Gaceta Crítica

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El gasto en armamento nuclear se dispara

Xavier Bohigas y Teresa de Fortuny (Centre Delàs y Público), 25 de Junio de 2026

Una captura de pantalla muestra el lanzamiento de un sistema de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) RS-24 Yars durante un ejercicio nuclear llevado a cabo por las fuerzas armadas rusas y bielorrusas. Imagen de archivo
Consecuencias del belicismo de la OTAN: Lanzamiento de un sistema de misiles balísticos intercontinentales en un ejercicio nuclear de las fuerzas armadas rusas y bielorrusas.DPA vía Europa Press

El gasto en armamento nuclear en 2025 alcanzó los 118.800 millones de dólares, un 19% superior al del año anterior, según un reciente informe de ICAN. Destaca el gasto de EEUU que llegó a los 69.200 millones. Le sigue, con un gasto netamente inferior, China con 13.500 millones, Reino Unido (12.600), Rusia (9.500), Francia (7.700), India (2.800), Pakistán (1.500), Israel (1.200) y cierra la lista Corea del Norte con 656 millones. Son cantidades enormes, difíciles de valorar a no ser que recurramos a las comparaciones. Así, por ejemplo, el presupuesto de Naciones Unidas para 2026 es de 3.450 millones de dólares, 34 veces menos. El presupuesto de Cruz Roja Internacional para 2026 es de 2.230 millones de dólares, 53 veces menos. Con el gasto en armamento nuclear de 2025 se podría dotar de energía solar a más de seis millones de hogares. Se podría haber acabado con el hambre en el mundo con el gasto de los tres últimos años en armas nucleares.

EEUU siempre se ha situado a la cabeza como el estado que más recursos destina a las armas nucleares. En 2025 el gasto de EEUU representó el 58% del gasto mundial en armas nucleares, la tónica de los años anteriores fue muy parecida.

Sorprende la cantidad enorme de recursos que EEUU destina a su armamento nuclear. Rusia y EEUU mantienen unos arsenales muy parecidos en tipología y cantidad de cabezas nucleares (5.420 y 5.042 respectivamente, según datos recientes del SIPRI). A pesar de ello, el gasto de EEUU en armamento nuclear es más de siete veces el gasto ruso. EEUU, desde hace años, señala a China como un peligro nuclear, a pesar que tiene un arsenal (620 cabezas nucleares) ocho veces inferior al de EEUU y su gasto en armamento nuclear es menos de la quinta parte del estadounidense.

Es muy significativa la tendencia al alza del gasto en armas nucleares los últimos años. El aumento entre 2024 y 2025 ha sido muy notorio, un 19%. EEUU vuelve a ser el campeón, con un aumento del 22% de su gasto en armas nucleares. Le siguen Pakistán con un 18% y Reino Unido con un 17%. Los aumentos de los otros países son sensiblemente inferiores.

Esta tendencia nos indica claramente la importancia que dan a las armas nucleares los Estados que las poseen. La previsión es que el gasto en armamento nuclear siga creciendo en los próximos años. Todos los Estados tienen programas de modernización de su armamento nuclear a muy largo plazo, y con presupuestos multimillonarios. La realidad es que los Estados nucleares están desarrollando programas nucleares para desplegarlos durante, al menos, los próximos cincuenta años. Los programas de modernización abarcan todos los aspectos, desde la gestión y control, detección de ataques, así como las armas, con el desarrollo de nuevos misiles, submarinos y sistemas de ataque aéreo.

Es difícil estimar el gasto futuro en armas nucleares, a pesar de ello tenemos algunos datos orientativos. La Oficina del Presupuesto del Congreso de EEUU analiza las proyecciones de gasto y estima que, si se llevan a cabo las previsiones del Departamento de Defensa y del Departamento de Energía, el programa nuclear costaría 946.000 millones de dólares entre 2025-2034. Es decir 94.600 millones de dólares por año, casi un 50% mayor que el gasto de EEUU en armas nucleares de 2025. En el caso de Reino Unido, según un informe de la Cámara de los Comunes, se prevé un gasto en armamento nuclear hasta 2033 de 128.000 millones de libras (171.500 millones de dólares). Son cifras muy alarmantes.

