Gaceta Crítica

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Ahora llaman ‘realpolitik’ al asesinato de saharauis

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es recibido por el Rey de Marruecos, Mohamed VI, en una imagen de archivo.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, es recibido por el rey de Marruecos, Mohamed VI, en una imagen de archivo.La Moncloa vía Europa Press

Ana Pardo de Vera (PÚBLICO), 10 de Junio de 2026

La política de los gobiernos suele ser un espacio lleno de contradicciones que los dirigentes no pueden controlar, mucho menos explicar y/o justificar, aunque tampoco lo admitan. Entonces apelan a la realpolitik, que significa literalmente «política realista», pero que en realidad, tiene mucho que ver con las fuerza bruta de cada país ysu capacidad para saltarse las leyes internacionales y los derechos humanos de forma impune.

Abandonar al Sáhara a su suerte, o sea, a la imposición por la fuerza del estatus que quiere darle Marruecos (es suyo y sólo suyo), es una de esas realpolitiks que pudre el alma a España, ese alma «humanista» de la que se jactaban los progresistas que elogiaron estos días a León XIV, como si un papa no fuera previsible en sus discursos -con mayor o menor capacidad oratoria-, repartiendo oxígeno aquí y allá a todos los partidos políticos, incluida una ultraderecha que berrea contra el derecho al aborto, a la eutanasia, a la inmigración y a la educación pública laica. Para ella, Prevost también tuvo mimos.

Los jefes del Estado Vaticano son expertos en indicar a los demás lo que tienen que hacer al tiempo que silencian lo suyo a lo largo de una Historia fructífera en cuanto a crímenes religiosos, también católicos. Véase en estos días la manipulación torticera de la comitiva de León XIV -entiendo que en perfecta sincronización con la Conferencia Episcopal Española (CEE)- con la minirrecepción a las víctimas de abusos, violaciones y encubrimiento por parte de curas, obispos, arzobispos, cardenales y el Vaticano en general hasta que la peste violadora se hizo irrespirable, el periodismo hizo su trabajo y a la jerarquía católica no le quedó más remedio que dar la cara, la puntita de la nariz y a regañadientes.

Con estos lodos, sepultados bajo alfombras, maderas nobles, terciopelos, sedas salvajes, pan de oro y el Real Madrid, vivimos aletargados, pero no sin las consecuencias que harían enrojecer a un país entero si estuviera más preocupado por su dignidad democrática que por la agenda de Leire Díez y su fructífera imaginación.

Marruecos ha asesinado a tres miembros del Frente Polisario y una de esas víctimas era Lehbib Mohamed Abdelaziz, de 37 años, miembro del Secretariado Nacional del grupo e hijo del expresidente saharaui Mohamed Abdelaziz, antecesor de Brahim Ghali, a quien recordarán por el terremoto político que montaron Marruecos y la (ultra)derecha española, jueces patrioteros incluidos, cuando fue acogido humanitariamente en España para tratarse una covid muy grave. Aquello le costó el cargo a la que era ministra de Asuntos Exteriores, Arantxa González Laya y varias vendettas más por parte de la autoridad dictatorial marroquí, que no se anda con chiquitas.

La relación entre Marruecos y España es compleja y difícil de gestionar por su situación de país y continente fronterizo con España y Europa y, sobre todo en estos momentos, por su férrea alianza con la Casa Blanca e Israel, en pleno genocidio de Netanyahu contra Palestina. La llegada de Pedro Sánchez al poder, contra toda lógica progresista, no supuso un avance para el reconocimiento de un Sáhara libre y soberano, al revés. El Ejecutivo de coalición claudicó ante el sátrapa Mohamed VI y Biden-Trump y respaldó la tesis del territorio no independiente, sino autónomo pero dentro de Marruecos. Sin el apoyo del Gobierno español, una traición en toda regla a este pueblo que fue nuestra colonia, el Sáhara ha quedado a la intemperie. Casi nada trasciende de lo que ocurre allí, salvo filtraciones muy contadas de saharauis y ONGs que se juegan el pellejo para contarlo. Sabemos que hay una guerra desigual y una soledad decepcionada de quienes solo quieren ser libres frente al déspota y colonizador Marruecos, que hoy cuenta con la mejor y más controladora y mortífera tecnología, la de Israel, a cambio de apoyar un genocidio en Palestina. Pedro Sánchez aún nos debe una explicación por esta claudicación ante Marruecos, aunque es probable que nunca se escuche porque nos tengan cogidas por nuestras partes íntimas, nos hacemos cargo. Todo esto y lo inimaginable sobre las tácticas chantajistas de un Marruecos implacable e impune, no obstante, no justifican una contradicción flagrante con la posición del Ejecutivo sobre el Sáhara frente a la de Palestina o contra Trump y Netanyahu. Los asesinatos de saharauis no son realpolitik, sino complicidad criminal del Gobierno de España con el sátrapa marroquí.

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