Gaceta Crítica

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Apostar por la guerra como por un partido de fútbol

David Futrelle (LE MONDE DIPLOMATIQUE -Julio 2026-), 3 de Julio de 2026

En abril del año pasado, un usuario de Polymarket habría utilizado un secador de pelo para manipular los sensores que registran la temperatura en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, después de haber apostado a que esta superaría los 21 °C. El tiempo que hará, la próxima guerra imperial, el secuestro de Nicolás Maduro, cualquier cosa o todo a la vez: en las plataformas de mercados predictivos es posible contemplar el futuro. Pero ¿a través de qué prisma?

JPEG - 67 KBJOHN TRASHKOWSKY. — Moneytrap (‘Sacacuartos’), 2010

Casinos en línea disfrazados de vehículos de inversión en los que es posible apostar sobre absolutamente todo: ¿quién ganará tal o cual competición deportiva?, ¿quién será dama de honor en la boda de Taylor Swift? Los mercados predictivos han experimentado un verdadero auge en los últimos años. Según TRM Labs, especialista en el análisis de criptoactivos, el volumen mensual de sus transacciones ha pasado de 1.200 millones de dólares a principios de 2025 a más de 20.000 millones en enero de 2026. La suma de los valores de mercado de las dos principales plataformas, Polymarket y Kalshi, supera los 30.000 millones de dólares, lo que ha hecho que sus jóvenes fundadores pertenezcan ya al club de los milmillonarios (1).

Son muchos los que se han enterado de la existencia de estas extrañas criaturas híbridas —mitad mercado de futuros, mitad máquina tragaperras— a causa de recientes escándalos aparecidos en la prensa. A principios de febrero, una cuenta de Polymarket creada una semana antes de la operación estadounidense en Caracas consiguió un beneficio de 400.000 dólares tras apostar 33.000 por la destitución del presidente Nicolás Maduro. Otras dos cuentas se llevaron un beneficio acumulado de 230.000 dólares (2) cuando ni siquiera el Congreso estadounidense había sido informado del operativo. Resulta difícil creer que sus titulares no estén vinculados a miembros prominentes de la Administración estadounidense.

Y luego vino lo de Irán. En diciembre de 2025, Polymarket empezó a aceptar apuestas por un valor total de 529 millones de dólares sobre la posibilidad de un ataque estadounidense (3); en Kalshi, se apostaron 54 millones de dólares a que el ayatolá Alí Jameneí, asesinado el 28 de febrero en un ataque de Israel y Estados Unidos, sería apartado del poder (4).

El periódico The New York Times reveló que, 24 horas antes del inicio de los ataques, se realizaron más de 300 apuestas de al menos mil dólares en estos mercados, y 16 cuentas llegaron incluso a apostar más de 100.000 dólares cada una (5). Un usuario ganó cerca de medio millón gracias a una apuesta de 60.000 dólares. Otro, que responde al seudónimo de Magamyman, se embolsó más de 553.000 dólares (6). Según la CNN, una cuenta de Polymarket ha ganado cerca de un millón de dólares en los últimos años con una serie de apuestas ganadoras sobre ataques israelíes y estadounidenses en Irán (7). Demasiada suerte para alguien honrado. Incómodo, Kalshi afirma que no autoriza apuestas sobre la muerte de nadie. Y lo cierto es que la plataforma suscitó la ira de quienes acertaron al apostar por el fallecimiento de Jameneí cuando anuló todas las apuestas a este propósito y devolvió las sumas invertidas.

Una dimensión ideológica

Polymarket, por su parte, defiende sus mercados vinculados con la guerra como una “valiosa” fuente de información. En un surrealista comunicado de prensa, la empresa alabó la “sabiduría de las masas” y sostuvo que “tras hablar con las personas directamente afectadas por los ataques, que se hacían decenas de preguntas, [la empresa] advirtió que los mercados predictivos podían brindarles respuestas que no iban a encontrar ni en los telediarios ni en X” (8). Por inverosímil que resulte esta afirmación, lo que sí muestra es que, al margen de mover montones de dinero, los mercados predictivos tienen una dimensión ideológica. “Kalshi sustituye el debate, la subjetividad y las controversias por los mercados, la exactitud y la verdad”, explicó el cofundador y presidente de la empresa, Tarek Mansour, en una de esas enardecidas declaraciones a las que tan aficionado es el sector tecnológico (9). Como si las apuestas realizadas por los adeptos de los criptoactivos no tuvieran nada de subjetivo. “Hemos inventado una nueva forma de relacionarse con la información. Ahora, cuando uno formula una opinión sobre el futuro, es difícil no pensar en Kalshi”. Hete aquí un buen resumen del problema: las ambiciones de Mansour y los grandes apóstoles de los mercados predictivos no se reducen a la guerra y a Taylor Swift. Según Mansour, de lo que se trata es de “financiarizarlo todo y transformar cualquier divergencia de opinión en un activo comercializable” (10).

