, sí, sí, claro. Como diría Humphrey Bogart, siempre nos quedará el Tour.

P. Pero Pogacar… Si le ganó a Van der Poel una contrarreloj por cuatro centésimas…

R. Calla, calla… Y a Van Der Poel también le ha ganado unas carreras este año, que me ha hecho sufrir…

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