Gaceta Crítica

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El precio del silencio mientras Cuba arde en su hora más oscura.

Gopabandhu Dash (COUNTERCURRENTS), 27 de Junio de 2026

Automovilista pasando junto a un mural en La Habana (foto sin fecha). “Abajo el bloqueo”. (Desmond Boylan, CC-BY, Flickr)

El mundo puede fingir lo contrario, pero la realidad es dura. La hipocresía liberal occidental y la hipocresía democrática del imperialismo estadounidense, junto con la crisis en Cuba, se entrelazan y exponen los límites del imperialismo estadounidense y el liberalismo occidental. El bloqueo petrolero estadounidense ha desencadenado una crisis energética cada vez más grave en Cuba, paralizando por completo el transporte. Con pocos vehículos en las calles, menos estudiantes pueden llegar a la escuela.

Sergio Alfonso Vázquez, de 33 años, agricultor y padre de dos hijos, afirma: “Mis hijos casi nunca van a la escuela. Cuando van, los maestros no se presentan. Me preocupa que no aprendan nada”. Naima Ariatne Trujillo Barreto, ministra de Educación de Cuba, explicó: “Después de una noche sin electricidad, llevar a un niño a la escuela, encontrar la manera de captar su atención e impartir la clase, todo eso representa un desafío. Para los maestros, que sufren igualmente —sin luz o con la incertidumbre de si tendrán agua en casa—, concentrarse en dar clases ha sido todo un reto”.

La directora general de la UNESCO, Anne Lemaistre, publicó en Instagram: «La educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética. Pone en peligro el futuro de toda una generación». Cuba se ha quedado sin diésel para sus generadores, lo que ha provocado cortes de luz de hasta 22 horas diarias y una grave escasez de agua. La isla también sufre escasez de alimentos y medicinas, y ha dependido de la ayuda humanitaria enviada por México y China.

Desde enero, el presidente estadounidense Donald Trump ha suspendido el suministro internacional de combustible a Cuba y ha implementado un nuevo paquete de agresivas medidas económicas destinadas a asfixiar financieramente al gobierno cubano. Cuba se encuentra bajo un embargo comercial estadounidense desde 1962, pero Trump ha intensificado considerablemente la presión. Estados Unidos también ha presentado cargos penales contra el gobierno de Castro por el presunto derribo de dos avionetas operadas por el grupo exiliado Hermanos al Rescate en 1996.

En respuesta, la clase trabajadora, los campesinos y los estudiantes cubanos han protagonizado una doble ola de protestas: manifestaciones populares contra la escasez diaria, junto con concentraciones autorizadas por el gobierno dirigidas directamente contra Estados Unidos. Los estudiantes universitarios de La Habana han llevado a cabo sentadas y protestas sin precedentes en los campus, dirigidas a la grave crisis energética y su impacto en la educación. En barrios de La Habana, Artemisa y Holguín, la clase trabajadora ha realizado «cacerolazos» —protestas nocturnas tradicionales con cacerolazos— en respuesta a los apagones intermitentes y la escasez de alimentos.

El campesinado cubano y coaliciones agrícolas internacionales como La Vía Campesina protestan contra el impacto devastador del bloqueo en la producción de alimentos mediante campañas mundiales por la soberanía alimentaria y la agroecología. El 17 de mayo de 2026, La Vía Campesina lanzó la Campaña de Solidaridad Global titulada: “¡Contra el Bloqueo! Solidaridad Campesina, Agroecología y Soberanía Alimentaria”. Este movimiento, presente en más de 80 países, reúne a campesinos, pescadores, trabajadores agrícolas y pequeños productores de alimentos que consideran esta sanción unilateral como la causa directa de la crisis alimentaria y energética de Cuba.

Cuba ha aportado al mundo mucho más de lo que ha recibido. Entre sus contribuciones globales más significativas se incluyen una diplomacia médica sin precedentes, biotecnología pionera y una profunda influencia en la cultura mundial a través de la música y el deporte. Cuba también desarrolló y difundió el programa de alfabetización para adultos «Yo, Sí Puedo», que ha enseñado a leer y escribir a millones de personas en decenas de países de América Latina, África y Oceanía. Ha inspirado y apoyado movimientos cooperativos, adoptado la agroecología y promovido la solidaridad y el internacionalismo humanista para construir un mundo más justo y sostenible.

En la actualidad, el militarismo imperialista de Occidente —en particular el de Estados Unidos— se ha desatado. Ha atacado políticamente a países soberanos como Venezuela e Irán, y ahora busca castigar al movimiento progresista cubano. Durante casi 60 años, el pueblo cubano ha demostrado una valentía extraordinaria al resistir el bloqueo económico. Su lucha sirve de advertencia a todos los países que intentan escapar de la explotación neoliberal y del sistema capitalista para impulsar un proyecto digno y soberano en beneficio de su pueblo.

Las meras declaraciones de solidaridad ya no bastan. Los Estados que afirman apoyar a Cuba en la crisis actual deben suministrar petróleo, crear mecanismos financieros alternativos, salvaguardar los suministros y ejercer una presión diplomática genuina sobre Estados Unidos para que levante el bloqueo. El movimiento de solidaridad internacional debe presionar a sus gobiernos para que el apoyo a Cuba deje de ser simbólico y se convierta en una política efectiva. Esta crisis energética no es resultado de fallas internas, como la presenta Estados Unidos, sino la culminación de más de seis décadas de bloqueo económico. El objetivo de esta sanción no es simplemente la presión económica, sino provocar una implosión social y un cambio de régimen, similar a lo que Trump buscó en Venezuela.

La hipocresía del multilateralismo se pone a prueba en Cuba. Las grandes potencias, incluidas China y Rusia, declaran su solidaridad con Cuba y condenan el bloqueo en foros internacionales, pero no toman medidas lo suficientemente contundentes para presionar a Estados Unidos a que lo levante. Sus compromisos con asuntos como Ucrania y Taiwán podrían impedirles ofrecer un apoyo firme a Cuba. Los gobiernos progresistas de Brasil y Colombia, si bien expresan públicamente su apoyo, al parecer no están dispuestos a enfrentarse directamente a Estados Unidos. Deberían recordar que abandonar a Cuba debilita a todas las fuerzas que afirman defender la soberanía de los países del Sur Global.

En el mundo actual, el fascismo mutado perpetuado por Trump y sus secuaces ha subvertido las instituciones democráticas tanto en Cuba como en el extranjero. Para él, las instituciones son obstáculos, no garantías, como si solo él representara la voluntad del pueblo y cualquier oposición de otros países se volviera ilegítima. En este clima, la clase trabajadora cubana debe resistir este fascismo silencioso con todas sus fuerzas, no solo por su propia supervivencia, sino como faro de las aspiraciones soberanas de los pueblos de todo el mundo. La lucha de Cuba es la lucha de toda la humanidad. Si Cuba fracasa, no será por culpa de los cubanos, sino por culpa de todos nosotros y nuestro silencio.

Dr. Gopabandhu Dash ,  investigador, Bhubaneswar, Odisha, India

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