El padrino intelectual de estos mercados, Robin Hanson, enseña economía en la Universidad George Mason, en el estado de Virginia, y sueña con ver cómo reemplazan a la democracia y la maquinaria estatal. En 1988, cuando trabajaba como investigador para Lockheed, se le ocurrió una idea: construir mercados que explotaran el sentido común colectivo para responder a todas las preguntas que uno se planteara (11). Su proyecto partía de una de las tesis fundamentales del economista libertario Friedrich Hayek: en los mercados libres, los precios agregan la información dispersa mejor de lo que lo haría la planificación centralizada. Hanson probó primero a poner en práctica su idea a pequeña escala con una start-up llamada Xanadu (12). Perfiló su teoría en una tesis de doctorado defendida en el Instituto Tecnológico de California, en 1997. Está persuadido de que la historia le dará la razón. En cierto modo, ya lo ha hecho.

Kalshi fue fundado en 2018 por dos egresados del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y exempleados del fondo de cobertura Citadel. La palabra árabe kalshi significa, ni más ni menos, ‘todo’. Cerca de dos años más tarde, Shayne Coplan, un joven de 21 años que acababa de dejar sus estudios, creó Polymarket en el baño de su piso, convertido en despacho, inspirándose principalmente en los trabajos de Hanson. Kalshi consiguió su estatus de mercado regulado en noviembre de 2020. Al año siguiente, la plataforma se abrió al público. Polymarket arrancó poco más o menos por la misma época, pero sin autorización. Condenado por el organismo regulador estadounidense, el enfant terrible de los mercados predictivos se vio obligado a pagar una multa de 1,4 millones de dólares en enero de 2022 (13).

Fue entonces cuando se desató la fiebre del oro. Robinhood, una aplicación lúdica muy apreciada por los pequeños inversores en bolsa durante la pandemia, se arrojó a los mercados predictivos en 2025. Los gigantes de las apuestas deportivas FanDuel, DraftKings y Fanatics hicieron lo propio. De ese modo, podían sortear la prohibición de las apuestas deportivas todavía vigente en algunos estados de Estados Unidos, y no de los menores: los enormes mercados de California o Texas les abrían por fin sus puertas.

Los titanes de los mercados predictivos odian que se compare su actividad con los juegos de azar, ya que, de ser así, “habría que decir que todos los mercados financieros son juegos de azar”, se indigna Mansour (14). ¿Y por qué no? Sea como fuere, si de sacar dinero se trata, se muestran tan eficaces como los casinos. Un reciente informe del banco Citizens revela que, en proporción, los traders de estos mercados pierden más en sus primeros meses de actividad que los usuarios de las páginas de apuestas deportivas: para el 25% de ellos, las pérdidas se acercan a los 28 centavos por dólar invertido (estudio citado por Bloomberg, 4 de febrero de 2026).

Bienvenidos a la “futarquía”

Existe, sin embargo, una diferencia esencial entre las apuestas deportivas y los mercados de predicción. Como su propio nombre indica, las primeras han colonizado un único ámbito, el del deporte. Los segundos, aunque también se interesan por el deporte, aspiran a extenderse al resto de la información, y no solo en forma de publicidad intrusiva. CNN, NBC, Dow Jones y Yahoo Finance han firmado contratos con estas plataformas para integrar en tiempo real en sus boletines informativos diversas apuestas realizadas en los mercados de predicción. Durante la última ceremonia de los premios Globos de Oro, los espectadores pudieron seguir en directo la evolución de las apuestas realizadas en Polymarket. La especulación frenética, no obstante, no se corresponde con ninguna de las definiciones conocidas de la información.

Como admite el director ejecutivo de Kalshi con admirable franqueza, de lo que se trata es de transformar toda divergencia de opinión en un título negociable y especular con lo que sucederá en el deporte, pero también en la política, la economía, la vida de las celebridades, la ciencia o la cultura. En resumen: en todos los ámbitos en los que una pregunta es susceptible de recibir una respuesta clara. En este mundo, se podrá apostar cada vez que uno consulta el teléfono o lee un artículo en la prensa. Las apuestas serán como el aire que se respira, integradas como estarán en la esencia misma de las cosas.

