Luis Britto García (OBSERVATORIO DE LA CRISIS), 8 de Junio de 2026

Me resisto, luego existo… Luis Britto García, escritor venezolano
Hemos sufrido un golpe terrible. Si queremos superarlo, debemos reconocerlo, investigar las causas y corregir los efectos.
Reiteramos que, según una encuesta de Hinterlaces de octubre de 2025, el 83% de los encuestados estaría dispuesto a afrontar una invasión militar extranjera, solo el 6% no lo estaría, y el 89% creía que el verdadero objetivo de una posible intervención sería derrocar al presidente Nicolás Maduro para apoderarse del petróleo.
Seis meses después, no he encontrado un solo compatriota que no repita estas respuestas, pero acompañadas de nuevas preguntas.
En primer lugar, es necesario conocer con claridad, precisión y detalle qué ocurrió o no en la madrugada del 3 de enero de 2026. Venezuela contaba, y aún cuenta, con armamento moderno, eficaz y costoso que no se utilizó. Cuarenta y siete soldados venezolanos y 32 escoltas cubanos murieron valientemente repeliendo la agresión masiva con armamento básico. Es necesario conocer los hechos exactos y corregir las deficiencias para futuros enfrentamientos previsibles.
La investigación debería reformular la Doctrina Estratégica y Táctica para la Seguridad y la Defensa. Al parecer, ante una escaramuza rápida que demostró la superioridad aérea del enemigo, se optó por una rendición incondicional, con depósitos de armas, tropas y equipos prácticamente intactos, y sin que el adversario hubiera dominado de forma efectiva y duradera ni un solo centímetro de territorio nacional.
Una nueva doctrina debe prohibir categóricamente el secuestro de funcionarios o la mera coacción como consecuencia de concesiones perjudiciales para la soberanía.
Siempre se ha sabido que Estados Unidos goza de superioridad en armamento convencional. Esto no justifica que todos los pueblos del mundo se sometan a ella sin más. Muchos la han vencido con armamento inferior. Para resistirla, es necesario adoptar las tácticas de la guerra no convencional, que sistemáticamente han neutralizado esta superioridad en casi todos los conflictos asimétricos del pasado y del presente siglo. Es urgente comprender por qué no se han aplicado estas tácticas en este caso, formular doctrinas que corrijan los errores e incorporar a toda la ciudadanía a la defensa activa.
El pueblo venezolano desconoce el alcance de las concesiones otorgadas al enemigo en los minutos posteriores a la agresión, así como el mecanismo o la forma en que estas concesiones varían o se extienden hasta el presente y el futuro previsible.
Debido a la incertidumbre reinante sobre este asunto, suponemos que el agresor aspira a un poder discrecional totalitario absoluto que implica la desaparición de la soberanía venezolana y el control incondicional de sus recursos.
Se han promulgado leyes que buscan posibilitar la privatización inconstitucional de nuestras industrias de hidrocarburos y minería, reducir drásticamente la participación estatal en ellas y someter las controversias relacionadas a tribunales o árbitros extranjeros. El objetivo es usurpar todos los derechos de nuestro pueblo sin asumir ninguna obligación hacia él.
Tal modelo no es viable. La propaganda de la invasión afirma que se avecina un período de inversión torrencial, que traerá consigo una avalancha de divisas y prosperidad. En otro orden de cosas, analizamos la fallida reunión del 9 de enero de 2026 entre el Presidente de los Estados Unidos y unas 17 compañías petroleras de ese país, cuyo objetivo era repartir los beneficios energéticos de Venezuela. Ninguna de ellas aportó un solo dólar de inversión. Consideraban al país «no apto para la inversión», debido a la falta de seguridad jurídica, ya que extraer la primera gota de petróleo requeriría una inversión de mil millones de dólares y un plazo de diez años, dado que parte de la riqueza ya está comprometida.
De hecho, más del 45% de los yacimientos de petróleo y gas han sido otorgados legalmente durante más de 25 años a empresas chinas y subsidiarias de la petrolera estatal rusa Roznef, las cuales exploraron y extrajeron hidrocarburos mientras el bloqueo estadounidense impedía la operación continua de la mayoría de los yacimientos restantes.
Tras la invasión, existen lagunas de información sobre el estado actual de estas operaciones rusas y chinas, así como sobre los hidrocarburos u otros minerales que se producen en ellas. Los ingresos derivados de estas concesiones son propiedad inalienable venezolana y, como tales, deben depositarse en el tesoro nacional y distribuirse a través del presupuesto y la administración pública.
Por otro lado, el enemigo mantiene inflexiblemente su postura agresiva. Ninguna de las miles de medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela ha sido revocada. Los rehenes tomados por la fuerza no han sido liberados. No se ha reconocido la flagrante falsedad de los pretextos para la invasión: la ausencia del llamado Cártel de los Soles y del desaparecido tren Aragua, la ausencia de producción y contrabando de sustancias ilícitas, la ausencia de una mayoría de oposición que supuestamente obtuvo mayorías electorales.