Estos programas no se pueden realizar sin apoyo financiero. El informe Investing in the Arms Race analiza las conexiones entre 301 instituciones financieras de todo tipo (bancos, fondos de pensiones o de inversión, compañías aseguradoras, gestoras de activos…) con las 25 empresas productoras de armas nucleares más involucradas en la producción de estas armas. La mayoría de ellas son norteamericanas (12 empresas) y europeas (7 empresas). No es de extrañar que, de esas 25 empresas, 19 forman parte del ranking de las 100 mayores empresas de armamento del mundo.

Las operaciones financieras incluyen la compra de bonos o acciones de dichas empresas y la concesión de préstamos. Sin esta cooperación financiera los fabricantes de armas no podrían mantener su actividad, es decir el diseño, producción, fabricación y almacenamiento de armas nucleares. Su producción incluye ojivas y sistemas de lanzamiento con capacidad nuclear, como los misiles.

Las 301 instituciones que mantienen relaciones de inversión o financiación con alguna de las 25 empresas proceden de 23 países. La mayoría tienen su sede en países que poseen armas nucleares o que respaldan su uso. Cabe destacar que, de estas 301 entidades, las hay con sede en el Estado español. Concretamente, constan como entidades crediticias La Caixa, Banco de Santander y BBVA. Y como entidades inversoras Ibercaja, La Caixa y Santa Comba. En el ámbito internacional los mayores inversores son los fondos de inversión Vanguard, Blackrock y Capital Group y el banco State Street. Y los mayores acreedores son los bancos Bank of America, JPMorgan Chase, Citigroup y Goldman Sachs.

Desde el año 1972 siempre había existido un tratado bilateral de limitación, y en ocasiones de reducción, de armas nucleares entre EEUU y Rusia (o URSS, en su caso). Entre ellos acumulaban más del 90% del arsenal nuclear mundial. La situación ha cambiado radicalmente. En 2002 EEUU se retiró unilateralmente de uno de ellos, el ABM, tratado de limitación de defensa antimisiles; en 2019 también lo hizo del INF, tratado de prohibición de misiles nucleares de corto y medio alcance fuera del territorio nacional. Y a partir de que, en febrero de 2026 caducase el tratado New Start de limitación de armas nucleares y no fuese sustituido, no existe ya ningún tratado de limitación o reducción entre los dos países.

Por otro lado, se detecta un creciente escepticismo sobre el Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP), acuerdo internacional que, hasta hace pocos años, representaba el instrumento destinado a alcanzar el desarme nuclear. Se ha constatado la inoperancia reiterada de las sucesivas Conferencias de Revisión del TNP. De hecho, en los últimos veintitantos años, no ha habido progresos significativos ni en desarme ni en reducción de la dependencia respecto a las armas nucleares en las políticas de defensa. El problema central del TNP radica en que algunos estados creen que las armas nucleares son esenciales para su seguridad y no están dispuestos a renunciar a ellas; mientras que la mayoría de los demás entiende que los efectos devastadores de las armas nucleares las hacen intrínsecamente inaceptables.

El contexto actual se caracteriza por la inexistencia de tratados entre EEUU y Rusia, por la cada vez mayor importancia que se asigna al armamento nuclear en las políticas de defensa, por la diferencia de intereses entre los países poseedores de armas nucleares y los que no las tienen. Y también, evidentemente, por una situación geopolítica tremendamente frágil e inestable. Por otro lado, la diplomacia pierde peso en las relaciones internacionales frente a la amenaza o el uso de la fuerza militar.

El futuro aún es más preocupante porque, además del posicionamiento de los Estados nucleares, varios Estados no poseedores de armas nucleares han expresado la posibilidad de dotarse de ellas.

No podemos olvidar las consecuencias humanitarias catastróficas del uso de las armas nucleares. Su mera existencia ya conlleva un peligro por la posibilidad de un uso accidental o involuntario. Actualmente tenemos un instrumento de desarme, el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN); 99 Estados ya han firmado el TPAN, la mayoría de los miembros de la ONU se opone a las armas nucleares. Es urgente que se adhieran al TPAN los Estados que aún no lo han hecho, entre ellos el Estado español.

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