Natasha Dow Schüll, antropóloga de la Universidad de Nueva York, ha estudiado las consecuencias que un entorno como este tiene en la conducta del individuo. Las aplicaciones de apuestas deportivas están pensadas para mantener a sus usuarios constantemente alerta, al acecho de la próxima apuesta. Los mercados predictivos amplían este estado de vigilancia al conjunto de la realidad. Uno acaba estando a la busca de activos comercializables, siempre y a propósito de cualquier cosa. “Eso crea una forma degradada de atención —nos explica la antropóloga—, un barrido impulsivo de la actualidad que nunca se detiene”, ni siquiera cuando uno deja el teléfono. Uno ya no ve el telediario: lo explora con el fin de explotarlo; tampoco escucha un discurso: calcula su precio. Cuando todo es susceptible de convertirse en un título convertible, “dejas de ser un ciudadano o un votante que escucha un discurso, o un aficionado al deporte que ve un partido. Te conviertes en un operador”.

Y eso nos lleva de nuevo a Hanson y a su ambición de convertir los mercados predictivos en los cimientos de una nueva forma de gobernar. Hanson lleva afinando esta idea, a la que ha dado el bonito nombre de “futarquía” (gobierno por el futuro), desde que en el año 2000 publicó un artículo titulado “¿Se debe votar en función de valores y apostar en función de creencias?” (15). Según su sutil descripción de la democracia, los votantes ejercen su derecho al voto con el propósito de determinar los resultados que esperan del Gobierno en el terreno social y económico. Si los mercados predictivos determinan las políticas más susceptibles de generar esos resultados, los legisladores se verán obligados a ponerlas en práctica. Dicho de otro modo: los mercados no solo predecirán los resultados, sino que también dirigirán la labor de los burócratas del país. Como explica Hanson, “sería fabuloso que los mercados pudieran aconsejar [a los políticos] directamente sobre las decisiones que deben tomarse. La mayoría de las organizaciones toman grandes decisiones. También los individuos. Y en ello hay un enorme valor en juego”.

Este sistema parece dar el poder político efectivo a cualquiera que posea suficiente dinero para orientar los mercados en el sentido que más le convenga. Hanson responde a esta objeción en un abrir y cerrar de ojos: es verdad que los muy ricos podrían sentirse tentados de manipular un mercado apostando fuertemente por su medida política predilecta. Pero otros operadores, al advertir un error en el precio, se unirían para apostar contra ellos. De ese modo, la distorsión quedaría corregida en virtud de la magia de la competencia de mercado. Irrefutable.

¡Que la gente se divierta!

En 2013, en una versión revisada del artículo antedicho, Hanson ponía el ejemplo de Bill Gates: pese a su inmensa fortuna, este lobo solitario sería incapaz de orientar un mercado predictivo contra la sabiduría de las masas (16). En aquellos tiempos prehistóricos, el patrimonio de Gates solo ascendía a 70.000 millones de dólares. Hoy, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, “pesa” más de un billón de dólares, lo que equivale a un cuarto de la riqueza total poseída por el 50% de la población menos acaudalada de Estados Unidos. La relación de fuerzas ha cambiado, pero la opinión de Hanson sigue siendo la misma.

“Personalmente, no me molesta que a la gente le guste hacer apuestas deportivas —dice—. No es lo mío, pero parece divertirles mucho”. Además, ¿acaso no dejamos que los individuos jueguen imprudentemente con su existencia? “Dejamos que los jóvenes elijan con quién salen, incluso permitimos que intenten ser actores o músicos. Son apuestas muy arriesgadas. La pregunta es la siguiente: ¿qué otros riesgos divertidos queremos permitir que acepte la gente?”. Tal vez debamos dejarles la libertad de elegir a la persona o el oficio que les gusta… pero ¿no habría que evitar que se queden sin casa por culpa de una apuesta perdida sobre las damas de honor de Taylor Swift?

La “futarquía” y las obsesiones de un economista estrafalario serían motivo de risa si no fuera porque los mercados predictivos constituyen un sector en pleno crecimiento que ya está valorado en varias decenas de miles de millones de dólares, lo que prueba que son muchos quienes se toman muy en serio sus ideas.

En el Manifiesto del Partido Comunista, Karl Marx y Friedrich Engels afirmaban que el auge de la clase capitalista “no dejó en pie más vínculo entre los hombres que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante”. Por consiguiente, ha “ahogado” hasta el menor aspecto de nuestra existencia “en las heladas aguas del cálculo egoísta”. Unas aguas en las que los adeptos a los mercados se bañan regocijados. Lo único que todavía no había sido financiarizado —el pensamiento humano, el acto de tener una opinión, la experiencia del desacuerdo— es en la actualidad un activo comercializable y dotado de un precio fluctuante. Toda creencia se disuelve en un contrato. Todo lo sólido se convierte en Kalshi.