Ni una palabra se ha dicho sobre reparaciones por los daños causados por un cuarto de siglo de acoso atroz y un bloqueo de más de una década, por una campaña de bombardeos llevada a cabo por ciento quinientos aviones, por los bienes venezolanos confiscados ilegalmente en el extranjero. Todo el rigor y la coerción de un estado de guerra ilegítimo, no autorizado por el Congreso de los Estados Unidos, se mantienen contra nuestro país.
En el texto anterior, enfatizamos que el invasor, a través del Decreto Ejecutivo 14.373, pretende que todos los ingresos provenientes de los hidrocarburos y minerales venezolanos —históricamente el 80% de las ganancias en divisas del país— sean desviados a una posición en el Tesoro de los Estados Unidos o a cuentas privadas secretas en Qatar, bajo la administración discrecional de los Estados Unidos y única y exclusivamente para adquirir bienes producidos en ese país.
Con el anuncio del inaceptable y casi total desvío de nuestros ingresos, se reanudan las relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instituciones especializadas en la erosión de la soberanía nacional mediante la extorsión de deudas públicas impagables.
Privada de ingresos, Venezuela tendrá que cubrir sus gastos aceptando préstamos usurarios garantizados con sus activos y recursos restantes. Estos nuevos fondos se utilizarán principalmente para cancelar deudas adquiridas a precios nominales por fondos buitre, pagándoles su valor nominal completo.
Esta expropiación total de los ingresos públicos tendrá efectos devastadores. Recientemente, el gasto social del gobierno venezolano representaba más del 70% de su presupuesto.
La drástica reducción de los fondos disponibles conllevará el desmantelamiento simultáneo de todos los programas vigentes en educación, salud, vivienda, asistencia social, alimentación, cultura, investigación científica, desarrollo agrícola y ganadero, industrialización, defensa e infraestructura; programas que ya se encuentran gravemente perjudicados por más de un cuarto de siglo de agresión, una década de bloqueo y más de mil medidas coercitivas unilaterales destinadas a estrangular y destruir nuestra economía.
Con el desmantelamiento de estos programas o la drástica reducción de su personal mediante la imposición de salarios apenas simbólicos, se producirá una ola de desempleo que las limitadas inversiones privadas no podrán absorber.
Esta situación tendrá repercusiones políticas. A medida que se vuelvan cada vez más incapaces de satisfacer las necesidades más básicas de la población, disminuirá el apoyo a las organizaciones que colaboran con la ocupación.
La oposición de derecha, marginada como fuerza política por los invasores debido a su falta de apoyo popular, se tornará gradualmente violenta en su intento por imponer su legitimidad ante los ocupantes. Los procesos electorales gestionados por las mismas corporaciones que cometieron fraude en Honduras, Perú, Ecuador y otros países legitimarán elecciones fraudulentas que despojarán de poder a las organizaciones representativas.
Se promulgarán reformas drásticas en las leyes laborales que anularán o aniquilarán los derechos de los trabajadores, con repercusiones sociales, económicas y políticas iguales a las que tales medidas provocaron durante el siglo pasado.
La colaboración con los invasores reportará beneficios ilícitos a una minúscula élite de traficantes de influencias y especuladores transnacionales, y anulará el prestigio de los movimientos políticos y sociales que se sometan a ella.
Puede decirse del Imperio, al igual que de los Borbones, que no ha olvidado ni aprendido nada. Emprenderá una erradicación sistemática, implacable y exhaustiva de todos los movimientos que tengan o hayan tenido una orientación progresista, o incluso un atisbo de ella.
Una vez agotada su utilidad, el sector colaboracionista no será una excepción. Los hechos e ideas de los Libertadores desaparecerán de los medios de comunicación, los programas educativos y la historia misma, o serán grotescamente falsificados para representar lo opuesto a sus ideales. Siguiendo las directrices de Rudolf Atkon, la educación será puramente instrumental; según Laura Berns, la educación superior gratuita será abolida.
Todos sabemos lo que se esconde tras el silencio ensordecedor que nos oprime. Sin consultar nuestra voluntad, pretende despojarnos de soberanía, independencia, recursos naturales, autonomía y derechos —pasados, presentes y futuros— en beneficio de una potencia agresiva que nos odia y desprecia.
Desde la invasión, se han librado dos batallas: una por la aniquilación de nuestro país y otra por la recuperación total de la soberanía, los recursos, la independencia, la autonomía y la autodeterminación del pueblo venezolano.
Sabes de qué lado debes estar.
La autodefensa es el más innegable de los derechos humanos, y nos corresponde ejercerla como resistencia en la medida de nuestras posibilidades, mediante pensamientos, palabras y acciones. Ideas para comprender la atroz realidad, palabras para denunciarla y trabajo para transformarla. Las organizaciones existentes deben orientarse hacia la resistencia y la victoria; cuando esto no sea posible, se pueden crear otras nuevas.
Existen tantas formas de resistencia como personas y talentos; cada una debe adoptarla dentro del marco de sus capacidades y habilidades. La resistencia debe adoptar más formas que la opresión contra la que lucha, y un pueblo tiene derecho a ejercerlas todas en lugar de consentir su servidumbre o extinción.
Me resisto, luego existo.
Luis BRITTO GARCIA
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