Socialmente nefastas

En realidad, el futuro no está del todo escrito. Cuanto más se desarrollan las apuestas deportivas en línea, menos defensores tienen. En el verano de 2025, el 43% de los estadounidenses las juzgaban socialmente nefastas, frente al 34% en 2022 (17). Y lo que es más importante, esa es una opinión que comparten el 47% de los hombres de menos de 30 años, frente al 22% en 2022. El sector poblacional hacia el que con mayor agresividad se dirigen estas empresas, el que más ha sido víctima de ellas, empieza a volverse contra sus explotadores (18).

Por añadidura, como la mayoría de la gente se entera de la existencia de estos mercados a causa de sus especulaciones sobre la guerra y la muerte, la situación podría dar un giro con aún mayor rapidez. De seguir esta tendencia, debería ser posible frenar su auge, e incluso detenerlo, antes de que adquieran la magnitud de las apuestas deportivas, así como la ubicuidad cultural y política con la que sueñan Hanson y otros de sus ideólogos. Los resultados de los primeros sondeos a este propósito son alentadores: una encuesta de Ipsos realizada este año para el American Institute for Boys and Men (AIBM) revela que, en opinión del 61% de los estadounidenses, los mercados predictivos se asemejan más a los juegos de azar que a las inversiones financieras (19). Pese a la propaganda de los profesionales del sector, solo el 8% de los encuestados consideran que se trata de vehículos de inversión. Y no pasan del 4% quienes los juzgan beneficiosos para la sociedad.

Incluso Hanson ve nubarrones en el horizonte: “Existe el riesgo de un contragolpe —dice—, en cuyo caso mi visión tardará algo más en hacerse realidad. Pero tengo la esperanza de que ese contragolpe no llegue enseguida”.
Hagan sus apuestas.

(1) Carlos Garcia, “Kalshi locks in $22 billion valuation, gaining slight edge over its rival Polymarket”, 20 de marzo de 2026, https://fortune.com

(2) Lookonchain, 4 de enero de 2026, https://x.comcf. también Anirban Sen, “Mystery trader garners $400,000-plus windfall on Maduro’s capture”, Reuters, 6 de enero de 2026.

(3) “¿Estados Unidos ataca a Irán con…?”, https://polymarket.com

(4) “Ali Khamenei out as Supreme Leader?”, https://kalshi.com

(5) Amy Fan, “How anonymous bettors cashed in on the Iran strike, just hours before it happened”, The Upshot, 3 de marzo de 2026, www.nytimes.com

(6) Magamyman, https://polymarket.com

(7) Marshall Cohen, “Exclusive: Trader made nearly $1 million on Polymarket with remarkably accurate Iran bets”, 24 de marzo de 2026, https://edition.cnn.com

(8) Citado por Aisha Down, “‘Abhorrent’: the inside story of the Polymarket gamblers betting millions on war”, The Guardian, Londres, 11 de abril de 2026.

(9) “Kalshi reaches $11 billion valuation as app takes over America”, 2 de diciembre de 2025, https://news.kalshi.com

(10) “Kalshi founders Tarek Mansour & Luana Lopes Lara on turning events into assets”, 14 de noviembre de 2025, www.citadelsecurities.com

(11) Robin Hanson, “Ideas futures”, Universidad George Mason, https://mason.gmu.edu

(12) Robin Hanson, “A 1990 corporate prediction market”, 23 de noviembre de 2006, www.overcomingbias.com

(13) “CFTC orders event-based binary options markets operator to pay $1.4 million penalty”, Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de Estados Unidos (CFTC), 3 de enero de 2022, www.cftc.gov

(14) Nathan Bomey, “Sports event contracts are not gambling, Kalshi CEO says”, 17 de abril de 2025, www.axios.com

(15) Robin Hanson, “Shall we vote on values, but bet on beliefs?”, julio de 2000, https://mason.gmu.edu

(16) Robin Hanson, “Shall we vote on values, but bet on beliefs?”, The Journal of Political Philosophy, vol. 21, n.° 2, Hoboken (Nueva Jersey), junio de 2013.

(17) John Gramlich, “Americans increasingly see legal sports betting as a bad thing for society and sports”, 2 de octubre de 2025, www.pewresearch.org

(18) Isaac Rose-Berman, “The rise of sports betting is a growing public health crisis”, 11 de noviembre de 2025, www.statnews.com

(19) Jonathan D. Cohen, “Most Americans see prediction markets as more like gambling than investing, new AIBM/Ipsos poll finds”, 17 de marzo de 2026, https://aibm.org

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